miércoles, 14 de enero de 2015

Islamofobia y Cristianofobia

León Moraria (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



En lo posible vamos a tratar de no caer en lugares comunes, o sea, en lo ya dicho y repetido desde el momento que se produjo el hecho luctuoso de Charlie Hebdo.

En las notas de prensa y artículos de comentaristas y analistas, figura la palabra “Islamofobia”. Se utiliza el vocablo sin dar su definición, en el supuesto que el lector sabe qué es “Islamofobia”. Pero hasta ahora -que yo sepa- nadie la ha definido con pelos y señales.

En ese interés, traté de hacerlo y me encontré ante la dificultad de seleccionar el vocablo más apropiado. Ensayé con varios: “rechazo”, “discriminación”, “racismo”, “fundamentalismo”, “exclusión”, “repudio”, “desprecio” “¿odio?” y otros. Escogí “desprecio” y ensayé mi definición:

Islamofobia es el desprecio que la población europea y estadounidense siente contra la población musulmana, producto de la campaña mediática y el fundamentalismo que comenzó con Las Cruzadas durante los siglos XI al XIII, organizadas por el Occidente cristiano (Papado), con el objeto de reconquistar los “Santos Lugares”, que se encontraban bajo el poder musulmán. Las cruzadas fueron expediciones horrendas de exterminio de la población árabe. En esos doscientos años se realizaron ocho cruzadas. Resulta difícil diferenciar cuál fue más cruel y genocida.

Luego de transcurridos siglos de “civilización”, encontramos que de nuevo, en el siglo XXI, la campaña mediática/fundamentalista, enerva las conciencias contra el Islam (Islamofobia), y realiza guerras de exterminio contra Afganistán, Irak, Libia, Siria, Irán, Líbano, Mali, Sudán, Somalia, Yemen, con el urdido pretexto de combatir el “terrorismo”, vocablo que hasta ahora, ningún organismo internacional ha definido con claridad. ¿Qué es el terrorismo?

En las constituciones de todos los países figura el derecho de los pueblos a rebelarse contra los gobiernos que los esclavizan o les niegan los derechos humanos, cívicos, políticos (Colombia). O el derecho de los pueblos a constituirse en Nación y formar su propia República (Saharaui). Ese derecho que en su momento lo ejerció Cuba, Nicaragua, Argelia y otros países, ahora lo consideran “terrorismo”.

Este es un aspecto del problema, por cuanto tiene otra cara más horrenda, la invasión, destrucción, demolición de países por el “delito” de la autodeterminación. Dentro de esa geopolítica estadounidense, se realizó la invasión a Granada, Panamá (1990), Yugoeslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Malí, Sudán, Somalia, la lista pudiera ser más larga por las amenazas que llueven contra Irán, Corea del Norte, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Venezuela.

Según la ley de los contrarios, si existe la Islamofobia, tiene que existir la Cristianofobia, vamos a tratar de definirla.

Cristianofobia es el desprecio que la población musulmana tiene contra la población cristiana, por la permanente agresión que durante mil años (1000 al 2015) han realizado contra la población árabe/musulmana, calificada de hereje, y en consecuencia, según la teología cristiana, deben morir en la hoguera como lo dispuso la Santa Inquisición o Santo Oficio, ahora encubierta bajo el eufemístico nombre de Congregación para la doctrina de la fe.

Es necesario dejar sentado que, la Cristianofobia, tiene su fundamento en las agresiones que, durante mil años, han padecido los pueblos árabe/musulmanes -ya lo explicamos- por Las Cruzadas, y más reciente, por las guerras genocidas del imperialismo, Estados Unidos/OTAN, contra los países del Norte de África y el Medio Oriente.

En contrario, los pueblos árabe/musulmanes nunca organizaron Cruzadas contra el Occidente cristiano. Tan sólo invadieron España, permanecieron durante 700 años y cuando se retiraron dejaron muestras de su extraordinaria cultura con aportes al idioma castellano, el arte, la ciencia, la arquitectura, la filosofía griega que había sido rescata por los filósofos árabes de Alejandría. No impusieron ni su religión ni su idioma ni sus costumbres. En España no se habla árabe ni se le reza a Alá ni se honra al profeta Mahoma, pero, se come cerdo en chuleta de sabor exquisito. No ocurre igual ahí donde llegó el cristianismo e impuso por la cruz, la espada, el caballo y el arcabuz, la religión, el idioma, las costumbres. En América esa imposición dejó 70 millones de aborígenes muertos por diferentes causas. Verdadero holocausto y no el que proclaman los judíos.

La Islamofobia tiene su raíz en el fundamentalismo cristiano. Carece de otra motivación, por cuanto la cultura árabe como intermediaria entre Europa y Asia (China, India) creó vínculos pacíficos de ciencia y cultura. Por ello a la península arábiga se le da el nombre de bisagra, pivote de culturas entre África y Asia, por cuanto Europa no es un continente, sino una península del gran continente asiático.

No ocurre igual con la Cristianofobia que tiene su raíz en las agresiones militares, genocidas, que durante mil años ha padecido el pueblo árabe/musulmán. Los imperialismos europeos nunca les permitieron la autodeterminación a los pueblos árabes del Medio Oriente. Geopolítica asumida por el imperialismo estadounidense que ha desatado todo el poderío militar para destruir la infraestructura hasta los cimientos, según la orden dada por el general que comandó la segunda invasión de Irak. -“que no quede piedra sobre piedra”-.

Por similares motivos los pueblos latinoamericanos han cultivado el odio contra los Estados Unidos, por haber sido víctimas durante doscientos años de sus agresiones, invasiones, golpes de Estado. Sentimiento que definió con claridad la poetisa chilena, premio Nobel de Literatura (1945), Gabriela Mistral: “En América Latina lo que más une, además de nuestro bello idioma, es el odio contra los Estados Unidos”. Aquí, no es la Cristianofobia lo que nos une y motiva, aquí es el derecho a la autodeterminación y a ser dueños de nuestras riquezas, arrebatadas por el saqueo y la rapiña imperialistas.

En los países árabes del Norte de África y el Medio Oriente, el odio contra las agresiones de los países europeos, a falta de poderío militar para rechazarlas, ha encontrado entre los luchadores más conscientes y audaces, formas de lucha elementales, que los pueblos, desde la más remota antigüedad, han utilizado contra sus agresores.

Paradójico, la Islamofobia tiene “derecho” a agredir a los países árabe/musulmanes para arrebatarles sus riquezas (petróleo, gas). Pero, la Cristianofobia no tienen derecho ni a defenderse, por cuanto, dichas acciones son calificadas de “terroristas”.

Si colocamos en el Terrorisómetro, aparato parecido al Hijueputómetro, ideado por el canciller Raúl Roa, el cual, según decía, no se le puede aplicar a Estados Unidos porque lo revienta. Ahora bien, según el Terrorisómetro, la invasión a Irak causó la destrucción de su infraestructura física (acueductos, centrales eléctricas, carreteras, puentes. hospitales, universidades, escuelas, museos que guardaban el origen de la civilización asirio/caldea/ fenicio/mesopotámica; más el millón de habitantes asesinados; más el millón de niños muertos durante el bloqueo de diez años anteriores a la segunda invasión, más los gravísimos daños a la salud por el uso de “uranio empobrecido” que deja la secuela de cáncer y niños deformes. Esa segunda invasión fue realizada por un ejército de cobardes, por cuanto, durante esos diez años, destruyeron la posibilidad defensiva del pueblo iraquí. A pesar de esas ventajas militares, perdieron la guerra, salieron derrotados y ahora, para intentar un nuevo regreso, se inventaron lo del Califato, financiado y armado (Mosul) por Estados Unidos para poder continuar la agresión contra Irak y contra Siria, donde también han sido derrotados.

En todas estas guerras, agresiones, genocidios, torturas (Abu Ghraib, Guantánamo), ataques con drones a la población civil, está la raíz de la Cristianofobia, que tiene la obligación de dejarse agredir, sin ni siquiera intentar defenderse o vengarse, porque de inmediato recibe la condena de la comunidad internacional, esa misma que carece de humanismo o se hace de la vista gorda, para repudiar los crímenes contra los países árabe/musulmanes, cuya “desdicha” está en poseer el recurso natural de mayor ambición imperialista: petróleo y gas.

Las agresiones contra los pueblos incitan el odio. Las agresiones de los quince últimos años de Estados Unidos y la OTAN contra los pueblos del Medio Oriente, han fomentado el odio y elevado al clímax, que encuentra su trágica expresión en los hechos ocurridos en París esta semana. Estados Unidos está consciente de ese odio, de allí el temor a que un país árabe tenga capacidad nuclear, o la obtenga de algún país con desarrollo atómico. En lugar de cultivar el odio con las 700 bases militares que tiene dispersas por la mayoría de países, debería cultivar la paz para no tener que padecer la zozobra en que viven sus habitantes en los propios Estados Unidos o en el resto del mundo, cuando viajan como turistas. Han sembrado demasiado odio que sólo puede revertirse en tragedia. Ni Rusia ni China que son potencias nucleares, tienen bases militares en otros países.

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El gallego José

Miguel Ábalos (Desde Canelones, Uruguay. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Camina lentamente hacia la plaza, buscando el tibio sol de ese invierno que se hace largo. Conoció otros inviernos mucho más duros, con nieve y temperaturas bajo cero. Esto no es invierno... un poco de frío, nada más. No será ese mísero invierno el que lo deje inmovilizado frente a una estufa eléctrica. Estufas tontas, sin ruido, silenciosas; no como aquéllas de su pueblo de Galicia, donde disfrutaba mirando el juguetear de las llamas formando dantescas figuras al chirriar de los leños.

Se ajusta la boina azul para que el viento no se la lleve y apoya firme su bastón. Ah... su bastón. Jamás pensó que algún día lo iba a usar, cuando era joven y fuerte como un roble. El trabajo, la lucha diaria por darle a su familia lo mejor, fue gastando su cuerpo fornido. Después, los años hicieron el resto. Hoy, completamente solo, con la carga enorme de incontables años, le queda el tibio sol de la plaza... y sus recuerdos.

Se anuda un poco más la bufanda y acomoda despacio el cuerpo en el banco de piedra. Los árboles... Los árboles mantienen algunas pocas hojas tristes, que se resisten a caer, aferradas a su origen para no ser juguetes del viento.

Acomoda el bastón a su costado. En estos últimos años, la mesa del boliche de la esquina de la plaza se fue quedando vacía. Los inviernos fueron devorando lentamente a sus paisanos y amigos, con quienes las horas pasaban lindas y entretenidas. Estaba el vasco Inzúa con sus cuentos, Fernández con sus trampas a la baraja, el petiso Rodríguez y sus eternas mentiras.

