martes, 24 de febrero de 2015

Alí 30

Andrés Eloy Hernández (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tiempo después de su vuelo

“Pero cabalgando en el potro
hermoso de la esperanza
y esa no me la quitarán
porque esa tiene sangre de Mara
y de Bolívar la libertad
porque esa tiene sangre de Mara
y de Bolívar la libertad”

Tía Juana
Ali



Soplos de viento de agua. Aliento, levantarse del reposo. Disparo del espíritu. Todo su canto es echar los espasmos y las inercias. Totalidad y síntesis eran letra, eran canto con visión de siembra, presagio seguro de conciencia. Sabíamos en los actos de calle, de plaza, en el vuelo de las mariposas con mensaje que volaban desde lo alto de los edificios convocando esperanza. Comprendíamos nuestra confusión. Lo más difícil nos es la traducción de lo comprensible. Si no la indiferencia de quienes se resisten a aceptar el llamado. Es la dura tarea del pionero. El vuelo de la fantasía forma parte del conjuro. La lanza es símbolo de rectitud, pero tiene una ley perversa: el símbolo no garantiza la victoria ni la lanza en reposo tampoco. Sin embargo, y para descargo de agitamientos muertos en quimeras, fueron los años donde se ofrendó la vida a pesar de que supimos la ley de oro de las revoluciones: No hay aseguradora que acepte a ningún precio pagar el fracaso ni la victoria de un proceso. Ninguna aseguradora inserta en sus archivos a ningún revolucionario en ejercicio, por razones obvias. Este fue una idea latente en el cantor, poco, casi nunca lo conversábamos. Solo decía en su canción: “Que si el pueblo está dormido, nunca ganará la gloria”.

Es difícil que haya existido una década del sesenta como la venezolana. Terminamos nuestra niñez en enfrentamiento frontal y sin reposo. Sembrábamos gente que todavía no se habían hecho adultos sin saberlo. No fue en vano. Tampoco los que decidieron entregar su juventud a nuestro pueblo. Fue el gesto más heroico, las Batallas de la Victoria anónimas y casi cotidianas. Esa fue la época de Ali. Nadie, absolutamente nadie reclamó reconocimientos ni condecoraciones. Y quienes sobreviven mantienen la rectitud del deber cumplido. Nadie ejercitaba sobre el nacimiento y el relevo de soles. Cumplir con el deber era la luz. Ali fue un Militante de la Luz. Sentíamos en nuestra piel los mapas que la poblaban: nos habitaba Viet Nam, El Salvador, Cuba, Nicaragua, Argentina, Uruguay, Colombia, México. Bolivia, Perú, Ecuador. Y Venezuela, centro de sueños y amor de utopía preferida y amada. Todos se hicieron solidaridad y propósito revolucionario. En sus canciones está cada rincón de la geografía de la alegría de su lucha. Con Alí, creo es un derecho rendir un homenaje a tantos caídos. Es motivo especial de reconocimiento y estoy orgulloso de haber dirigido en Caracas a los mejores caraqueños de la época. Tiempo después, lo supe por unos amigos, que después de levantar su vuelo les confesó, cuando le preguntaron cuál consideraba su mejor canción y dijo: “Abrebrecha”. Pero también dijo, cuando se le preguntó sobre su muerte: “Si, fui asesinado, pero eso no tiene importancia. Alguna vez todo se sabrá y se hará justica.”

Por mi parte la canción que más me gusta es “Échale bola Ruperto, lucha Ruperto, que en la lucha te liberarás”.

Tiempo después de su Vuelo…ALI, mi gran pana de lucha.





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