miércoles, 14 de enero de 2015

Emplazan a Presidente de Perú: Chacracerro, industria verde en peligro

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ausencia de autoridad ambiental provoca hecatombe en producción avícola y ganadera. Empresa verde del Perú, liderada por seis hermanas y el fundador de Kaiser Corporation, exige al Gobierno demostrar con hechos el valor de la reciente cumbre ambientalista - COP20.



Chacracerro, nació hace 40 años, en Pueblo Libre, al pie de la Cordillera Blanca, en el Callejón de Huaylas. Reclama acción inmediata para detener muerte masiva de aves y ganadería.

En Lima, veinte mil participantes de 195 economías del mundo, consiguieron en diciembre de este año 2014, un borrador para un acuerdo final en París, el año 2015, que permita reafirmar una voz común como garantía de protección del patrimonio ecológico universal.

Ese acuerdo final busca reducir las emisiones de carbono para posibilitar mantener la temperatura a nivel global, en menos de 2 grados centígrados, con el fin de no generar alteraciones irreversibles en el clima del mundo.

Las declaraciones oficiales, todas ellas plenas de entusiasmo, pareciera que van perdiendo su valor. Frente a la realidad, se apaga la voz emocionada del Presidente de la República, acompañado del secretario general de la ONU. Los movimientos ecologistas y gremios de diferentes matices políticos, vuelven a su ruina y se pierden ante la inacción de los ministerios de Salud, Ambiente, Agricultura, Relaciones Exteriores, Energía y Minas, Salud, Educación, Economía y Fianzas, y la indiferencia de las autoridades municipales y regionales de Lima y del resto del territorio nacional.

La información optimista festeja la creación del Fondo Verde para financiar los proyectos que logren la reducción emisiones de gases del efecto invernadero. La promesa superó en 200 millones la meta fijada en US$10 mil millones. Por cierto suma simbólica, para la dimensión del problema global.

De Chacracerro al mundo

Para no alentar el escepticismo, desde ChacraCerro, en el distrito de Comas, al Norte de la ciudad de Lima, habitada por unas 200 mil personas, ha despertado para exigir soluciones inmediatas a un problema simple: la contaminación del ambiente que mata la moderna industria de las aves y ganadería, por la presencia de fábricas que violan las normas esenciales de protección ambiental, en perjuicio de la industria alimentaria.

En ChacraCerro (un simbólico espacio de arena en la dureza del desierto) cerca del desaparecido aeropuerto de Collique) existen valiosas experiencias empresariales que las autoridades, empezando por los alcaldes, deberían conocerlas y apreciarlas como buenos ejemplos para construir metas y compromisos con el país y la comunidad internacional.



Sin embargo, en ese rudo arenal, la población de Chacracerro es víctima, por ejemplo, de una gran tintorería “clandestina” ubicada en el Lote 48 de la Avenida Chacracerro, cuyas emanaciones de sus plantas inundan de cenizas y humo negro a las granjas donde es indispensable un aire relativamente limpio.

Los sistemas de control en esa zona son letra muerte. Los reclamos se agotaron en las instancias administrativas y judiciales. No hay gestión que haga posible detener o eliminar las gruesas emanaciones de gases tóxicos de máquinas que usan aceite quemado como combustibles, un delito penado pero solo en el papel.

Los pobladores que huyeron de Cerro de Pasco, reviven la desgracia vivida en La Oroya, donde la Doe Run (ciervo gue corre) y sus antecesores de hace más de un siglo, destruyeron prematuramente los pulmones y la vista de los niños, con las emanaciones de plomo, a través de elevadas chimeneas y las aguas contaminadas del Mantaro. Fueron los estudios promovidos por la Congregación de Jesuitas y la República de Italia, que ratificaron los informes secretos del Ministerio de Salud sobre la forma cómo la muerte se había instituido en la Oroya. Pero el problema aún no ha sido solucionado.

