martes, 24 de febrero de 2015

Dos chilenos en la Corte del Rey Gino de Longchamps

Eladio González (Desde Buenos Aires, Argentina. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Dedicado a los despreciables periodistas argentinos que (como hienas suenan un Clarín en vez de reír) produjeron obscenos programas sobre la supuesta (y anhelada por sus jefes) muerte de Fidel Castro Ruz, quien goza de excelente salud, vive, crea, ayuda y ama en un asentamiento de Longchamps.



Sábado 7 de febrero de 2015. Bajé a la estación Primera Junta del tren subterráneo y estaba desierta salvo un joven sentado en un banco en el andén. Sobre la falda tenía un violín y un arco. Colgado en la espalda el estuche del instrumento. Cruzamos las miradas y saluda con un ¡Hola Toto! Pensé rápido…. “el violinista en el tejado no es, (porque estamos bajo tierra) pero pudiera ser puesto por el Mossad para seguirme. Debería seguirme la SIDE la anterior o la actual, pero como Irene Rosa mi pareja actual es judía (de Damasco sirio libanesa) pudiera ser un control internacionalista. No lo reconocí por vecino o conocido y como entraba el tren al andén se levantó diciendo “bueno Toto, comienzo a trabajar” ahí entendí y le retruqué, ah, mi hijo Manuel Emiliano canta tangos en los vagones también.

Nos separamos, el de pié comenzó en el primer vagón a seducir oídos y yo sentado disfruté. Cuando terminó y pasó esperando de todos un aporte, le di algo, ahí sospeche que pudiera ser una forma de irme vaciando de fondos para hacer mi tarea política inoperante casi. Bajé en Plaza Congreso caminé 3 cuadras y me encontré como habíamos acordado el día anterior con Juan y Fernando Catipillan, chilenos, padre e hijo respectivamente creo que en Chile dejaron al Espíritu Santo. Los tres retomamos hasta el subterráneo y nos dirigimos hasta Estación de Trenes Constitución. El tren nos llevó hasta Longchamps en unos 45 minutos. Allí nos esperaba Gino Strafforini un chileno internacionalista y Facundo un joven voluntario del grupo Tatú (nombre que usó Che Guevara en campaña contra el apartheid en el Congo). Tomamos el colectivo junto con una agraciada joven de piel y bata blanca, peinado rasta, doctora en medicina. En 15 minutos llegamos al barrio “Ernesto Che Guevara”. Allí comenzó la emoción y en las 3 cuadras hasta el consultorio “Miguel Henriquez” (héroe chileno del M.I.R.) recibieron la doctora, Gino, Facundo y compartimos nosotros decenas de cálidos saludos de niños, jóvenes, adultos y ancianos.

Humildes casas muchas de madera, algunas de cemento, flanqueaban calles de tierra en las que vienen y seguirán volcando escombro, para hacerlas más transitables con las lluvias. Gino como un loro, sin gesticular porque permanentemente fuma (demasiado) hablaba, describía, comentaba, daba datos explicaba y fuimos entonces captando el espíritu de esa Colmena de poco más de 4 años de vida y es un maravilloso ejemplo de lo comunitario, una UNIVERSIDAD CARENCIADA donde todos son simultáneamente profesores, alumnos y personal de maestranza. Como debe ser o debería ser en cualquier barrio.

Pero los Ginos no fueron clonados lo suficiente y él mismo confesó haber intentado en su Chile y fracasado.



Aquí el ordenado barrio en Longchamps demostraba como dice un poema de Pablo Neruda sobre Fidel Castro que: “el hombre modifica lo que existe, y si lleva al combate la pureza, se abre en su honor la Primavera insigne”. Pero el Febrero tórrido de Buenos Aires nos abrumaba aún a la sombra del techo de chapa del consultorio, donde media docena de mujeres con sus bebés o niños aguardaban que la médica rastafari de TATU las atendiera, tras la cortina donde 3 camillas y multitud de elementos enmarcados por láminas infantiles aguardaban a los enfermitos.

Los pacientes reciben medicamentos GRATIS.

Al ingresar al consultorio el poster de Miguel Henriquez te da la bienvenida y te encuadra en la importancia de la labor, a la derecha gran cartel rojo con el negro rostro de Ernesto Che Guevara completa la iconografía. Pared lateral con estantes repletos de libros, biblioteca.

