martes, 30 de septiembre de 2014

Toda la vida de una mujer en cuatro minutos

RUSSIA TODAY

El artista de Corea del Sur Seok Jeong Hyeon, también conocido como Stonehouse, ha hecho un vídeo cautivador que muestra cómo cambia una mujer durante toda su vida. El surcoreano, manipulando hábilmente con su pincel digital, logró demostrar los asombrosos y constantes cambios hechos por la naturaleza en la cara de una mujer, desde la infancia hasta la vejez avanzada.



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Cine. Los Quilmes: la última resistencia

Ernesto Martinchuk

La conquista por parte de los españoles en toda la región del Valle Calchaquí, en las actuales provincias de Tucumán, Salta y Catamarca, en lo que hoy es la República Argentina, se conoce como la “Guerra de los Calchaquíes” y se llevó a cabo entre los años 1562 y 1665.

Los indios Quilmes fueron los últimos en perder su libertad como individuos, su independencia como Nación y su identidad como grupo étnico.

Luego de más de 100 años de guerra, los indios Quilmes fueron vencidos, no militarmente sino por asedio, falta de agua y comida.

Desterrado de los Valles, fueron conducidos por los conquistadores a pie desde la provincia de Tucumán a Buenos Aires (1400 Km), recalando en la actual ciudad de Quilmes en 1666.

El documental, primero en la temática de reconocimiento de los pueblos originarios, fue realizado por Ernesto Martinchuk y Guillermo Rube en el año 1995 y contiene testimonios de:

- Los últimos representantes originarios de la Nación Quilmes que vivían en los Valles Calchaquíes.

- Historiadores y arqueólogos que muestran descubrimientos cuyos orígenes se remontan a 3000 ó 4000 años AC.

- Datos sobre la vida, costumbres y creencias de esta Nación aborigen originaria del continente americano que continúa viviendo los mismos problemas.



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El puente de vidrio en Tianmen, Zhangjiajie, China

ARGENPRESS CULTURAL



El “Puente de vidrio” está en la montaña Tianmen, en Zhangjiajie, República Popular China.

Es el más reciente punto turístico del país asiático, consistente en una pasarela de vidrio de fondo del lado de la montaña Tianmen, a 4.700 mts. sobre el nivel del mal.

Está abierto al público desde el 1° de octubre de 2011.

Caminar por ahí, sin dudas requiere…. ¡muchas ganas!

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Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURA)



Con mi opacidad me des-nublo de ti
como nudo
des
nudo.
Y me abscondo en tu hálito
sobreelabrigodelalluvia
cuando estoynoestoy allá en lo que aún eres.

Hay algo en mí que colma y calma
mis tejidos con-sútiles:
tus detalles comunes e incoercibles.

Pro-sigo con tu vago itinerario
por donde siempre permaneces
y tú,
ofreciéndote como artista local,
sin re-ni-ego no lloras
por lo que nadie te hace, no te alegras
con la muda plenitud por alcanzar,
estás ahí,
un eres
en camino.

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La danza del silencio

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



En medio de una selva donde la vegetación crecía apretujada, cada mañana, antes de que algún rayo intrépido del sol colara por entre los copones de los árboles centenarios - o milenarios tal vez- la mujer detenía su paso para dar comienzo a una extraña danza del silencio.

Danza cruel. Danza sin vida. Danza escrita en pentagramas desparejos sobrevivientes de tiempos inquisidores refrendados por escudos y leyendas escabrosas: «exurge domine et judica causam tuam. Psalm.73 - Álzate, oh Dios, a defender tu causa, salmo 73 (74)

Baile típico de los que no oponen resistencia a los más crueles destinos; el que invita a seguir cada movimiento con la pasividad inadmisible de quien se sabe deglutido por el tiempo sin hacer nada por evitarlo.

Solo ella podía escuchar cada acorde antes de introducirse en ese espiral instigador de ausencias. Nadie en su sano juicio, mucho menos en las situaciones circundantes que se padecían en el poblado, podía seguir aquello que parecía un absurdo ritual descolocado en esos tiempos convulsionados que perduran hasta hoy día.

Y se extienden multiplicando la tristeza.

Y cruzan mares y sierras, llanos y ríos muchas veces teñidos de rojo dolor, de rojo despedida forzadas, engendrando más odio, más vergüenza.

Parecía ser el descarne de un alma sin espacio propio integrada a un mundo alocado que giraba a punto de estallar más allá de kilómetros y kilómetros de vegetación tupida amenazada también por un futuro que se acercaba a vuelo de avioneta defecando nubes tóxicas.

Era sorprendente, digamos mejor, era patético, hasta para la vista de la propia naturaleza adyacente, ver esa contorsión anómala producto de la cópula obscena entre la realidad y la inconciencia.

La mujer no hablaba, no respondía cuando terminaba su baile si acaso alguien se cruzara por la misma trocha que la llevaba hacia el lugar. Sendero remarcado por las botas de quienes se atrevían a seguir otros acordes, en ese caso, audibles: los que empujan la melodía del destino mejor que suele omitir el silencio por considerarlo herramienta funcional para la repetición de hechos execrables y para el olvido.

Ausente de todo, uno puede asegurar que hasta de sí misma, Johana agitaba con orgullo sus cabellos color noche cerrada que parecían olas de un mar contradictorio, tan calmo como tenebroso.

Apenas la acompañaba una manada de corderos cabizbajos, respetuosos de los movimientos que ella realizaba con el celo del artista que ejecuta su mejor obra, hasta que el último acorde del silencio estallaba, sacudiendo las matas y conciencias, -estas últimas si las hubiera cerca-

Cuando la estrofa final indicaba el colofón de la danza, el grotesco grupo de corderos alineados en prolijas filas emprendía la retirada rumbo a algún espacio protector que nunca se supo dónde quedaría, aunque fuera muy fácil de intuir.

Y así, con lluvia, sol, sombra y misterio protector de aberraciones, Johana regresaba cada mañana a su lugar impropio para alma humana.

Los corderos, con la mansedumbre incongruente de quien sabe que la muerte lo espera sin hacer uso del más elemental recurso instintivo capaz de garantizar su supervivencia, seguían a la mujer de edad extemporánea que arrastraba la larguísima cadena de la calma resignada.

Corderos, mujer-danza-mutismo, conformaban una sola figura que lograba entenderse muy bien con la incoherencia. A pocos kilómetros de ese búnker entre la foresta, los tímpanos estallaban por los estruendos lanzados indiscriminadamente contra todo lo que representara una esperanza, produciendo la perversa agonía de la vida.

Ilustración: “Mujer-corderos” de Beatriz Palmieri

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Modelo psicoanalítico de comprensión del autismo y de las psicosis infantiles precoces

Pierre Ferrari

Ponencia presentada en el XI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia de Niños y Adolescentes (SEPYPNA), que bajo el título: “Perspectivas actuales de la comprensión psicodinámica del niño y del adolescente” se celebró los días 17 y 18 de octubre de 1997 en Lleida.

El autismo es una afección de determinismo plurifactorial en la que, en proporciones variables, aparecen implicados factores genéticos, biológicos y psicológicos. El modelo de comprensión que vamos a presentar no aspira a erigirse en un modelo con pretensiones etiológicas ni explicativas de la génesis de los estados autistas.

Este modelo se basa en un postulado fundamental que sirve de guía para nuestra práctica y de fundamento para nuestra ética y que podría resumirse así: todo niño autista, sea cual sea la naturaleza y la gravedad de sus trastornos, debe de ser reconocido como sujeto portador de una historia personal única y portador de una vida psíquica específica por mucho que la misma aparezca gravemente desorganizada durante el examen. Hay que considerarlo como un sujeto capaz, a condición de que se le ofrezcan las posibilidades, de organizar una vida relacional con su entorno, vida relacional, cuya naturaleza e importancia convendría reconocer. Por lo tanto, el niño autista es portador de una vida psíquica, que organiza sus modelos relacionales con su entorno, que origina su sufrimiento actual y que es movilizable y susceptible de mejorar en su funcionamiento.

Este modelo pretende detectar ciertos mecanismos que, presentes en el niño autista o psicótico, puedan ser aprehendidos por un observador o un terapeuta, quien utiliza conceptos provenientes del campo del psicoanálisis. Sin embargo, el modelo psicoanalítico clásico utilizado en los estados neuróticos o psicóticos del adulto no permite explicar la totalidad de los fenómenos observados en el niño psicótico, de ahí que nos veamos obligados a recurrir a otros conceptos provenientes de autores, que se sitúan particularmente en el campo del movimiento post-kleiniano. Pienso que el lacanismo también hace un gran aporte a la comprensión del autismo y las psicosis infantiles.

