miércoles, 4 de febrero de 2015

De cómo el fuego llegó al corazón de Juan

Miriam Jeann (Desde Managua, Nicaragua. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Juan comenzó a convertirse en alcohólico siendo aún un niño. Se casó, pero su matrimonio fracasó porque su mujer no estuvo dispuesta a soportar abrir la puerta y ver caer a sus pies un húmedo fardo hediondo a alcohol y a orines. Así que Juan quedó completamente solo en su casa, cuya puerta de entrada estaba carcomida por la lluvia, el comején y la ausencia de vida y de alegría. Tenía un juego de muebles de sala que alguien le regaló porque le faltaba una pata a cada sillón, y las patas que aún tenían, estaban podridas o astilladas y la tapicería estaba rota por todas partes. Tenía una cocina a gas en buen estado, pero Juan había vendido el tanque para comprar más licor, por lo tanto no cocinaba y le tocaba comprar comida en el mercado. Tenía, además, un estante repleto de libros que leía con cierta regularidad, ya fuera que estuviese borracho o no. Era músico del conjunto de planta en un hotel de la localidad, y con lo que ganaba, luego de pagar sus recibos de agua y luz, le sobraba para seguir tomando hasta perder el sentido.

No obstante, Juan no era un simple borrachín. Era un hombre de pensamiento profundo, había leído a los clásicos, era aficionado a las biografías, versado en la historia de su país -Nicaragua- y en la obra dariana, lo cual le confería un horizonte político bastante claro. Pero en el fondo de su corazón, Juan experimentaba una soledad abismal. Sabía que por encima de todo su bagaje cultural, por encima de toda su visión del mundo, flotaba una espantosa nube oscura: la certeza de que su vida estaba vacía sin amar y sin ser amado.

Algunas veces había visto pasar cerca de su casa a una mujer, iba siempre sola, Juan no sabía dónde vivía y mucho menos su nombre. Un día que la vio venir a cierta distancia, se dijo: Hoy es el día, le digo ¡adiós! y ya está. Pero cuando se cruzaron, ella lo miró a los ojos y le sostuvo unos segundos la mirada, con lo cual Juan sintió que se congelaba y no logró articular palabra, así que pasó de largo, odiándose por ser cobarde. Así, durante cuatro meses, cuando se encontraban, ella lo veía directamente a los ojos, y él no lograba decirle absolutamente nada.

Pero sucedió, que una noche que caía una lluvia pertinaz, Juan volvía a su casa y a poco menos de 100 mts. antes de llegar, se topó con la mujer, que también iba en la misma dirección. Fue ella quien inició el diálogo diciendo: ¡¡Qué lluvia!! Juan no tuvo otra ocurrencia que decir: ¡¡Qué hermosa lluvia!! Tal vez sin darse cuenta, o tal vez sí se dieron cuenta, pero siguieron caminando juntos, rápido, hasta llegar a la puerta podrida de la casa de Juan. Él abrió y entraron. Ella sacó de una bolsa de plástico un sobrecito de sopa de preparación rápida y unos fósforos. Pidió a Juan si tenía algún calderito para preparar la sopa pero en aquella casa no había caldero, así que le llevó una lata de galletas vacía. Ella dijo: -Se necesita algo de agua para la sopa. Entonces Juan fue a buscar agua y cuando volvió, ella había quitado una pata podrida a cada sillón y las había astillado, las puso en un montoncito y les estaba acercando un fósforo. Como era madera podrida prendió fuego rápido. Luego salió y tomó de junto a la puerta de la casa tres piedras de regular tamaño, entró nuevamente y las acomodó para poner encima la lata con agua. Al poco rato, el agua hervía y ella agregó el contenido del sobrecito.

Juan la veía cuidar el fuego, acomodar las astillas y sonreír viendo cómo bullía el caldo. Entonces, se sentó en uno de los sillones inclinados por falta de patas, la contemplaba mientras en su corazón, surgía una llama, tímida al principio, pero a medida que la lluvia arreciaba, la llama de su corazón se agigantaba también. Aquella mujer, misteriosa y callada estaba ahí, bajo su mismo techo, preparando no sólo una sopa para tomar algo caliente que se antojaba por el fuerte chubasco, sino avivando un fuego que era más que fuego, era Vida. Ella estaba ahí, como si hubiera vivido siempre en esa casa, como si solamente se hubiese ausentado por unos días y había vuelto para preparar la cena a su marido. Juan callaba, pero su corazón gritaba y su grito subía al último confín del Universo: Gracias. ¡¡Gracias!! El Amor ha llegado para mí. ¡¡No más soledad!! ¡¡No más tristeza!! ¡No más abandono en el alcohol! ¡Ella es! ¡¡Ella es mi Alma Gemela!!

Así, aquella mujer venida nunca se supo de dónde, se quedó para siempre al lado de Juan, que por primera vez sintió cómo llegaba el fuego del Amor Verdadero a su corazón.

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Dogmas y paradigmas de la era moderna

Julio Herrera (Desde Montreal, Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



En 1920 los ingenieros mecánicos de la incipiente Ford afirmaban que no se preveían innovaciones en la mecánica automotriz, por haber ya alcanzado la perfección absoluta.

Y es evidente que ahora, 95 años después, no sólo se han logrado asombrosos progresos en la industria automotriz, sino que el alcance futuro del progreso de la tecnología moderna es insospechable.

De igual manera, en 1998, los economistas norteamericanos afirmaban (y se obstinan aún en afirmar) que "el neoliberalismo es la perfección absoluta de la ciencia socio-económica".

Pero la realidad de las actuales crisis económicas a lo ancho y largo del planeta demuestra no sólo el fracaso absoluto del neoliberalismo depredador, sino la necesidad urgente de un nuevo y justo orden económico mundial. Las cíclicas crisis económicas, y en especial la actual en Grecia, Portugal, España, e incluso el propio Estados Unidos, demuestran que el capitalismo no ha alcanzado ni alcanzará jamás la perfección absoluta, al menos en sentido democrático.

Asimismo, en Brasil el Papa Benedicto II desmintió el viejo dogma católico de "la infalibilidad del Santo Padre" al manifestar públicamente el absurdo de que "el uso de condones agrava la epidemia del sida".

Por eso, la razón natural nos dice que hay que ser prudentes y analíticos al observar ciertos paradigmas o verdades dogmáticas manifestadas por los jerarcas de la sociedad a través de los medios de información, especialmente cuando éstos protegen o encubren los intereses personales, económicos, políticos o religiosos de quienes las difunden.

La incesante evolución de la sociedad y la tecnología demuestran que la ciencia y la política socio-económica son, y serán siempre, sólo un proyecto de perfección de las condiciones de vida de la humanidad, que deben marchar siempre hacia el progreso y jamás en retroceso de las reivindicaciones sociales de la humanidad.

Aferrarse a un dogma o a una verdad convencional o de moda por temor a caer en el error, es ya caer en el más grande de los errores: la certidumbre. Porque la verdad no es una verdad cuando la ciega certidumbre la hace estéril, y el error no es error cuando la indagación o el análisis lo hacen fecundo. Es sólo a través de los errores que se adquiere la experiencia. El error corrige, el dogma se obstina.

La fe, por ser ciega, es creadora de fanatismos porque ella es hermética, y la verdad que adoptamos como definitiva es creadora de conflictos porque ella es intransigente. La duda, por el contrario, es indulgente porque ella es libre, ella indaga, ella explora y prueba que toda verdad de ayer es la mentira de hoy, y toda verdad de hoy es la mentira de mañana. Por eso la duda nos evita los desengaños de hoy que nos ocasionan las "verdades" de ayer. Por otra parte, toda fe y toda verdad convencional son intolerantes, porque ellas consideran adversarios o enemigos a quienes no las comparten. La fe, por ser ciega, nos cierra los ojos hacia nuevos horizontes y nos condena a la resignación del statu quo. La duda, en contraste, nos libera y nos redime porque nos humaniza al enseñarnos que el error y la duda no sólo son humanos sino que son el estímulo y el motor para la evolución social, a través de la corrección constante, tendiente a la perfección. Puede incluso decirse que la duda y el error son la gestación perpetua de la verdad, y que la verdad convencional o transitoria, adoptada como veredicto final, es el aborto de la razón.

Por lo anterior se deduce entonces que no es la verdad, -como afirma la Biblia-, la que nos hace libres: es la razón, es decir, la capacidad analítica del raciocinio, independiente de credos políticos o religiosos. Porque colocar el dogma de una verdad convencional, religiosa, política o de moda, o peor aún, la fe ciega sobre la razón, es no haber alcanzado aún el uso de la razón.

Sólo la duda prudente y analítica nos hace libres, libres de la servidumbre que ocasiona el sectarismo de los dogmas y paradigmas, o de lo que, a ciegas o a priori hemos adoptado como "la verdad."

De ahí que, para evitarnos mañana desengaños, admitamos entonces la verdad de hoy sólo como una verdad pasajera; admitamos que lo único cierto es que sólo existe una sola verdad, una verdad eterna, y es... ¡que la verdad no existe! ¡...y menos aún las verdades eternas!

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Cine clásico: “¡Ahí, vienen los rusos!” (1966), de Norman Jewison

Jesús Dapena Botero (Desde Vilagarcía de Arousa, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



NACIONALIDAD: Estadounidense
GÉNERO: Comedia bélica
DIRECCIÓN: Norman Jewison
PRODUCCIÓN: Norman Jewison
PROTAGONISTAS: Carl Reiner como Walt Whittaker
Eva Marie Saint como Elspeth Whittaker
Alan Arkin como Lugarteniente Rozanov
Brian Keith como Policía
Jonathan Winters como Norman Jonas
Theodor Birkel como el capitán ruso
Paul Ford como Fendall Hawikings
GUIÓN: Basado en la novela juvenil The Off-Islanders de Nathaniel Benchley, con la colaboración del propio Benchley y William Rose.
FOTOGRAFÍA: Joseph F. Broc
MÚSICA: Johnny Mandel / Bonia Shur
DURACIÓN: 126 minutos

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Desde que yo era niño, hemos vivido bajo la constante amenaza de una tercera guerra mundial; mi infancia y juventud pasó en plena Guerra Fría, entre las potencias estadounidense y la soviética, mucho antes de la Perestroika. Ahora el asunto de Crimea, la presencia y acciones del Estado Islámico, la crisis en los países capitalistas, vuelve a amenazarnos.

La llegada de Fidel Castro a La Habana, ya implicaba que su poderío se extendería por toda América Latina, lo que nos haría susceptibles de la invasión rusa y la contraofensiva estadounidense.

La construcción del muro de Berlín, de seguro, desencadenaría la furia de esos Titanes y nuestro destino sería la conflagración universal.

La guerra de Vietnam, nos enfrentaría con el comunismo amarillo de Ho Chi Min y el presidente Mao Tse Tung, el sol rojo que iluminaba a la China.

Casi no teníamos respiro, cuando en 1966, apareció esta comedia bélica estadounidense, que nos procuraba algún alivio, gracias al guión, realizado por William Rose, quien permitiría llevar a la pantalla la novela para jóvenes de su colaborador en el guión The Off-Islanders, Nathaniel Benchley, con un mensaje, que al final, nos resultaría casi que mágicamente desconcertante.

Vivíamos la paranoia norteamericana, ya no tan canallesca como en los tiempos del senador McCarthy con su caza de brujas comunistas, pero quedaba como secuela una suerte de plaga emocional, de plaga azul, temerosa de todo lo que pudiese tener tintes rojos.

Cuando de repente, vemos que anuncian en las salas de cine una película que tocaba nuestros miedos y expectativas, de jóvenes burgueses de la vereda medellinense, en aquél verde valle en el corazón de la montaña antioqueña, con un título escalofriante: ¡Ahí vienen los rusos!


http://www.benitomovieposter.com/catalog/ahi-vienen-los-rusos-p-47383.html

Pero, al menos, nos decían que si había tal complot era para matar al mundo de risa.