Ya no queda nadie para charlar y recordar. Ah... recordar. Siempre es lindo recordar. ¿A quién no le gusta reconocer en las miradas las nostalgias de otros cielos muy lejanos? Aquellos pueblos de Galicia, abandonados en busca de cosas materiales que de nada sirvieron, porque para hallar la auténtica felicidad había que mirar hacia adentro, y no bogar mar afuera. Hoy todo pasó, ya fue.

El cansancio de las piernas que se niegan a sostenerlo. Humillante cansancio, después de tanto orgullo. El cansancio de las manos encallecidas por centenas de trabajos. El cansancio de los pies, endurecidos de tanto andar. Y el orgullo que se rebela ante tanto cansancio.

El tiempo, la vejez, gallego. También la vejez contra la que no se puede luchar, que pone lágrimas mudas en los ojos, ya secas, sin rebeldía.

Tiene presente la mirada materna al partir del pueblo, nublada por la pena. Y el rostro adusto del padre, envejecido en el intento de ocultar la tristeza. Las montañas, dándole su adiós eterno. El campanario de la iglesia, las casitas bajas, cada vez más atrás, cada vez más lejos. Los zapatos húmedos de rocío en la partida silenciosa, casi secreta. Todo está tan nítido.

Es la vejez, gallego. La vejez que trae la nostalgia del abrazo de otros brazos. La nostalgia que aprieta sin dejarse ver. El tiempo que tironea del brazo, que llama, reclamando, susurrante, insistente.

El sol se está marchando y la plaza, sola, se va poniendo fría. Hay que volver. Tomar el bastón, ajustarse la boina, anudar la bufanda. Cómo pesan las piernas y el cuerpo. Cómo cuesta mover las manos adormecidas. Pero hay que volver. Mientras se pueda, hay que volver.

Ah... volver. Retomar el camino con el paso cansado y volver mañana, quizás. Volver... ¿para qué...?, ¿para qué, gallego?, ¿para qué...?

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Yo tampoco soy Charlie Hebdo

José González (Desde La Antigua, Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Como cualquier evento que provoca la muerte violenta de un ser humano, el saldo que dejó el atentado terrorista perpetrado en las oficinas de Charlie Hebdo, es desafortunado y muy lamentable; igual que las 15 a 17 muertes diarias que ocurren por hechos violentos en Guatemala, aunque posiblemente esto pasa desapercibido en el mal llamado primer mundo. Sin embargo, como aquél hecho sucedió contra periodistas en la capital de una República que, como dicen muchos, se distingue por su cultura, democracia y tradición de respeto a la libertad de prensa, de expresión y opinión, a nivel global se condena y se repudia sin atenuantes la barbarie cometida y el “mundo entero” se solidariza con el pueblo francés, sin que sepamos ni comprendamos las causas de fondo; pues no sólo se dio muerte a unos periodistas, también se vulneró la libertad de expresión.

Pero ¿quién nos explica lo sucedido? Hundir las manos en la tierra para buscar las raíces profundas que causaron el lamentable atentado, es incómodo y es molesto, además, porque atrás de los innombrables terroristas, hay otros responsables. Además, un análisis objetivo, necesariamente debe poner en cuestión los límites de la libertad de expresión, cuyo valor “indiscutible”, producto de un ciego etnocentrismo, se ha elevado a la categoría de “universal”. Es decir que, además del fanatismo religioso, hay otros factores determinantes en el singular y concreto acto de terrorismo. La geopolítica podría dar una luz y también un análisis a la etnocentrista libertad de expresión.

Como dice Atilio A. Boron (1), el objetivo global de la política estadounidense y, por extensión, de sus clientes europeos, ha sido el saqueo petrolero, cuyas ocupaciones e invasiones en países de Medio Oriente las han disimulado con la promoción de la democracia, los derechos humanos, la libertad, la tolerancia; pero toda injusticia, tarde o temprano, cosecha venganzas, y haber atacado “el eje del mal” promoviendo una guerra sin fin contra el terrorismo ha fomentado fanatismos y ha provocado que a Occidente se le pague con su propia medicina. ¿Cuántos civiles inocentes han muerto en Irak, en Afganistán, en Siria, en Arabia Saudita, en Palestina, en Libia, en Egipto a consecuencia de las ocupaciones de Estados Unidos y de los países “civilizados” de Europa? ¿Será que hay alguna conexión con el acto terrorista que puso fin a la vida de unos periodistas que se burlaban con su sátira de otras culturas? ¿Quiénes, entonces, son los responsables de ese lamentable suceso?

Charlie Hebdo es un semanario satírico que, con fundamento en el derecho “universal” de la libertad de expresión, interpretan la realidad mediante ilustraciones caricaturizadas. Su crítica humorística mordaz ha provocado, inclusive, que algunos se hayan preguntado: “¿Cómo solidarizarse con una revista basura? ¿Se puede celebrar la falta de respeto a otras culturas?” ¿Es válido reírse de una matanza en Egipto con una portada de ese periódico que diga “El Corán es una mierda: no detiene las balas”? Y ahora, como dice Haroldo Shetemul: “¿Qué pasaría si ahora en el mundo musulmán un periódico se riera de la masacre ocurrida en París?”. (2)

Pensar la libertad de expresión como un valor universal, sólo se explica si tenemos en mente el concepto de etnocentrismo que, a decir de Tzvetan Todorov, consiste justamente en el hecho de elevar, indebidamente, a la categoría de universales los valores de la sociedad a la que yo pertenezco. Según esta idea hegemónica, no hay contextos de tiempo y espacio que valgan, los pensamientos trascienden su lugar de origen. Esas ideas universales que los pensadores europeos produjeron durante el período que va desde el Renacimiento hasta la Ilustración y que, desde entonces, han influenciado los proyectos de modernidad y modernización en todo el mundo, nunca pueden ser conceptos completamente universales y puros. El propio lenguaje y las circunstancias de su formulación deben de haber importado elementos de historias preexistentes singulares y únicas.

Por ello, como lo planteó el genial Dipesh Chakraberty (3), es necesario “provincializar” Europa, lo que equivale a descentrar las ideas y cuestionar profundamente los juicios etnocéntricos. La libertad de expresión es un derecho válido, sí, pero sus límites, su interpretación y su aplicación depende de sus contextos históricos. Un ciudadano francés, en su contexto, podría reírse de una religión como el Islam y de una masacre en Egipto si la caricaturiza un medio de comunicación; pero posiblemente desataría la ira de un egipcio o de un musulmán. El marcado etnocentrismo colocaría al francés como un ser civilizado, libre, tolerante y culto; y al otro, como un salvaje, un fanático religioso, un ignorante e intolerante.

De esta cuenta, por la hipocresía mostrada por los bienpensantes y civilizados, que se rasgan las vestiduras por la defensa del sagrado derecho a la libertad de expresión, pero no dicen nada, por ejemplo, del genocidio cometido contra los pueblos indígenas en Guatemala en los años ochentas del siglo pasado o el que perpetró Israel hace pocos meses en Gaza y por la visión hegemónica etnocentrista y racista, yo tampoco soy Charlie Hebdo.

Notas:
1) Ver “El terror en París: raíces profundas y lejanas”: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194101
2) http://www.prensalibre.com/opinion/Je_suis_Charlie-Haroldo_Shetemul_0_1282072190.html
3) Chakrabarty, Dipesh. “Al margen de Europa. Pensamiento poscolonial y diferencia histórica”. 1ª Edición de 2008. Princeton University Press.

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Silencio

Liliana Perusini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Yo soy mi silencio…
de palabras y de cantos,
de risas y de llantos.
De penosos y bellos sueños
regresa mi silencio.

Yo soy mi silencio…
de preguntas sin respuestas,
un duelo inacabado
de recuerdos y de olvidos,
en mi memoria.

Yo soy mi silencio…
de voces extrañada
de miradas perdidas,
de caricias al vacío…

Yo soy mi silencio…
el silencio irremediable
de tu ausencia
en mis sentidos.

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Las huelgas (Burgos)

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Voy con un amigo de pelo muy corto, pero velludo, Pablo Francisco, bastante jesuita él, ex misionero en California hacia las postrimerías del período colonial. Tiene una cabeza como un tomo de la Historia de Francia escrita por Villaret y Garnier. Agotadas sus venas por el azúcar y por, como dice él, por tenerlas de vena cava, achampañadas. Ya le han dado dos amagos al corazón. Echa vena a todo y lanza exclamaciones de cólera y enojo, porque se siente joven y tiene una huerta limonera en Valencia, que dice fue propiedad de la Iglesia, como todo, que para él es un sitio de vencía, como el venadero de los venados, oso, jabalí o ciervo. Le gusta la pesca más que la caza. Pospone a él su interés por la huerta.

Me dice:

-Antes tenía que vencer el deseo; ahora tengo que vencer el miedo.

Le respondo:

-Debes superar las dificultades y no obrar contra el corazón. No debes ir de vencido.

Ahora, caminando, me habla de su esposa Wenceslea, que trajo de California, como las nueces, hacia la que tiene una inclinación que no puede refrenar.

Me dice:

-Ayer, como el que cumple el plazo de una letra, fui tras ella, le agarré de la braga, rasgándola. Cogiéndola por detrás, me enfundó el miembro sin querer, como una tira ancha y larga de lienzo, no pudiendo hacer contra su sexo distintivo de soberanía, pues, al querer introducirme en el amor, le puse la venda en los ojos, siendo impedimento al acto sexual, influyendo en su ánimo de jumenta de tal modo que, volviéndose contra mí, me dio una sonora bofetada muy recia y violenta.

Hace una pausa y sigue:

-Yo me quedé como “el abuelo de los nabos”, a quien llamaban “Zutano vende nabos” quien, aparejando su burro, como canta la copla, se fue a vender nabos y, al rodear una esquina, le salieron cuatro gitanos que le quitaron el borrico y le dejaron los nabos, marchando a un convento, el de las Huelgas, monasterio cisterciense, llamando para ver si le compraban los nabos. Salió la madre abadesa, Wenda, constituida en prelacía y dignidad, quien le llevó ante el sepulcro de Alonso el del Salado, y de doña Leonor de Inglaterra, su mujer, fundadores ambos del monasterio, preguntando “¿a cómo da usted los nabos? Respondiendo el abuelo: a euro el medio kilo, pero a la madre abadesa, si mes les compra, le regalaré otro más largo.

Al oírle, dejando sus rezos, salieron las hermanas y novicias, y le cogieron del nabo con violencia a injusticia, dejando al abuelo capado y sin su nabo, con el cual había maleficiado o hechizado por cuadras y caminos vendiendo sus nabos, mientras las novicias cantaban en gregoriano “san mateo, la vendimia arreo”, colocando su nabo en el extremo de una vara larga como el canuto que se usa para sacar vino de las cubas o botas para probarlo.

Reímos los dos como venáticos.

