jueves, 8 de enero de 2015

Manifiesto de la libertad de conciencia

León Moraria (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



El 1º de enero es el Día Internacional del Ateísmo. Con tal motivo es importante destacar las luchas que las asociaciones o uniones de ateos libran en los países donde se han organizado.

La lucha permanente es por el conocimiento científico, por el laicismo y por la libertad de conciencia. Sin laicismo no puede haber libertad ni democracia. El Estado laico se caracteriza por la separación del Estado y las religiones. El Estado laico garantiza la libertad de conciencia. ¿Venezuela es Estado laico? En teoría sí, en la práctica ¡No!

En el Congreso Mundial de Librepensadores, reunido en Oslo el 10 de agosto del 2011, se discutió el Manifiesto de la libertad de conciencia y se creó la Asociación Internacional del Libre Pensamiento. Muchos países en sus constituciones proclaman el Estado laico. En Francia, el 9 de noviembre de 1905, la Ley proclamó la separación del Estado de las religiones. El 9 de diciembre de 1931, la II República española proclamó el Estado laico. La Constitución Nacional de Venezuela (1999), en el Artículo 59, de manera muy nimia e imprecisa declara el Estado laico, violado permanentemente por las autoridades nacionales, regionales y municipales. Para corroborar lo dicho, veamos cuales son los principios del libre pensamiento, cuya garantía es el Estado laico.

El “manifiesto de la libertad de conciencia”, lo define de la siguiente manera:

«El libre pensamiento es un método, es decir, una manera de conducir el pensamiento y luego las acciones en todos los ámbitos de la vida individual y social. No es una doctrina. Este método se caracteriza por el compromiso de buscar la Verdad de cualquier manera que sea y únicamente con los recursos naturales del espíritu humano y con las únicas luces de la razón y de la experiencia. No busca por tanto la afirmación de verdades particulares. El Libre Pensamiento se puede enfocar desde un punto teórico, en lo intelectual, o práctico en lo social. Una de las propiedades del Libre Pensamiento es facilitar una regla de vida tanto a los individuos como a las sociedades, sin apoyar opiniones especulativas que interesarían solamente al pensamiento individual. También propone a la sociedad organizarse por medio de las leyes de la razón.

«El primer deber de una sociedad que se inspira de este método es eliminar de todos los servicios públicos (administración, justicia, enseñanza, asistencia social y otros), todo aspecto confesional. Ello significa estar ajenos a la influencia religiosa, excluyendo rigurosamente todo dogmatismo implícito o explícito. El Laicismo integral del Estado es la aplicación del Libre Pensamiento en la vida colectiva de la sociedad. Exige la separación de las iglesias del Estado, sin que esto sea un reparto de poderes entre dos potencias, garantizando las opiniones religiosas con libertad pero a la vez negándoles todo derecho de intervención en los asuntos públicos.

«El Libre Pensamiento no puede cumplir su meta si no se propone realizar socialmente el ideal humano. Tiene que encaminarse, hacia la institución de un régimen político en el cual ningún ser humano podrá ser sacrificado o desatendido por la sociedad. En consecuencia nadie será excluido, directa o indirectamente, de la posibilidad de ejercer todos sus derechos y cumplir todos sus deberes de hombre. Luego, el Libre Pensamiento genera una ciencia, una moral y una ética sociales que, perfeccionándose por el mismo progreso de la conciencia pública constituirá un régimen de justicia. La justicia social es la base dada por la humanidad a su propio gobierno.

«En otros términos, el Libre Pensamiento es laico, democrático y social, es decir que, en nombre de la dignidad de la persona humana, no acepta el poder abusivo de la autoridad en materia religiosa, el privilegio en materia política y el capital en materia económica. La sociedad, basada en el libre pensamiento, debe rechazar a toda autoridad que pretenda imponer sus creencias basadas en revelaciones, milagros, tradiciones, infabilidad de un hombre o de un libro, que ordenen el sometimiento a dogmas o verdades a priori de una religión o de una filosofía.

«No pudiendo limitarse a una manifestación negativa respecto a los dogmas y a los credos, el Libre Pensamiento pide a los hombres un esfuerzo valioso para hacer efectivo sus ideales con medios humanos. Se rehúsa a dar a su concepción de ideal el carácter absoluto e inmutable que se atribuyen abusivamente las religiones. Cree en la ciencia y la conciencia humana que le obligan a moverse en lo relativo y a someterse a las leyes del progreso.

«Lejos de caer en la tentación de construir prematuramente un sistema definitivo, el Libre Pensamiento propone a la humanidad, buscar sin cesar la verdad en la ciencia, el bien en la moral y lo hermoso en el arte. También deberá estar dispuesta a informar del resultado de sus investigaciones, para complementarlas, corregirlas y modificar sus descubrimientos».

Sin Laicismo no puede haber libertad ni democracia. ¿Cómo formar el «hombre nuevo» sin libertad de conciencia?

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