Si veíamos otros carteles, como éste:


http://www.filmaffinity.com/es/film339860.html

Era inevitable asociarlo con otro, que años atrás, nos haría destornillar a carcajadas:


http://catedu.es/matematicas_mundo/CINE/cine_mundo_loco.htm

Esta última, brotada del ingenio de un Stanley Kramer, quien, con un humor inteligente, se burlaba de su propia gente en su loco afán por el dinero, tal vez, donde dejaba traslucir la influencia de su antiguo amigo el guionista y productor Carl Foreman, quien había tenido que testificar por su pasado comunista ante la Comisión de Actividades Antiamericanas, comandadas, por el vil McCarthy.


Stanley Kramer
http://es.wikipedia.org/wiki/Stanley_Kramer

Pero, Kramer había seguido en una línea cinematográfica, en la que registraba magnas obras de la literatura estadounidense, como La muerte de un viajante, en 1951, de Arthur Miller, otro autor que había cuestionado el fanatismo macharthista, lo que le llevaría a escribir su obra teatral Las brujas de Salem.

Y no se había ahorrado la paliza, que pretendieron darle por su cinta El motín del Caine, por haber atentado contra el honor y la moral de la marina estadounidense, al representar a un teniente tiránico e irascible, encarnado por Humphrey Bogart, cinta, con la cual, terminaría su contrato con Columbia Pictures, a pesar del éxito de esa cinta, tan cuestionadora, para pasar a ser un productor y director independiente, de tal modo que pudiera expresar su ideología liberal, con proyectos contestatarios y de gran contenido social, que culminarían en su El mundo está loco, loco, loco, en 1963, tres años antes de que vinieran los rusos a las costas de New England, de manos de Norman Jewison, director, productor y actor canadiense, quien ya nos había atraído con el drama, no exento de suspenso, de The Cincinnati Kid en 1965, sobre un tahúr, representado por Steve McQueen y más tarde nos deleitaría con musicales, como los inolvidables musicales, El violinista en el tejado y Jesucristo Superestrella o el drama sobre la locura de una monja en Agnes de Dios, con Anne Bancroft como la enferma y Jane Fonda como su psiquiatra; Ahí vienen los rusos estaría pues entre de las ópera primas del hombre de cine canadiense, quien tras sus años universitarios en su Toronto natal, participaría en la Armada estadounidensem durante la Segunda Guerra Mundial y que, en la década de 1950, viajaría por el sur de los Estados Unidos, donde quedaría impactado con la desigualdad social y el racismo, tema que eligiría para Al calor de la noche, un filme con Sidney Poitier y Rod Steiger cuando el negro, policía especializado en medicina forense, es acusado por el asesinato de un blanco adinerado, cuya investigación se le da a un policía racista, quien irá dejando de lado sus prejuicios, en la medida que conoce al sujeto de su indagación policial, una cinta que le ameritaría el Óscar a la mejor película en 1967, además del por el mejor actor (Rod Steiger), el mejor guión adaptado, el mejor sonido y el mejor montaje; es decir, todo un hit cinematográfico.

El director parecía moverse por los géneros con una gran soltura, desde la comedia tradicional como en No me manden flores (1964) con un hipocondríaco Rock Hudson y una inolvidable Doris Day, el drama de suspenso en The Cincinnati Kid, con sus impresionantes claroscuros, la comedia política, el thriller policíaco, el cine de denuncia, los musicales y cintas de gran profundidad psicológica. Además de una gran vocación docente, al fundar el Centro Canadiense de Cine, como instituto formativo para directores en su propio, en Toronto mismo, lo que lo llevaría a decir a sus setenta y ocho años:

Esta terrible profesión [del cine] ha sido buena conmigo.


Norman Jewison
http://www.quotessays.com/gallery/norman-jewison-5.jpg.html

Pero el aún veterano actor, era un hombre de cuarenta años, cuando dirigiera ¡Ahí vienen los rusos!



Una cinta que pondría en ridículo los prejuicios paranoicos de una sociedad, que veía en los soviéticos a la misma encarnación del demonio, a través de una hermosa parábola.

Entonces vemos encallar un submarino ruso, el Спрут, en las costas de Cape Cod, en New England.


http://es.wikipedia.org/wiki/Cabo_Cod



http://es.wikipedia.org/wiki/Cabo_Cod



Los soviéticos atracan en una zona agrícola costera, habitada por gente sencilla, pescadores, trabajadores en el faro, carteros, pequeños comerciantes y capitanes de mar.

El capitán ruso manda una escolta para que exploren el terreno, bajo el liderazgo del teniente Rozanov, un estupendo Alan Arkin, a ver si es posible encontrar instrumentos para sacar el submarino accidentado.



Alguno de los comisionados llega a la casa de un dramaturgo neoyorquino, Mr. Whittaker, quien está de vacaciones con su mujer, representada por Eva Marie Saint y sus dos hijos, con quienes Rozanov intenta dialogar, a la vez que les entrega el arma, para asegurarlos de que no pretende hacer daño a nadie y que les presten un coche para buscar ayuda en la localidad más cercana.


http://estrellasdecineclasico.blogspot.com.es/2011/11/la-sexta-3-gregory-peck-audrey-hepburn.html

Pero la gente empieza a sospechar y, a través de los rumores del correo de las brujas, hacen llegar la noticia al jefe de la policía, encarnado por Brian Keith; sin embargo, los soviéticos pueden arreglar el submarino, hasta que la cosa se pone tensa cuando el navío se acerca a la costa, en busca de algún tripulante atrapado en las redes del amor con la hija de los Whittaker, de donde creen los nativos, que van a ser atacados por el odiado enemigo de los Estados Unidos de América, cuando el capitán amenaza con bombardearlos si no le entregan a todos sus hombres y la gente empieza a abrir fuego contra el submarino, mientras en el fragor de la pelea, no exenta de graciosos slapsticks, un niño, que se ha montado a curiosear desde la torre de la iglesia la batalla, se resbala y está a punto de caer, lo que hace que se olviden las diferencias, para pasar a una acción conjunta de soviéticos y estadounidenses, empeñados en el rescate del pequeño, con lo cual todo termina en paz y armonía, hasta que la nave parte para no volver jamás, escoltada por los agradecidos aldeanos, hasta que el submarino, estuviera fuera del alcance de la Armada estadounidense.

Como bien podemos ver en este tráiler:

http://www.nytimes.com/video/movies/100000003397234/the-russians-are-coming-the-russians-are-coming.html?playlistId=100000003277281

Podríamos decir con el Jean Giraudoux, el dramaturgo de La loca del Chaillot, tres años después llevada al cine, por el director inglés Bryan Forbes, como un nuevo cuestionamiento a la Guerra Fría:

Este es el triunfo del bien sobre el mal; por lo tanto, es una excepción. Si entendemos por bien el triunfo de Éros, en eterna lucha, contra ese otro gran titán de Tánatos, según nos dijera Sigmund Freud en El malestar en la cultura.

Cinta con un final como para entonar aquel movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven:

O Freunde, nicht diese Töne!
Sondern laßt uns angenehmere anstimmen,
und freudenvollere.
Freude! Freude!

Freude, schöner Götterfunken
Tochter aus Elysium,
Wir betreten feuertrunken,
Himmlische, dein Heiligtum.
Deine Zauber binden wieder,
Was die Mode streng geteilt;
Alle Menschen werden Brüder,
Wo dein sanfter Flügel weilt.

Sí; todos los hombres deberíamos ser hermanos.

La cinta, entonces, tendría un profundo impacto, tanto en Washington como en Moscú, con menciones en discursos en el Congreso de los Estados Unidos de América, a la par que el Kremlin permitiese una copia de la cinta en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, pese a que la marina yanqui se negase a alquilarles un submarino para la producción de la cinta.

Es lamentable, que pese a todo, en vez llegar al ideal habermasiano de una Razón dialogada, aún se siga viendo en Occidente a los rusos como los enemigos del Este, cuando aún no se ha accedido a una verdadera democracia y ésta más bien está signada por todas las corruptelas habidas y por haber; de modo que nos mantenemos en una arrogante y estúpida estigmatización de los unos a los otros, cosa que podría conducirnos a un desastre final.

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Para dormir

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Andrés tenía insomnio. Le costaba trabajo dormir. Hasta que descubrió que si podía imaginar que veía ciertas cosas lindas conseguía ir quedando dormido. A veces una gran pradera con vacas blancas dispersadas. Puntos blancos en un espacio verde. Otras veces ver el agua de una cascada que iba cayendo gota a gota o a chorritos. O un inmenso mar azul con partes verdes. Ver cosas tranquilas que lo hacían dormir.

Y no era solamente estar quieto mirando cosas lindas. También era imaginar que estaba haciendo algo que le gustaba. Por ejemplo, ir haciendo la plancha y nadando despacio en un mar tranquilo y tibio, sin olas, como el mar de Bahía, en Brasil. Imaginaba estar haciendo eso hasta que se quedaba dormido. Algo que le hacía sentir bien, haciéndolo.

Como también que le iba cortando el pescuezo poco a poco a Bush, donde a cada tajo le decía el nombre de un nenito muerto por los yanquis en Irak o en cualquier país de Medio Oriente.

Y también con Pinochet, donde a cada tajo le iba diciendo los nombres de los que hizo matar. O cortarle el pescuezo a Menem, aquel que dijo una vez que quería tener “relaciones carnales” con Estados Unidos. Y a Videla, en que a cada tajo le decía el nombre de cada uno de los treinta mil desaparecidos.

Así que imaginar que estaba haciendo eso lo hacía ir quedándose dormido.

Y así fue que su insomnio fue pasando.

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Ecología indígena, espiritualidad subversiva

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No todo está perdido en la Amazonía. La Ecología Indígena, es una espiritualidad subversiva, que evita el predominio del pensamiento occidental. Si las narrativas colonialistas y neocolonialistas sobre la Amazonía han demostrado tener una vigencia letal hasta ahora, la tierra negra, los suelos negros antropogénicos creados por la humanidad amazónica precolombina se destacan como evidencia de la agricultura más fértil y sostenible en el mundo entero. No es suficiente cambiar nuestra manera de pensar, necesitamos cambiar nuestros. Comportamiento también.



En el siglo XXI, según una copiosa investigación de John Bodley y otros estudios, los pueblos Ashaninka y sus parientes cercanos, los Matsigenka, han podido vivir de modo tan exitoso y sostenible en la Amazonia peruana. Estos grupos se han organizando para proteger sus distintas culturas y comunidades, sus territorios y recursos naturales que los sostienen. Su larga lucha, la educación en sus tradiciones y la innovación de sus líderes y de sus hijos, con un mínimo de influencia del mundo empresarial, se traduce ahora en el reciente reconocimiento de parques nacionales, áreas protegidas, reservas comunales y tierras tituladas de las comunidades indígenas.

La forma clásica de la antropología no es suficiente, necesitamos aprender de las poblaciones nativas para reconstruir juntos un mundo más sano, más sostenible, que la regeneración llegue a ser una responsabilidad humana ineludible.

La física cuántica

La Física Cuántica comienza a abrir un nuevo camino al conocimiento verdadero, en el cual el ser humano dejó de ser un “astronauta” del destino para darse cuenta que puede elegir y crear de forma consciente cómo quiere interrelacionarse con la realidad.



Se trata de encontrar la forma de crear el biochar o tierra negra. Los investigadores no han hallado hasta ahora el método precolombino de producir la “tierra negra” en grandes cantidades. Sin embargo, el rescate de suelos degradados a través del biochar podría contribuir considerablemente para el logro de 2 de los 8 objetivos del Desarrollo del Milenio de las NNUU del presente año 2015: erradicar la pobreza extrema y el hambre, y garantizar el sustento del medio ambiente.

La conversión de la biomasa al biochar puede conseguir una retirada global del CO2 de la atmósfera o una reducción de la emisión global o los dos elementos a la vez (Lehmann 2009-482)

Los descubrimientos bio-arqueológicos y eco-antropológicos de las últimas décadas en toda la cuenca amazónica, están reescribiendo la historia profunda de la Amazonía.