Antes de adentrarnos en el meollo del tema conviene aclarar una serie de puntos.

a) A mi entender, más que una heterogeneidad, lo que hay es una continuidad tanto a nivel clínico como metapsicológico entre las psicosis autistas y las psicosis no autistas precoces y, además, existen formas de paso entre unas y otras. Es decir hay todo un espectro, que es lo que recupera del DSM-V. En el caso de las psicosis no autistas, no se trata únicamente de que haya “trastornos invasivos” del desarrollo (DSM-3-R), sino de que, al igual que en el caso del autismo, se trata de auténticas formas de psicosis, en las que las modalidades del funcionamiento psíquico, aun manteniendo su originalidad, se muestran en continuidad con las del funcionamiento propiamente autista.

b) El modelo que presentamos plantea un tema importante: saber si los mecanismos, así descritos, corresponden a una fijación en un estado anterior a la constitución de la psique (dicho de otra manera, ¿habría una posición autista?), o se trata de un reajuste defensivo ante determinadas amenazas cuya naturaleza en el caso de un niño que intenta acceder a una relación con el mundo y con los objetos vamos a intentar precisar más adelante; así, el carácter defensivo de estos mecanismos explicaría la resistencia al cambio de los estados autistas.

c) Señalar finalmente, para terminar esta introducción, en relación a éste modelo propuesto por nosotros, que se trata de un modelo inacabado e incompleto, susceptible de múltiples reajustes y aportaciones posteriores.

a) Una de las características del funcionamiento autista es la importancia que tiene en el mismo la auto-sensorialidad, que se caracteriza por la atracción que ejercen sobre el self ciertas sensaciones: sensaciones-huellas (figuras autistas, shapes de TUSTIN) (1), sensaciones, que ejercen un fuerte poder de atracción sobre el self del niño autista. De esta manera, el objeto productor de las sensaciones se muestra como indisolublemente unido a la propia sensación, en una relación de identidad entre la zona corporal así estimulada y el objeto estimulante. ¿En lo que Donald Meltzer denomina confusión-geográfica?

Este aferramiento sensorial de la psique viene a consecuencia de una desorganización del funcionamiento psíquico, de una especie de automutilación conceptualizada por D. MELTZER, de forma muy interesante bajo el nombre de desmantelamiento, que él mismo define como un desfallecimiento de la consensualidad, que lleva a que los diferentes sentidos se vinculen al objeto más estimulante del momento de forma disociada. Entonces, el self se reduce a una multitud de acontecimientos unisensoriales, no utilizables para alimentar un funcionamiento psíquico normal y no disponibles, por tanto, para la memoria y el pensamiento.

b) Se puede entender este desmantelamiento como un mecanismo defensivo, puesto en funcionamiento para luchar contra los efectos desestructurantes para el self de las angustias impensables (de los terrores sin nombre, de la depresión psicótica, como un último intento de reunir al self alrededor de una modalidad sensorial privilegiada, alrededor de un objeto sensorial susceptible de retener la atención y como un último intento de reunir las partes dispersas del self. Frente a la angustia promovida por la no integración, en el caso del autista y de la desintegración en el caso de las psicosis no autistas, para seguir a Donald Winnicott.

c) Este desmantelamiento, en el que el sujeto se reduce únicamente a una función perceptora, indisolublemente ligada a lo percibido, suscita en el otro y en el terapeuta un sentimiento de extrañeza y sorpresa ante un veredicto de no-existencia. Lleva sobre todo, según la afortunada expresión de PIERA AULAGNIER, a poner fuera de circulación a las representaciones idéicas y fantasmáticas, en beneficio de la sola representación pictográfica. Pero pienso que, de hecho, este desmantelamiento, descrito por D. MELTZER, como un proceso puramente pasivo (sin angustias persecutorias y sin sadismo) es menos pasivo de lo que parece.

d) A menudo es el propio niño el que lo busca activamente, sobre todo en algunas etapas del proceso transferencia, en el que parece cubierto por una vivencia de ruptura en la continuidad corporal. Las consecuencias de la puesta en funcionamiento de estos procesos de desmantelamiento son múltiples. Veamos algunas de ellas:

Una me parece esencial: la pérdida de la dimensión espacial de la psique. El niño vive su propio self como desprovisto de envoltura, de interior, como una pura superficie sensible en un mundo uni o bidimensional, en el que no se diferencian los espacios psíquicos internos y externos y en el que el self y los objetos son vividos como cofundidos. Esta pérdida de la dimensión espacial de la psique, esta no-inscripción del funcionamiento autista dentro de las referencias espaciales constituye un dato fundamental cuyas implicaciones terapéuticas las vamos a ver más adelante.

Recordemos antes la importancia, atribuida por FREUD, a estos aspectos del funcionamiento psíquico cuando postulaba la existencia de una diferenciación psíquica de un cierto número de sistemas poseedores de una exterioridad y especialización entre sí, susceptibles de ser considerados metafóricamente como lugares psíquicos a los que cabe atribuir una representación espacial. Esta espacialización de la psique sería incluso anterior al espacio físico que, de hecho, no sería más que su proyección secundaria. La psique, dice FREUD, se despliega sin ella saberlo.

Otra consecuencia se refiere a las modalidades de identificación de un sistema como éste: la única modalidad de funcionamiento identificatorio, accesible al self, es la identificación adhesiva descrita por E.BICK y que aparece como muy característica de los estados autistas. Se trata de una forma de identificación muy primitiva, que tiende a atribuirse el funcionamiento del Otro sin reconocerlo y sin poner en funcionamiento las funciones del Yo. Es una especie de reacción de adherencia a la superficie de un objeto, que es sentido como desprovisto de envoltura y de interior, como él mismo se siente. De hecho, tal como lo veremos, no se trata de un verdadero mecanismo de identificación.

Otro punto importante tiene que ver con la manera como el niño inviste y utiliza la superficie corporal y el interior del cuerpo. La superficie corporal no parece estar verdaderamente investida de una carga libidinal, que le permita una función de intercambio libidinal con otro. Más aún, el niño parece vivenciar esta superficie corporal como llena de agujeros y discontinuidades.

Sin lugar a dudas es la boca la que, con todo lo que ella implica de discontinuidad corporal, se nos muestra como el prototipo de todo este daño corporal, como el primer lugar de esta “depresión psicótica”, de este agujero negro provisto de odiosas púas persecutorias descrito por F. TUSTIN. Evoco la boca de la suicida de la película de Roman Polanski, El inquilino, que parece devorárselo y convertirlo en ella, a través de una identificación introyectiva.



Por otra parte, esta noción de “depresión psicótica” ya había sido descrita por WINNICOTT como la asociación de una pérdida del objeto y de la pérdida de una parte del sujeto que el objeto perdido se lleva con él. Se podría entender esta depresión psicótica como un acontecimiento primordial, cuya vivencia vendría a señalar la interrupción autista del desarrollo: vivencia de ruptura en la continuidad corporal y vivencia de daño corporal, resultado de una separación prematura. que viene a romper brutalmente la ilusión de una continuidad corporal, que es la que permite habitualmente a la pareja madre-niño prepararse para la separación: el niño, dice TUSTIN, no ha podido nunca reelaborar el dolor ni el duelo provocados por el descubrimiento de que este conjunto de sensaciones estáticas asociadas al pecho no forma parte de la boca. O sea que, si se piensa desde el punto de vista aulagneriano, no se elabora el dolor y el duelo, por la imagen originaria del pictograma, como unión del pezón y la boca.

Esta experiencia del agujero negro, de desconexión corporal; aunque, también mental y afectiva entre la madre y el niño, alucinación negativa del objeto y de su satisfacción, la que estaría en el origen de las angustias catastróficas, angustias de derramamiento de la sustancia corporal, de licuefacción, de caída sin fin falling for ever, nos diría Donald Winnicott, algo semejante al terror sin nombre de W.R. Bion y de fragmentación. Se trata de angustias no elaboradas psíquicamente, no ligadas a una representación y que no han sufrido este trabajo de elaboración psíquica, que permitiría alcanzar un verdadero status de estado afectivo. De hecho, se trata de una pura descarga energética, análoga a las angustias impensables de WINNICOTT, que se encuentran en el origen del funcionamiento de los mecanismos defensivos de desmantelamiento y de autosensorialidad.

a) Hay que insistir igualmente en las particulares modalidades de catectización del interior del cuerpo y de su utilización. El desconocimiento y la no-utilización, por parte del niño autista, de ciertas partes de su cuerpo le llevan, a veces, a realizar toda clase de escisiones intra-corporales, tanto a nivel sagital, lo que ha llevado a hablar a autores como H.HAAG de hemiplejia autista, como horizontal.