-Vaya buena venganza, le dije. Siguiendo: el odio al miembro viril es mortal en seminarios o conventos. Odio transmitido de generación en generación, pero muy venerado, sin embargo, por meapilas y enviudadas beatas de meato santo.

El replicó:

-Con lo que dijo se vendió el abuelo. Siguiendo: la madre abadesa acabó con “el abuelo de los nabos” poniendo su concha cuatrivalva en su boca, cual concha vivalva que se coloca en las esclavinas de los peregrinos romeros a Santiago, ocasionándole la muerte por su venosidad, no siendo menoscabo su decoro por ello.

Para el abuelo, Venus fue, venero, raya o línea horaria de muerte en el reloj carnal del as de oros del culo de la madre abadesa en su boca.

-Entonces, le pregunto, yo: el abuelo de los nabos murió en olor de santidad, ¿no?

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Las garras del capitalismo criminal y la omisión del poder de turno

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Hoy llegaron los “Reyes Magos” también al país más austral del mundo, en pleno apogeo de la llamada “década ganada”, donde el turismo explotó las playas de los centros turísticos.

Llegaron los “Reyes Magos” trayendo regalitos a los niños cuyos padres tienen la suerte de mantener sus trabajos; los otros quedaron esperando con sus ojitos buscando en el cielo las tres imágenes deseando que se arrepintieran y pegaran la vuelta, porque tal vez se olvidaron de ellos por vivir lejos de la gran ciudad.

Hasta en los días de más connotación religiosa, el capitalismo genocida sigue cobrándose víctimas emulando a Herodes, mientras los shopping atestados de gente dan muestra de una realidad parcial oscurecida, invisibilizada para la mayor parte de la población.

Mientras tantos niños, incluidos los dos que tengo cerca –para ser sincera- recibían su regalito, un niño qom era deglutido por la muerte que hizo uso de algunas de sus herramientas más espeluznantes para arrancarlo de esta tierra: el abandono, la miseria, el olvido. Aparatos provistos por ese capitalismo voraz del que parece tan difícil desprenderse por más discursos bonitos que se empleen y que no son sino maquillaje para blindar una realidad que hoy nos abofeteó como solo golpea el odio más cruel.

Néstor Feminía tenía 7 añitos tratando de pelear contra la desnutrición, la tuberculosis y kilos y kilos de miseria sobre cada costillita que no hubo carne humana que las proteja.

Tenía hambre, mucha hambre y unos ojazos que intuían quién sabe qué paraíso cercano para él, con la misma conmoción que tendrá quién ve a un demonio próximo a tragárselo.

El niño muere en el país conocido como granero del mundo. Muere sin pan dulce en su pancita, sin escuchar el ruido del papel metalizado que envolvería una sorpresa. Lo arrancan de esta vida en el paraje Paso Sosa, a 12 kilómetros de Villa Río Bermejito, en la provincia del Chaco. Era parte de una comunidad indígena de El Impenetrable y pasó sus últimos meses entre puesto sanitario y hospitales, antes de entrar a la página donde quedan estampados para siempre los marginados.

La injusticia social, eufemismo mediante el cual pretende desfigurarse una realidad innegable: el capitalismo y sus secuaces, fue cavando una tumba donde el niño ¿descansará? para siempre.

La tuberculosis, enfermedad que se proclamaba erradicada marcó nuevamente presencia, lo cual demuestra ¡que no fue erradicada ni tres carajos! Porque donde hay hambre, hay enfermedad, bajan las defensas, se instala el parásito de la muerte y va germinando como metástasis de un cáncer incurable.

Tampoco figura ese flagelo como elemento causal de esa muerte ya que el certificado de fallecimiento lleva una sola palabra que indicaría la realidad tapada, muerte por ENFERMEDAD.

Dirá más de uno de los que lean esta nota que al describir esta situación evitable -¡e-vi-ta-ble!- se le está haciendo el juego a la derecha desestabilizadora. Nada hay más lejano que una apreciación así, sabido es que la derecha es cómplice también de estas muertes.

Mis palabras contienen un profundo dolor, una bronca incontenible, una angustia amarga y una realidad innegable, porque la foto que ilustra este escrito es más elocuente que mil palabras. Y el juego a la desestabilización se lo hacen los propios responsables que tienen nombre y apellido. Y tienen mucho dinero, demasiado, tanto, como hambruna tenía el chiquito.

Hoy ha muerto en mi patria un niño de 7 años y mucho, pero mucho, demasiado, padecimiento cruel, bestial, inhumano.

EVITABLE, míreselo desde dónde quiera mirárselo, a menos que no interese porque el niño era indígena. Y hay responsables que deberían hacerse cargo de semejante espanto, porque la muerte por abandono es mucho más triste e irresponsable, aunque no figure en la lista de pecados de ninguna iglesia, también ausente, como quedó tristemente demostrado.

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La difícil cuestión de Dios: Entre lo que es y lo que no es

Enrique Campang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



El tema de dios es importante porque ejerce su influencia en las voluntades de millones de personas, maneja recursos considerables para el bien o el mal; en el pasado, presente y futuro; muchos conflictos son atribuibles a una u otra interpretación de la cuestión de Dios; es tema de infinidad de películas. Se le invoca para cometer crímenes, sólo vean las noticias, París, Alemania, Irak, Nigeria, Sydney Australia, Pakistán, Medio Oriente.

En estos momentos muchos por amor a Dios están cuidando a enfermos de Ébola, atendiendo a refugiados, haciendo el bien, ayudando al que sufre a curar enfermedades, educando o cuidando la naturaleza;…pero a su vez, también están ocurriendo acciones criminales barbáricas en nombre de tal o cual dios. Se están disparando armas, detonando bombas, cometiendo crímenes de odio en su nombre ¿De qué dios están hablando?

Para aclarar esta cuestión, me coloco en un debate imaginario entre gigantes, al padre del psicoanálisis Sigmund Freud en Tótem y Tabú 1913, El Porvenir de una ilusión, 1920 y “Moisés y la religión monoteísta”, 1939; al filósofo y teólogo Xavier Zubiri en “Naturaleza, Historia, Dios” (1974) , -páginas 187 a 222- ; al físico teórico Stephen Hawking en “Historia del Tiempo: Del Big Bang a los Agujeros Negros” 1987; y el jesuita Carlos Domínguez Morano en el Psicoanálisis freudiano de la religión (1991).



La idea de Dios que conocemos se ubica y limita dentro de las facultades intelectuales de los humanos y en el planeta Tierra. El asombro, el temor, agradecimiento o maldición, lo bueno o malo de cada persona se canaliza a la idea de lo sobrenatural, los dioses, demonios, espíritus, antepasados o héroes.

Al plantear la cuestión de Dios, entra el todo del universo que rebasa la comprensión humana; mucho antes se dio algo, imposible de conocer en su totalidad; las dimensiones del universo, la complejidad desde las partículas atómicas a la dinámica de la vida, cómo se llega al ADN, el diseño de los seres vivos y su capacidad mental.

El complejísimo proceso de ordenamiento de las partículas subatómicas hasta el ADN en cada planta, insecto, animal y el ser humano debería causar constante asombro, evocando a San Agustín; sería de esperar este que fuera el estado natural del ser humano de éxtasis que lo lleva a la adoración de lo divino; sin embargo la realidad es que muchos son totalmente profanos, indiferentes, pasivos u hostiles con lo creado.

La astronomía, física, química y biología demuestran en parte de los misterios de la creación que se dieron mucho antes de los humanos; esos misterios permanecen y seguramente los tendrán los extra terrestres en otros tiempos o lugares. El modelo del ADN es de lo más eficiente, por decirlo industrialmente, que funciona desde hace millones de años, y ha generado toda la diversidad de vida en cuanto a calidad y volumen. ¿Como se hizo? Nadie lo sabe, es un misterio; en esto estarían de acuerdo los científicos, religiosos y ateos honestos.

Dentro del aislamiento de la vida terrestre en el cosmos, cabe la posibilidad y la pregunta ¿si existiera la vida en otros planetas tendría el mismo modelo basado en el ADN? O si desarrollan otro sistema diferente. ¿Cómo se alimentan, reproducen o piensan? ¿Tendrían otras leyes físicas a las descubiertas por Newton o Einstein?

Unos científicos creen poder dar todas las respuestas, determinar la fecha del inicio del universo y sus dimensiones a la “partícula de Dios” o bosón de Higgs; o las pretensiones del ateísmo científico soviético y luego Hawking de demostrar la inexistencia de Dios por medio de la ciencia.

Posiblemente en otras partes, en otros mundos y grupos con pensamiento, ya se han planteado la cuestión de Dios, se ha interpretado y configurado dentro de su propio contexto; con algún modelo organizado, religioso o político. ¿Cómo interpretarán la cuestión de Dios en otro mundo? Nadie puede afirmarlo todavía.

Todo lo hecho y pensado por los humanos acerca de Dios es aproximación de generalización limitada; la historia de los últimos milenios registra intentos de interpretar lo divino; los dioses shamánicos, mayas, griegos, romanos, hindúes, etc.; aun en el presente, existen múltiples interpretaciones que chocan.

Freud considera que la religiosidad es una necesidad psíquica relacionada con la necesidad de vincularse a las estructuras problemáticas de autoridad, el padre, la cultura o el súper yo; o como respuesta neurótica a deseos reprimidos, necesidad de protección y desahogo.

Unos toman rumbos mágicos y supersticiosos, señalan a dios como responsable de la buena o mala suerte; de las enfermedades y calamidades. Se le piden favores que esperan obtener a cambio de oro, dinero, ritos elaborados, ofrendas, sacrificios o templos. Invocan a dios para vencer a los enemigos, ganar la guerra, castigar a los que se burlan de él, para anotar un gol, para llegar al poder, sacarse la lotería o encontrar el amor deseado.

Por otro lado, la temeridad en afirmar cosas sobre Dios es producto de pasiones o intereses particulares; producen un dios con todas las debilidades e imperfecciones de los humanos, como en la mitología.

Así como muchas especies se han extinguido, la humana puede tener el mismo destino La permanencia humana en el planeta no está garantizada; y con ello, su ciencia, cultura. Vendrán otras criaturas pensantes desarrollarán sus propios modelos, sin la garantía de sean más avanzados.

Xubiri como filósofo y teólogo, con sólida formación científica, cree en Dios como misterio irresoluble, irrepresentable en imágenes en unas religiones, difícil de desentrañar dentro de las limitaciones de la ciencia y el ser humano. Lo que se conoce de Dios o del todo, siempre será una mínima parte. La ciencia y las religiones son puentes hacia los misterios; unos se acercan y otros se desvían.

Hawking se pregunta ¿que había antes del Big Bang?, dice que el dios, como muchos lo entienden, no pudo hacer el universo; Freud se anticipa a la polémica al decir que no cree que sus opiniones vayan a cambiar la mentalidad de los fieles, ni lo intenta.

