miércoles, 11 de marzo de 2015

Algunos abuelos

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Se conocieron en una fiesta. Apenas se vieron, él y ella, se calentaron uno con el otro. Se apasionaron. Después de un tiempo fueron a vivir juntos.

Pero entre ellos habían hablado poco de la familia de cada uno. Él le había contado que su abuelo paterno había sido miembro de un partido político de izquierda, y escribía en un diario de ese partido. Y que en la época de la dictadura fue secuestrado por unos policías y desapareció. Nunca más se supo de él.

Cuando pasó la pesadilla y terminó la dictadura, él averiguó que su abuelo fue llevado a la E.S.M.A., donde fue torturado y muerto. Y su cuerpo arrojado al mar desde un avión, tantos otros.

Pero ella evitaba hablar de sus abuelos. Por algo no quería hacerlo, pensaba él, y se lo dijo.

Entonces ella decidió decirle la verdad. Una verdad que la hacía sentir muy mal. Sufrir. Era que su abuelo paterno había sido militar y trabajaba en la E.S.M.A., donde torturaba o mandaba torturar para obtener informaciones. Y después, matar. O sea que su abuelo paterno posiblemente torturó y mató al abuelo de él.

Entonces él le propuso a ella no usar el inodoro, sino ir llenando de caca un balde, que poco a poco se iba llenando de mierda de ella.

Y cuando estuvo lleno fueron al cementerio y ella tiró toda la caca que había en al balde sobre la tumba de su propio abuelo torturador.

Después de lo cual siguieron amándose mucho.

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