domingo, 8 de febrero de 2015

Crítica literaria: Los despertares

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


Ediciones de la Torre

Estos “despertares” de Marina Casado me han impresionado, produciendo sensación y movimiento en mi ánimo, causándome admiración y asombro.

Ahora, me pongo a leerles como quien se pone al otro lado de la cara de la luna, y deshago su peinado separando o desasiendo sus guedejas, acariciando su pelo, su rizoso cabello de color castaño obscuro, bien armado, complaciéndome en adornar y guarnecer con flores su cabello: algunas margaritas y violetas, algunas azucenas y un clavel, echándole al oído galanterías y requiebros como a la diosa Flora que tiene una fuente en la plaza de su mismo nombre en Burgos, los días de Primavera, al estilo de las bellas y hermosas hippies de “Hair”, película de Milos Forman, el musical más bello y entrañable jamás realizado, aprehendiendo el afecto por el Verbo y el Poema, sacándole pespuntes a su labor hecha con su primorosa aguja, de puntos seguidos y unidos del Verbo con el Poema.

Ella, Marina, tiene desembarazo y soltura en sus Versos, demostrando una inteligencia clara del lugar o parajes que la habitan. Desembaraza un sitio o espacio obteniendo el valor de la incógnita como en Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carrol, en cuyo espejo ella se mira, adquiriendo soltura y esparcimiento en su trato con Jim Morrison, de los Doors, la mejor banda de música “beat” de todos los tiempos, que posee los mismos valores eternos, aclarando el cielo o el tiempo, limpiando de calentura al cantante haciéndole recobrar el conocimiento que tenía enturbiado por las drogas, enmarañado su pelo al de Pamela Courson, su carnal Musa, de “rubia cabellera de princesa imposible” (Nudo), cual dos aves que se despluman una a otra.

Con soltura y desembarazo en las palabras, Marina nos eriza el cabello de la piel y nos quita la pena del alma. “Del fruto carnoso de sus labios nacen los enigmas transparentes que componen el viento” (Inevitable mar). Un viento de poesía, el suyo, que rompe alguno de los penoles a la verga de cualquiera de las perchas que se cruzan con los machos y los masteleros y en las cuales se aseguran las velas de su nave en Poesía “que navega entre las sábanas de polvo y las esquinas limpias de lejía” (Nudo). Una Poesía para gozar, y para sentir, pero sin buscar soluciones éticas, como en el Tao, razón suprema directora de la naturaleza en las religiones de China. El pecado no existe en la poesía de Marina .Ella asiste al espectáculo del mundo sin pretender enmendar. Le basta amar y descubrir la magia que asiste a Alicia o a Jim, a la manera de una actitud que recuerde al hombre sus propios alcances y sus dudas, “arcadas de gaviotas” (Inevitable mar).

A pesar de que “nada en esta vida es realidad” (Octubre), “y tú ya no eres tú sino sólo un lucero más sin nombre dibujado en la esquina del raído presente” (Un lucero más), “al borde de sus ojos”, en el embarcadero aún resta una brizna de sol y de luna, haciendo perder a las cosas su posición de perfil .”Nada en esta vida es realidad” (Octubre) es una pretensión de explicar la esencia de la vida a la manera del “haikú”. Por eso “los Despertares” de Marina son poesía pura, ajena a los engranajes meramente intelectuales que estructuran la vida literaria, a veces repleta de embustes y falacia.

Me voy desojando, leyendo con mucho ahínco, desgranando la uva antes de comerla, viendo los muros, arcos y sillería del mundo divididos en las diversas piezas que debemos componer, pues “ya no queda sino el Otoño” (Me queda el Otoño), y las “arcadas de las nubes” ”sobre las alamedas”.(Sobre las alamedas). El verso de Martina hace que uno vuelva en sí y recapacite. Sale del sueño y nos avispa. Su “Elegía Verde con Destellos de Sol” es de un impresionismo total. Deseos sin nombre, dioses vanos, paraísos fatuos enmarcados en oraciones perfumadas de sangre en la convicción tal vez inconsciente de la necesidad de descifrar aquello que alcanzamos a sentir. Su simbolismo es todavía más profundo, tendiendo a despertar una emoción estética por vía de la sugerencia. “Creías en el calor humano, en repartir el pan entre todas las bocas hambrientas”; “creías en la vida hasta el postrer suspiro de tu carne”; en arrebatado amor de aquella despiadada cuchilla silenciosa de la muerte, parafraseando a Marina, “en un Universo que se descompone por las esquinas” (Intermezzo).

Sugerir y aproximar la emoción es la forma más acertada para un acercamiento a esta Poesía que ofrece elementos de la realidad, y del ensueño, llegando a proponer una visión completa que el lector desarrollará libremente ante el espejo.

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