Se puede describir un fenómeno particular: se trata del fenómeno de caparazón, de segunda piel, observado en algunos niños autistas: se trata de una catectización muy particular de la corteza corporal y a veces de su entorno inmediato como por ejemplo la ropa. Este fenómeno tiende a crear una especie de cáscara autista rígida. Lo podemos entender como un intento de delimitación de las fronteras del self, de cierre de las dehiscencias corporales, incluso de refuerzo de los sistemas de paraexcitación. Esta constatación nos lleva evidentemente a la noción de Yo-Piel, desarrollada por DIDIER ANZIEU, como configuración utilizada por el yo del niño, para representarse a sí mismo a partir de su propia experiencia de la superficie corporal como un yo contenedor de procesos psíquicos.

b) Para ilustrar estos puntos que acabo de evocar, voy a contar brevemente el caso de un niño autista llamado Gerard.

Gerard es un niño pequeño disforme con microcefalia. Su cuerpo es extraordinariamente rígido, brazos tendidos en extensión, puños cerrados y tronco inclinado hacia delante. Pareciera entonces ser un niño con una parálisis cerebral. Siempre parece que está a punto de caerse llevado por el peso de su cabeza. La ropa, que viste, siempre parece nueva y, dentro de ella, parece como encerrado y no se quita casi nunca el anorak. Fuera de algunas ecolalias, no hay ningún atisbo de lenguaje.

En Gerard, los episodios de desmantelamiento son muy claros y frecuentes y aparecen sobre todo durante la terapia cuando cae presa del pánico ante la caída de un objeto o también, cuando el terapeuta le impide aferrarse a ciertos objetos que le pertenecen (¿reviviscencia de la experiencia primaria de arrancamiento del pecho?). Entonces, pareciera correcto algo que hizo Myriam Salinas, cuando vimos a una niña autista grave, de la que Irene González decía que era un puro Real lacaniano, cuando quiso coger el azúcar, la doctora Salinas le retiró la azucarera; yo se la hubiera dejado derramar. Entonces protesta, escupe en el suelo, observa la caída de sus “perdigones” a la luz y reinicia una secuencia comportamental esbozada muchos meses antes; se coloca junto a la ventana frente a la luz, se pone a echar “perdigones” o si no, se dedica a arrancar minúsculas pelusillas de su jersey. La visión de la caída de sus minipompas o de sus trocitos de ropa a contraluz le colocan en un estado de extraordinaria excitación, pero sin ningún contacto. Sus músculos se ponen extremadamente tensos y con unos temblores, que parecen procurarle cierto placer.¿Placer o goce? Me preguntaría yo. La niña que vi con Myriam Salinas, Irene González y otros colegas en una presentación de casos, no tuvo ninguna reacción ante el retiro de la azucarera. En esos momentos se nos muestra totalmente solo y con la atención centrada en la brillantez de las partículas en movimiento. La visión de la caída de los copos de nieve le procura la misma fascinación y el mismo aislamiento.

Poco a poco, después de que el terapeuta intenta entrar en comunicación con él, al señalarle sus temores de derramamiento y de estallido, la visión de la caída de los copos deja de provocar estas reacciones autistas. Aunque, persiste una cierta fascinación por el esplendor de estos copos, la visión de la nieve se va convirtiendo en una experiencia lúdica y estética generadora de un cierto placer compartible con el terapeuta. Entonces va a poder verbalizar la comunicación de su experiencia: “¡está nevando, oh mirada dolida, está nevando!” Más adelante, durante la terapia, va a poder simular la caída de la nieve recortando trocitos de papel y lanzándolos al aire al tiempo que invita al terapeuta a deslizarse.

En Gerard, la elaboración de un caparazón con funciones de segunda piel resulta particularmente clara e intensa. Su ausencia total de iniciativa motriz y su inmovilidad evocan de alguna manera un cuadro catatónico. Ante cualquier intento de movilización de su caparazón utiliza habitualmente los objetos autistas con el fin de taponar las dehiscencias corporales (ropa, toalla metida en la boca).

Cualquier intento de aproximación o ruido más o menos violento parece una intrusión en esta envoltura y provoca la intensificación de sus contracturas así como ligeros temblores en todo el cuerpo. Cualquier intento de cogerlo de la mano provoca un aumento de las contracciones musculares y de los crujidos en todas sus articulaciones.

El psicomotricista, que se ocupa de él, observa que es posible percibir, a veces incluso visualmente, el juego de sus articulaciones unas sobre otras. El abandono del caparazón va a llegar en el momento en el que Gerard va a ser capaz de constituir un espacio psíquico interno y un objeto interno. Este rompimiento y abandono del caparazón va a posibilitar una catectización más libre y más flexible de su cuerpo, una capacidad de iniciativa motriz, la participación en paseos e incluso en ejercicios musculares como la bicicleta por ejemplo, pero, al mismo tiempo, este rompimiento del caparazón va a venir acompañado de numerosas manifestaciones agresivas (intentos de ataque al terapeuta o de destrucción del objeto), como si esta ruptura hubiese liberado importantes pulsiones agresivas, que habrían estado como presas dentro de este caparazón.

El punto clave en la evolución autista y seguramente pivote de la misma está constituido por la aparición de un espacio psíquico interno del self, que le hace salir del mundo autista para hacerle entrar en un mundo, al fin y al cabo, estos niños serían, al decir de Bruno Bettelheim, fugitivos de la vida, yo añadiría fugitivos del mundo de la vida, como concepto filosófico, todavía psicótico evidentemente, pero ya no autista y en el que van a empezar a funcionar mecanismos menos mutilantes para la psique y para la relación de objeto (como, por ejemplo, la introyección o la escisión del objeto).

La identificación introyectiva con un objeto continente va a ayudar a liberarse de la autosensorialidad a la vida mental del niño autista y posibilita la interiorización y circulación de afectos y de fantasmas, así como la instalación de diferentes objetos internos.

Sin embargo, este ajuste de un espacio psíquico, propio del niño, sólo es posible si el terapeuta es capaz de asegurar una función de contención. Dicha función es absolutamente esencial: por parte del cuidador supone una capacidad real para acoger, contener, vivir las emociones primitivas aun no organizadas del niño, verbalizarlas y darles un sentido para devolvérselas de una forma asimilable por él. Otro que ejerza la función α de una madre con capacidad de rêverie, suficientemente buena, que ofrezca sostén e interpretación, para utilizar conceptos de W.R. Bion y Donald Winnicott. Solo cuando haya sentido en el adulto esta capacidad para contener sus emociones, va a ser capaz, en un segundo momento, de hacerse cargo él mismo de esta función de contención, de constituir su propio espacio psíquico y de organizar su vida emocional.

Para el educador o terapeuta, que está en contacto diario con el niño, se trata de una función análoga a la postulada por BION en todas las madres bajo el nombre de capacidad de rêverie materna, capacidad de la madre para tolerar y contener los primeros elementos sensoriales y emocionales de su hijo y devolvérselos como desintoxicados en forma de pensamiento onírico asimilable por el niño, capaz ya desde ese momento de introyectarlos. Se trata de una verdadera función de tejido de una piel psíquica. El establecimiento de un espacio psíquico interno del self explica el origen de muchas de las modificaciones tanto en el funcionamiento psíquico como, de forma paralela, en el desarrollo de la terapia, modificaciones todas ellas que quisiera comentar ahora.

Esta evolución está marcada en primer lugar por una catectización pulsional, una libidinización de la superficie y de los orificios corporales. Esta libidinización se produce gracias a las experiencias y contactos cutáneos frecuentes e intensos con el adulto. Es un tiempo comparable a este tiempo de cuerpo a cuerpo madre-niño, tiempo de seducción primaria de FREUD, tiempo complementario y antitético del apoyo (étayage), tiempo que va a permitir el enraizamiento de la pulsión libidinal en el cuerpo del niño a través del deseo y de los cuidados maternos y conseguir así la creación de zonas de excitabilidad y de erogenicidad en el cuerpo del niño.