Esta región ha tenido un extraordinario pasado precolombino, con civilizaciones de alta población, de alto nivel cultural, de culturas complejas y obras estupendas. Todo ese milenario bagaje, en solo dos siglos ha sido virtualmente arrasado.

La tierra negra

Frédérique Apffel-Marglin, reforzando sus propuestas con las investigaciones concurrentes de los peruanos Stefane Varesse y Róger Rumrrill, habla en esta entrevista del paradigma de la Regeneración Amazónica, con un discurso de espiritualidades subversivas, porque ha bebido de diferentes culturas.



Desde un liceo en Marruecos, el bachillerato y doctorado en antropología en la Universidad de Brandeis y su actual residencia en los pueblos amazónicos de Lamas y Tarapoto en Perú, la conducen a conclusiones sobre el valor de naturaleza y la cultura, con un todo unitario, como un valioso aporte para entender la dinámica de la sociedad, empezando por las poblaciones indígenas.

Las poblaciones indígenas siguen aún condenadas al olvido, desde que Inglaterra, Francia y España, en el siglo XVI, lideraron la conquista a sangre y fuego del Continente Americano.

Ella vivió en su niñez en la India. Estudió la danza india clásica, hizo trabajo de campo entre los bailarines del templo de Jagannath en Orissa y en las comunidades agrícolas costeras de esa región.

El descubrimiento de la “tierra negra” o “terra preta preuropea” en la cuenca amazónica (Brasil, Ecuador, Perú y en la Guyana Francesa) ha generado entusiasmo y viene induciendo cambios en las fronteras interdisciplinarias acerca del papel de los científicos del suelo. Se está rescatando esa ausencia notable de enfoque en el aspecto espiritual del fenómeno.

Su principal preocupación es la introducción de la agricultura con “tierra negra de los indios”, en las escuelas, tanto para enseñar acerca del cuidado del medio ambiente como para mejorar la producción agrícola en la zona.

En el Centro Sachamama de Tarapoto promueve el uso de la tierra negra o “yana allpa”, formada por pedazos de cerámica, descubiertos por arqueólogos, en las décadas recientes, que recuerdan las prácticas de sus ancestros que ofrecían a la tierra cerámicas rotas antes de sembrar.

Estos hallazgos demuestran que las comunidades exitosas en todo el mundo siempre han devuelto material orgánico al suelo, acciones que representan una base de la sostenibilidad de esa población. Los intercambios recíprocos establecen un ciclo regenerativo, y constituyen el polo opuesto de las acciones extractivas en una economía capitalista.

Muestra que entre los Kichwa-Lamistas, las mujeres también ceramistas, muchas de ellas ancianas, rompen sus cerámicas, y aún las guardan en pedazos para hacer sus ofrendas.

En el 2012, en Kuélap, Departamento de Amazonas, en el Noreste peruano, el arqueólogo Alfredo Narváez encontró un nivel denso de suelo negro orgánico fácilmente diferenciado, de color amarillo, de los niveles geológicos. Igualmente, en el pueblo de Túcume, encontró cerámicas chancadas en espacios como altares, asociadas como ofrendas religiosas.

La economía del don original

Es cierto que la lógica de la modernidad ha creado el concepto de calcular su valor monetario, o en términos económicos, hacer tanto visibles como cuantificables, lo que hoy es conocido como “economía verde”.

La naturaleza y la cultura, en el pasado, no eran consideradas como categorías mutuamente exclusivas. Los actos que nos hacen conscientes de la necesidad de devolver al suelo son fundamentales entre las sociedades campesinas e indígenas, proceso que ha sido denominado “economía del don”, que los Maorí de Nueva Zelandia, con su palabra hau significa tanto “el espíritu del don, cuanto el espíritu del bosque que da el don original de la comida”.

Frédérique Apffel-Marglin, forma parte de un equipo del Instituto Mundial de Investigaciones de Economía del Desarrollo (WIDER) en Helsinki, una filial de la Universidad de las Naciones Unidas, donde junto con el economista Stephen, de Harvard y un equipo, ha producido tres libros sobre los enfoques críticos de desarrollo y la globalización, entre otros y decenas de artículos.

¿Qué hacen los jefes?

Stephen en ¿Qué hacen los jefes?, incluye los fundamentos del análisis de costo-beneficio, el funcionamiento de la economía de mano de obra excedente y el proceso de ajuste macroeconómico. El autor sostiene que la innovación más importante de la Revolución Industrial no era tecnológica, sino organizativa: la jerarquía lineal (maestro-oficial-aprendiz), típico de la artesanía, en la era premoderna fue reemplazado por la jerarquía piramidal (jefe-capataz-trabajador) de la moderna y capitalista empresa.

¿Cómo sucedió esto?. La respuesta convencional es la superior eficiencia, para quien es una trampa para ratones. La respuesta en los "Jefes" es que la organización capitalista del trabajo llegó a existir no por eficiencia superior, sino como consecuencia de las actividades de búsqueda de rentas del capitalista. La forma en que la comunidad se destripó constantemente fue a medida que las relaciones humanas son reemplazadas por las transacciones de mercado.

En esta revisión, Frederique nos lleva a los paisajes bio-culturales, en el corazón de los Andes y la Amazonía de Perú, donde explica cómo la regeneración de este paisaje requiere la aceptación de una mentalidad "occidental" profundamente diferente, no técnico, no reduccionista.

El mensaje central es mostrar que el patrimonio de una comunidad indígena no es una calle de una sola vía sino más bien una vía de doble sentido donde la naturaleza también convoca, requiere a los miembros de la especie humana.

Una chacra o campo cultivado viene a ser un universo formado través de las acciones del sol, la luna, la tierra, las constelaciones, los vientos, las aguas, las semillas, las plantas, los insectos, los pájaros, las herramientas, otros animales, las acciones de los humanos y así sucesivamente.

Frederique, hablando de los andes, los rituales amazónicos y la espiritualidad, sustenta el tema central de la bio-cultura, el patrimonio y la regeneración bio-cultural, que está vivo y prospera en algunas partes de la sierra y en el Alto Amazonas

La civilización Inca fue construida mediante la negociación de las laderas de las montañas de más de sesenta y cinco grados respecto a la horizontal. Con imágenes y explicación pedagógica describe los "archipiélagos verticales", terrenos inclinados, donde existen, al menos 3.700 tipos de papas, intercalados entre las salvajes y domesticadas. Millones de personas se ganan la vida con la agricultura de subsistencia por encima de 10.000 y 14.000 pies sobre el nivel del mar.

Frédérique, Stefano Varesse y Róger Rumrrill han publicado a fines del 2014 el libro Selva vida: De la destrucción de la Amazonía al paradigma de la regeneración:

Varese, catedrático Emeritus de la Universidad de California en Davis. Sus trabajos de investigación empezaron en la Amazonía peruana con la publicación de su tesis de doctorado La sal de los cerros. Actualmente denuncia las amenazas a los pueblos indígenas ante el galopante extractivismo y cambio climático.

Rumrrill, escritor y periodista, nacido en la Amazonía Peruana, ha publicado 30 libros entre ensayos, poesía, historia, narraciones, guiones de cine y artículos sobre la realidad amazónica. Es presidente del Centro de Culturas Indígenas del Perú-CHIRAPAQ y es una autoridad reconocida en este campo de la defensa amazónica.

Selva Viva, publicado con respaldo del Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA), el Programa Multicultural de la Universidad Autónoma de México y el Fondo Editorial Casa de las América, con palabras del uruguayo Eduardo Galeano, denuncia “las atrocidades que los indígenas amazónicos sufren y a la vez celebra su porfiada resistencia que sobrevive a la represión militar, a la manipulación política y a la complejidad judicial. La Amazonía tierra alucinante y atormentada, de la que tanto tenemos que aprender todos, antes que todos nos quedemos sin aire, sin agua, sin mundo”.

Lienzos de July Balarezo, Perú 2001

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Lilí

Miguel Ábalos (Desde Canelones, Uruguay. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



La recuerdo… era bonita, simple y fresca como la flor de macachín. Se llamaba Lilí.

Una tarde al volver a casa, me dijeron de su muerte, tan injusta y cruel como la muerte puede ser.

Éramos adolescentes... me causó una tremenda amargura, no estaba preparado para esa clase de noticia... aunque me pregunto si uno puede estar pronto para eso alguna vez. Me brotaron lágrimas y lloré en silencio.

Cuando supe que había muerto con mi nombre en los labios me sorprendí... Para mí, Lilí era una amiga. Teníamos una relación linda, cariñosa, nos contábamos de sueños perdidos, de lo que podría venir en un tiempo tal vez lejano.

La conocí en mi pequeño pueblo de casitas bajas y vecinos cordiales, ese pueblo que ya no existe más que en mi recuerdo. Era triste y pensativa, y yo respetaba sus silencios. Cuando nos encontrábamos, nos dábamos un beso como buenos amigos.

No puedo negar que me gustaba su compañía, su madura filosofía frente a la vida a pesar de su juventud. Ni tampoco cuánto me agradaba verla sonreír mientras sus grandes ojos tristes me miraban con ternura.

Pero debo ser muy claro, no estaba enamorado de ella ni en ningún momento se me cruzó esa idea, ya que mi corazón daba señales de amistad. Sin embargo, saber que lo último que pronunció antes de morir fue mi nombre, conmovió hasta la última partícula de mi ser.

No sabía que me había amado, llevándose consigo un sentimiento que nunca dijo, que tal vez la hizo sufrir.

Quizás haya sido este hermoso atardecer -con el cielo tan limpio y azul como los de mi pueblo- el que me trajo el recuerdo de aquella joven melancólica y triste que me amó en silencio, y pasó por este mundo como una flor de macachín.

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Plástica. Desde Rumania: Nicolae Grigorescu

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Nicolae Grigorescu (Pitaru, 5 de mayo de 1838 - Câmpina, 21 de julio de 1907) es considerado el fundador de la pintura rumana moderna. Fue un símbolo para la nueva generación de aquella época que intentaban a sacar a la luz la verdadera cultura rumana.

Nicolae Grigorescu fue el sexto niño de la familia de Ion y Maria Grigorescu. En 1843 su padre muere y su familia decide mudarse a Bucarest. Después de un breve período de aprendizaje en el taller del pintor checo Anton Chladek, realiza pinturas en las iglesias de Băicoi y en el monasterio de Căldăruşani.

En 1856 realiza la obra Mihai scăpând stindardul que representa al señor Barbu Ştirbei.

En 1856-1957 realiza la pintura del monasterio Zamfira en el distrito de Prahova y en 1861 realiza la pintura del monasterio Agapia donde esta remarcado por Mihail Kogălniceanu y recibe una beca en París.

En el otoño de 1861 se va a París donde entra a L'ecole de belle arte y asiste a clases en el taller del pintor Sebastien Cornu, siendo compañero de Renoir.

A poco tiempo se va a asistir a clases a Barbizon y a vivir allí. Hasta en 1877 cuando va como pintor de guerra participa a varios exposiciones en París, Roma, Napoli, Pompei, Grecia, Viena.

Entre 1879 y 1890 trabaja en sus talleres de Bretagne la Vitré y luego de París. Desde 1890 se va a vivir a Câmpina en el distrito de Prahova donde realiza muchas obras inspiradas de la vida rural, cuadros con campesinas, bueyes, caminos llenos de polvo. En 1899 es nombrado miembro honorario de la Academia rumana.

El 21 de julio de 1907 moriría en su casa de Câmpina dejado su último cuadro Întoarcerea de la bâlci sin acabar.

El escritor rumano Alexandru Vlăhuţă dijo de Nicolae Grigorescu: De la vida de Grigorescu cuentan sus obras. Una vida sencilla, callada, poderosa, dedicada toda a su arte. Además de arte nada existe por él. Allí puso su profundo amor de la naturaleza, de sus joyas y sus misterios, maravillosas en cualquier lugar, pero en particular en su país y en el seno de su gente, allí el amor de bien, de verdad y de hermosura.

Ver su obra desde aquí.