REFLEXIÓN: la idea completa de Dios para los humanos es imposible de resolver; cada persona, grupo, sociedad tendrá su forma de sentirlo; para unos es matemático, físico, médico arquitecto, rey, faraón líder militar, todopoderoso, masculino, anciano, perteneciente a una raza, judío, árabe, blanco, negro, que apoya a los capitalistas o comunistas, etc.

En la idea de Dios unos canalizan las alternativas con sentido de bien. Establecen normas de conducta que pueden ser positivas para la convivencia social, la cultura, el arte. Esto si es lo importante. Fomentan el amor al prójimo, armonía con la naturaleza, la dignidad de las personas. Cristo revoluciona la percepción de Dios, del antiguo omnipotente, condenatorio, parcial; por el del amor al prójimo, dignidad, compasión y misericordia.

EL DIOS QUE NO ES DIOS. Freud, Hawking, Nietzche Marx, los ateos y otros, enfocan sus críticas a las ideas del dios primitivo, mágico que no puede ser Dios; critican al dios de la mitología, Zeus, Thor, Ganesh, Kukulkán, los ídolos de piedra mármol; el de la tradición popular, con sentido humanizado, parcializado contradictorio y limitado; en unos casos inventado y manipulado para responder a intereses corruptos, criminales políticos o económicos; que mantienen una difícil relación con la ciencia y la ética.

Es el dios invocado por unos países, predicadores, corporaciones, políticos, demagogos o terroristas. Ellos con toda la razón, fomentan el escepticismo sobre la religión.

Sobre lo que no es dios puede haber cierta certeza, por los atributos mágicos, contradictorios, cuando saltan las inconsistencias; cuando piden sacrificios humanos, actos de crueldad, injusticia; es difícil creer en un dios que mata niños, envía calamidades, acaba con ejércitos y caricaturistas; en cambio la incertidumbre queda en lo que es como lo plantea Zubiri. El Dios que puede ser encuentra coincidencias con los valores nobles, la armonía entre los humanos.

Lo preocupante es cuando las ideas sobre dios se detienen en el tiempo, dan por válidos los prejuicios y arbitrariedades contra la dignidad, obstaculiza la felicidad, que riñe con la ciencia, que es usurpado por los pueblos pretendidamente elegidos, favorecidos en contra de otros para oprimirlos. Los que hoy prohíben la educación de la mujer, colocan bombas en templos, escuelas y mercados y justifican la intolerancia de la diversidad cultural.

La idea que se propone es para resolver el nudo o dilema de Dios ante la dimensión real del universo. Esto puede incomodar a los que quieren imponer un sentido particular o regional de dios como válido para todos. Es conveniente colocar por separado, como dicen, en otro canasto, lo que es Dios, de lo que no es; hoy las ideas están entremezcladas, causan mucha confusión y se cometen graves injusticias.

La dimensión de Dios se debe salir de las formas tradicionales de pensamiento de la filosofía, teología, religión y ciencia con perspectiva humana. Pensar sobre Dios es atreverse a explorar el universo independientemente de los amarres y limitaciones del ser humano. Es una libertad de la mente que en muchos lugares y tiempos aun resulta peligroso.

Es necesaria la prudencia, honestidad y humildad ante la experiencia divina, el universo, meditar, reflexionar, compartir, tener tacto de no forzar ni ofender. Podemos estar equivocados.

El debate histórico de la razón o sin razón de los mitos, leyendas o tradiciones de la religión llega a argumentaciones con fuerte carga emocional difíciles de verificar en su totalidad. Ha pasado mucho tiempo, no hay testigos vivos, las fuentes y registros no son fiables que dejan demasiados vacíos para afirmar o refutar alguna creencia en base al pasado lejano; unos investigadores lo toman al grado de obsesión. Al pasado es conveniente dejarlo tranquilo, conservarlo como referencia, ver y decidir más hacia el presente y futuro.

Lo importante es que conduzcan al bien común y dignidad de cada persona; que tenga capacidad de perfeccionar el mundo, marcando distancia con lo conflictivo. Las tradiciones judaica, cristiana, musulmana, budista u otras son válidas en cuanto aporten al proceso civilizador.

El dilema se puede resolver aplicando el discernimiento ético en la valoración de la tradición; y se dan varias situaciones:

1- Aplicar estrictamente la versión dogmática del pasado inflexible aunque provoque el mal, injusticias, conductas y ritos esclavizantes, contradicciones, con resultados ambiguos, en parte buenos y en parte malos. Imposición forzada, condenatoria, contra la libertad y la dignidad de las personas.

2- Romper totalmente con el pasado para establecer un modelo nuevo, sin tradición en el sentido racional, ateo, científico Descartando cualquier relación espiritual o sagrada. Negación de la trascendencia humana.

3- Seleccionar con discernimiento lo bueno de lo malo del pasado; dejando lo que aporte a la buena convivencia moral, manteniendo la distancia con los aspectos controvertidos, con un margen de tolerancia, flexibilidad, compasión y empatía con las personas en el presente. Respetando la libertad de escoger y diseñar un sistema de fe en comunión con las personas de buena voluntad.

Todos cometemos errores por inmadurez, ingenuidad sin mala intención; esto es corregible; no nos podemos conformar con visiones ancladas en errores del pasado y repetirlos sin sentido crítico. Creo que ha de llegar el tiempo en el futuro, que las contradicciones entre tradición religiosa, la política, ciencia y ética se superen y estén de acuerdo; para que llegue ese momento falta mucho, mucho tiempo, tinta y dolor; hoy la necedad y el fanatismo, mantiene muchas resistencias y conflictos.

Hay buenas ideas, están; que se interesen y apliquen es otra historia…

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Los colores de la ciencia

Reinaldo Spitaletta (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



La profesora se paró junto al tablero y empezó a decir que la ciencia, mis queridos muchachos, es todo el conocimiento obtenido por el hombre mediante la observación, la experimentación y los razonamientos. Hasta ahí los ojos de los escuchas estaban abiertos, pero sin curiosidad. Ella prosiguió diciendo que de la ciencia, un cuerpo sistematizado de saberes, se deducen principios y leyes generales.

-Profesora -interrumpió Manolo Fernández, un negrito con mirada de descubridor -¿Y la ciencia tiene colores?

Los demás observaron al de piel achocolatada y se rieron. La profesora, vestida de blusa de cuadros naranjas y blancos y una falda corta y oscura, sonrió.

-Sí, claro, Manolo. Colores, olores, sabores… Ah, y colores invisibles.

-Cómo así, -preguntó el mono de la fila de adelante.

La maestra salió del salón y luego regresó con una hélice de cartón, pintada de colores. La hizo rotar con una manivela hasta que los colores desaparecieron. Luego del cajón de su escritorio, sacó un prisma, ordenó que cerraran las ventanas y solo dejaran un pequeño resquicio para la luz, puso el objeto maravilloso frente al rayo solar, que lo atravesó, y salió un arco iris.

Manolo no podía creer lo visto y preguntó:

-¿De qué color es el agua?

-Depende, -dijo otro, restregándose los ojos. -Tengo una pecera con agua de muchos colores.

-En la naturaleza -terció la profesora- hay colores visibles y colores invisibles.

-Cómo hacemos para ver los invisibles, -preguntó el pelicabuya (que así le decían sus compañeros), mientras Manolo se rascaba la cabeza y los otros murmuraban.

-Los ultravioletas y los infrarrojos no los vemos a simple vista, -señaló la profesora, inquieta y buscando palabras simples para explicar. -Hay aparatos especiales para verlos, -continuó.

-¿Ah, y si cerramos los ojos, podemos ver colores?, -interrogó uno de la última fila. Los demás se volvieron para mirarlo. Tenía los ojos cerrados. Lo imitaron y en un coro destemplado comenzaron a gritar: “¡Sí, podemos ver colores!”.

-La ciencia -dijo al final la maestra- es lo que nos hace ver lo invisible.

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Autores clásicos: Soneto XI

Garcilaso de la Vega



Hermosas ninfas, que, en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas;

agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:

dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,

que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.

Garcilaso de la Vega, uno de los más grandes exponentes del Siglo de Oro español, nació en Toledo alrededor del año 1496 y falleció en Niza en el año 1536. De crianza noble, se implicó en la política castellana desde muy joven. Participó de varias batallas, tanto militares como políticas, bajo el mando del emperador Carlos I, a quien acompañó a Bolonia para su coronación. Un año más tarde, por razones que no han sido desveladas, de la Vega fue desterrado dos veces, siendo Nápoles su última residencia conocida. El suelo francés vio sus últimos días, ya que las heridas que sufrió en un enfrentamiento en Provenza, lo llevaron a morir a la ciudad de Niza, probablemente sin siquiera haber cumplido cuarenta años. Se supone que toda la obra de este excelente poeta, la cual incluye cuarenta sonetos y siete coplas castellanas, fue escrita entre los años 1526 y 1535. Casi una década después de su fallecimiento, sus escritos fueron publicados por primera vez, sin gozar de su propio espacio, en el libro titulado "Las obras de Boscán con algunas de Garcilaso de la Vega". Aunque no existen pruebas de que se conociese su faceta artística antes de esta edición, dado su inconmensurable talento y la innovación que impulsaban sus versos, esto es bastante probable.

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Plástica. Desde Australia: Sidney Nolan



Sidney Nolan (Sir Sidney Robert Nolan, 1917-1992) fue un pintor australiano, quizá el más representativo de su país.

Nació el 22 de abril de 1917 en Melbourne, ciudad donde realizó estudios artísticos a mediados de la década de 1930.

A través de reproducciones de sus obras, entró en contacto con algunos artistas de vanguardia, principalmente dadaístas y surrealistas.

Se encontró con John Reed, líder de un innovador grupo de artistas de Melbourne, con el que fundó en 1938 la Contemporary Art Society. En 1940 tuvo lugar su primera exposición individual en Melbourne. Su primera exposición en Londres fue en 1951, ciudad en la que se estableció desde entonces.

Tras una primera etapa de formas plenamente abstractas, desarrolló un estilo figurativo representando el desértico paisaje australiano, como en Carron plains (1948, Museo de Arte de Nueva Gales del Sur, Sydney), así como también en los cuentos y las historias de carácter romántico. Posteriormente pintó paisajes chinos, utilizando una gran variedad de técnicas. Además de realizar numerosos grabados y dibujos, fue escenógrafo teatral de gran éxito, especialmente para la Royal Opera House de Londres.

Sidney Nolan falleció el 28 de noviembre de 1992 en Londres.