Con frecuencia, para que pueda instaurarse esta progresiva libidinización de la superficie corporal, es necesario el establecimiento de una relación simbiótica. Es un momento crucial, aunque difícil en el abordaje del niño autista. Supone que el educador o el terapeuta pueda aceptar dejarse englobar en ciertos momentos, dentro de la psique del niño sin perder por ello su propia individualidad.

Esta época está también marcada por importantes modificaciones en la utilización de la mirada. Es conocida la utilización que el niño hace de la mirada en los períodos autistas más intensos: mirada suspendida en las experiencias de desmantelamiento, mirada como a través de las personas o breve ojeada periférica en otros momentos.

Este período simbiótico está marcado por el establecimiento del contacto ocular, ojo a ojo, y de la comunicación a través de la mirada visual con intentos de interpenetración, es decir, por momentos en los que el niño, al aproximar su mirada a la del adulto, parece querer penetrar en su interior, acercamiento intenso al objeto externo como si el niño intentase controlar la angustia ligada a la percepción de la profundidad de la distancia entre el objeto y él. En una charla dada por una psicóloga sistémica, no psicoanalítica, hablaba que siempre la mirada del terapeuta debe apuntar a un triángulo en la cara del paciente que tiene un lado en la zona superciliar del rostro y un ángulo opuesto en la punta de la nariz del sujeto.

Este momento de simbiosis es muy rico dentro de la evolución del niño pero también muy difícil para el conjunto del equipo responsable. La presencia del resto del equipo como referencia a un tercero, es a menudo necesaria para que no acabe con cada uno de los protagonistas de esta simbiosis (el niño autista y su cuidador) dentro de ella y pueda esbozarse la inevitable separación.

Simbiosis, espacio interno, primer objeto interno.

En esta etapa simbiótica, se desarrollan en el niño intensas actividades auto-eróticas y aparecen unas exigencias muy tiránicas de presencia del cuidador, así como manifestaciones muy intensas de angustia de separación que pueden poner muy duramente a prueba al cuidador.

De forma paralela, va a enraizarse en el interior de la psique naciente del niño el primer objeto interno a la imagen del objeto externo, que el niño ha podido investir. La solidez de este anclaje o sus eventuales desfallecimientos van a modular toda la evolución psíquica posterior.

Por lo tanto, este período está marcado por la aparición de intensas angustias de separación: algo muy claro en el caso de Jaime Alberto, quien estereotipadamente hacía una casa con doble silueta, como una doble piel, como un caparazón y decía: “Esta noche si dormiré aquí”, sin querer marcharse al final de la sesión, hasta que yo no le diera un besito de las buenas noches y la secretaria lo llevara con el brazo sobre el hombre hasta el coche, el niño no soporta la ausencia de la persona especialmente investida por él (cuidador o educador), por lo que se muestra muy poco sensible a las palabras tranquilizantes provenientes de otras personas. La ausencia del objeto externo la vive como una especie de aniquilación del mismo. Sólo la constitución de un objeto interno va a poder garantizar la posibilidad, por parte del niño, de aceptar la separación del objeto externo; sólo entonces va a poder vivir la ausencia como una presencia en otro lugar.
Este período está marcado por el paso de la bidimensionalidad a la tridimensionalidad (expresión de DONALD MELTZER, bidimensionalidad, en la que no existe ninguna distinción entre espacio interno y externo, en la que la relación con el otro es una relación de adherencia y el tiempo es un tiempo circular de lo inmutable y lo repetitivo; un espacio tridimensional, con la aparición del espacio interno del self y del objeto, permite el desarrollo de procesos de proyección e introyección, y el tiempo adquiere una dimensión lineal y direccional. Sin embargo, la diferenciación de los espacios interno y externo no es todavía total. Todavía existe en ciertos momentos una cierta confusión entre los espacios interno y externo. Las modalidades identificatorias se dan al estilo de la identificación proyectiva, pero el objeto es vivido lo suficientemente separado como para poder ser deseado y representado.

Las actividades de simbolización.

Dentro de esta dinámica, las actividades de simbolización van a aparecer como formas de representación del objeto perdido. Yo creo que Alexander, logró acceder a la simbolización, gracias a que al jugar a la pelota, alguna vez se le fue a un techito que había al lado del patio donde jugábamos y al preguntarle cómo resolver el problema que teníamos como el monito de Kohler empezó a arrumar cosas para acceder a la altura, que no funcionaban y traje una escalera de mano, que me permitía subir y devolvérsela como en un silencioso juego del Fort-dá, con todo el júbilo por la recuperación del balón. Hablaría cuando me propone en silencio, con señas que le construya avioncitos, que él se metía en la boca y cuando una vez, el padre volvía de un largo viaje de negocios, le dije ahí viene papá, al que tu quieres meterte adentró, tras año y medio de mutismo primario abasoluto. La aparición de las actividades de simbolización coincide con este período de control de las angustias de separación. Las primeras actividades simbólicas, y, particularmente, las de lenguaje, aparecen así relacionadas con estos intentos de control, así por ejemplo la aparición del significante por el que el niño puede nombrar la presencia o ausencia de su educador o incluso la posibilidad para él de representar cualquier cosa de la ausencia.

Van a seguir otras actividades de simbolización pero sin que sea posible sistematizar el momento preciso de su emergencia en la vida del niño: actividades de juego, de hacer como, nacimiento de las primeras imitaciones, primeros rudimentos del lenguaje o incluso la aparición de las primeras operaciones mentales.

La emergencia de estas actividades de pensamiento y de simbolización supone un momento muy importante en la evolución del niño autista. Resulta gratificante para los terapeutas y los equipos responsables, que ven en esta emergencia la confirmación de lo que siempre han esperado, es decir, la conservación de las capacidades intelectuales del niño. En el caso de Alexander, la inteligente y observadora secretaria que yo tenía, Consuelo Escobar Trujillo, q.e.p.d., un día entró a la cocineta de la casita, donde teníamos los consultorios distintos colegas, a llamarme y me expresó sorprendida, tras año y medio de mutismo absoluto de parte del niño, quien siempre tenía una facies inexpresiva:

- ¡El niño-efigie - como ella lo llamaba - me sonrío, doctor! Ya llegó.

Le respondí:

- ¡Vamos a ver qué pasa! - y fui a hacerlo entrar a la consulta - con señas me pidió que le hiciera un avión con dos tablitas y que lo dirigiera a su boca, cosa que obedecí; mientras le interpretaba.

- Es papá, quien llega hoy de su viaje de negocios.

Entonces dijo:

- ¡Papá! - mientras yo sentía una emoción tan grande como la que supongo que debió sentir Arquímedes al conceptualizar su prinicipio y me provocaba salir gritando: ¡Eureka! ¡Eureka! ¡Lo logré!
De ahí en adelante empezaron a emerger fantasías de escena primaria transferenciales en los que mi secretaria, una mujer mayor, se relacionaba amorosamente conmigo, su patrón, entonces un joven psiquiatra y psicoanalista.

Generalmente, es éste el período elegido por nosotros para dar paso al abordaje pedagógico, tanto dentro de la institución como dentro del marco de un intento de integración escolar en una escuela normal.

Sin embargo, este período resulta también decepcionante porque el niño psicótico puede poner permanentemente en cuestión estas posibilidades de simbolización, dispuesto como está siempre a una confusión entre el sdir el significante y la cosa (referente), a ocultar la dimensión metafórica del lenguaje o a utilizar sus primeras adquisiciones de manera mecánica y repetitiva. Asunto que no ocurrió en el caso de Alexander.

Ejemplo clínico: Cédric.