Fuente: WIKIPEDIA

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martes, 3 de febrero de 2015

Música: Desde África, el Soukous

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Soukous (también conocido como Lingala o Congo, y antes como rumba africana) es un tipo de música originada en los dos países antiguamente llamados Congo Belga y Congo Francés durante los 30 y comienzos de los 40 y que ganó popularidad por toda África. "Soukous" (deriveado del francés secouer, moverse1 ) fue originalmente el nombre un baile popular en los Congos a finales de los 60 que se bailaba con una versión africana de la rumba cubana. Aunque el género era inicialmente conocido como rumba (a veces como rumba africana), el término "soukous" se utiliza más para referirse a la rumba africana y a sus desarrollos subsecuentes.

El soukous es llamado "música de Congo" en África Occidental, y "Lingala" en Kenia, Uganda y Tanzania, en referencia al idioma lingala de la región donde se originó. En los ochenta y comienzos de los noventa, se popularizó un estilo más rápido de soukous llamado kwassa kwassa. Actualmente, goza de popularidad un estilo llamado ndombolo.

A finales de los años 1930 y comienzos de los 40, los músicos congoleses fusionaron música congolesa y otros ritmos africanos tradicionales con la música del Caribe, en especial la música afrocubana y sonidos de Suramérica, ritmos no del todo diferentes a los de la región, al haber sido basados hasta cierto punto en tradiciones musicales africanas. Esta música emergió en las ciudades de Leopoldville, (actual Kinshasa) en el Congo Belga y en Brazzaville, la capital del África Ecuatorial Francesa. La mayoría de los músicos cantaban en el idioma lingala, pero algunos también usaban swahili, Tshiluba y Kikongo.

Las grandes bandas

Antoine Kolosay, también conocido como Papa Wendo, fue la primera estrella de la rumba africana. Realizó giras por Europa y Norteamérica en los cuarenta y cincuenta del siglo veinte con un grupo de siete músicos.

En los cincuenta, las grandes bandas se habían convertido en el formato preferido. Usaban guitarras acústicas bajas, varias guitarras eléctricas, tambores de conga, maracas, flutas o clarinetes, saxófones, trompetas y charrascas. Grand Kalle et l'African Jazz" (también conocido como African Jazz), dirigida por Joseph Kabasele Tshamala (Grand Kalle) y OK Jazz, luego llamado TPOK Jazz (Tout Puissant Orchestre Kinshasa o "banda todopoderosa de Kinshasa") dirigida por Francois Luambo Makiadi se convirtieron en las bandas principales.

Ndombolo

El soukous rápido que domina hoy en día en África central, occidental y oriental es el llamado soukous ndombolo, que tocan Awilo Longomba, Aurlus Mabele, Koffi Olomide y grupos como Extra Musica, Wenge Musica, entre otros.

Algunos consideran el baile rápido con movimientos de cadera y de trasero del soukous ndombolo como obsceno. Es por ello que ha habido intentos de prohibirlo en Malí, Camerún y Kenia. Después de un intento de prohibirlo de la radio y televisión de la República Democrática del Congo en 2000, se volvió incluso más popular. En febrero, 2005 videos de ndombolo fueron censurados en la República de Congo por ser "indecentes". Videos de Koffi Olomide, JB M'Piana y Werrason fueron sacados del aire.

En Suramérica, más especialmente en ciudades como Barranquilla y Cartagena, se considera a muchos temas musicales de este género como un himno, también conocido como champeta, champeta africana o música afroantillana.

Escuchemos algunos ejemplos de esta música:







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El Panóptico

Macario Coarite Quispe (Desde Bolivia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



A veces, para Manuel, sus recuerdos de infancia lo llevan a revivir episodios entrecortados de su gobierno frágil, de su inocencia y de su familia.

Entre aquellos recuerdos, el del primer día en el “Lugar del suplicio” había despejado la cortina de color oscuro que rodeaba su mundo...

Ocurrió a mediados de los ochentas. Eran los primeros días de abril. Manuel y Crispín, de cinco y siete años respectivamente, caminaban rumbo al “Lugar del suplicio” que se situaba a media hora de caminata desde su hogar.

Para Manuel, el menor, era muy extraño ir allá.

Con rostros tostados por el Tata Inti, con guardapolvos blancos que se sobreponían a los pies rajados y empolvados por el frio del altiplano, cubiertos a su vez por ojotas de goma, los niños caminaban cargando unas precarias mochilas de saquillo, y tenían una confusión de sentimientos: sentían pena y nostalgia, pero también esperanzas sobre su porvenir.

Crispín, el mayor, ya había vivido la experiencia de sentirse rechazado por los otros compañeros, pero no le había contado nada a Manuel.

Manuel, por su parte, con tuvo que acercarse mucho temor por vez primera a aquella casona colonial que fungía de “lugar de suplicio” para él, pero que para los demás se denominaba: “kínder”.

Visualizó dos enormes puertas de madera antigua. Con gran esfuerzo subió las enormes gradas que llevaban a la gran puerta entreabierta. En su minúscula existencia se preguntó: “¿Cómo sería la profesora?”, o “¿Cómo sería ese gran cuarto oscuro, empolvado y al parecer con objetos muy antiguos que los demás llamaban “aula”?”. Una parte de aquellas dudas se reflejó en sus ojos.

De un sobresalto, una mano enorme separó la puerta. Todos ingresaron como pájaros al interior de la jaula. Pronto aparecieron todos sentados ante la maestra. Ella, con un sobrero negro de alas anchas que tapaban su rostro, se situaba sobre una silla frente a un escritorio al lado de una pizarra corroída por el tiempo, y justo a unos pasos y debajo de la enorme ventana, aparecía un horno de ladrillo, impregnado de hollín.

Manuel presintió que allí iban a ser carbonizados los niños desobedientes.

Ese día la maestra había dibujado con lápiz rojo en su cuaderno una línea punteada horizontalmente y le había dicho: “Realiza estos puntos en todo el cuaderno”.

Manuel debía obedecer.

La maño izquierda del niño agarró lánguidamente el lápiz de color amarillo, marca Elephant. A lo que la maestra corrigió rápidamente: “El Lápiz no se agarra con esa mano, ¡burro!. Traiga la mano”.

Los dedos de las manos de Manuel se prepararon para recibir el “gran premio mayor”, llamado “Kimsacharani”. La maestra le dio tres chicotazos que le quebrantaron el alma; Manuel rompió en llanto. De ahí dedujo que era poco útil e ingenuo. Sus compañeritos no dijeron nada, como alejándose de él.

Solamente una niña llamada María se apiadó de él. Tenía un rostro delicado y amarillento como flor de amapola. Tomó la mano de Manuel y trató de calmar su dolor, acariciándole los dedos. Él sintió su compañía como la de un ser especial, que más tarde se esfumaría, sin razón alguna, de su existencia.

El primer día de clases acababa de finalizar. La víctima se retiró lentamente. Se dirigió hacia la precaria cancha escolar amurallada de adobe y a la salida, una esquina fangosa, que daba al camino. Era difícil cruzar el trecho. Esperó a que los demás pasaran por ahí.

No se dio cuenta que Velásquez, un bribón del mismo curso, el más alto y fornido, que el pasado año había reprobado del curso, le había seguido. El inocente lo miró. Velásquez se acercó y le dijo: “Sabes que eres un sonso, un cojudo”. Le tumbó de un puñetazo. “No le dirás nada a tus padres: son unos pobres y unos infelices evangélicos”.

Y Velásquez se lanzó sobre el apenado niño, golpeándole el rostro hasta sangrarle la nariz.

Manuel no pudo resistir la bravura del marrullero y desistió. Como en un sueño su existencia agonizó. La sangre corrió maratónicamente a través de sus fosas nasales. El abusivo seguía propinándole trompadas y pateaduras. Manuel enfrentó su mundo y al mundo al que había venido. Alguien se asomó para ver lo que pasaba: era Crispín, el hermano imprescindible, que como gran héroe hizo justicia.

Ahora, Manuel tiene la conciencia de que el “lugar del suplicio” es como un panóptico: un lugar que oprime a los seres frágiles como él y perturba la inocencia de los niños; además, aquel “lugar del suplicio” despliega la división y diferenciación entre los que tienen dinero de los que no.

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El reencuentro

Jaime Bergamín Leighton (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Después la perdí y me perdió, como se pierde todo
Juan Abreu

La exploración de mi nuevo destino en la ciudad toda por descubrir. Una parada más en este deambular de años que enreda recuerdos, afinca los dientes en el desarraigo y te responde recíproca en el bostezo indiferente del que llega y se va sin nostalgias. Es parte del destino que he elegido, el que decide por mí.

Contemplo, con desconcierto recurrente, esas vidas sedentarias arraigadas a un mismo lugar, viendo siempre la misma gente, subiendo y bajando en el carrusel de una época como ésta, hecha de pocas satisfacciones -las materiales en abrumadora mayoría- y muchos sobresaltos a pesar de la seguridad que brinda el estado protector y la riqueza de un país proverbialmente rico.

Y aquí estoy, en una ciudad cualquiera, de esas que, aunque aparecen en los mapas, nunca se eligen como destino. Burgo medieval a la orilla de una antigua ruta, con una sola industria importante a la cual se vinculan, directa o indirectamente, las economías lugareñas y a donde me ha llevado mi condición de embajador itinerante de intereses transnacionales en el seguimiento y la supervisión de un producto hijo de la globalización. Mañana normal de domingo sin amigos. La invitación de compromiso -cuyo educado rechazo provocó un no menos educado oh!, dommage!, acompañado de un imperceptible suspiro de alivio- me otorga el respiro de un día completo que podré manejar a mi antojo. Siguiendo la norma, no aceptaré invitación alguna mientras duren las negociaciones. Me aventuro fuera del hotel en tanteos de orientación y, guía en mano, me lanzo a explorar aprovechando el suave sol otoñal.

Las ciudades, sobre todo aquellas acostumbradas a recibir visitantes de todas partes, mantienen un mundo paralelo cuyas claves se pueden desentrañar con relativa facilidad si uno aprende a leer la escritura de sus calles, la caligrafía de sus fachadas, el paso de sus habitantes, las rutas invisibles trazadas a lo largo de años, décadas y, en países como éste, de siglos. No tardo mucho en descifrar los códigos y me enrumbo hacia un desayuno que, no solo me nutra sino me acerque al alma de la ciudad a través de sus espacios y su gente.

Desecho la turística terraza, tentadora en el clima aún benigno, para adentrarme en el bistrot de rincones y penumbras, en el devenir cotidiano del pastis en bowl a dos manos, del café humeante y los croissants. Más tarde, los vinos gruesos en jarras de condumios y trasnochadas. Me siento al azar intentando enterarme de lo que la pequeña ciudad me ofrece en el escueto periódico local, la espartana lista de los museos, parques, espectáculos domingueros, la inevitable retreta en el kiosko de la plaza luego de la misa y el guignol, hasta un vernissage en la única galería de arte, establecida seguramente para atrapar turistas con aspiraciones artísticas y las ganas de gastar en algo más que reproducciones de edificios medievales y gastronomía provinciana.

Mi elección al azar provoca un pequeño revuelo entre los habitués a quienes he usurpado la mesa, desconcertados al encontrarse con un intruso -y extranjero por añadidura- ocupando su puesto ganado a lo largo de quien sabe cuántos años en el rito del desayuno, algo más tardío hoy en los sueños estirados del domingo. Supe que di en el clavo. Opto por una amable retirada que me granjea someras sonrisas cruzando por unos instantes los rostros malhumorados de mis contendores. Resignado, aterrizo en las mesas exteriores tratando de resolver un sencillo crucigrama, difícil en el idioma ajeno y los localismos correspondientes. Rodeo con un círculo museo e inauguración a la espera del mediodía.

