miércoles, 18 de febrero de 2015

Gravitación de la revolución de la esperanza

Mariano Sierra



Vivimos la crisis de valores, crisis en los hogares, crisis ecológicas, crisis morales, crisis de convicciones y creencias, crisis de fe, crisis económicas, crisis sociales y políticas, crisis de la humanidad, crisis de gobernabilidad, de responsabilidad, de trabajo, de compromisos. Crisis en todos los órdenes sociales Y de todas estas crisis se desprenden un sinnúmero de tentáculos como crisis de justicia y de los derechos protectores de la vida, crisis de gobiernos, Pero a este caos le sobrevienen otros grandes fenómenos causados por las estructuras sociales, organismos asociados a los grandes entes del estado, la sociedad y los poderosos y sus sistemas elitistas que hoy dominan el mundo.

Las estructuras sociales desde una óptica religiosa, hace desenmascarar el llamado pecado estructural donde se encapsulan una serie de hechos que atentan contra el hombre. Esto nos conduce a señalar que el mal nunca es meramente personal pues donde el hombre vive, actúa, allí se inserta en instituciones como la familia, la iglesia, el trabajo, las asociaciones, el estado, las agremiaciones, entre MUCHAS otras.. En este devenir se presenta un asunto puntual o sustancial que consiste en que en cualquier sociedad hay una red de intereses personales que no armonizan una convivencia sana. Digamos entonces que la relación del hombre se lleva a cabo por el conjunto de mediciones llamadas estructuras y allí se implanta el mal pues es el hombre quien dirige estas estructuras sociales focalizadas en las ciudades.

Al unísono, la crisis gestionada desde una ideología neoliberal y una desordenada o inexistente convicción de fe hace crecer sangrantemente las desigualdades entre los de arriba y los de abajo deteriorando los derechos como a la salud, a las pensiones, a la asistencia social, a la educación, a la vivienda, a las comunicaciones, y a una justicia transparente. La historia y sus doctrinas han dejado una herencia a la cual debemos acudir para extraer de allí lo positivo y aplicarlo a la vida. La indignación es el alzar de voces y actos para dejar conocer lo que afecta al hombre. La indignación es un resistirnos a los discursos programáticos y a las promesas sociales y políticas disque para aliviar a los de escasos recursos, pero lo que fluye con ardor son esas estructuras maquiavélicas detonantes contra la unidad humana.

Es el amor quien abre caminos de esperanza. Son los sufridos del mundo los que pueden hacer el cambio de la historia. En el cambio han de analizarse la historia de tantos amigos de la paz que con su ejemplo dan luces de experiencia- Las crisis invitan a no quedarnos quietos sino a comprometernos como tantos otros que contribuyeron a la construcción de un mundo más humano. La misión es una preocupación permanente por todos los indefensos y los explotados y todos los excluidos por organizaciones sociales, por partidos políticos, por religiones, por la sociedad. Desde el campo de la fe podemos decir que el gran pecado del hombre es no saber amar y esto es lo que más pregonan el clericalismo Al final de los tiempos y durante el diario vivir lo único que nos marca sentido de vida es como hemos servido a los demás. No será la religión ni la fe que hemos confesado. Ni las creencias o convicciones, Lo esencial es la práctica del servicio y la solidaridad con los desprotegidos sociales. Mientras la fe desune, la práctica del correcto vivir con ética y moral, une.

Encerrarnos en el confort, el buen vivir o el bienestar cuando se ignora al prójimo abandonado o azotado por los traficantes de la indiferencia humana no es lo licito. La tragedia de los demás ha de servirnos para mirarnos internamente. De qué sirve profesar una fe o seguir un credo religioso o una organización política o social haciendo alarde de prácticas de ritos sacramentales, sociales y expresiones humanas, si vivimos alejados de la historia de los condenados de la tierra incursos en la memoria histórica que de hito en hito ha captado el devenir del hombre.

Hemos venido de un proceso histórico colonial, de un feudalismo, de un esclavismo hasta el imperio del capitalismo y en cada periodo cada estamento de la sociedad ha marcado su sello nefasto y devastador. CONOCER cada periodo social nos ubica en el verdadero papel que debemos llevar a cabo.