Ver su obra desde aquí


Fuente: http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/7153/Sidney%20Nolan%20-%20Sir%20Sidney%20Robert%20Nolan

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Emplazan a Presidente de Perú: Chacracerro, industria verde en peligro

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ausencia de autoridad ambiental provoca hecatombe en producción avícola y ganadera. Empresa verde del Perú, liderada por seis hermanas y el fundador de Kaiser Corporation, exige al Gobierno demostrar con hechos el valor de la reciente cumbre ambientalista - COP20.



Chacracerro, nació hace 40 años, en Pueblo Libre, al pie de la Cordillera Blanca, en el Callejón de Huaylas. Reclama acción inmediata para detener muerte masiva de aves y ganadería.

En Lima, veinte mil participantes de 195 economías del mundo, consiguieron en diciembre de este año 2014, un borrador para un acuerdo final en París, el año 2015, que permita reafirmar una voz común como garantía de protección del patrimonio ecológico universal.

Ese acuerdo final busca reducir las emisiones de carbono para posibilitar mantener la temperatura a nivel global, en menos de 2 grados centígrados, con el fin de no generar alteraciones irreversibles en el clima del mundo.

Las declaraciones oficiales, todas ellas plenas de entusiasmo, pareciera que van perdiendo su valor. Frente a la realidad, se apaga la voz emocionada del Presidente de la República, acompañado del secretario general de la ONU. Los movimientos ecologistas y gremios de diferentes matices políticos, vuelven a su ruina y se pierden ante la inacción de los ministerios de Salud, Ambiente, Agricultura, Relaciones Exteriores, Energía y Minas, Salud, Educación, Economía y Fianzas, y la indiferencia de las autoridades municipales y regionales de Lima y del resto del territorio nacional.

La información optimista festeja la creación del Fondo Verde para financiar los proyectos que logren la reducción emisiones de gases del efecto invernadero. La promesa superó en 200 millones la meta fijada en US$10 mil millones. Por cierto suma simbólica, para la dimensión del problema global.

De Chacracerro al mundo

Para no alentar el escepticismo, desde ChacraCerro, en el distrito de Comas, al Norte de la ciudad de Lima, habitada por unas 200 mil personas, ha despertado para exigir soluciones inmediatas a un problema simple: la contaminación del ambiente que mata la moderna industria de las aves y ganadería, por la presencia de fábricas que violan las normas esenciales de protección ambiental, en perjuicio de la industria alimentaria.

En ChacraCerro (un simbólico espacio de arena en la dureza del desierto) cerca del desaparecido aeropuerto de Collique) existen valiosas experiencias empresariales que las autoridades, empezando por los alcaldes, deberían conocerlas y apreciarlas como buenos ejemplos para construir metas y compromisos con el país y la comunidad internacional.



Sin embargo, en ese rudo arenal, la población de Chacracerro es víctima, por ejemplo, de una gran tintorería “clandestina” ubicada en el Lote 48 de la Avenida Chacracerro, cuyas emanaciones de sus plantas inundan de cenizas y humo negro a las granjas donde es indispensable un aire relativamente limpio.

Los sistemas de control en esa zona son letra muerte. Los reclamos se agotaron en las instancias administrativas y judiciales. No hay gestión que haga posible detener o eliminar las gruesas emanaciones de gases tóxicos de máquinas que usan aceite quemado como combustibles, un delito penado pero solo en el papel.

Los pobladores que huyeron de Cerro de Pasco, reviven la desgracia vivida en La Oroya, donde la Doe Run (ciervo gue corre) y sus antecesores de hace más de un siglo, destruyeron prematuramente los pulmones y la vista de los niños, con las emanaciones de plomo, a través de elevadas chimeneas y las aguas contaminadas del Mantaro. Fueron los estudios promovidos por la Congregación de Jesuitas y la República de Italia, que ratificaron los informes secretos del Ministerio de Salud sobre la forma cómo la muerte se había instituido en la Oroya. Pero el problema aún no ha sido solucionado.

El abordar en serio el caso Chacracerro, como lo plantean sus moradores, podría ser un ejemplo de que las negociaciones en la COP20 no son literatura desechable.

Un grupo de periodistas recorrió esa zona. Y desde una perspectiva de desarrollo verde, comprobamos, por ejemplo, que en el lote 49 de la emergente avenida Chacracerro, sobresale una experiencia diseñada por urbanistas y profesionales con experiencia. Pero, a su costado opera una tintorería, cuyas emanaciones provocan la muerte diaria de centenas de aves para el consumo humano. Los trabajadores sufren el deterioro de la vista, dolores de pulmones y garganta, con pronóstico reservado por los médicos tratantes.

De no ser superada esta problemática es inminente el cierre o traslado de las empresas que actúan con la ley, con la consiguiente desocupación de centenas de trabajadores, y las consecuencias para los habitantes de esta jurisdicción. El alcalde y regidores no obstante el reclamo orgánico de los afectados se mantiene en el silencio cómplice.

Testimonios

Chacracerro vive un drama. El humo de una fábrica de tintes trae abajo un modelo empresarial con principios ecologistas. Trae por los suelos la salud de los trabajadores que se dedica a la crianza de pollos, patos, conejos y cuyes, en un cuidado bosque de árboles, con fuentes de agua limpia, galpones metálicos, diseñados para diferentes climas. Las mallas que produce se aprecian también en granjas para peces en las riberas de los ríos amazónicos y lagunas de los andes; y en los cultivos de uvas, café, cacao, etc.



El experimentado médico veterinario César Cruz Cisterna, exhibe las pruebas de laboratorio que demuestran la intoxicación y muerte, en un periodo intermedio de cinco semanas, de los animales domésticos, afectados por los humos que respiran. Además, el agua de la piscina y los depósitos en los cuales abrevan los animales, están cubiertos de una membrana negra.

Astrid Pretell Idrogo, administradora de la planta, explica que los ambientes con puertas y ventanas tienen que permanecer cerradas para paliar el inmenso daño a la salud. Los trabajadores del campo son los más averiados. Los dolores a la traquea, y la reducción de la visión son evidentes. Los médicos no encuentran respuesta sino paliativos.

El presidente del directorio de Káiser Corporación está perdiendo la vista y no le quedaría otra decisión que el cierre de la empresa con perjuicio del centenar de trabajadores y de sus familias. Jaime Kaiser Meléndez, gerente general se ha propuesto liderar esta cruzada en pro de la empresa verde y seguir aportando en la producción de alimentos de mejor calidad con una mejor infraestructura. Confía que el Estado reaccionará pronto para seguir buscando la multiplicación de voluntades a favor de una economía verde y saludable para todos.

En el caso de los trabajadores, la mitad de ellos ya ha renunciado, y en un plazo muy corto la empresa deberá cerrar si no hay una reacción de las instituciones públicas responsables del control sanitario.

Káiser Corporation, es una creación de capitales peruanos, con experiencia en el mercado nacional, inspiración de hace cuarenta de una familia natural de Pueblo Libre, el hermoso pueblo al Oeste de la Cordillera Blanca en el Callejón de Huaylas. La organización tiene la singularidad de contar con el equipo gerencial a cargo de un núcleo de seis mujeres, hijas del fundador y nietas de una mujer emprendedora desde su niñez. Con cuarenta años de actividad esta Corporación, mantiene la representación de servicios y productos de grandes empresas especializados con tecnología de múltiples aplicaciones en la agroindustria, ganadería, minería, decorado y construcción. El testimonio y las inversiones de cada una de sus gerencias revela su vínculo con la economía verde, siempre presente en programas de educación, ferias y eventos relacionados con la tecnología protectora del medio ambiente.

La población de Chacracerro, busca plasmar los objetivos de sostenibilidad del mundo en que vivimos. Solo espera una respuesta oportuna del Jefe de Estado.

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Tres poetas cordobeses

ARGENPRESS CULTURAL

1. Clari Goicoechea

Tía Telita

Por más que lo escondiera,
le dolía la vida,
el sol, la lluvia, el aire
y por donde caminaba.
le dolía el pasado
los días, los meses y los años.
A veces, se sentía quebrada,
se calzaba la risa,
sus alas de alondra,
o de mariposa
y partía a enfrentar la vida
como si levitara,
sutilmente,
casi etérea.
Se iluminaban sus ojos
regresando al pasado,
solía inundarse de tristeza
con la soledad de la gente
y aún perdida en sus olvidos,
su alma reconocía al amor.
Así abandonó su cuerpo,
lentamente,
dejándolo sin pena
y asida a su cordón de plata
para emprender su viaje eterno,
con la esperanza de volver



2. Norma Estela Ferreyra

Saltando charcos

Estoy preparada
y voy a saltar.
Ya caminé senderos
atravesando el miedo
y el veneno,
los puentes del odio
y del amor.
Anduve por calles
pobladas de nostalgias,
sentí la furia del cielo
en las tormentas
y atraqué las naves
siempre en puerto.
Aprendí a cerrar puertas.
A soltar manos.
Y aquí estoy
salpicada de ternuras
y alimañas,
de flores amarillas
y rosadas,
de pájaros con alas
o sin ellas,
de gente que se arrastra.
Mientras tanto,
voy a saltar los charcos
para llegar primera
a pintar el amor
en las palabras



3. Gonzalo M. Blanco Laxague

Versos de un anarquista

El vacío
(jaula abierta que
no es jaula ni celda
ni barrotes que encerrando
en el más cruel de los destinos
a animales sufrientes
confinados a la mirada
estúpida y perversa del torturador
que orgulloso contempla
a lo que antes era libre
y ahora es esclavo como ellos)
será su condena.

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Persona marcada

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENRPESS CULTURAL)



En la vida de Ricardo hubo un momento en que se le juntaron dos épocas.

La época en que vivía solo, estaba en la Facultad y cada tanto invitaba a su casa a una colega a estudiar juntos, tomar un cafecito o comer algo. Y también siempre cogida. Y después, la amable propuesta para rajarla: “-Te acompaño al colectivo”.

Propuesta que, por algunas, era recibida con cara de rabia, por otras con indiferencia, y por algunas con una sonrisa.

Pero hubo una vez que, aparentemente iba a estudiar con dos. Una llegaría antes, y la otra después.

Así que cogió primero con Nora, la que llegó antes. Cuando después llegó la otra no se le ocurrió hacer una cama redonda (de lo que tiempo después se arrepintió). Le dijo a Nora sonriendo, como si fuese algo banal: -“Te acompañamos al colectivo”

Y así fue. Pero Nora con cara de mucha bronca.

Y después la época en que algunos grupos místicos preparaban lo que llamaban “la lucha armada”. De los que Nora era parte de un grupo.

Ahí conoció a Daniel, que a Ricardo una vez llamó de “traidor” porque no concordaba con su crítica a los militares, solamente por ser militares. Ricardo le respondía que lo que había que criticar era la política económica vendepatria, entreguista. Solo eso. No a los militares.