Los cafés franceses, más aún los de provincia, se caracterizan por su comida basada en ingredientes locales siempre frescos, la estrechez de sus espacios, lo reducido de sus mesas y lo incómodo de sus sillas. Adolorido emprendo la caminata con el paso errático del perro basculando entre el instinto y la costumbre, la intuición y el hastío. Las mañanas domingueras pueden ser muy largas cuando se viene de una semana de trajines intensos y las expectativas de la semana que definirá negociaciones y partidas. A las once en punto estoy en el museo cuyo fuerte son ánforas y joyas extraídas de las sucesivas capas dejadas por los pueblos que ocuparan la zona, incluyendo interesantes frescos romanos con motivos domésticos que entregan valiosa información de cómo se adaptaban los conquistadores al clima y las costumbres locales. He obviado la modesta pero hermosa iglesia románica por respeto a los feligreses, hoy, decido, toda para ellos. Algunas excavaciones adyacentes completan la espera del vernissage que se animará hacia la una de la tarde siguiendo la pauta universal de las inauguraciones. Acierto.

Me encuentro con un espacio sorprendentemente amplio, bien resuelto, iluminación correcta y una curaduría eficaz que delata compromiso y profesionalismo. La muestra, obras de mediano formato reflejando el paso por alguna academia abandonada a mitad de pensum, el hijo de un notable de la comarca, seguramente, mostrando sus gracias en telas que serían apreciables si no fuera por las ganas de comerse el mundo, de saltarse etapas, brochazos provocadores del que pretende hacerse paso a codazos en el estrecho ambiente provinciano, azuzando el escándalo en la esperanza de que los ecos retumben en el lejano París y suceda lo inesperado. Medito sobre lo parecidas que son las burguesías, las provincianas en particular, de todas partes. Bellezas anodinas y trajes algo pasados de moda junto a jóvenes que intentan emular lo que manda la metrópoli, miradas de reojo y los notables pavoneándose en derivas de plaza mayor después de misa. Me paseo por las fisonomías olvidado por completo del provocador y su pequeño círculo, degustación con añoranzas y algo de chovinismo por el contundente vino de mi tierra, su regusto de taninos y sotobosques tan lejano a este delgado exponente de los mejores terroirs del mundo. Les connaisseurs dixit.

Percibo un algo que altera el ritual y su zumbido bajo de programa bien aceitado. Algo que no cuadra en el juego de sombras de público y mesoneros derivando según las leyes de la socialización. Un cambio de ritmo casi imperceptible, una pieza que resalta dentro del desorden organizado, sombra persistente que destaca hasta despegarse de la masa: una hermosa mujer de formas maduras y un algo entre maternal y mundano realiza lo que pareciera ser una maniobra de aproximación, sutil pero persistente, a este náufrago que intenta pasar desapercibido. Se acerca inexorable, sorteando invitados y mozos entre exclamaciones grupales y palmoteos de amigos. Le petit monde que se ha desplazado desde la plaza de la retreta hasta aquí para felicitar al exótico de cabellos en technicolor y piercings reluciendo entre paisajes tatuados. Como siempre, las obras expuestas hace mucho que pasaron a segundo plano.

Sigue la misma ruta que yo en mi deambular pegado a los paneles, "profundamente interesado" en las telas, treta pueril e inútil intentando disimular mi aislamiento. Devuelve amablemente los saludos de los conocidos para, sutil pero implacable, continuar su periplo hasta darme alcance. Un algo familiar se desprende de su rostro, un algo que no logro precisar y que las miradas a hurtadillas no contribuyen a resolver. Decido que, como sucede por toda Europa, las fisonomías se repiten hasta volverse un paisaje humano monótono y reiterativo, aunque su innegable atractivo no sea común. Se detiene tres cuadros más atrás para reanudar su deriva hasta quedar codo a codo. -¿Es usted extranjero?- Mirando fijamente a la tela. Por alguna razón no me sorprendo -Si- Entonces suelta un Mer Pacific apenas audible que me obliga a mirarla de frente. Ese algo vagamente familiar se va revelando, como fotografía en la cubeta, hasta volverse nítido en el agolparse de recuerdos de unos momentos y un rostro siempre presentes a pesar del tiempo. Tú.

Y aquí me tienes, recordando esos largos atardeceres del verano sobre el Pacífico o los escuetos pero no menos intensos del invierno. Esos atardeceres que no viviste hasta conocerme y que siempre recuerdo ligados a ti en la tarde dominguera de la vuelta a casa. J'habite proche de la Mediterranée, mais, en eté, le soleil brille sur nos épaules. Jamais je n´ai pu regarder le soleil coucher sur la mer… Y me hablaste de la calle Maruri, del Neruda reciente en la capital, deslizando su flacura famélica y recién llegada por los adoquines. Me preguntaste si la conocía y tuve confesarte que no, que, de cualquier modo, quedaba en Santiago, donde solo hay cordillera y playas de estacionamiento -río de mi chiste mientras tú te concentrabas en la respuesta midiendo con seriedad conmovedora la información suministrada-.

Mi pequeño balneario, unas cuantas playas y no mucho más. Tres universidades evitan que se duerma por completo en los largos meses entre dos temporadas.

Apareciste en uno de esos intercambios de estudiantes que se estilaban en esos años. La francesita. Visión y leyenda resumidas en una figura frágil y un rostro angelical cargando con el sino de tantas ideas preconcebidas. Conquistarla se convirtió en un desafío, quedarse con ella, una apuesta con pocas probabilidades, al menos para mí.

En una fiesta universitaria me arriesgo, entonado por unos tragos de más y unas calabazas recientes que me mantenían en estado de resentimiento extremo contra el género femenino. Relumbra esplendorosamente sola, odiada por el resto de las mujeres, accediendo gentilmente a cada solicitud de baile sin discriminar a nadie, como gringa en visita de buena voluntad siguiendo las instrucciones al uso de ser amable con los nativos. Mi turno, bailamos con el desapego de quien quiere aparentar indiferencia, y la gentileza razonada de quien, ignara de las costumbres locales, teme ofender al transgredir reglas desconocidas. Terminada la pieza arriesgo una invitación a la barra. Para mi sorpresa acepta. Luego, como sucede con los momentos únicos e irrepetibles, el tiempo se encoge hasta volverse una breve eternidad. Confuso, fluctuando entre la angustia y la inconsciencia, la incredulidad de ser protagonista y espectador de privilegio de ese momento mágico que se desvanece en la irrealidad. A la distancia, creo recordar que rechaza la invitación de una sombra que se le acerca apelando al orden establecido, luego otra y otra, hasta que el resto desaparece y me veo despidiéndola en la reja del jardín sin saber cómo llegamos hasta allí.

Los pequeños detalles que la fueron conquistando y que ellas nunca olvidan (¿Recuerdas mon ange?). La verdad, no lo recordaba, ensimismado en mi desconcierto, incrédulo ante ese golpe de suerte, me debatía entre el orgullo de lucirte ante los demás y esa obsesión tan chilensis que nos hace rehuir todo protagonismo. Largas cartas detalladas sobre tu vida en este lado del mundo, nuestro encuentro, nuestros encuentros… Entonces ese alguien decidió que serías tú, que viviría vicariamente ese trozo de vida que agitara su imaginación de exiliada provinciana y, como un discurso ensayado hasta el agotamiento, se preparó para ese momento que, siempre lo supo, jamás llegaría. Las fotos que le mandaste. Ninguna en que apareciera yo. Decidiste que era mejor que construyera mi imagen a partir de la idea que tenía de los hombres del sur. Solo supo de mi rostro cuando, de regreso, volviste a partir dejando tras de ti las huellas apresuradas de tu huida.

Y fue así como un día cualquiera, te fuiste. Sin pensar en los llantos, creyendo que el tiempo todo lo cura, incluso tu propia tristeza… Y no contaste con la de tu madre, a quien le arrebataste pasión y atardeceres por mampuesto, la mer pacific perdida para siempre. Ella volvió a la pequeña ciudad donde naciera.

Y se te ocurrió irte sin avisar, peor aún, te fuiste quedándote, dejando jirones de ti misma por todas partes hasta hacer tu ausencia intolerable. Quizás fue eso lo que decidió mi destino. Lo pienso mientras contemplo a un tú que no eres tú, que tiene alguno de tus rasgos pero que es tan otra.

Y allí me quedé, hundido en la rabia, la impotencia, contemplando absorto ese paso algo más pesado, pero sutil y rotundo que te lleva a esos lugares donde los demás no tienen acceso. Rabia conmigo mismo, rabia por no haber intentado siquiera descifrarte, rabia por descubrir, demasiado tarde, que una mujer es una mujer en cualquier idioma y que se puede enamorar incondicionalmente tal como yo lo hiciera… ¿o...no? Desde luego que no. Los hombres somos mezquinos por instinto de cazador, si se quiere, y, a menudo, sucumbimos a los prejuicios y los apriorismos, a las ideas preconcebidas que terminan por distorsionar una realidad que se presenta meridiana y transparente ante los ojos de todos, menos los nuestros. Demasiado transparente, quizás, hasta volverse invisible.

Te sorprendió su tristeza y su silencio cuando volviste. Pensabas que era la nostalgia acumulada. Nostalgia que se desanudaría, más temprano que tarde, hasta volverse sonrisa amplia a la hora de las confesiones. Tarde, mucho más tarde, descubriste la razón de su desesperanza (siempre pensé que volverías con un esposo a cuestas), cuando ya no había nada que hacer y habíamos tomado nuestros propios rumbos. Tu madre-amiga, compinche y camarada, siguió la ruta del désespoir hasta volverse una extraña de rostro triste y largos silencios.

Decidiste expiar tu culpa, olvidar por decreto los plácidos atardeceres sobre el mar para reemplazarlos por las ásperas penumbras del Norte, los fríos cortantes, las sombras largas, la soledad. Se casó con un lapón, me dice, y fue a sepultarse en las tundras para arrear renos y niños de ojos orientales con briznas doradas en sus pelos llovidos. Mis nietos… Entristece -No sabes cómo te añora, cómo te añoramos…- Y calla. Luego crecí, me hice profesional antes que hombre y, por esos avatares de la vida, terminé descubriendo mi vocación en un deambular por el mundo a cuenta de esa entelequia con alto rendimiento que se llama comercio internacional. Las promesas se hicieron rutina, sin estaciones ni desenfados veraniegos, aunque previsiblemente efímeras. Pero las rutas de los viajeros perennes terminan siendo siempre las mismas, invisibles como los corredores aéreos pero, por sobre todo, implacables.

Otro aeropuerto. Cualquiera. Desde lejos me llegan los ecos del burócrata pergeñando datos hasta completar la planilla. Todo en orden. Busca entre las páginas del saturado pasaporte un espacio donde sellar la visa. Todo en orden. Cierra el expediente con rúbrica de patarañas y enérgicos puntos rematando firmas. Me deja solo, rodeado de frialdad y olores definitivos, tú, que nunca oliste a nada que no fueras tú misma, ni siquiera en los momentos del sudor entreverado.

Y aparece ese alguien que solo supo de mí por referencias, desgranando despechos, apropiándose de mi sombra, construyendo en su imaginación ese país mío tan lejano, tan inimaginable, imágenes aferrada a tus explicaciones -tranquila madre, todo va bien- intentando adivinar lo que sentías, como vivías.

La atracción cautelosa (¿Tú también apostaste con tus amigos, mon chou?), deslizándose suavemente hasta zambullirnos en la luz declinante de esos largos atardeceres de sábanas enredadas y suspiros de mujer satisfecha. Si los demás supieran… comento luego de -A mi madre le cuento todo…- Me sorprendes en ese paso más hacia la intimidad plena. Una dualidad fraternal amalgamada en el vacío del esposo-padre desaparecido cuando más lo necesitábamos y (ahora), la lejanía. Fue ella quien me aconsejó que dejara mis temores y me entreverará contigo- (como dijeras no sé si en broma o en serio). Explora mi rostro como si, a meses de estar juntos, aun quisiera una respuesta que desenrede el enigma -Viuda apetecible, maman decidió vivir su vida a través de la mía. Me dormía tomada de su mano, ella me peinaba luego que yo la ayudara a elegir la ropa que luciría los domingos de guignol y de retreta. Me ama con devoción, yo quería ser como ella. Pasamos de las muñecas a los juegos de salón, mis primeros flirteos, las tomadas de mano y…- Entrecierras los ojos rememorando mientras un algo en la garganta atenaza mis celos. -Se volvió experta en saltos, carreras, lanzamientos y bálsamos para aliviar desgarros, complementando de manera admirable la labor del entrenador. Cuando me visitaban mis amigas, ella era una más y, cuando decidía que era mejor dejarnos a solas con nuestros secretos, muy pronto un coro nostálgico la reclamaba. Todas sentíamos que nos hacía falta.

