martes, 24 de febrero de 2015

Pezón de señora

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Están reunidos unos trashogueros, perezosos que se quedan arrimados al fuego del hogar cuando los demás salen a trabajar. Están hablando de esta guisa:

Pejerón: Acabo de ver un episodio de la serie televisiva “La que se avecina”, que me ha hecho reír, y que me gusta, pues es de lo mejorcito que se puede ver en televisión de humor, además de que todo su sentido gira en la alegría y emoción de la “mandanga vecinal y puterío comunitario”, en especial el de Estela, cuya frase emocionante “Fernando Esteso me chupó un pezón” es de culto, pues da vida y ser a toda la serie.

Morrión: Pues a mí me ha hecho recordar a Raquel Welch, salvando las distancias, con Rex Redd en la comedia “Myra Breckinridge” de 1970, sobre una historia de Gore Vidal acerca del cambio de sexo, en la que Raquel es un transexual decidido a escandalizar a Hollywood, atacando el machismo americano. Película provocadora y polémica adorada por los fanáticos del camp y de los años sesenta, cuando los desnudos y los temas sexuales florecían por su ser y el pezón incurría en pecado según los puercos silvestres americanos.

Motete: A mí que no peco, me encanta aprovechar una ocasión propicia para tentar, aunque sea impunemente, un pezón. Me siento como el pezón en la leche, muy a su gusto.

-Tú, le dice Pejerón, salga pezón o salga rana labiada, como Luis XIII de Francia, fantoche tartamudo y maricona de Richelieu, llamado el Justo cruel y sanguinario, amigo de la guillotina, que fue rey de Navarra y copríncipe de Andorra y a quien su madre despreciaba del todo, que chupaba un pezón, y no de su esposa Ana de Austria “una humillación de mi madre pues no es más que una simple española”, como él decía, cuando había victoria en sus batallas, adoras los pezones.



Nada más hermoso, le responde Motete, que la superficie superior del arco pectoral femenino con los pezones sobresalientes en sus dos mamellas, mucho más bonito que las puertas traseras que van al éxtasis místico coital del culo siempre mal estibado, que por eso tienden a doblar la carnal vara.

Hace una pausa y sigue:

-Posaderas, asentaderas son repicando el sentido de una voz a que signifique figuradamente otra distinta. La voz del pedo hecho amor.

-Es verdad, dice Ovidio. Que el amor es una sinfonía de pedos, lo sabemos, y yo me lo creo a pies juntillas, pues ya lo dice el refrán: “por san Valentín pedos y polvos mil”.

-Sí, dice Morrión, transfigurarse uno transfigurando el trasfijo por el instrumento puntiagudo de amor glande, o transfixionando como los dolores de una puta haciendo el amor al trasluz y trasflorando al animal que llevamos dentro, que padece de trasfollos, alifafes que salen en la parte posterior del corvejón, como en los gallos y otras aves.

-O trasfregando, replica Ovidio, estregando, frotando un sexo con otro, estando los dos del lado de allá de un brazo de amar. Trasgo, duende, vestigio quebrantando o violando la regla, su regla, como Woody Allen.



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