Se encontraban en un café del centro, donde charlando descubrieron que aquel llamado de “traidor” por él era el mismo que una vez había cogido y después pateado a Nora, para después quedarse con la otra. Así fue que decidieron que Nora llame a Ricardo y le diga solamente una cosa, que en esa época era algo serio: -“A la persona que está en esa casa la tenemos marcada”

-“La que estás marcada sos vos. Y por boluda”, le respondió.

Y así fue que al escuchar ese llamado amenazante, que en esa época era algo serio, Ricardo decidió mudarse de casa.

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Crítica literaria: Sobre fernando vallejo

Jesús Dapena Botero (Desde Vilagarcía de Arousa, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Muy bella la carátula de “El fuego secreto” de Fernando Vallejo, escritor, quien no es muy de mi gusto dado su amargo cinismo, a pesar de que en lo formal no dejo de admirar el excelente manejo de la forma escrita, más allá de lo que para mí resulta una ideología reprochable, especialmente cuando pone en boca de Alex, el goce de matar a un niño de la calle, porque se rebela ante la autoridad, quizás abusiva de un policía, lo que para Alex resulta un loable exterminio de una raza infecta, para que no pululen los niños en el mundo, como si el escritor colombiano fuera una suerte de Layo o Rey Herodes, que dictamina sobre el destino individual y colectivo de los otros.

No dejo de reconocer que esa imagen, evocadora de la pintura de Ramírez, y el título de la obra resultan seductores.

Al menos, para un crítico de la seriedad de Alberto Aguirre, el libro deviene alucinante, como un desafío y a la vez una bofetada, producto del desgarramiento que Vallejo sufre al escribir, que logra transmitirnos a los lectores, en la onda que Nicolás Suescún advierte como la más violenta andanada contra Colombia, como un emocionado grito de independencia, rebeldía y amor, por parte del autor. Un libro para Claude Michel Cluny de disonancias deslumbrantes, evocadoras de los Cantos de Maldoror y una deificación de la adolescencia, con una prosa de bellezas sombrías, en medio de un barroco deslumbrante, desmesurado y blasfemo, , para otros críticos, visto con una mirada lúcida, sobre el delirio de un país al borde del abismo.

La novela fue publicada en México, en 1987, una historia sobre homosexuales, que se inicia de una manera excelente con la descripción de la Marquesa de Yolombó, la cual, esta vez de ser la gran dama de Tomás Carrasquilla, es un gay, portavoz del irritante cotilleo, que siempre he registrado en las obras que he leído de Fernando Vallejo, quien pareciera no querer dejar títere con cabeza, sin que yo me pretenda un Tartufo, ya que no es lo amoroso lo que criticó en él, sino lo letal, lo venenoso, que destila en sus palabras y planteamientos, hacia quien no puedo dejar de sentir una profunda ambivalencia, porque lo admiro por el magnífico manejo del lenguaje; pero, lo abomino por su maledicencia.

Sin duda, que estoy de acuerdo con él, con lo de las libertades sexuales, aunque él mismo pareciera denigrar a algunos de sus personajes gays, con palabras disonantes.

También acordaría con él en eso de la ruindad de clase política, máxime en el momento que la corrupción ha alcanzado cotas inverosímiles, en especial en la España contemporánea, donde se peca, se reza y se empata, en un mundo humano, que parece adentrarse hacia un punto de no retorno.

Comparto con Vallejo, la ciudad natal, el amor al cine, no sólo desde mi juventud, sino desde mi infancia, fascinado desde los tres años, con el invento de los hermanos Lumière; eso sí, sin que me hiera en mi amor propio ni el paso del tiempo ni el destino final de la muerte personal, puesto que en ello, soy bastante heideggeriano, plenamente consciente de que somos seres-para-la-muerte, puesto que tampoco estoy cargado del resentimiento interior, que deja traslucir a lo largo de su obra, manifiesta en ideas atroces y sinuosas, que no me causan la más mínima gracia, porque quizás lo que más me molesta su provocación incesante.

Tampoco, aunque también viva en el extranjero, reniego de Colombia, a la que considero como una totalidad, capaz de albergar el bien y el mal, propios de la condición humana, sin idealizaciones, ni denigraciones, a pesar de que el país haya sido ensangrentado por la guerra contra las drogas, lo que ha llevado a una pululante delincuencia y, eso, que al escritor no le tocó vivir los espantosos días de la Guerra Sucia, de finales de la década de mil novecientos ochenta y principios de la siguiente.

Si tengo la doble nacionalidad, colombiana y española, es por legítimo derecho, lo que me parece que me permite integrar dentro de mí, mi identidad iberoamericana, sin que sienta mi alma rota, ni tampoco tenga que acudir a negaciones, renegaciones y desmentidas para sobrervivir, ni tener que correr el manto de la represión, como un telón, que me impida dirigir los ojos a mi propio pasado, en una mirada restrospectiva de mi propia vida; eso sí, con una constante capacidad de reinvención de mí mismo.

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Música: ¿Puso Beethoven latidos de su corazón en su música?

RT



A Ludwig van Beethoven la música le salía del corazón. Investigadores estadounidenses afirman que el compositor alemán creaba sus obras siguiendo los latidos de su propio corazón, y los sorprendentes ritmos de sus piezas podrían haber sido inspirados por una patología.

Científicos de la Universidad de Michigan y de la Universidad de Washington suponen que los ritmos de ciertas partes de las obras de Beethoven pueden reflejar las irregularidades de los latidos del corazón del músico alemán, causados por una arritmia cardiaca.

"Su música pudo haber sido sentida en el corazón tanto en sentido figurado como físico. Cuando el corazón late irregularmente debido a una enfermedad lo hace de una manera predecible. Creemos que algunas de esas pautas se pueden escuchar en su música", explica uno de los investigadores, Joel Howell, citado por 'The Daily Mail'.

Tomemos, por ejemplo, la parte final de 'Cavatina' de cuarteto de cuerda en si bemol mayor Opus 130. En medio del cuarteto, la clave de repente cambia a c-bemol mayor, lo que implica un ritmo desequilibrado que evoca desorientación y que incluso ha sido descrito como una "falta de aire".

En las instrucciones del compositor para los músicos que deben interpretar la pieza, la sección está marcada como 'beklemmt', una palabra alemana que se traduce como 'pesado de corazón'. Los autores señalan que este término podría querer indicar tristeza, pero también puede describir la sensación de presión, un sentimiento que se asocia con la enfermedad cardíaca.

Escuchemos algo de su música:

1. Sonata para piano N.º 14 “Claro de luna”


2. Concierto para violín y Orquesta Re mayor Op. 61


3. Septeto en Mi bemol mayor Op. 20, para piano, cuerdas y clarinete


4. Concierto para piano y orquesta N° 5 en Mi bemol mayor Op. 75 “Emperador”


5. Para Elisa (para piano)


6. Quinta Sinfonía


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La bicicleta roja

Elizabeth Óliver (Desde Canelones, Uruguay. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



A mis cinco años, cuando vivíamos en la calle Ponce, era poco común que alguien tuviera una bicicleta si no la usaba como medio de transporte. Por eso en mi casa no había, como tampoco la tenían los vecinos cercanos y ni siquiera mis primos. Eran carísimas en esa época, se vendían al contado y sólo la gente muy acomodada estaba en condiciones de gastar tanto dinero con el fin de destinarla a entretenimiento de los niños.

Sin embargo enfrente, en la casa de mi abuela materna, una bicicleta nueva y hasta empadronada, dormía en el garaje junto con todo lo que allí estaba en desuso. Alguien se la había entregado a mi abuelo para su hija menor, como pago de vaya yo a saber cuál de las genialidades exclusivas que sólo él era capaz de crear. A mi tía nunca le interesó, pero yo me quedaba horas mirándola… aun sabiendo que tendría que esperar muchos años antes que decidieran dejármela usar.

Así estaban dadas las cartas, y la única forma de sacarse el gusto de pedalear era esperando el sábado, cuando papá me llevaba al Parque Batlle y alquilaba un tándem en el que paseábamos toda la tarde.

La bicicletería de Dos Santos, en Avda. Italia y Albo, tenía cuantos modelos existieran en dos ruedas para ofrecer a sus clientes, expuestos prolijamente colgando de sus ganchos en una enorme pared. En la parte más alta había una bicicleta roja de tamaño mediano, tan bonita y reluciente como ninguna. Y yo… quería andar sola… y en aquella bicicleta.

Pasaron semanas antes que papá tomara la decisión -que debe haber carburado conduciendo el tándem cada tarde de sábado- mientras la bicicleta roja lucía su porte allá arriba, como esperando que él la alquilara para mí.

Pasábamos frente a la estatua de Garzón cuando me dijo que esa tarde, en vez del acostumbrado paseo, alquilaría la bicicleta para enseñarme a conducirla… con la condición de mantener el asunto en secreto entre él y yo. ¡Ni que pedirlo!, conocía bien las reglas del juego para que ambos nos divirtiéramos sanamente sin desencadenar una hecatombe familiar.

Cuando entramos al local… el sitio de la bicicleta roja que tanto me atraía estaba vacío… justo ese sábado, ya la habían alquilado. Papá eligió otra con tamaño adecuado para mí, y en la vereda ancha, por Ricaldoni, desde Avda. Italia hasta la fuente, empezó a enseñarme. Se quitaba el cinturón, lo enlazaba a mi cintura, y sujetándolo de la punta caminaba a mi lado mientras yo hacía pininos tratando de conservar el equilibrio, bien seguro de poder evitarme un buen golpe en caso de algún movimiento peligroso.

Así aprendí a andar en dos ruedas sin las auxiliares para niños, que según papá eran contraproducentes a la hora de dejar de usarlas. Cuando consideró que estaba en condiciones de largarme sola, alquiló otra bicicleta para él y andábamos juntos rodeando el parque por la vereda. Pero cada semana, ver el espacio de la bicicleta roja vacío -alguien la estaba alquilando por sábado y domingo- era lo único que me desdibujaba la sonrisa por unos instantes, y aunque nunca dije nada, papá se daba cuenta.

A todo eso se acercaba el Día de Reyes, y yo había pedido una bicicleta. Se me dijo que no sería posible, porque los Reyes no podían gastar tanto dinero. Papá intentaba convencer al resto de la familia de que yo podría conducir muy bien la bicicleta de mi tía, porque "ya está acostumbrada al asiento alto y los pedales del tándem… y que los Reyes le traigan lo que puedan". Tanto en casa como en lo de mis abuelos se discutía el asunto, pero mi viejo era uno contra todos y no hubo consenso.

La víspera de Reyes me acosté sin entusiasmo, a pesar que mi madre enumeraba todo lo que "posiblemente me dejaran los Reyes" para tratar de despertarme el interés por otras cosas que ya estaban previstas y que obviamente, habían costado dinero.