Caminamos del brazo, como viejos camaradas, gozando de esas fachadas que, provincianas, sin embargo conservan esa elegancia de la arquitectura decantada reflejándose en los pulidos adoquines. Poco a poco nuestras edades se van acercando, su rostro rejuvenece, su voz se hace adolescente, su paso ligero, hasta descubrirnos rehaciendo antiguas rutas, viejas tardes de cafetín e irrepetibles noches de bohemia. El paseo se vuelve una deliciosa eternidad y soy yo el que se detiene de pronto ante una fachada que se distingue entre las demás por un algo familiar cuya natural aceptación no intento explicar.

La señal. Cielo transparente a la luz deslumbrante del mediodía, fachadas bajo noche cerrada donde alumbran algunas ventanas que reflejan su enigma en el plácido canal de paisaje magrittiano. Como fuera hace ya tiempo, uno de los dos apunta la llave hacia la cerradura, ¿ella o yo?, supongo que fue ella quien la extrajo de la cartera para entregármela para que fuera yo quien abriese. El entrar en esa casa tan reciente, tan familiar, tan vuestra que no puedo imaginarla habitada por nadie más…ni siquiera yo, viajero temporal repitiendo pasos lejanos, bajo una luz tan exótica como lo fuera para ella la de mi aún más lejano país (de a poco me voy apropiando de tus atardeceres mon amour, en la penumbra cómplice).

Un tono lívido se va colando hasta inundar la sala. El vino yace, rojo profundo de destellos apagados, vencido por una madrugada más afín al café y los croissants que al brindis au caffard. Más cercana a la boulangerie y el olor de amanecidas de hornos que a la bohemia pálida del amanecer. Tu figura, algo más gruesa que como la recuerdo, se recorta contra el ventanal de cortinas descorridas y visillos a crochet. Apoyas tu hermosa cabeza en su mano que, a su vez descansa, codo mediante, en el brazo del sofá. Eres ella, eres tú, con la edad marcada por el tiempo y la lejanía, sueñas o piensas, no lo sé ni intento averiguarlo y, por segunda vez, el abandono es el único recurso para una noche que, breve pero intensa, se agota a sí misma en la repetición de una historia de dos vidas y tres rostros sumergidos en el aura de la irrealidad, confundiendo recuerdos.

Como un sonámbulo me levanto y, sin hacer ruido, murmuro un apagado au revoir y salgo al encuentro de esas calles tan mías hasta hace unas horas y que, ahora ajenas e indiferentes, recuperan su anonimato. Vacilo, me vuelvo, y descubro que la puerta reciente que hace solo instantes dejara atrás, se ha confundido con el resto de las fachadas hasta hacer imposible cualquier posibilidad de regreso.

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Futuro

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Tras la vidrio era. Lo había visto y leído
mas no hecho.
Aún hay luz,
aún sonríen y se apresuran
bellas chicas,
bellas quizás por jóvenes
o por mujeres,
en la avenida, próximas a pernoctar
-fábricas de tres turnos-.

Tras la vidriera,
sé que no tengo que trabajar,
que tengo “libres” estas horas para mí,
para hacer nada -es decir, mucho-.
Sorbo de mirada,
sorbo de lejanos cuerpos, gráciles o simplemente cuerpos con todo lo es,
mientras la tibia tarde hornea cuanto hay,
ocupándome
sin que ello signifique algo más.
Sólo estar
vivir
envejecer.

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En base a un concepto de belleza los Afrodescendientes vienen imponiendo una conducta racista en contra de los negros venezolanos…

Brunilde Palacios (Desde Caracas, Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



Creo que el problema que tienen los acólitos de la africanidad en Venezuela, es que no entienden que de África salieron negros y negras y que estos asumieron la cultura de los países donde nacieron, por ello, no nos podemos quedar en lo superficial para no tocar fondo, porque la cultura negra se originó a través del proceso de desarraigo que se dio en África, donde los mismos africanos se dedicaron a quitarle su identidad y a imponerle el termino negro o negra para diferenciarlos de ellos. Por ello es difícil que los americanos caribeños que poseen una piel oscura, nos auto determinemos, como afro descendiente o poseedores de cultura africana, lo cual está muy alejado de nuestra realidad y más…, cuando uno puede darse cuenta de los últimos acontecimientos que ha venido pasado en el cuerno de África, donde al parecer, la vida tiene poca importancia y nos da tristeza ver como hoy se condena de por vida a los homosexuales en el 80 por cientos de sus países, donde Nigeria y Uganda se sitúan al frente de la persecución contra la homosexualidad con dos leyes que incluyen penas de cárcel y donde la religión está entre los acicates de la homofobia en el continente africanos y donde la ablación, se ha convertido en una arma cruel, contra niñas y adolescentes, la cual niega su derecho a sentir y por ende..., a ser humano.



Vemos que muchos americanos caribeños que asumen el tema de la africanidad y que se caracterizan por poseer una piel oscura, no tocan estos temas que perviven dentro de la realidad africana, además que es diferente a los pueblos que se caracterizan por poseer una piel negra, los pasan (como decimos en Venezuela ) por debajo de la mesa y nos presentan una imágenes de áfrica que no son, porque es difícil que los negros americanos y caribeños las aceptemos, porque es otro sentir, otra manera de ver la realidad y cosmogonía, en el que no se puede negar que los negros y negras se convirtieron en una realidad distinta y son otra distinción diferente a la de los africanos.

Creemos que muchos negros y negras (caribeños) pierden el tiempo en enarbolar las culturas africanas y no la original que es americana y caribeña (Eso se llama endorracismo) y no entienden que hoy gozamos de la categoría de ciudadanos, de republicanos, porque nuestra herencia histórica negra, se convirtieron en sujetos creadores de Cultura (Algo distinto a la africanidad, que nos quitó nuestra identidad y nos convirtieron en desarraigado para después convertirnos en esclavos), donde nuestra participación se hizo relevante y notoria, a pesar que ha sido oscurecida y que hoy tratamos de hacerla transparente, porque fueron tan, pero tan inteligentes que supieron comprender que por encima de todo, estaba la sobrevivencia y por ello supieron superar todo trato, conducta inhumana y cruel, así como todo tipo de racismo.

Por tales razones, no entendemos la conducta de los negros y negras que se reconocen como “afro descendientes” y da tristeza, verlos asumiendo una postura diferente, en un mundo donde se hablar de moda, de belleza porque sufrimos de un racismo, cuya base es lo físico y no se preocupan por otro tipo de problema que son más importante (a pesar que muchos negros/negras, no entienden que somos diferentes, únicos y que no nos parecemos en nada a los africanos y menos a los europeos) y más, cuando no se entiende lo diverso dentro de lo diverso, así como la fuerza que tienen el poder mediático para destruir y desvirtuar las culturas originales, creencias, etc…, e imponer determinado tipo de postura, donde se no quería imponer la premisa religiosa de que los negros/negras (Ahora reforzada por los negros/negras blanqueados), solamente nacismo para servirle al blanco, lo cual ha servido como una especie de dispositivos para negar nuestra existencia y por ende, nuestro color y formas de ser para asumir unos estereotipos que no son nuestros.

Da lástima ver, a través de los diferentes medios de comunicación visuales, escritos, gráficos, digitales y redes sociales, como se profundiza el racismo basado en la imposición de cultura etnocéntrica que hace hincapiés en lo físico, en la belleza, el confort. etc., y a partir de esta matriz, empiezan a crear tipos de conductas que conllevan a auto negarnos y asumir la conducta de quienes trasmiten estos mensajes colonizadores, puesto que lo que se busca es que sean internalizadas, que nos auto rechacemos y de esta manera, entremos en un proceso de ansiedad, por deslástranos de esta melanina que históricamente jugó un papel importante en los nuevos estados nación que formaron parte de los imperios europeos. Por ello, se nos intenta imponer el criterio “afro descendiente”, donde se nos dice que:

“…es aquella persona que reconoce sus raíces africanas considerando su historia, generación, territorio, cultura y/o rasgos físicos”.

Mientras lo negro es:
“Toda persona de piel pigmentada, pelo rizado, nariz achatada y labios grueso. Puede tener prácticas culturales de origen africano, aun cuando no las identifique como tales”

Para hacemos sentir que los negros y negras somos feos fenotípicamente y que los “afro descendientes venezolanos” no tienen la piel pigmentada, ni poseen el pelo rizado, ni sus narices son achatadas, y menos poseen labios gruesos, adolecen de estos rasgos fenotípicos, puesto que ellos son más refinados, muy parecido al del europeo o al de los Árabes y su conducta es más sutil, porque ellos responden a la conservación de la cultura africana, además que suele ser característico que en Venezuela, este generalizado que los que se auto reconocen como afro descendientes, hablen africano, conserven la cultura africana y es por ello es que no entendemos ¿Por qué el 24 de Junio se baila a un santo blanco, el cual lo visten de acuerdo a la cultura europea y no a una deidad africana? Y por otro lado, ¿Por qué no se conservó el sistema de casta africana y los idiomas africanos?, donde era característico que un jefe tribual se reservara un grupo de mujeres para sus apetencias personales (Conocidos como Harén). Pregunto ¿Si es esa es la herencia que queremos conservar en Venezuela?

Por ello en Venezuela nos sentimos orgullosos de nuestra aspectos fenotípicos, los cuales han venido cambiando en la medida que el sincretismos con los otros estratos sociales se vaya incrementando, lo cual no permite ir y borrando ese figurado, que ver el término negro como: el mal, el sin alma, el triste, el siniestro, las tinieblas, el malo o lo feo, y no como sinónimo de libertad, amor, sacrificio, etc., que hizo un aporte a la conformación de la venezolanidad.
 
No creemos que la postura utilizada en la Conferencia Mundial Contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, en Durban (Sudáfrica) fue la más adecuada, puesto que ella, estaba muy cargada de contenidos racista y xenofóbicos, la cual sirvió para negar la americanidad, caribeñidad y ocultar, la acción anti humana, cruel e impía…, llevada a cabo por los africanos contra su propia gente, a los cuales les quitaron su identidad original y les impusieron el término negro y negra, para diferenciarlos de los africanos, convirtiéndose esta premisa, en un acto cruel e inhumano, que se convirtió en un delito de lesa humanidad, en el que se ha querido obviar y ocultar que los africanos se dieron a desarrollar el oficio impío de cazar a su propia gente, como que si fueran animales, depositarlos en factorías (controladas por ellos mismos) para después mostrarles en diferentes zoológicos, museos y galerías de la Europa Occidental como objeto de estudio (vea cómo nace la teoría evolucionista y todas aquellas que tienen que ver con la antropología y sociología), después de haber pasado por el oprobioso sistema de ser cambiado e intercambiados a los barcos negreros europeos, como que si fueran animales.

Hay que reivindicar que el negro y la negra se convirtieron en sujetos creadores de cultura y reconocer, que han hecho un aporte en el campo de las ciencias (sociales y naturales), lo cual se ha ocultado…, porque hoy se intenta oscurecer con la imposición del termino afro-descendiente (que se ha convertido en su la antítesis), que nuestro origen es americanos, donde tenemos que ubicar y desentrañar, las aristas que son parte de ese PROCESO DE ESCLAVITUD y de ese PROCESO QUE LLEVÓ A LOS NEGROS Y NEGRAS A CONVERTIRSE EN CREADORES DE CULTURA.

