miércoles, 4 de febrero de 2015

Para dormir

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Andrés tenía insomnio. Le costaba trabajo dormir. Hasta que descubrió que si podía imaginar que veía ciertas cosas lindas conseguía ir quedando dormido. A veces una gran pradera con vacas blancas dispersadas. Puntos blancos en un espacio verde. Otras veces ver el agua de una cascada que iba cayendo gota a gota o a chorritos. O un inmenso mar azul con partes verdes. Ver cosas tranquilas que lo hacían dormir.

Y no era solamente estar quieto mirando cosas lindas. También era imaginar que estaba haciendo algo que le gustaba. Por ejemplo, ir haciendo la plancha y nadando despacio en un mar tranquilo y tibio, sin olas, como el mar de Bahía, en Brasil. Imaginaba estar haciendo eso hasta que se quedaba dormido. Algo que le hacía sentir bien, haciéndolo.

Como también que le iba cortando el pescuezo poco a poco a Bush, donde a cada tajo le decía el nombre de un nenito muerto por los yanquis en Irak o en cualquier país de Medio Oriente.

Y también con Pinochet, donde a cada tajo le iba diciendo los nombres de los que hizo matar. O cortarle el pescuezo a Menem, aquel que dijo una vez que quería tener “relaciones carnales” con Estados Unidos. Y a Videla, en que a cada tajo le decía el nombre de cada uno de los treinta mil desaparecidos.

Así que imaginar que estaba haciendo eso lo hacía ir quedándose dormido.

Y así fue que su insomnio fue pasando.

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