Cédric tiene 4 años cuando le vemos por primera vez. No tiene ningún lenguaje si exceptuamos algunas raras ecolalias. Parece indiferente a todo, tanto a la presencia como a la ausencia de los padres. Rechaza todo contacto y cuando se le coge en brazos, se echa para atrás y se pone muy rígido. Tiende a huir del contacto evitando la mirada y cuando ésta raramente parece haberse posado en el interlocutor, deja a éste con el sentimiento de ser transparente. Durante un primer abordaje dentro de un grupo, Cédric no es más que una huida perdida a través de los pasillos, un destrozo de objetos y un golpeteo de puertas. Tira todo por los aires, lo desparrama todo y corre por todas partes. A la menor ocasión, cualquier puerta entreabierta puede observar su huida. Sólo el obstáculo de una pared es capaz de detener su loca carrera. Nadie parece existir para él, ni siquiera los niños que él violentamente empuja contra las paredes, ni los adultos con los que choca al pasar; pero, con los que no existe contacto alguno. Evoca la imagen de un tornado de movimientos, que nada parece ser capaz de detener. Su aprehensión del espacio es similar a su psique, sin ningún límite. Sus propias modalidades de desmantelamiento parecen dobles; hay una parte de desmantelamiento sonoro: parece envolverse dentro de una auténtica concha sonora hecha de diferentes ruidos, especialmente de efectos sonoros hechos con la boca, de ruidos repetidos de portazos y de objetos rotos; pero por otra, asistimos a un desmantelamiento ligado a las estimulaciones kinestésicas y vestibulares, que le procuran a este niño una incesante agitación. ¿Ameritan estos casos una ayuda psicofarmacológica? A los padres pueden hacerles la vida imposible, a no ser que se haga una parentectomía como la que hacía Bruno Bettelheim en la Escuela ortogénica de Chicago y Maud Mannoni en Bonneuil.

Durante un primer período, el papel terapéutico de la institución ha consistido en crear un espacio psíquico, un “otro lugar” receptivo, un continente sólido, susceptible de aceptar la contención de esta violencia arcaica, surgida del cuerpo de Cédric, así como de las huellas emocionales que la acompañan. Este continente institucional ha necesitado de muchísima capacidad de resistencia, para no sentirse destrozado por estos asaltos llenos de violencia; asimismo, a los cuidadores les ha hecho falta muchísimo análisis de sus propias actitudes contratransferenciales para poder llevar a buen puerto y sin desfallecimiento esta función de contención. ¿Para el manejo ambulatorio, ameritaría que los padres estuviesen en análisis o, al menos, en una psicoterapia psicoanalíticamente orientada? La solidez y perseverancia de este continente son las que han hecho posible que, entre Cédric y el psicomotricista, que en ese momento se ocupa de él, se instaure un espacio de intercambios lúdicos, a través de juegos con agua durante las sesiones de chapoteo, sesiones, durante las cuales, su angustia e inestabilidad comienzan a ceder un poco y empieza a ser capaz de soportar la presencia del adulto cerca de él.

El segundo período de la evolución de Cédric está marcado por el establecimiento de una relación fusional simbiótica con una educadora.

Durante este período, Cédric busca intensamente el contacto físico, se acurruca contra su educadora y demanda caricias, que se transforman a veces en excitación masturbatoria. Las exige permanentemente y no soporta su ausencia que él llena con lloros y gritos. En esos momentos, se muestra insensible a cualquier intento verbal de tranquilización, por parte de otras personas. El logro de la aceptación de la separación va a llevar mucho tiempo. Durante un largo período, va a vivir la ausencia de su educadora como una desaparición “en ninguna parte” y para luchar contra la angustia de este aniquilamiento del objeto, va a exigir durante su ausencia que se le dibuje una “gigi” o que se le construya una con plastilina. Poco a poco, Cédric va a ir siendo capaz de nombrar a su educadora, nombrar su presencia y su ausencia y sobre todo va a ser capaz de tolerar su ausencia. De forma paralela, aparece en su lenguaje la pareja semántica “gigi/no gigi” con la que nombra la presencia y ausencia de la educadora, como una suerte de Fort-dá, al tiempo que el propio lenguaje se va desarrollando y enriqueciendo. Y se avanza en su andadura psíquica, empezar a relacionarse con el resto de los miembros del equipo y con los demás niños. De forma paralela, el tiempo comienza a diferenciarse de la distancia y pierde su carácter oscilante y circular para dar paso a la adquisición de su estructuración lineal y direccional definitiva. De esta manera, Cédric va a enriquecer rápidamente su lenguaje con los significantes “antes, después, pronto” que van a marcar en él esta estructuración lineal del tiempo.

Como conclusión y para terminar, quisiera insistir en los siguientes aspectos:
• Sean cuales sean las causas del autismo, éste y las psicosis precoces siguen siendo, para nosotros, algo diferente a un simple déficit o a una suma de déficits aunque éstos existan; se trata de una forma de organización global del psiquismo y de la personalidad cuya semiología autista no es más que la consecuencia.

De forma global se puede afirmar que los procesos autistas tienen un sentido y que este sentido radica en la constitución de un sistema defensivo de lucha en dos direcciones:

1. Contra las intolerables e impensables angustias ligadas a la dolorosa experiencia de la separación del agujero negro, pero también

2. Contra la vivencia persecutoria y dolorosa de los procesos de pensamiento, en cuyo caso la actividad defensiva parece movilizarse al servicio de una destrucción del pensamiento.

A mi entender, los principales significados de los mecanismos autistas son los siguientes:

• Desmantelamiento
• Refugio dentro de una sensorialidad auto-inducida y auto-organizada ¿Figuras del autismo de Frances Tustin?
• Absorción en lo concreto
• Intolerancia al cambio y refugio en lo inmutable del narcisismo primario.
• Intento de destrucción de todo lo que tenga un valor simbólico, que coarta lo Real del goce psicótico.
• Intento de reducción del sentido al no sentido. Humpty Dumpty, en Alicia a través del espejo de Lewis Carroll, es un paradigmático ejemplo del non-sense carrolliano y del goce psicótico, el hace que las palabras signifiquen lo que él quiere que signifiquen, de tal forma que no sirven para hacer lazo social.
• Intento de vaciar toda experiencia humana de su significado y de su carga emocional
• Vivencia de discontinuidad corporal

Desde esta perspectiva, nuestros objetivos terapéuticos son los siguientes:

Ayudar al niño a librarse de la auto-sensorialidad

Ayudar al niño a crear su propio espacio interno y a organizar los primeros rudimentos de su vida fantasmática

Ayudar al niño a acceder al proceso de simbolización y a disfrutar de él

Finalmente, ayudar al niño a reconocer la existencia del otro en su alteridad y, especialmente, como un otro provisto de intencionalidad y pensamiento.

Aunque estamos a favor de la acción educativa y de la aportación pedagógica, sin embargo, somos poco partidarios de las medidas pedagógicas correctoras basadas en el único sistema de recompensa y de sanción, porque, a nuestro entender, no conducen más que a la elaboración de un falso self por medio de un paquete de aprendizajes no verdaderamente integrados dentro de la personalidad del niño, caparazón de aprendizajes, que procura la ilusión provisional de una mejor inserción social; pero que no permite al niño enfrentarse a situaciones nuevas con creatividad y, sobre todo, que contribuye a la asfixia y negación de su propia vida psíquica. Una profesora de preescolar, quien se psicoanalizaba con otro analista distinto a mí, me contaba de una linda experiencia con niño autista, al que llevaba a una fuente, que había al frente del Kindergaarten, y cargaba al pequeño, lo más alto que podían sus manos y lo iba bajando, al ritmo del agua que caía, mientras la profe decía:

- Agüita. - hasta lograr que el niño se riera a carcajadas.

La madre decidió cambiarlo de colegio a una famosa escuela para autistas de orientación conductista y dos años después lo llevó a saludar a las profesoras del Kinder.

La mamá lo ponía ante una profesora y le decía, saluda a Fulana, a Zutana o a Perenceja y ante cada profesora, como si fuera una muñeca con un disco adentro el niño repetía, sin afecto alguno.

- Hola, Fulana.

- Hola, Zutana.

- Hola, Perenceja.

Como diría Bruno Bettelheim en La fortaleza vacía, el niño había dejado de ser autista para ser un autómata.

Pierre Ferrari es Catedrático de Psiquiatría de Niños y Adolescentes. Universidad de París. Sud. Director de la Fundación Vallée. Gentilly (Francia).

Notas
1) Se traducen al español como figuras de Tustin, que ella define como sensaciones táctiles autoengendradas, como acariciar, pincelar, frotar, encastrar, dibujar y pintar sobre superficies lisas, tanto las del propio cuerpo, como las de objetos externos, sentidos, por el autista, como partes de la superficies corporal del sujeto, que son derivadas de los llamados manierismos nerviosos, como el hamacarse, el rocking chair, el balanceo o el movimiento inquieto, con cierta agitación. Si siguiéramos a Donald Winnicott, podrían llamarse figuras subjetivas, inclasificadas, asociadas a objetos específicos, sin relación con categorías espaciales, como las figuras objetivas; sino, más bien, impresiones táctiles sobre la superficie del cuerpo del sujeto, en la medida que los niños autistas viven en términos de superficies, con experiencias planas o bidimensionales, sin conciencia del interior de los objetos, a partir de la percepción de bordes alrededor de superficies planas, espirales táctiles que flotan en las superficies corporales, de una forma que consuela y tranquiliza, al evitar el reconocimiento doloroso de la individualidad de los cuerpos.

