domingo, 8 de febrero de 2015

Estación del absurdo

Amelia Arellano



“Desde el momento en que se le reconoce, el absurdo se convierte en una pasión, en la más desgarradora de todas.”

Camus

Renuncio al ámbito de la libertad absoluta.
Me niego a empujar el peñasco una y otra vez.
A dentelladas me quitaré la venda.
Desafío a las astros Soy pez abisal. Con luz propia.

Estación de los espejos
He terminado odiando los espejos y las manos.
Me miran. Me acarician. Me temen.
Temen a su soledad que es la mía.
Un hombre ciego gime sobre mi espalda.

Estación de los espectros
Tres horas y un absurdo. Galope de un caballo negro.
Cibeles. Rea. Santa. Puta madre.
Los espectros deambulan por la calle.
Una mujer escuálida abre las piernas.

Estación del desgarro
En la calle despoblada hace frío y llueve.
Narciso se refleja en los charcos. Hay pólvora.
Rompo el espejo. Piso. Trizo. Quiebro.
Las llagas de los pies son azucenas rojas.
Tranquilidad de haber tocado fondo. Beso tus cenizas. Tanto. Tanto.
Hasta la punta de tu sombra, beso. A tus antepasados, a los míos, beso.
“No hay más amor generoso que el que se sabe al mismo tiempo pasajero y singular” Don Juan

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