Juguetes y juegos didácticos en todo el ámbito, unos en manos de los pequeños pacientes que aguardan, otros yacen dispersos esperan dedos infantiles que al empuñarlos pierdan el miedo al doctor. En el consultorio, en el recorrido por la gran Plaza (gran cancha de futbol, otra más pequeña, juegos infantiles pintados de celeste y blanco, (colores patrios) un pozo de 45 mts. de profundidad donde los vecinos van a buscar el agua, en terrenos donde vecinas y visitantes de otros asentamientos sureños competían revocando, mientras varones cavaban instalando desagües me sentí fusilado de amor por la mirada ¡que miradas! de cada uno de los 70 niñas o niños con los que hicimos contacto. Y allí están ellos cuidados como se debe cuidar el futuro, juguetes, juegos, libros, amor, control de la salud, afabilidad docente en el trato. Todas las manitos de los preadolescentes tocando a Gino y él constituido en una especie de molino derivador solucionador de situaciones, mujeres, hombres y niños lo consultaban y el resolvía todo. Luego recomenzaba explicándonos, ampliándonos. Permanentemente interrumpido por vecinos de toda edad y nacionalidad que lo consultaban. Uno de ellos delgado con cara y barba de místico (parecía haber sobrevivido al Coliseo Romano con leones incluidos) resultó no ser cristiano sino judío. Ahí volvió mi temor a la Mossad y me sentí vigilado, pero la posibilidad de sufrir un golpe de calor hizo que aceptara beber un refresco de naranja que le compramos al judío en su casa -despensa a través de la reja de la ventana.

Confesó que no estaban muy frías las gaseosas por un corte de luz. Ahora que escribo esto me doy cuenta que no inquirí si las gaseosas eran “Kosher”, o sea aptas para creyentes. Gino comentó que el hombre está construyendo su Sinagoga. En nuestra peregrinación nos cruzamos “como en Cuba” con un grupo de 4 Evangelistas que parados al sol planteaban su mensaje. Imaginé cuanto más calor me espera a mí en el infierno. Un paraguayo de la tercera edad, maza en mano, como maestro mayor de obras orientaba y dirigía voluntarias y voluntarios llegados de lejanos barrios (hasta con bebés prendidos a la teta) para que la Minga (trabajo voluntario y comunitario) se concretara y entre todos como debe ser, siga alzándose el Centro Cultural vecino al Consultorio de TATU.



Estreché la mano del paraguayo, se la retuve y mirándolo fijamente le declamé: “Llora, llora Urutaú…. En las ramas del Yatay….. ya no existe el Paraguay, donde nací como tú……… Llora, llora Urutaú”. Le gustó al hombre y expresó de viva voz ante el grupo que Gino para él era un gran hombre y gran amigo.. “hasta el día de hoy” enfatizó. Quería marcar territorio aprovechando tener 6 años más que Gino pero interrumpí ostentando orgulloso mis recién cumplidos 72 años y exigí respeto especial a mi persona. Juan y Fernando Catipillan habían traído para TATU una botella de pisco chileno (con forma de ídolo de la Isla de Pascua Rapa Nui), un DVD que muestra en La Habana a los canjeados por el derrotado Obama. Los 5 Héroes cubanos en un recital con el telonero Silvio Rodríguez. Agregué un paquete de yerba, folletos del Museo Che Guevara y posters del INCUCAI sobre el tema de células madre. Otros sobre la trata de personas, mapas de nuestra Argentina y unas humildes gentilezas más. Rehusamos quedarnos a almorzar como proponía Gino. No nos sentíamos merecedores de alimento, al no haber participado en el trabajo voluntario. Y nos fuimos en silencio atragantados de emoción. Al llegar a casa Irene Rosa quiso saber y el minuto de silencio al que me obligó el nudo en la garganta y las lágrimas fueron emocionado prólogo a la experiencia que seguramente volveré a visitar con ella y ya estoy decidido a ayudar de alguna o muchas formas.

¡Gracias por el gran ejemplo! jóvenes y no tan de TATU. Gracias Gino.

¡Hasta la victoria siempre!

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.