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Miguel Rubio, autor de “La ciudad rota”: “Ahora Madrid es una gran postal que trata de esconder una trastienda cada vez más llena de basura”

Oscar Montero (Desde Madrid, España. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



Miguel Rubio es un autor que, con su obra y acción, no se resigna a ser un número en la lista de los más vendidos. La obra de este madrileño comienza a sentirse en el gusto de unos lectores también saturados de más de lo mismo, de la lista de los nombres de siempre, de las clasificaciones y de las modas inventadas por las grandes editoriales. En sus libros anteriores, “Ahora que estamos muertos” (2008) y “Todos los años perdidos” (2010), el creador ya mostraba la crudeza de una literatura que no permite excusas; ahora, en su nuevo libro de relatos, “La ciudad rota” (Ediciones Carena), Rubio desnuda la ciudad de los escaparates y de las grandes marcas para dejar al descubierto la miseria y la soledad de personas encerradas en la derrota.

¿Por qué Madrid sería “La ciudad rota?

Bueno, en esta novela (y quizá también en mis otros dos trabajos anteriores) Madrid funciona casi como un personaje más de la trama. Lo que les sucede a los protagonistas está, indudablemente, influido por las circunstancias sociales, políticas y económicas que estamos viviendo. No obstante, la historia podría ser perfectamente trasladable a cualquier otro lugar donde, como aquí, la crisis esté asfixiando a los ciudadanos. La estafa es global.

Por otra parte, el libro está compuesto por siete historias que se desarrollan en el mismo tiempo y lugar y que, en cierto modo, forman parte de ese rompecabezas de asfalto que es esa ciudad rota.

Ante tu visión literaria y dura de la ciudad, ¿qué le dirías a quienes tienen una imagen idílica de Madrid?

Yo también he tenido muchos años esa imagen de esta ciudad. Desgraciadamente, creo que en muchos aspectos (especialmente en aquellos relacionados con la cultura) se la han ido cargando. Ahora Madrid es una gran postal que trata de esconder una trastienda cada vez más llena de basura.

¿Qué es la literatura para Miguel Rubio?

La literatura, como la música y el cine, es para mí un soporte vital. No podría entender la vida sin ellos.

¿Puede la literatura ser una vía transformadora de la realidad o sólo opera como una vía crítica?

Mi lado escéptico me diría que no. Pero creo que ha llegado el momento de, al menos, intentarlo. Mis libros siempre han estado muy pegados a la realidad social que vivimos. Ahora creo que es hora de tomar partido e intentar cambiar las cosas. Cada uno a su modo. Unos lo harán en la trinchera, encabezando manifestaciones (como un personaje del libro), otros pasándose a la acción política o, incluso, debatiendo mientras toman unas cervezas con los amigos. Todo vale. Lo importante es que empecemos a movernos en alguna dirección. La gente parece estar cansada de tanta estafa. Yo, por mi parte, intento aportar mi granito de arena desde la escritura. En cualquier caso, aunque solo sirviese lo que hacemos para señalar aquello que no nos gusta, es más que suficiente.

¿En sus relatos no hay puerta de salida?

Bueno, eso es algo que tiene que decidir el lector. Probablemente, siempre hay una salida. Y, desde luego, eso es lo recomendable. Cuando a alguien le dejan sin salida, puede pasar cualquier cosa.

¿Cómo percibe la España actual?

Creo que un poco ya ha quedado clara mi opinión en este sentido. Esta es la España del hartazgo. Los españoles estamos acostumbrados a aguantar de todo, pero me da la impresión de que se ha llegado a un punto en el que la gente ha empezado a decir “basta”. El problema es que aquí no nos ponemos de acuerdo ni para elegir el lugar donde tomar las cañas. Pero, en fin, como he dicho antes, parece que hay movimientos que indican una clara determinación hacia el cambio. O nos ponemos a remar todos o nos ahogamos en la mierda.

En la crisis la cultura de nuevo parece encontrarse contra las cuerdas, ¿hay salida para esta nueva crisis cultural que parece más contundente que las anteriores?

Me gusta el símil. Yo soy aficionado al boxeo. Lo he practicado y sí, está contra las cuerdas, pero el buen campeón es aquel que logra sobreponerse a la derrota. Alí tumbó a Foreman en Kinshasa en el octavo, cuando había recibido un camión de golpes y parecía que no tenía ninguna posibilidad. Nosotros seguro que nos levantamos antes de finalizar la cuenta de diez.

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La era pre cristiana: Año 2014 epc…

Enrique Campang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Se toma con toda normalidad que estamos en la era cristiana, los libros de historia marcan un antes y después de Cristo; año 2014 d.C., pero eso no deja de ser una mera referencia.

El impacto revolucionario y positivo del pensamiento de Cristo está muy lejos de ser efectivo y valorado en la conducta humana, en la cultura, economía o política.

Las ideas del amor al prójimo, el bien común, el respeto a la vida, a la dignidad de la persona, la acción preferencial a los pobres aún siguen siendo ideas inaplicadas en muchas partes del mundo.

No se tiene que buscar mucho para darse cuenta que las dinámicas negativas que encontró Cristo siguen vigentes, desde la codicia, el abuso de poder, la falta de misericordia. Siguen las guerras, los abusos, la intolerancia, el fanatismo religioso, los genocidios.

Persisten los sistemas económicos de exclusión basados en el egoísmo, la explotación y humillación de la persona y la naturaleza. Dos mil años de pensamiento cristiano han hecho poca mella en la mente de muchos.

La idea sigue siendo una utopía (en ningún lugar); el entusiasmo por Cristo es cosmético o de apariencias sociales, entre muchos cristianos de todas las denominaciones; para la celebración de ferias, la semana santa, la navidad, bodas, funerales, procesiones; aún detenidos en el tiempo, contaminada por las mismas viejas pasiones; con mercaderes y corruptos en los templos, sin entrar en los cambios fundamentales en la vida de persona y la sociedad. Los números no dicen nada de la calidad del cristiano.

El cristianismo aun no es una realidad en gran escala; es débil, que no entusiasma ni orienta a los que deben tomar las decisiones importantes en la familia, educación y el Estado.

Las proporciones son difíciles de establecer sobre la práctica vivencial del cristianismo y el cristianismo cosmético de apariencias. Pero el ruido que hacen los no o medios cristianos es muy fuerte.

Es una ilusión proclamar la era cristiana con resultados tan pobres. Hace falta mucho trabajo de educación y testimonio; es difícil convencer a tantos reacios sobre el modelo de la civilización del amor que propone Cristo.

Civilización debe ser una idea basada la formación y permanencia de la persona buena, en paz, con dignidad, el bien común; y no sólo en hacer algo, aunque sea arte, ciudades y barbaridades.

Aún estamos en la vieja civilización, de la adoración del becerro de oro (dólares, euros, yuanes); están entusiasmados por el desarrollo de las ciudades y rascacielos, la sofisticación cultural y tecnológica; el triunfalismo militar y económico, lo material y las apariencias.

Es un grave error de percepción histórica que confunde; o brinda una imagen de legitimidad a tiranos y malvados, que se cubren con el manto (muy conveniente) del cristianismo para cometer atrocidades como en las Cruzada, la conquista (o invasión) europea de América; dictadores, políticos corruptos y criminales que van a misa; a religiosos que cometen actos inmorales. Son los que le han dado la mala fama y provocado la resistencia y desconfianza entre los no creyentes.



Sería bueno cambiar la forma de marcar los hitos históricos (tarea en realidad casi imposible) de mantener la reserva sobre la efectividad de la proclamación de la era cristiana con plena vigencia. Como el sin sentido de llamar Tierra Santa donde aún no se practica la santidad con plenitud con respeto a la dignidad de las personas, judíos, cristianos y musulmanes. Se ha simplificado y banalizado el significado de Era Cristiana. El pensamiento cristiano aún está “en construcción operativa”, de interpretación, implementación, discusión y correcciones en su aplicación; con muchas versiones, unas contradictorias.