Pero la realidad viene despejando esos agujeros negros del pasado y hoy el hombre tiene un pensamiento y una mirada distinta. Sabemos que el camino a recorrer no es fácil pero jamás imposible y las huellas de tantas luchas surten sus efectos cual acontece en la formación de los hijos que a veces los padres se contraen ante ciertas actitudes de sus hijos a quienes les han dado la mejor formación humanista, pero el resultado con el tiempo lleva implícito todo lo que por ellos se hizo. Sembrar para cosechar después y creo que el mundo está en ese proceso de recoger las simientes dejadas por los que lucharon y los que luchan hoy por un mundo más humano.

Las crisis mismas van desenmascarando la irracionalidad humana ya que los mismos sistemas que las generan no tienen la capacidad de cambio y por ende se destruyen con la verdad, la razón y la fuerza del corazón humano. Voces de esperanza se dejan escuchar indignadas por los sucesos irracionales. Una conciencia crítica, un conocimiento de la historia, una voluntad de cambio haciendo bien nuestro trabajo, unas denuncias sociales, una defensa de las víctimas, nuevas protecciones jurídicas, alianzas sociales, participación en la acción gubernativa, defensa de la naturaleza, exigir leyes más justas y humanas, crecimiento de una fe nueva con dimensión crítica para apreciar la profundidad del mensaje de Jesús son luz para los ciegos y voz para los que claman justicia, amor y verdad. Crecimientos de movimientos humanistas, sentido de los valores, espíritu de servicio y una nueva capacidad de amar son los hechos entre tantos que gravitan alrededor de la revolución de la esperanza para un mundo mejor, para una vida más digna, más humana, donde la paz no sea solo un apéndice de la misma, pues la paz es integral.

Triunfos, retos, cambios van al unísono con la mirada en la historia que nos muestran cuantos espíritus humanos se alzaron en pos de un nuevo acontecer histórico. La gravitación convoca a dar claridad a los pensamientos para ir en busca de la acción observadora para afianzándonos en la convicción de que entre todos podemos hallar horizontes claros que hundan sus raíces en la razón y el amor. El renacer humano es la esperanza para una nueva sociedad que hoy gravita en una encrucijada tecnológica y económica cuyo origen está en el hombre. El hombre no debe seguir buscando siempre en otros la solución a sus problemas para ello no puede renunciar a la propiedad de pensar y actuar, de analizar que los problemas no se solucionan con violencia, con opresión haciendo de estas la única justicia reinante en el mundo.

Nos ufanamos cuando le damos solución a los problemas mediante la agresión física, la verbal, la del ventajismo, la de imponer nuestros caprichos a toda costa- Estos son los comportamientos habituales que se esgrimen en Colombia como únicos medios de resolver las diferencias que han dado el puntillazo a la enseñanza y a la práctica de los valores humanos

El terrorismo se pavonea abismalmente, globalizado y sin piedad por estados, en el mundo de una economía perversa, en las convicciones religiosas, en el pensamiento ideológico, en la naturaleza talando los medios de vida en los hogares y en la conciencia humana que se irracionaliza con su actuar destruyendo la vida, la dignidad humana, destruyéndose así mismo.

Gravitar la revolución de la esperanza es un imperativo humano si queremos vivir en la paz, si queremos que la historia tome caminos de amor y de armonía, porque esperanza es renovar la acción de cambio, de lucha mirando un nuevo entorno social y espiritual. El hombre de hoy debe despertar del sueño de la vida sin sentido. Hay que desviar la civilización del capital perverso, del consumismo alienante, de globalizar la violencia que destruye. Paz, justicia, verdad y amor no son una utopía cuando el hombre está lleno de humanidad en medio de la guerra, porque la guerra debe girar hacia la revolución de la esperanza que busca un nuevo orden, un nuevo ser.

Vayamos dentro de la gravitación de la revolución de la esperanza a encontrarnos en la medida que seamos más humanos liberándonos y liberando este mundo de la crueldad de la deshumanización que se desplaza por toda la geografía universal.. Porque el único causante de los problemas en el mundo somos cada uno de nosotros dentro de nuestras respectivas dimensiones y por lo tanto a cada uno nos corresponde destruir las barreras que están actuando con agresividad. El comportamiento de la sociedad en los actuales momentos registra los más altos índices de indiferencia, falta de solidaridad y de justicia que se elude mediante todo tipo de argumentaciones falaces. Urge que pongamos fin a los bloqueos que se han impuesto por los distintos gobiernos y poderes, con todos los medios de lucha justa. Pero no basta con ver el camino, es necesario andarlo, actuarlo con decisión.

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