jueves, 8 de enero de 2015

Canción del serafín de la guarda

Edgar Poe Restrepo (Desde Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Bajo la noche dulce de mosto y bayaderas
y sobre la esmeralda de la grama que invita,
voy a dormir el sueño de Jacob. ¡Oh! montañas,
¡oh! cielo y mar, ¡bañadme con vuestro azul y brisas!

Aquí voy a dormirme con párpados de bronce,
y a unir mi corazón con aquel firmamento
de la que si besóme, nunca la tuve mía.
Con estrellas llorosas y pájaros y nubes
he de tejer la escala, sendero de los ángeles:

Bajarán siete, lentos como agua estancada,
con ansiados presentes de la belleza tuya;
transidos por el viento, que rizará sus alas,
para con ese arrullo dar pábulo a mi angustia.

Vestirá uno de rojo, que así te sonrojabas
cuando empapó tus labios el vapor de mi beso;
otro en verde las alas teñirá, con la túnica,
color de las dos joyas que guarda tu mirada.

Traerá aquél antorchas que encendió en tus cabellos,
y servirá de guía del más pequeño y tímido
que candorosamente te acarició las manos.
Y el que rozó tus muslos llevará traje lívido.

Otro tendrá el reflejo de un arco-iris cálido,
pues descendió glorioso desde tus senos rectos.

Cada uno traerá presentes de tu gracia:
besos, ojos, cabellos, manos, muslos y senos.

Pero aquel serafín que se apostó en tu vientre
desde el curvo peldaño me negará sus dones,
y con rostro severo montará férrea guardia:
¡jamás ha de ser mía la embriaguez de tus goces!

Pues aunque tú, rendida, me ofreciste tu copa
de vinos silenciosos, paraíso y nirvana,
nunca podré escanciarla: si me acerco a sus bordes,
el serafín pondrá en mi pecho
¡la fría punta de su espada!...

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