Por mi parte, leo los libros de historia y periódicos con otra perspectiva, de que estamos aún en la Era Pre Cristiana; hace falta mucho trabajo y tiempo para llegar a la era cristiana efectiva. Ya se estableció el objetivo de la humanidad hace 2,000 años; es un buen proyecto de perfeccionamiento humano y social; pero aún tiene un largo recorrido lleno de obstáculos viejos.

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El Palacio Tsárskoye Seló, en San Petersburgo, Rusia

ARGENPRESS CULTURAL



La Villa de los Zares (en ruso: Tsárskoye Seló) fue residencia de la familia imperial rusa cerca de San Petersburgo y centro de recibimiento de la realeza y la nobleza exterior. El conjunto de palacios y parques, hoy en la ciudad de Pushkin, así como su centro histórico forman parte, con el código 540-006, del lugar Patrimonio de la Humanidad llamado «Centro histórico de San Petersburgo y conjuntos monumentales anexos».

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Fiesta en mi pueblo

Daniel de Culla (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Estoy en el balcón de esta mi casa, en la plaza Mayor del pueblo, de frente a la facha del Ayuntamiento, cuyo tejado esta coronado por un gran reloj que no funciona. Estoy leyendo a Georges Rodenbach, en su “Bruges la Morte”, de cuyo libro Huysmans, Joris Karl Huysmans, que en su “Becalmed”, el protagonista busca un reposo espiritual en el campo, y no encuentra más que paleteria y estupidez en un medio natural decadente, y Mallarme dijeron que era uno de los más grandes logros del Movimiento Decadente: “a tale of doomed love and bizarre murder”, un cuento de condenado amor y asesinato extraño.

También, he releído, y dejado en el suelo, a Georges Bataille, en su “Tears of Eros”, donde la violencia y lo sagrado en Gilles de Rais, Erzebet Bathory, el Marques de Sade, El Greco, Gustave Moreau, Andre Bretón, los practicantes del Voodoo, y la tortura china forman un coctel de sexo, drogas y muerte en grado tal que se hace dudoso lo que deba preferirse, hacer exclamar lo que dijo Joseph Jablonski : “ Dust on my Eyes is the Blood of Yr Hair”, el polvo en mis ojos es la sangre en tu pelo.

Pronto empezaran las fiestas patronales, esta vez dedicadas a la Virgen de la Zarzamora.Miro por encima del balcón de hierro y, en un esquina, veo unos niños jugando a cogerle el rabo a un perrillo rabilargo que da vueltas tras de el revirando su tronco, haciendo hélices en el aire, volviendo hacia uno y otro lado describiendo un arco en círculos.

Un analfabetismo sacro e ilustrado galopante, que anima todo el cuerpo social y nazional, pasea la virgen en andas.. A su paso, las casas me parecen hechas de carey, cierta tortuga y la materia de que esta formada. Las aceras, en su mayoría, están repletas de cagadas de golondrinas que anidan debajo de los aleros, en nidos hechos con cargadal, cantidad de tierra depositada en el fondo de los ríos, y colocados uno junto al otro como en juego de naipes.

Pasa la procesión, pasa la virgen, cual candaliza de vela cangreja o cariafa, ave zancuda de América con un cariacu, cabrito de la Guyana, en sus brazos. El cura sirve cual cabo para facilitar la operación de arriar el foque, puntas muy largas y almidonadas del cuello de la camisa. Los que portan los palos derechos e izquierdos de las andas parecen especie de pilastras para sostener el arquitrabe, o cada una de las vigas sobre las que descansan los tablones que llevan los furos para las hormas en las casas de purga de los ingenios de azúcar.

Se para la comitiva. Sueltas y cargadas, mujeres preñadas y sin preñar, bailan una jota castellana con flauta y tamboril, que a los viejos hace salírseles la baba, y a los jóvenes la risa, mirando mas las piernas que el bailoteo. También baila el tonto del pueblo, cual caricato, bajo o bufo de la opera cómica. El conjunto se me parece un carro de acémilas con carga para llenar el cañón del arma de fuego del cura, que embiste ahora, acomete, apuntando en el libro de cuentas de su iglesia lo que alguno debía, sintiendo pesadez de cabeza, de pecho, en plenitud de estómago agradecido, pensando que el ayuntamiento se había cargado de sin razón, de hijos, de deudas.

Los porteadores descansaron los palos sobre unas horquillas de palo largo, sintiéndose como en un lugar cubierto de vegetación, y contemplando todas esas caras que los cuatro, por lo bajo, entonaron: “Mirad carialegres, carinegros; carianchos, cariacedos; caribobos, caricortos; caridolientes, carigordos; carihermosos; cariampollados, mofletudos”. Todo era una caricatura o retrato festivo en que se exageran las actuaciones de la vida diaria escondiendo especialmente las defectuosas

Un perrito chiquito le hacía halagos a una niña, y en su lomo se veía la carimba, o marca que ponían cariñosamente los españoles a los esclavos del Perú con hierro candente, cariocando el árbol de America que destila un aceite que reemplaza a la manteca en Cayena y el sebo de las velas en Caribe, hombre cruel e inhumano.

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Un encuentro

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Un cuento se puede escribir de muchas maneras, dijo Juan tirando el pucho. Por ejemplo cuando recuerdo aquella vez que iba caminando por Callao para el bajo, y de repente se largó a llover, un chaparrón, yo sin piloto, sin paraguas, nada, entonces me metí bajo el umbral de una casa de departamentos y me quedé ahí esperando que pase, mirando caer las gotas gruesas y de pronto sale una voz del portero eléctrico que me dijo Juan vení, te espero, estoy sola, vení, ahora que llueve, y yo le contesté al aparatito que estará confundida que yo me llamo Juan, pero debe ser otro, que yo no soy ese Juan, pero si yo sé que sos vos Juan, vení, te estuve esperando mucho, no sabes cuánto, me respondió, y la voz del aparatito era una voz de hembra con olor a lluvia, yo también te esperé mucho, le respondí, si supieras, cuanto... desde chiquito, siempre, yo casi no tuve mamá, trabajé desde pibe en la calle, en días de lluvia como éstos, y no quise a ninguna mujer, a nadie, me encamé con muchas pero no quise a nadie, te esperaba a vos que me esperabas, yo siempre te buscaba, con nadie sentí como voy a sentir con vos, como te estoy sintiendo ahora, como te voy a sentir siempre, amor ya voy…, y fui temblando, lagrimeando y flotando subiendo las escaleras porque no podía esperar el ascensor y toqué el timbre y apareció una renga jorobada y pelirroja con la cara llena de granitos, que me comió a besos.

Finalmente encontré mi gran amor.

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Música: El bolero de Ravel bailado por gitanos

ARGENPRESS CULTURAL



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Canción de la Intifada

Rubén Sacchi (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Un niño canta
sin instrumentos;
a lo lejos
una orquesta desafina.
El niño aprendió a sincopar
con esa música de fondo.

No le importa que el mundo
caiga a su alrededor
el niño canta
mientras suena, ahora,
un adagio pesante.
El niño aprendió a escuchar
como si en ello
le fuera la vida.

La música acelerando.
Ahora es allegro, ma non troppo.
Nada lo hace callar,
al niño,
que ahora aprendió a soñar,
mientras canta.

Sueña y canta, el niño.
Un allegro vivace
desentona e invade el aire
que ahora se torna irrespirable.
El niño aprendió a mirar.

Los parches sacuden el pecho,
el corazón se desboca;
las cuerdas, filosas
cortan y estragan gargantas.
Una horda de teclas martilla rostros,
mutila falanges.
El niño aprendió a esperar.

Ahora se ven los músicos,
orquesta infernal,
destemplada, toca a finales
que el niño no acata
y eleva su voz,
mientras sueña
con un coro de niños ausentes
que aplaste esa música maligna.

El niño aprendió a odiar…
Y sigue cantando.