El abordar en serio el caso Chacracerro, como lo plantean sus moradores, podría ser un ejemplo de que las negociaciones en la COP20 no son literatura desechable.

Un grupo de periodistas recorrió esa zona. Y desde una perspectiva de desarrollo verde, comprobamos, por ejemplo, que en el lote 49 de la emergente avenida Chacracerro, sobresale una experiencia diseñada por urbanistas y profesionales con experiencia. Pero, a su costado opera una tintorería, cuyas emanaciones provocan la muerte diaria de centenas de aves para el consumo humano. Los trabajadores sufren el deterioro de la vista, dolores de pulmones y garganta, con pronóstico reservado por los médicos tratantes.

De no ser superada esta problemática es inminente el cierre o traslado de las empresas que actúan con la ley, con la consiguiente desocupación de centenas de trabajadores, y las consecuencias para los habitantes de esta jurisdicción. El alcalde y regidores no obstante el reclamo orgánico de los afectados se mantiene en el silencio cómplice.

Testimonios

Chacracerro vive un drama. El humo de una fábrica de tintes trae abajo un modelo empresarial con principios ecologistas. Trae por los suelos la salud de los trabajadores que se dedica a la crianza de pollos, patos, conejos y cuyes, en un cuidado bosque de árboles, con fuentes de agua limpia, galpones metálicos, diseñados para diferentes climas. Las mallas que produce se aprecian también en granjas para peces en las riberas de los ríos amazónicos y lagunas de los andes; y en los cultivos de uvas, café, cacao, etc.



El experimentado médico veterinario César Cruz Cisterna, exhibe las pruebas de laboratorio que demuestran la intoxicación y muerte, en un periodo intermedio de cinco semanas, de los animales domésticos, afectados por los humos que respiran. Además, el agua de la piscina y los depósitos en los cuales abrevan los animales, están cubiertos de una membrana negra.

Astrid Pretell Idrogo, administradora de la planta, explica que los ambientes con puertas y ventanas tienen que permanecer cerradas para paliar el inmenso daño a la salud. Los trabajadores del campo son los más averiados. Los dolores a la traquea, y la reducción de la visión son evidentes. Los médicos no encuentran respuesta sino paliativos.

El presidente del directorio de Káiser Corporación está perdiendo la vista y no le quedaría otra decisión que el cierre de la empresa con perjuicio del centenar de trabajadores y de sus familias. Jaime Kaiser Meléndez, gerente general se ha propuesto liderar esta cruzada en pro de la empresa verde y seguir aportando en la producción de alimentos de mejor calidad con una mejor infraestructura. Confía que el Estado reaccionará pronto para seguir buscando la multiplicación de voluntades a favor de una economía verde y saludable para todos.

En el caso de los trabajadores, la mitad de ellos ya ha renunciado, y en un plazo muy corto la empresa deberá cerrar si no hay una reacción de las instituciones públicas responsables del control sanitario.

Káiser Corporation, es una creación de capitales peruanos, con experiencia en el mercado nacional, inspiración de hace cuarenta de una familia natural de Pueblo Libre, el hermoso pueblo al Oeste de la Cordillera Blanca en el Callejón de Huaylas. La organización tiene la singularidad de contar con el equipo gerencial a cargo de un núcleo de seis mujeres, hijas del fundador y nietas de una mujer emprendedora desde su niñez. Con cuarenta años de actividad esta Corporación, mantiene la representación de servicios y productos de grandes empresas especializados con tecnología de múltiples aplicaciones en la agroindustria, ganadería, minería, decorado y construcción. El testimonio y las inversiones de cada una de sus gerencias revela su vínculo con la economía verde, siempre presente en programas de educación, ferias y eventos relacionados con la tecnología protectora del medio ambiente.

La población de Chacracerro, busca plasmar los objetivos de sostenibilidad del mundo en que vivimos. Solo espera una respuesta oportuna del Jefe de Estado.

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