Por ello, después del encuentro con el continente americano (s. XVI al XIX), no podemos ver tale hechos históricos, como un asunto de africanos o de negros solamente, a pesar que el PROCESO DE DESARRAIGO se dio en tierras africanas, así como el intercambio, a quienes peyorativamente se les imponía el calificativo de negros y negras, donde se dieron relaciones económicas que permitieron el origen del Capitalismo en el Mundo, a la cuales se les retó importancia, ni fueron tomadas en cuenta por los analistas de la época, a pesar que permitió que la economía transatlántica se recupera y se creara un excedente y que Europa, saliera de la crisis feudal producida por las solemnidades, los privilegios de la época y que entrara en tránsito hacia el capitalismo ; lo cual no sucedía en todos los continentes y menos…, cambiar a seres humanos por cuestione inverosímiles (por ejemplo prenda mal oliente) que no tenían ningún tipo de valor, pero que en el momento que los europeos pisaron tierra africanas y fueron visto por los africanos; estos se quedaron impresionados por el vestuario, las armas, loa arcabuces, etc., y tampoco se quiere odiar a seres que ya no existen, pero que dejaron una herencia muy cuestionada por la humanidad, y por ello, en Venezuela, tal rechazo se dejó sentir en el Censo 2011; el cual fue muy evidente y contundente, convirtiéndose en un hecho notorio y comunicacional que los llevó (después de los encuentros internacionales que hicieron en el Hotel Alba Caracas, donde contaron con diferente apoyo mediático y económico), a contar con una población aproximadamente de 181.157 de una población total de venezolanos de 28.946.101 habitantes (Ver Censo 2011. Venezuela).

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Teurgia

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Voy caminando con mi tía Ra desde el Cabo de Creux al Finisterre, diciéndome que dejaremos la caminata de Cantabria a Punta Umbría para más tarde.

Desde la ventana de una taberna a pie de carretera nos llegan voces. Nos acercamos y escuchamos a unos señores mayores que hablan como Rebuznando. Están con la baraja preparada para comenzar a jugar al Mus. Hablan y hablan, más bien Rebuznan, y dicen que los ecos Rebuznantes para los próximos comicios ya se escuchan en la “tele” y anima a toda esa caterva de gente de la plebe que en Rebuznos es muy facultativa y muy experta por el voto.

Ahora, en este instante, me viene a la memoria que mis abuelos colgaban los chorizos en la cuadra donde pesebrean los Asnos, recordando que me decían que se decía en tiempos de elecciones “que si los políticos desean aprender, vengan y aprendan de nuestros Asnos, que no son chorizos ni matones, y que su amor y solidaridad es grande y una de sus muchas prendas, que por eso el Asno tuvo estatua en Roma y allí se empezó a comulgar de su carne”.

Mi tía lleva un perrito, “Ticino”, que va chupando y mordiendo, sin hincarle el diente, la cresta de una tibia en la que se ven perfectamente por un lado la cavidad articular para el astrágalo, la cisura para el peroné, por el otro, así como el cóndilo interno y el externo.

-Pero, tía, le pregunto ¿va a poder con él?

Ella me responde.

-Pero, si es de plástico. ¿No lo ves? Pareces tonto, como si fueras de “Carabobo de Arriba”.

Reímos.

Tía Ra ha vuelto hace poco de un viaje al Tíbet, cubierto de monasterios budhistas. Dice que no salió casi de Lhassa, la capital, pero que hizo dos viajes maravillosos al río Sangpo y al Brahmaputra, “y no te rías”, me espetó.

Dice que allí el tiempo no tiene medida de duración, que no es ni largo ni corto, aunque los tiempos de la conjugación de la Vida sean como en todas partes el pretérito, el presente, y el futuro. Que tuvieron buen tiempo, aunque casi siempre lluvioso. Que el despertar en el Tíbet es abrir o levantar el tiempo, pues allí se cumple el refrán deque ª”las cosas a su tiempo y los nabos en adviento”, “y no te rías”, me advirtió; respondiéndole yo:

-No tía.

Ticino, el perro, ha dejado caer el hueso de plástico. Juega con él y le ladra. Su ladrido es muy especial. Mi tía dice que es como el del Dalai Lema pontificando. Este perro se me parece a un “Tideo”, cierto ácaro parásito del hombre. Mi tía fue al Tibet con mi tío Tiburcio, “un santo mártir del culo”, como le nombra ella, flojo, desaliñado, poeta callejero y de taberna, que ha escrito cuatro libros de “Elegías” y le ha dado dos hijos que no son suyos. El me contó, en su día, que se encontró con mi tía al pie de los muros de Roma, en una visita programada, donde se hicieron manitas, gustando él de su tostada empapada en aceite, que, por eso, desde ese día él le nombra a ella “Tiborna”, tostón. Dice de ella, por el grado de su cuerpo, que es menos gruesa que la Parangona y más que la Atanasia, y que siempre le es difícil, por poco susceptible, de reducirla a hilos y tejidos.

Tía Ra dice que yo me parezco a Thuiller, notable galán cómico malagueño, y que le gustó mucho cuando en una performance, teatrillo de calle, me vio representando a Tethys, la primera de las divinidades marinas, hija del cielo y la tierra; y en otra performance, representando a Thetis, la nereida madre de Aquiles.

En un silencio, voy y le pregunto:

-Tía, ¿cómo es mi tío?

-Tu tío, me responde directamente, tiene un miembro parecido al lagarto americano, el Teyú. Hace una pausa y sigue:

-Tú, hijo, en lo tocante al Amor debes actuar conforme a Sexo o propio de él. Debes hacerlo con “Texón”, tejón.

Reí con voz alta y el perro me ladró, haciéndome recordar, yo no sé por qué, la primera paja que me hice, y mi madre me descubrió, diciéndome maternalmente:

-No te asustes, hijo, lo hiciste porque te urgía, Teurgía.

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Fantasías

Eliza Óliver (Desde Canelones, Uruguay. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



A veces me imagino que soy la exitosa editora de una gran magazine y tengo por despacho una suite climatizada despampanante en un hotel 5 estrellas de París.

Me veo alta, flaca, elegante y joven, por supuesto, a tono con el resto del entorno.

Un asistente inglés (al que le enseñé a decirme "madame") me sirve un whisky haciéndome una reverencia mientras me pone al tanto de la agenda del día.

Yo lo escucho displicentemente fumando un american blend con una larga y fina boquilla de ébano, me descalzo los "horma italiana" y estiro las piernas en un chaise longue tapizado en seda natural.

Acto seguido, viene el gato y me pincha el culo con la uñita para que le reponga la leche del plato, su maullido lastimero esfuma a mi elegante Perkins y se me van las veleidades al mismísimo carajo. Ahí es cuando doy un giro urgente hacia la realidad y me dispongo a... ... ... asumirla.

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Crítica literaria: El fantasma de Dora Bruder

Reinaldo Spitaletta (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Los periódicos de ayer, cuando se tiene la mirada del historiador o, en otra dimensión, la del poeta, sí son interesantes. En ellos, o en la visión de los que los escribieron, se alberga una memoria, tal vez parcial y delimitada, de episodios, costumbres, modas, modos de ser, y también de vidas que posiblemente ya no son cuando el ojo avizor del indagador se topa con ellas. A veces, una noticia (que ya ha dejado de serlo) se convierte en una fuente de emociones, hipótesis, búsquedas y rastreos, para intentar respuestas, para no dejar en el oscuro olvido una situación, que es, quizá, la que animó a Patrick Modiano cuando se encontró en un ejemplar del Paris-Soir del 31 de diciembre de 1941, el anuncio dramático de la desaparición de Dora Bruder, “de 15 años, 1,55 m, rostro ovalado, ojos gris-marrón, abrigo sport gris, pullover burdeos, falda y sombrero azul marino, zapatos sport marrón”.

Y a partir de ese aviso, en el que entre líneas hay desesperación y esperanza, el escritor comienza una pesquisa que lo lleva a los días de la Ocupación nazi de París, a su propia historia personal y a encuentros con el azar y la causalidad (que no casualidad, aunque también es parte de lo posible). Qué fue de Dora Bruder, una judía francesa, de padres austríacos, que de pronto se pierde en las tinieblas de un tiempo de incertidumbres y destrucciones. Qué fue de sus pasos, de sus días en un internado, por qué se fugó del mismo y en qué circunstancias fue detenida, son aspectos de la búsqueda del novelista. En una mezcla de periodismo investigativo e historia, Patrick Modiano encamina sus dotes de escritor por viejas calles parisinas, por archivos, barrios, edificaciones que ya no existen, y todo para establecer el rumbo incierto de una muchacha que, a la postre, simboliza los días de exterminio, antisemitismo y desgracias múltiples por la presencia dominante del nazismo y, en parte, por el colaboracionismo francés, representado políticamente en el Régimen de Vichy.

Dora Bruder, para algunos críticos la mejor novela del Nobel de Literatura 2014, para otros, un libro contra el olvido (me recuerda, por ejemplo, a Erick Hackl y su Adiós a Sidonie), es una obra construida en distintos planos temporales por un escritor que, además, es un conocedor a fondo de su ciudad, de sus entresijos, cafés, callejones, iglesias, “irreales edificios” y, claro, el bulevar Ornano, donde vivió Dora con sus padres. Con la historia de la muchacha, Modiano también recorre su propio mundo, el de infancia, el de la juventud, con su padre judío (que también tuvo un destino siniestro en un campo de concentración, como el de Dora), con su madre, una actriz belga, y el de sus primeras novelas (El lugar de la Estrella, La ronda nocturna, Los paseos de circunvalación), publicadas cuando todavía era un veinteañero.

Ir tras los pasos extraviados de Dora es también una búsqueda de sí mismo, una reconstrucción de París en los años de infortunio de la Ocupación, y, a su vez, un cara a cara con la ciudad de Victor Hugo. Los miserables aparecen en esta breve obra, en una relación de sorpresa entre el del gran romántico francés y el París de Dora y de Modiano, que descubre como Cosette y Jean Valjean “son proyectados a un barrio de un París imaginario que Victor Hugo llama Pequeño Picpus”, conectado casi un siglo después con la calle donde está el internado religioso del Sagrado Corazón de María, en el que había sido ingresada Dora Bruder por sus padres.

Modiano, con precisión, con un estilo contenido, en el que todo es imprescindible, nos conduce por el París ocupado, por aspectos de la historia familiar y por parte de su educación sentimental. Es un encuentro, por ejemplo, con el cine de barrio en los tiempos de la guerra, pero también con los toques de queda, la persecución a los judíos y las huellas, pocas por cierto, que deja Dora Bruder en su camino a Auschwitz. Ficheros, archivos incompletos, registros de comisaría, son fuentes para la escritura de una obra que conjuga de modo admirable historia, literatura y azar. ¿Por qué aparecen escritores como Friedo Lampe y su libro Al borde de la noche, o el poeta Robert Desnos? Nada es gratuito en esta novela de Modiano.

La historia de Dora parece contada a cuenta gotas, pero todo está en la dosis correcta, en la técnica del dato escondido, en la conexión de emociones y recuerdos que de a poco, como un rompecabezas, construyen la obra. Una novela de encuentros y coincidencias, y si se quiere, también de aquello que parece aleatorio. Azaroso. Dora Bruder, sus pasos perdidos, andan por calles vacías, o por calles atiborradas de gente que camina hacia las bocas del metro. Está su presencia invisible, fantasmagórica, por ciertos barrios, en la luz de algún crepúsculo. Y en las sugerencias de un texto, tejido con alta precisión, que termina con un párrafo que puede dejar sin aliento al lector, o hacerle brotar las lágrimas.

¿Y entonces para qué leer un periódico de ayer? A veces, cuando el que lo lee es un poeta, un novelista, como Patrick Modiano, pueden salir de él historias tremendas como la de Dora Bruder, combinatoria de horrores, sufrimiento y una alta cuota de sensibilidad. Dora Bruder es un símbolo de tiempos nefastos, una memoria de la infamia.

Modiano, Patrick. Dora Bruder. Editorial Seix Barral. 2009. Traducción del francés de Marina Pino. 127 páginas.

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No te salves

Mario Bendetti

Leído por Darío Grandinetti.