El 6 de enero, cuando desperté, vi en la penumbra algunos bultos a los pies de mi cama, pero no me levanté a mirar. En eso llegó papá, y un rayo de sol entró con él por la puerta, iluminando la bicicleta roja, apoyada sobre el ropero.

Contuvo mis saltos y gritos de alegría, se sentó a mi lado y me dijo: "Como yo sabía cuánto la quería, m'hijita, hablé con los Reyes y les pedí que aunque más no fuera, se la alquilaran en lo de Dos Santos… es suya por una semana".

Así era mi viejo, de quien aprendí siendo tan niña, a ser feliz sin tener plata.

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Tizas y letras Ayotzinapa

Isabel Fagúndez Gedler (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Hoy Ayotzinapa
ayer Tlaltelco
luz de campesinos
que nacen
desde las tizas, las pizarras y las letras
en la hermosa pedagogía de cabañas
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Y para terminar, un relato escalofriante… ¡pero real! Se los tragó la tierra…

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS CULTURAL)



En la ciudad de T., como en tantas ciudades del mundo, la llegada de diciembre traía una alocada fiebre de compras. V. y S., como tantos y tantos padres de familia, se dejaban arrastrar por esa marea (¿podrían escapar acaso?)

Esa tarde -un miércoles 20 de diciembre-, tal como lo tenían planificado, sin sus hijos fueron al centro comercial. Eligieron uno de los más grandes de la ciudad, seguramente el más lujoso. Eran cinco niveles, interminable cada uno de ellos, repletos de regalos y más regalos. Se hacía difícil escoger entre tanta oferta.

Los niños -A., de 11 años y M., de 8- habían quedado con los abuelos maternos. La lista de obsequios que querrían recibir era larguísima. Todo lo que se les antojaba era hermoso, pero el bolsillo de sus padres decidiría qué habría en el árbol de navidad finalmente.

Era lo que podría llamarse “una familia tipo” -especie en extinción, por cierto-. Sólo el padre tenía ingreso por su trabajo; laboraba como empleado en un banco. La madre era ama de casa, obviamente sin salario. Tenían dos hijos -“la parejita”- y con eso se daban por satisfechos. Casa propia, vehículo casi del año, todos los electrodomésticos que mandaba la moda, sexo una vez por semana (bueno…. o cuando se podía), almuerzo familiar los domingos con algunos de los abuelos -una semana con cada uno-, una larga lista de personas a quien desear ¿felicidades? en las fiestas navideñas, y un encantador perrito apodado Bacinica (era el mayor desliz que se podían permitir)…, todo los presentaba como “una familia ideal”. Se podía decir que su vida transitaba los caminos de la felicidad. Bueno, al menos de lo que habían visto en reiteradas series de televisión que se presentaba como “la felicidad”. V. tenía sus dudas al respecto, pero no se atrevía a pensarlas a profundidad. Muchísimo menos, comentárselas a su pareja.

Contamos todo esto para mostrar que la familia M. no tenía mayores problemas. Por lo pronto, no tenían enemigos. Al menos, enemigos visibles, evidentes. No peleaban con ningún vecino, no tenían ideas políticas -¿será posible eso?..., o eso creían ellos, repitiendo frases hechas que ya les resultaban lugares comunes, tan comunes, que no se hubieran animado a contradecirlos-; no confrontaban con nadie, no eran fanáticos religiosos (sólo iban a su culto de tanto en tanto, para cumplir “como dios manda…”), pagaban puntualmente sus impuestos y querían mucho a su mascota. ¿Quién hubiera osado lastimarlos?

Tampoco eran unos potentados económicos. No, ni remotamente; vivían del ingreso de V., un ingreso medio como empleado: jefe de una sección en un banco. Les daba para vivir decorosamente, pero no más. ¿Quién querría secuestrarlos para pedir un millonario rescate?

Lo único que se me ocurre contar como dato… ¿cómo decir?, “significativo” -usemos esa palabra- para entender lo que se va a relatar, es un episodio que tuvo S. luego del nacimiento de su primer hijo: A. Eso fue 11 atrás. Según dijeron los médicos, se trató de una psicosis post parto. Ninguno de los dos esposos entendió nunca por qué pasó, y cómo se superó. Lo cierto es que inmediatamente después de nacido A., la madre lo rechazó y comenzó con la idea que ese niño…. “era el diablo”. Por tanto, por espacio de un mes más o menos, sólo el padre y los abuelos se hicieron cargo de la criatura. S. debió ser internada en un hospital psiquiátrico por unas dos semanas.

Así como vinieron esas ideas, así se fueron. Luego de ese episodio S. fue una excelente, excelentísima madre. Nunca tuvo problemas con ninguno de sus dos hijos, y alguna vez llegó a pensar que hasta le gustaría un tercero.

Contamos esto, decíamos, para encontrarle eventualmente algún punto de relación con lo que vendrá. Sabrá el lector buscar los nexos, si fuera el caso. También podría agregarse -aunque esto suene a cuento detectivesco, ¡que por cierto no lo es!- que desde hacía ya unos años V. usaba lentes de contacto.

Entraron al centro comercial con la larga lista de regalos en la mano. Además de sus hijos, debían comprar obsequios para una gran cantidad de amigos y conocidos. Entre sí, S. y V., solían hacerse regalos también, pero no se habían dicho qué comprarían el uno para el otro. Tenía que ser sorpresa.

Antes de comenzar las compras, V. tuvo que ir a orinar. Caminaron juntos hasta la entrada de los baños. S. le indicó que lo esperaría ahí, en la puerta.

Ahí se quedó parada, mirando pasar gente, mientras esperaba que su marido saliera. Pasaron unos minutos, los razonablemente esperables, pero V. no salía. S. comenzó a sentir que era demasiado el tiempo que se demoraba. Ansiosa, lo llamó a su teléfono celular.

Pero V. no respondió.

“Raro”, pensó ella. “Quizá no hay señal ahí”. Quiso convencerse, ¿engañarse tal vez?, aunque no dejaba de resultarle extraño que no entrara una llamada allí, siendo que unos minutos antes se había comunicado con su madre para saber cómo estaban los niños, y lo había hecho desde un lugar no muy lejano de donde estaba parada ahora.

De todos modos, decidió seguir esperando un rato.

La espera se le hizo interminable. Ansiosa como estaba, los segundos que pasaban le parecían horas; los minutos, siglos. Llegó un punto en que ya no aguantó más.

Tenía ganas de llorar, pero no se permitía hacerlo. O al menos, si lo hacía, sabía que no le serviría de mucho; o de nada. De esa manera V. no aparecería. Tuvo que contenerse para no romper en llanto.

Después de más de un cuarto de hora, tiempo que le parecía sumamente excesivo para ir a orinar a un baño público, y viendo que su teléfono no respondía, decidió ir a plantear el problema ante alguna autoridad del centro comercial. Fue así que llamó al primer guardia de seguridad que pasó por allí.

Angustiada, a duras penas puso explicar al agente qué estaba sucediendo. Las lágrimas comenzaron a brotarle cuando, entrecortada, intentaba darse a entender.
El policía no podía creer la historia. Le parecía una exageración -una locura, más exactamente dicho- de esta señora. Pero su profunda angustia no parecía ser fingida. “Lo único que no engaña es la angustia”, recordaba el agente de seguridad haber escuchado alguna vez por allí.

A instancias de la súplica de S., el guardia entró al baño a investigar. Lo llamó por su nombre, y al no obtener respuesta, revisó lo más detalladamente que pudo cada uno de los reservados. Pero no encontró nada. O, mejor dicho, no encontró a V.

S. ya empezaba a desesperar. No se atrevía a ir a buscarlo por el centro comercial porque, según pensaba, de pronto V. aparecía por la puerta del baño, y así se podían desencontrar. No sabía qué hacer. Ante esa muestra de angustia, el agente de seguridad optó por llamar a su supervisor. Llegado éste, las cosas no mejoraron.

Entre ambos guardianes buscaron más pormenorizadamente en todo el baño, pero V. no aparecía por ningún lado ni había señales que dieran pista alguna: marcas de forcejeo, alguna prenda o artículo de su propiedad caído, alguna seña orientadora. Ningún testigo tampoco.

“¿Se lo tragó la tierra?”, se preguntaban. Habría que llamar a la policía nacional.

Al poco tiempo llegaron los dos primeros detectives, vestidos de civil. El diálogo con el administrador del centro comercial fue bastante duro. El gerente dejó bien en claro que no podía permitir una abierta acción policial en esa fecha, porque eso espantaría a los clientes. Los policías, celosos cuidadores de su oficio, dieron a entender que si la investigación lo requería, sería necesario cerrar el centro y proceder. La discusión comenzó a subir de tono, pero por supuesto, algunas llamadas de “personas con altas cuotas de poder” lograron que, a lo sumo, se cerrara el baño de varones del primer nivel, donde había entrado y visto por última vez el señor V. “Las ventas de la ocasión así lo aconsejaban”, se explicó rápidamente, y asunto terminado.

Los dos detectives actuaron con mucho profesionalismo. Pese a ello, no pudieron encontrar nada que explicara qué había sucedido. Lo único significativo y sobre lo que montarían algunas hipótesis fue un lente de contacto caído junto a un inodoro. Las pruebas efectuadas posteriormente en laboratorio demostrarían que pertenecía a V. De todos modos, eso no explicaba nada. Y lo peor: V. no aparecía.

Así comenzaron a pasar las horas, luego un día completo, algunos días. Llegó navidad. A M. y a A. no les faltaron sus regalos, pero el clima depresivo inundó toda la celebración. Sin el padre no era lo mismo. ¡Al contrario!: era una tragedia. Esa falta no podía remediarse. Pero peor aún era el no saber con exactitud qué había pasado. La angustia que eso ocasionaba era indecible. Al poco tiempo, S. entró en depresión, necesitando apoyo psiquiátrico.

La policía barajaba varias hipótesis, sin poder demostrar ninguna, y sin que ninguna condujera -eso era lo más importante- a una solución del caso: secuestro extorsivo, fuga de V. por su propia cuenta, autosecuestro, secuestro con fines de desmembramiento para venta de órganos, repentino ataque psicótico que lo alejó de su vida cotidiana, nuevo episodio psicótico de su esposa quien -sin saberlo- lo eliminó, abducción por civilizaciones alienígenas. Incluso se llegó a pensar en la posibilidad de haber sido tomado (¿devorado?) por algún monstruo (no se sabe con exactitud quién dijo que era de color verde, pero la hipótesis se solidificó de esa manera: el monstruo verde) que habría surgido desde el inodoro donde se presumía debe haber estado sentado V. en sus últimos instantes. Lo increíblemente significativo era el lente de contacto (solo uno, supuestamente el del ojo izquierdo) que apareció en el baño. ¿Quién y por qué lo extraería?

