martes, 24 de febrero de 2015

Reflexiones de un inmigrante libre

Julio Herrera (Desde Montreal, Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



1-Es a causa de ser un hombre libre que no he podido ser un ciudadano de ese presunto paraíso de la libertad llamado yanquilandia, donde existe sólo un placebo de la libertad. Yo no he podido creer que haya orgullo de ciudadanía en la servidumbre de las conciencias. De ahí que busco todavía una patria libre para mi conciencia libre, y no la encuentro. Me rebelo a reconocerla en este pueblo esclavo que ostenta la insolencia de sus atavismos colonialistas en la misma tierra donde sus ancestros heroicos fatigaron sus epopeyas anticolonialistas en días que parecen huidos para siempre. Cuando se ha nacido bajo el escudo de Bolívar y se ha sido discípulo de Martí, ¿cómo llamar conciudadanos a los de Bush, o condiscípulos a los apóstoles de la doctrina Monroe, y reconocer como patria a ésta industria de conciencias hecha lo mismo para apoyar y albergar tiranos que para aplaudirlos? De ahí que mientras yo no pueda entregar mi corazón a una patria digna de él, ¡nadie podrá obligarme a tener otra patria que mi propia conciencia!

2- Permanecer libre en medio de una sociedad que parece haber renunciado a la Libertad, habiéndose conformado con una parodia de ella, es un delito que nadie nos perdona: los tiranos, porque no pudieron envilecernos adoran los, y los siervos, porque no nos envilecimos imitándolos. Y no saben qué castigar con más furia: el orgullo de nuestra frente que no se inclinó ante el convenio vil,... o el de nuestras rodillas que no se doblaron ante el ídolo.

3- Un librepensador que se integra a los dogmas y convencionalismos de un imperio, deja de ser libre, y casi podría decirse que deja de pensar, porque dentro de los dogmas y fuera de la libertad de pensamiento ya no se piensa, aunque muchos hagan alarde de pensar.

4-Pasar a la historia a lo Bush es pasar a la posteridad a lo Atila. Esas tristes celebridades de la barbarie son dignas de figurar en los records del despotismo de Guinness, pero jamás en las nobles epopeyas de la historia.

5-"¡Feliz el hombre que tiene una gran patria!", exclaman los analfabetas de la historia. "Feliz la patria que tiene un gran hombre!", reclama la historia de los pueblos épicos. Porque el prestigio de un país no está en la grandeza de sus fronteras sino en la de sus ciudadanos. Son los hombres los que hacen la grandeza de un país, y no éste la de ellos.

6-"Comprender conduce a amar", afirman los apologistas y eufemistas de la asimilación a la idiosincrasia norteamericana. Y eso no siempre es cierto, porque a comprender se llega de analizar. ¿Y quién que analice la idiosincrasia norteamericana podría llegar a amarla?

7-Es mucho menos paupérrima la pobreza económica de los países oprimidos que la pobreza moral de los países opresores.

8- El magnetismo del medio ambiente no pueden resistirlo y no pueden vencerlo sino los espíritus verdaderamente fuertes, y libres de toda contaminación ideológica.

9- Sólo una conciencia muy alta permanece inmune a la contaminación ideológica, así como el sol se refleja en un pantano sin absorber su podredumbre.

10- La moral mercantilista de la sociedad de consumo empobrece más el corazón que el bolsillo.

11- En Norteamérica el snob es a la conciencia latina lo que la snow es a la vegetación.

12- Se dice que la frialdad y las aberraciones de los norteamericanos les impiden amar nada ardientemente, y eso es falso: ellos aman muy ardientemente su frialdad y sus aberraciones. Sólo que, en el colmo de su aberrante moral, ellos llaman a su frialdad "paz", y a sus aberraciones "libertad".

13- Yo vi un aguilucho herido que, caído del nido, hacía esfuerzos por levantar el vuelo. Quise levantarlo, y me picoteó ferozmente: prefería morir libre bajo su cielo antes que vivir domesticado bajo techo extraño. Así me enseñó que en el reino animal existen seres libres… ¡tan escasos en el género humano!

14- No hay que creer que las sociedades opulentas y robotizadas odian los ideales nobles: simplemente no los comprenden, y por consiguiente no los sienten. Los ciegos no detestan la luz: simplemente no la ven.

15- La clarividencia de los ideales latinoamericanos cree en el futuro; la miopía de los norteamericanos en la televisión.

16- Si no podemos ser libertadores, al menos seamos libres. Y así, si no podemos contemplar el espectáculo de un pueblo sin ídolos ni amos, al menos podremos ofrecerle el espectáculo de un hombre sin amos y sin ídolos!

17- Ser indomable atrae el odio de los domadores... y la hostilidad de los domesticados.

18- Una de las cosas más difíciles en el llamado "mundo libre" es ser realmente libre,...y de las más peligrosas!

19- Porque ya no escuchaban el clarín de mi conciencia anticolonialista, la colonia de mis compatriotas me ha llamado “antipatriota”. Pero… ¿no es acaso un patriotismo casi heroico éste de vivir entre compatriotas colonizados?

20- Es irónico comprobar que el dólar sirve igual para esclavizar a un mundo que para independizar a un individuo. Cuestión de carácter y de conciencia personal.

21- En mi pasión por la libertad yo consagré mi vida a la independencia dándole a mi vida la independencia. Y el celo de mi independencia me impide mezclarme con el tumulto popular en otra forma que no sea la de mi pensamiento… ¡arrojado desde la altura de mi orgullo!

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