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El baile

Ernesto Martinchuk (especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Estaba de traje negro y blanca camisa
El orgullo de bailar con su hija
Se notaba en su rostro
Mientras el compás de la danza
Se iba apoderando de su cuerpo todo.
Sus lustradas botas peinaban el asfalto
Y llegó el turno del escondido.
Y mientras la parca serpenteaba el lugar
Le dio la oportunidad de terminar la pieza.

A todos sus familiares y amigos presentes
Con una sonrisa agradeció.
A sus nietos, un beso con la diestra les envió
Mientras se retiraba con el orgullo de un gladiador
La multitud reunida no dejaba de aplaudirlo.

Sólo cuatro pasos y sus rodillas se quebraron
En el cielo azul del atardecer
Comenzaban a temblar algunas estrellas.
En el aire se extendía una tenue sombra
entre el sopor del sueño que lo vencía
En un segundo su mente recorrió lo que fue su vida.

El cuerpo tendido sobre el negro asfalto
Dejaba que los murmullos se acallasen
Mientras los médicos del SAME
Trabajaban contra reloj…
Los perros de la cuadra ladraban
La brisa comenzaba a soplar áspera y fría
Mientras los temblores de la reanimación
Recorrían su cuerpo.

De pronto, un murmullo de voces
Seguido de un silencio profundo
Fue cortado por el llanto desconsolado de su hija
¡¡¡ Perdonáme papá… perdóname…!!!
Una sombra sigilosa cubrió el cuerpo
Que quedó, desgarradoramente, solo…
Durante varias horas
A la espera de la morguera policial.

Uno crece según la ley que rige cuando empieza su vida
El destino ya está escrito
No puedes huir de ti mismo
No hay poder que quiebre la forma del curso de la vida
Ese será el día, la circunstancia y la hora de tu partida…

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El crimen casi perfecto

Roberto Arlt



La coartada de los tres hermanos de la suicida fue verificada. Ellos no habían mentido. El mayor, Juan, permaneció desde las cinco de la tarde hasta las doce de la noche (la señora Stevens se suicidó entre siete y diez de la noche) detenido en una comisaría por su participación imprudente en una accidente de tránsito. El segundo hermano, Esteban, se encontraba en el pueblo de Lister desde las seis de la tarde de aquel día hasta las nueve del siguiente, y, en cuanto al tercero, el doctor Pablo, no se había apartado ni un momento del laboratorio de análisis de leche de la Erpa Cía., donde estaba adjunto a la sección de dosificación de mantecas en las cremas.

Lo más curioso de caso es que aquel día los tres hermanos almorzaron con la suicida para festejar su cumpleaños, y ella, a su vez, en ningún momento dejó de traslucir su intención funesta. Comieron todos alegremente; luego, a las dos de la tarde, los hombres se retiraron.

Sus declaraciones coincidían en un todo con las de la antigua doméstica que servía hacía muchos años a la señora Stevens. Esta mujer, que dormía afuera del departamento, a las siete de la tarde se retiró a su casa. La última orden que recibió de la señora Stevens fue que le enviara por el portero un diario de la tarde. La criada se marchó; a las siete y diez el portero le entregó a la señora Stevens el diario pedido y el proceso de acción que ésta siguió antes de matarse se presume lógicamente así: la propietaria revisó las adiciones en las libretas donde llevaba anotadas las entradas y salidas de su contabilidad doméstica, porque las libretas se encontraban sobre la mesa del comedor con algunos gastos del día subrayados; luego se sirvió un vaso de agua con whisky, y en esta mezcla arrojó aproximadamente medio gramo de cianuro de potasio. A continuación se puso a leer el diario, bebió el veneno, y al sentirse morir trató de ponerse de pie y cayó sobre la alfombra. El periódico fue hallado entre sus dedos tremendamente contraídos.

Tal era la primera hipótesis que se desprendía del conjunto de cosas ordenadas pacíficamente en el interior del departamento pero, como se puede apreciar, este proceso de suicidio está cargado de absurdos psicológicos. Ninguno de los funcionarios que intervinimos en la investigación podíamos aceptar congruentemente que la señora Stevens se hubiese suicidado. Sin embargo, únicamente la Stevens podía haber echado el cianuro en el vaso. El whisky no contenía veneno. El agua que se agregó al whisky también era pura. Podía presumirse que el veneno había sido depositado en el fondo o las paredes de la copa, pero el vaso utilizado por la suicida había sido retirado de un anaquel donde se hallaba una docena de vasos del mismo estilo; de manera que el presunto asesino no podía saber se la Stevens iba a utilizar éste o aquél. La oficina policial de química nos informó que ninguno de los vasos contenía veneno adherido a sus paredes.

El asunto no era fácil. Las primeras pruebas, pruebas mecánicas como las llamaba yo, nos inclinaban a aceptar que la viuda se había quitado la vida por su propia mano, pero la evidencia de que ella estaba distraída leyendo un periódico cuando la sorprendió la muerte transformaba en disparatada la prueba mecánica del suicidio.

Tal era la situación técnica del caso cuando yo fui designado por mis superiores para continuar ocupándome de él. En cuanto a los informes de nuestro gabinete de análisis, no cabía dudas. Únicamente en el vaso, donde la señora Stevens había bebido, se encontraba veneno. El agua y el whisky de las botellas eran completamente inofensivos. Por otra parte, la declaración del portero era terminante; nadie había visitado a la señora Stevens después que él le alcanzó el periódico; de manera que si yo, después de algunas investigaciones superficiales, hubiera cerrado el sumario informando de un suicidio comprobado, mis superiores no hubiesen podido objetar palabra. Sin embargo, para mí cerrar el sumario significaba confesarme fracasado. La señora Stevens había sido asesinada, y había un indicio que lo comprobaba: ¿dónde se hallaba el envase que contenía el veneno antes de que ella lo arrojara en su bebida?

Por más que nosotros revisáramos el departamento, no nos fue posible descubrir la caja, el sobre o el frasco que contuvo el tóxico. Aquel indicio resultaba extraordinariamente sugestivo. Además había otro: los hermanos de la muerta eran tres bribones.

Los tres, en menos de diez años, habían despilfarrado los bienes que heredaron de sus padres. Actualmente sus medios de vida no eran del todo satisfactorios.

Juan trabajaba como ayudante de un procurador especializado en divorcios. Su conducta resultó más de una vez sospechosa y lindante con la presunción de un chantaje. Esteban era corredor de seguros y había asegurado a su hermana en una gruesa suma a su favor,; en cuanto a Pablo, trabajaba de veterinario , pero estaba descalificado por la Justicia e inhabilitado para ejercer su profesión, convicto de haber dopado caballos. Para no morirse de hambre ingresó en la industria lechera, se ocupaba de los análisis.

Tales eran los hermanos de la señora Stevens. En cuanto a ésta, había enviudado tres veces. El día del "suicidio" cumplió 68 años; pero era una mujer extraordinariamente conservada, gruesa, robusta, enérgica, con el cabello totalmente renegrido. Podía aspirar a casarse una cuarta vez y manejaba su casa alegremente y con puño duro. Aficionada a los placeres de la mesa, su despensa estaba provista de vinos y comestibles, y no cabe duda de que sin aquel "accidente" la viuda hubiera vivido cien años. Suponer que una mujer de ese carácter era capaz de suicidarse, es desconocer la naturaleza humana. Su muerte beneficiaba a cada uno de los tres hermanos con doscientos treinta mil pesos.

La criada de la muerta era una mujer casi estúpida, y utilizada por aquélla en las labores groseras de la casa. Ahora estaba prácticamente aterrorizada al verse engranada en un procedimiento judicial.

El cadáver fue descubierto por el portero y la sirvienta a las siete de la mañana, hora en que ésta, no pudiendo abrir la puerta porque las hojas estaban aseguradas por dentro con cadenas de acero, llamó en su auxilio al encargado de la casa. A las once de la mañana, como creo haber dicho anteriormente, estaban en nuestro poder los informes del laboratorio de análisis, a las tres de la tarde abandonaba yo la habitación que quedaba detenida la sirvienta, con una idea brincando en el magín: ¿y si alguien había entrado en el departamento de la viuda rompiendo un vidrio de la ventana y colocando otro después que volcó el veneno en el vaso? Era una fantasía de novela policial, pero convenía verificar la hipótesis.

Salí decepcionado del departamento. Mi conjetura era absolutamente disparatada: la masilla solidificada no revelaba mudanza alguna.

Eché a caminar sin prisa. El "suicidio" de la señora Stevens me preocupaba (diré una enormidad) no policialmente, sino deportivamente. Yo estaba en presencia de un asesino sagacísimo, posiblemente uno de los tres hermanos que había utilizado un recurso simple y complicado, pero imposible de presumir en la nitidez de aquel vacío.

Absorbido en mis cavilaciones, entré en un café, y tan identificado estaba en mis conjeturas, que yo, que nunca bebo bebidas alcohólicas, automáticamente pedí un whisky.

¿Cuánto tiempo permaneció el whisky servido frente a mis ojos?

No lo sé; pero de pronto mis ojos vieron el vaso de whisky, la garrafa de agua y un plato con trozos de hielo. Atónito quedé mirando el conjunto aquel. De pronto una idea alumbró mi curiosidad, llamé al camarero, le pagué la bebida que no había tomado, subí apresuradamente a un automóvil y me dirigí a la casa de la sirvienta. Una hipótesis daba grandes saltos en mi cerebro. Entré en la habitación donde estaba detenida, me senté frente a ella y le dije:

-Míreme bien y fíjese en lo que me va a contestar: la señora Stevens, ¿tomaba el whisky con hielo o sin hielo?

-Con hielo, señor.

-¿Dónde compraba el hielo?

-No lo compraba, señor. En casa había una heladera pequeña que lo fabricaba en pancitos. - Y la criada casi iluminada prosiguió, a pesar de su estupidez.

-Ahora que me acuerdo, la heladera, hasta ayer, que vino el señor Pablo, estaba descompuesta. Él se encargó de arreglarla en un momento.

Una hora después nos encontrábamos en el departamento de la suicida el químico de nuestra oficina de análisis, el técnico retiró el agua que se encontraba en el depósito congelador de la heladera y varios pancitos de hielo. El químico inició la operación destinada a revelar la presencia del tóxico, y a los pocos minutos pudo manifestarnos:

-El agua está envenenada y los panes de este hielo están fabricados con agua envenenada.

Nos miramos jubilosamente. El misterio estaba desentrañado.

Ahora era un juego reconstruir el crimen. El doctor Pablo, al reparar el fusible de la heladera (defecto que localizó el técnico) arrojó en el depósito congelador una cantidad de cianuro disuelto. Después, ignorante de lo que aguardaba, la señora Stevens preparó un whisky; del depósito retiró un pancito de hielo (lo cual explicaba que el plato con hielo disuelto se encontrara sobre la mesa), el cual, al desleírse en el alcohol, lo envenenó poderosamente debido a su alta concentración. Sin imaginarse que la muerte la aguardaba en su vicio, la señora Stevens se puso a leer el periódico, hasta que juzgando el whisky suficientemente enfriado, bebió un sorbo. Los efectos no se hicieron esperar.

No quedaba sino ir en busca del veterinario. Inútilmente lo aguardamos en su casa. Ignoraban dónde se encontraba. Del laboratorio donde trabajaba nos informaron que llegaría a las diez de la noche.

A las once, yo, mi superior y el juez nos presentamos en el laboratorio de la Erpa. El doctor Pablo, en cuanto nos vio comparecer en grupo, levantó el brazo como si quisiera anatemizar nuestras investigaciones, abrió la boca y se desplomó inerte junto a la mesa de mármol. Lo había muerto de un síncope. En su armario se encontraba un frasco de veneno. Fue el asesino más ingenioso que conocí.

Roberto Emilio Gofredo Arlt, (Buenos Aires, 1900 - 1942), fue novelista, cuentista, dramaturgo, periodista e inventor. Entre sus obras más destacadas se cuentan “El juguete rabioso” (1926), “Los lanzallamas” (1931), “La isla desierta: Saverio el cruel”. Es un referente obligado de la literatura argentina y latinoamericana.

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