jueves, 8 de enero de 2015

Esos seres...tan conocidos

Elizabeth Oliver (Desde Canelones, Uruguay. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Hoy quiero hablar de unos seres, habitantes de nuestro planeta, de nuestro continente, y más específicamente de nuestro país, que conforman un grupo con puntos en común: condiciones, preferencias, aspiraciones, proyectos, ganas… No sé ni me importa qué porcentaje le asignen las estadísticas, lo que sí sé y me importa mucho, es que existen.

Me refiero a los jóvenes de ayer. A ese grupo al que hoy, a los puntos en común que los han unido siempre, añaden el aval de su experiencia. Jóvenes que estuvieron bien preparados para enfrentar al futuro -desconocido y temible enemigo- con armas que suponían suficientes para vencerlo. Felices jóvenes, dueños del orgullo de saberse aptos, que produce -ayer, hoy y siempre- una de las sensaciones más lindas que se puedan sentir.

Pero era entonces -así de temprano- que el futuro comenzaba a atacar. Lo hacía suavemente, sin intervenciones demasiado drásticas o frustrantes… ¡se presentaba como futuro mediato! Soslayadamente atacaba y ganaba sin que sus víctimas pudieran ofrecerle resistencia, porque se sabían carentes de la única arma capaz de vencerlo: la decisión exclusivamente propia. Sabían que sus metas estaban condicionadas a los demás… lo que era cosa asumida que no se podía discutir.

"Los demás" influían de formas diferentes. Tomaban las determinaciones que por supuesto les competían, omitían información, negaban autorizaciones, inculcaban -o imponían- cambios que supuestamente eran perfectos para sustituir los tontos ideales del referido grupo… En una palabra: comenzaban a diluir ilusiones tan tiernas como ajenas.

Pero los jóvenes de ayer no se amedrentaban por eso ni bajaban los brazos… sólo obedecían y optaban por alcanzar el objetivo que más se asemejara al que habían deseado, dentro de los que pudieran encontrar. Era así -por dar un ejemplo- que un liceal que estaba a punto de orientar su vocación, trataba de informarse sobre la carrera que reuniera la mayor parte de sus asignaturas favoritas, para estar en condiciones de elegir el Bachillerato adecuado. Y buscaba en el lugar indicado: entre sus profesores.

Entonces, si al alumno le gustaban las matemáticas, se le sugería hacer Preparatorios de Arquitectura o Ingeniería. Cabe aclarar que Ciencias Económicas quedaba excluida, por algún criterio no muy grato de aquellos docentes hacia los Contadores, a los cuales -a la hora de orientar- tildaban de "Tenedores de Libros que se pasan la vida encerrados haciendo Asientos"... ¡¡¡Valiente explicación para quien no estaba en condiciones de rebatirla!!!

Completado el aporte informativo por parte de sus educadores, el indeciso muchacho debía poner la elección de su futuro título en manos de la determinación familiar. Por ese lado, recibía una inesperada "dosis de ánimo" resumida en alguna frase tajante, como "¡Esa carrera es demasiado costosa!". A eso se le sumaba el riesgo de que no fueran culminadas, que pesaba más que cualquier optimismo juvenil sobre sus propias aptitudes para llegar al final. Y como broche de oro, no faltaba un "consejito práctico": "Hacé Medicina, ¡que enfermos va a haber siempre!".

Muchos de esos jóvenes de ayer, ante la cruda realidad actual que incluye a todas las edades, hoy se hacen dos preguntas:

Una: "¿Por qué no tendrá uno la experiencia que da la vida, en el momento que la precisa?" Para esa… no encuentran una respuesta valedera.

Otra: "¿Por qué me recibí de Médico si quería ser Arquitecto?" Ésta se la contestan enseguida… la experiencia que tienen ahora se los permite: "No me saqué el gusto... ¡de gil...! ¡Cualquiera de los dos diplomas me servía para trillar las calles manejando un taxi intentando hacer un mango…!

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.