Pero más significativo comenzó a resultar lo que se sabría luego: al mismo tiempo, ese día 20 de diciembre, en el mismo momento cronológico -había variaciones en las horas locales según los husos horarios, por supuesto, pero según el horario universal coordinado todas los hechos acontecieron al unísono exactamente en todas partes del globo- sucederían similares desapariciones. La Interpol luego compartiría la información: en la ciudad de X. también desapareció en un baño del hotel donde estaba alojada con su madre la joven Ch., de 15 años de edad. Como dato intrigante: en el tocador quedó un lente de contacto de la muchacha.

En J., luego de entrar al baño a la vista de toda su familia y amigos durante su fiesta de cumpleaños (53 años), el arquitecto P. desapareció misteriosamente. Nunca más se supo algo de él. El único dato con que contó la policía para su búsqueda -infructuosa, por cierto- fue un lente de contacto que quedara sobre una repisa. Y algo similar sucedió en la ciudad de K., con el albañil O., quien delante de todos sus compañeros de trabajo entró al baño, no sabiéndose luego más nada de él hasta la fecha.

Pero quizá lo más increíblemente escalofriante, acontecido también en ese momento puntual de ese fatídico 20 de diciembre, fue el caso de W. Viajando en primera clase de un vuelo que cruzaba el Océano Pacífico, acompañada de su esposo -ambos de 62 años- tuvo deseo de ir al baño. No le gustaba hacerlo en aviones, pero la necesidad se impuso. Refunfuñando se dirigió hacia el toilette. Viendo que era demasiado el tiempo que se demoraba ahí, su esposo se acercó a ver qué pasaba. Ante el silencio en la respuesta cuando golpeó a la puerta, pidió ayuda a las azafatas. La sorpresa de todo el mundo fue mayúscula, pues no se encontró el cuerpo de la Sra. W. Pero además, como “regalo” extra, se halló su marcapasos, totalmente limpio, sin sangre, junto al retrete. ¿Quién podría haber hecho eso?

Ninguna de las desapariciones pudo ser develada hasta la fecha. Los familiares de cada uno de los desaparecidos se mantienen en su angustiosa espera, convencidos que en algún momento podrán reaparecer sus seres queridos. La angustia de no saber qué pasó, de no poder explicar los hechos, en todos los casos los mantiene en la más absoluta zozobra e inestabilidad emocional. En algún caso, incluso, la desaparición trajo aparejadas complicaciones legales-administrativas, pues nadie sabe si declarar muertos a los desaparecidos, o no, y cómo proceder en consecuencia.

La teoría del monstruo verde, aunque parezca mentira, lentamente fue imponiéndose. Quizá ello es una metáfora -mala metáfora- que intenta explicar lo inexplicable. Quizá, en realidad, no pueda explicar nada, pero sirve para entender la sinrazón en juego.

Sabiendo que definitivamente no hubo ni abducción de los extraterrestres, ni mucho menos monstruos verdes, esa desesperada espera angustiante y ese desconocimiento acompañado de irracionalidad por no encontrar respuestas lógicas, es el drama de más de 100.000 familias en Latinoamérica cuyos seres queridos han sido víctimas de la desaparición forzada de personas en estos últimos años en el medio de guerras civiles. ¿Se los tragó la tierra?

Felizmente para S., aunque ello le significó un inconmensurable dolor, pero siempre preferible al no saber, al no tener explicación para lo sucedido, valga aclarar que algo más de un año después de aquella tarde en el centro comercial, por medio de terceros V. hizo saber a su esposa (¿o ex esposa, para el caso?) que fraguó aquella “desaparición” (salió disfrazado en las narices de ella sin levantar su sospecha). En realidad fue el montaje para poder escapar de aquella -para él- asfixiante rutina. Ahora vive con una jovencita en una playa de pescadores en una costa caribeña, y de hecho trabaja como uno más de ellos. Valga aclarar también que no usó más lentes de contacto.

S. pudo cerrar su espera, su duelo. Ahora se considera viuda (aunque técnicamente no lo sea). Pero ¿qué pasa con aquellos que no pudieron clausurar esa espera y, tal como van las cosas, probablemente nunca lo puedan hacer? ¿Qué pasó con esos miles y miles de desaparecidos que no fueron protagonistas de este algo loco relato de nuestro fugitivo personaje, que fueron desaparecidos como producto de calculados planes perversos, violencia, capuchas e impunidad de por medio? ¿Qué hay con los monstruos verdes?

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Anita Ekberg (1931-2015): La fuente es su lugar

Juan Manuel Bellini (OTROS CÍRCULOS)

Murió la actriz sueca que protagonizó junto a Marcello Mastroianni “La dolce vita” en 1960. Su célebre baño en la Fontana di Trevi se convirtió en un mito. ¿De quién fue la idea? ¿Importa? Más interesante es aprovechar para recordar el film.

En los ’90 con la paridad peso-dólar la televisión argentina se permitía lujos hoy muy lejanos. El televidente podía desde ganarse un 0 kilómetro hasta llegar a un premio de un millón de dólares. Los domingos “Ritmo de la noche” conducido por Tinelli y “Hacelo por mí” por Pergolini se disputaban quién llevaba a la estrella internacional del momento a que tocaran en su estudio. Y Susana Giménez recibía en su living tanto a Nelson (“El hombre rata”) como a Anita Ekberg.


Foto: “Para mí La dolce vita, más que con la Vía Veneto, se identifica con Anita Ekberg” (Federico Fellini)

El formato del programa venía de Italia y tenía como referente a Raffaella Carrá. Con el tiempo incorporó como cortina musical el tema principal de la película “Ocho y medio”, compuesto por Nino Rota. Los ’90 fueron años fellinescos en la Argentina. De haber estado entre nosotros el gran Federico en aquella época, hubiese tenido material para cien películas.

En noviembre de 1994 visitó “Hola, Susana” Anita Ekberg. Queda un registro minucioso del mismo en la revista Humor escrito por Hugo Paredero. Con bastante fastidio hacia Fellini, Anita repitió que la famosa escena de la fuente (imagen icónica del cine todo) se le ocurrió a ella: “Resulta que a mí siempre me gustó andar descalza, y un día me lastimé el pie y me metí en la Fontana di Trevi a refrescármelo, me metí allí como lo podía haber hecho en cualquier otro lado, y Fellini: ‘Eso, eso, vas a bañarte en la Fontana’. Pero la idea de esa escena fue mía, como lo fue también la del gato blanco en la cabeza”.

En Fellini no había rencor cuando se refería a ella. En el libro Yo, Fellini que se compone de conversaciones con Costanzo Costantini, el director dice frases como “Para mí La dolce vita, más que con la Vía Veneto, se identifica con Anita Ekberg” (…) “Era de una belleza monstruosa. La vi por primera vez en 1959, en el Hotel de la Ville, un hotel del centro de Roma donde se alojaba. Nunca había visto nada parecido. Me impresionó mucho. Ese mismo día, a la noche, me encontré con Marcello Mastroianni, que después me dijo que la Ekberg le recordaba a un soldado de la Wehrmacht, pero en realidad no quería admitir él tampoco que nunca antes había visto una belleza tan imponente, tan inverosímil”.

Efectivamente la belleza de Anita Ekberg era exuberante, una belleza diferente a la de otra de las protagonistas de “La dolce vita” (1960), Anoux Aimeé, con ese personaje tan complejo del que se habla poco cuando se analiza el film, porque desde ya la potencia cinematográfica de la película es tan grande que sería una injusticia reparar solamente en la escena de la fuente. No sucede lo mismo con Anita, quizás su malestar con Fellini manifestado con el paso del tiempo, haya tenido que ver con haber quedado encasillada en esa escena. De hecho en 1987 Fellini filma “Entrevista”, donde él es personaje y se rencuentran Marcello y Anita.

Hoy todo el hielo en la ciudad

Anita Ekberg había nacido en 1931 en Suecia y portaba un apodo-cruz: Anita Iceberg. Ella decía que era porque fonéticamente se parecía su apellido al de un témpano de hielo. Quien la rescató de la gelidez fue Fellini en 1960 y dos años después también en un film de episodios: “Bocaccio 70”.

En esta película los directores son ni más ni menos que Fellini, Luchino Visconti, Mario Monicelli y Vittorio De Sica. Está dividida en cuatro partes y la que le corresponde a Fellini es “Las tentaciones del doctor Antonio”. Es un divertido alegato contra la censura: el personaje del doctor Antonio (interpretado por Peppino De Filippo) se obsesiona con un cartel gigante de Anita promocionando leche. Se convertirá en la peor de sus pesadillas. La gigante rubia lo perseguirá y de fondo se escuchará una canción de chicos sobre la publicidad de la leche.

Sofia Coppola, la hija de ese gran director felliniano que es Francis Ford, en su mejor película “Perdidos en Tokio” (2003), muestra en una de las escenas que comparten Scarlett Johansson y Bill Murray en el hotel, el sumo interés con que ven una película que pasan en la TV: ni más ni menos que “La dolce vita” y la escena de la Fontana di Trevi.

En el film, Scarlett es una hermosa chica común, muy diferente a la femme fatale con algo de Anita que muestra Woody Allen –otro admirador de Fellini- dos años después en “Match Point”. Ese mismo año se estrenó la película argentina “Elsa y Fred” de Marcos Carnevale, un éxito comercial, con China Zorrilla de protagonista que recrea la famosa imagen de la fuente y que no ahorra en la aplicación de golpes bajos “para emocionar”.

Cuando muere alguna persona conocida muchas veces se genera un proceso que mezcla el morbo con la melancolía y hace que se vuelvan a leer sus libros, escuchar sus discos o ver sus películas. Ejemplos cercanos: cómo se catapultaron las ventas de los discos de Rodrigo luego del accidente, o los de Callejeros luego de Cromañón o chequear los aumentos en los precios de los libros usados al otro día de la muerte de algún escritor célebre. Quizás la muerte de Anita Ekberg lleve a la curiosidad por ver de qué iba esa película y la famosa escena de la fuente.

El que recurra a eso está avisado: acabará de hacer una gran elección. Porque verá una película muy compleja, triste, divertida y terrible. El derrotero de un periodista que termina desencantado, que pierde cualquier tipo de inocencia y se convierte en publicista. Entre tanto verá cómo un padre modelo asesina a sus hijos pequeños, a su propio padre yéndose con una prostituta a la que no podrá seguirle el ritmo, a un Cristo colgado de un helicóptero que atraviesa Roma, a dos chicos que dicen haber visto una aparición religiosa y juegan con la creencia de los adultos desesperados, a las perversiones de la aristocracia italiana –y también las de los sectores marginales-.

A partir de su estreno, El Vaticano, siempre tan comprensivo, escribió en su periódico oficial L’ Osservatore Romano diatribas feroces contra el film.

Ya no se filman películas así, una pena.

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