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En algún lugar… Novedad en el frente

Laura M. López-Murillo (Desde México DF, México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



En algún lugar violento, la sobrevivencia demanda infringir el mandato humanitario pero cuando cesa el peligro se desencadena un conflicto más cruel y despiadado en la trinchera inexorable de la conciencia…

En su libro “Camino desde Ar Ramadi”, Camilo Mejía describe el tortuoso proceso mental que padecen los combatientes en la guerra de Irak (y en cualquier guerra). El reclutamiento en las fuerzas armadas suele ser la solución al desempleo, a la necesidad de identidad y pertenencia en un entorno carente de oportunidades, especialmente para los sectores más vulnerables de la sociedad norteamericana como los migrantes indocumentados, y ahora, los dreamers. La incorporación en las fuerzas armadas culmina cuando la disciplina se interioriza como una forma de vida pero la convocatoria al frente de batalla exige un nacionalismo exacerbado que se logra por la inserción inclemente de justificaciones para fortalecer la convicción bélica. Los soldados alienados por el ideal de servicio a la patria arriban al campo de batalla portando las falacias de la justicia que se destruirán desde el primer día de combate y en todas las aristas bélicas.

Camilo Mejía confiesa que el primer golpe a la conciencia de los soldados es la traición: cuando descubren que los motivos de la guerra son infundados y que el servicio a la patria consiste en la ejecución de atrocidades para la aniquilación de un enemigo. Las prioridades se distorsionan brutalmente y solo es posible sobrevivir infringiendo dolor; es entonces cuando se realiza un prodigio en la mente de cada soldado y se borran de la memoria los rostros de las víctimas, sus nombres y súplicas porque la cosificación del adversario es un proceso que permite a los soldados ejecutar las órdenes de exterminio pero implica acallar el raciocinio.

Y una vez que el soldado retorna, a salvo y lejos del frente de batalla, mientras cicatrizan las heridas físicas se abre una herida moral y la conciencia se erige como un juez implacable. Camilo Mejía la describe como el enfrentamiento ineludible con los remordimientos, como un padecimiento que no se cura con pastillas y que se agudiza en un retorno sin gloria.

Camilo Mejía pasó nueve meses en prisión porque rehusó regresar a Irak y actualmente es un activista contra la guerra de Irak. En su libro revela sus vivencias en Ar Ramadi y describe el mecanismo más grotesco de la guerra: "En alguna parte allí hubo una reunión, en alguna oficina lujosa, donde el plan fue discutido por gente lejana. El plan requería la pérdida de muchas vidas para lograr metas, pero todo era aceptable. Mi vida y las vidas de otros en mi unidad, era todo parte de una pérdida aceptable”.

El costo de la guerra, de cualquiera y de todas, es incalculable porque lesiona mental y moralmente a las huestes que retornarán sin gloria, cargando los escombros de los vanos ideales infundidos para asistir a un conflicto más cruel y despiadado en la trinchera inexorable de la conciencia…

Fuentes:
- EFE. (2014). EE.UU. permitirá a “dreamers” alistarse en las FFAA con restricciones, según diario. Recuperado el 28 de Septiembre del 2014, de http://www.efe.com/efe/noticias/america/sociedad/permitira-dreamers-alistarse-las-ffaa-con-restricciones-segun-diario/2/13/2332505
- Hedges, Chris. (2014). Road from ar Ramadi. The Private Rebellion of Staff Sergeant Camilo Mejía. Recuperado el 28 de Septiembre del 2014, de http://thenewpress.com/books/road-from-ar-ramadi
- Lynfield, Ben. (2014). Soldados israelíes confiesa el abuso sobe niños palestinos: Maniatados, con los ojos vendados y golpeados por soldados israelíes. Recuperado el 28 de Septiembre del 2014, de http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=16011
- RT. (2014). Entrevista con Camilo Mejía, veterano de Irak y activista antiguerra. Recuperado el 28 de Septiembre del 2014, de http://actualidad.rt.com/programas/entrevista/view/133045-entrevista-camilo-mejia-veterano-irak-activista-antiguerra
- Smith, Martin. (2014). De soldado del imperio a Rebelde por la Paz. Recuperado el 28 de Septiembre del 2014, de http://www.alternativalatinoamericana.com/HtmlFiles/Jul07/julio07-6.html
- Von Quednow, Cindy. (2014). Activista, veterano de Irak mantiene limpia su conciencia. Recuperado el 28 de Septiembre del 2014, de http://www.csun.edu/elnuevosol/feature005_Mejia.htm

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La cultura flamenca en Sudamérica

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El proceso de la globalización en el siglo XXI motiva la revisión de la historia de América con respecto al Viejo Mundo y a otras regiones del planeta en la edificación de las actuales democracias.



La reflexión viene a propósito de la investigación sobre la presencia flamenca en Sudamérica colonial, del economista, profesor y regidor municipal de Lima, Eduardo Dargent Chamot.

Flandes es una de las tres regiones de Bélgica actual. Durante la Baja Edad Media, las ciudades comerciantes (Gante, Brujas e Ypres) hicieron de Flandes una de las regiones más urbanizadas de Europa, tejiendo lana de las tierras vecinas, fabricando tejidos tanto para uso doméstico como para la exportación.

Hoy Bruselas, combina su condición de sede de la Comisión Europea y de otros organismos internacionales. La región de Flandes cuenta con 300 municipios en 5 provincias.

Flandes concentra la mayor parte de la riqueza nacional de Bélgica, con la mayor tasa de exportación per cápita en el mundo y con más de la mitad de la población total belga.

La presencia en Sudamérica de la cultura de los flamencos es un tema que revela huellas sobre sus aportes y las luchas realizadas por la corona española en contra de los protestantes.

Los flamencos, apreciados desde las profesiones, oficios y labores, se desarrollaron en territorios sudamericanos entre los siglos XVI y XVIII. Los flamencos llegaron a ocupar lugar importante en los puertos de Sevilla y Cádiz, dedicados al comercio con las Indias.

Conquistadores, marineros y corsarios, jueces, alcaides, gobernadores y virreyes, misioneros, profesores y artistas, inquisidores, artesanos y mercaderes, así como cirujanos, mineros, editores y confeccionistas, sirvieron en múltiples lugares de América, participando en la construcción de la identidad hispano americana.

La proyección flamenca en la cultura sudamericana procede de frailes ilustrados que seleccionaron los Habsburgo, de formación germánica y humanista, incluyendo pequeños poblados de nativos.

El aporte de Diego de la Puente a la pintura peruana fue la introducción del “tenebrismo”, un estilo que resaltaba las figuras humanas en colores claros con los fondos oscuros, cuyas obras permanecen en lugares como Juli, Trujillo, La Paz, Santiago de Chile y el Cusco.



El jesuita Jean Raymond Connick fue el primer profesor de matemáticas de la Universidad Mayor de San Marcos, autor de los planos para las murallas de Lima.

Los artistas y artesanos de Flandes destacaron. Juan de Bruselas, fabricante del primer sello oficial de Lima y de ensayador en la Villa de Potosí, el jesuita Egidino, constructor de la iglesia más bella del Cusco. Músicos como Louis Vaisseau, ayudó a las misiones del Paraguay enseñando música.

El flamenco fue el pueblo europeo no ibérico que durante la conquista y el virreinato contribuyó más al desarrollo de la América del Sur española, con los aportes en la propagación del humanismo, comercio e industria.

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Plástica. Serie: "La mujer árbol hunde sus raíces en los sueños, para florecer en la vigilia como mar de garabatos"

Virginia de la Puente es una artista plástica argentina. Estudió Realización Audiovisual. Actualmente realiza imágenes en las que combina el dibujo, la pintura con acrílico y la fotografía.










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Plástica: Winslow Homer, desde Estados Unidos

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Winslow Homer (24 de febrero de 1836 - 29 de septiembre de 1910), pintor naturalista estadounidense, considerado junto con Thomas Eakins como uno de los más grandes artistas de su país en el siglo XIX.

Winslow Homer nació en Boston el 24 de febrero de 1836 y su formación como pintor fue, en su mayor parte, autodidacta. En 1857 comienza a trabajar como ilustrador de revistas, convirtiéndose en un colaborador asiduo de la conocida Harper's Weekly.

Sus ilustraciones, sobre todo los grabados, se caracterizaron por sus contornos nítidos, formas sencillas, acentuado contraste de luces y sombras y por sus grupos de personajes llenos de vida. Tales características se convirtieron en una constante de su producción a lo largo de toda su carrera artística.

Durante la Guerra Civil, Homer visitó en repetidas ocasiones el frente de Virginia donde habría de pintar su primer cuadro al óleo importante, Los prisioneros del frente (1866, Museo Metropolitano de Arte de Nueva York), obra notable por su fría objetividad y su vigoroso realismo.

En 1856 se traslada a Francia durante un año pero, aunque su interés en las posibilidades pictóricas de la luz natural se desarrolla de forma paralela al de los primeros impresionistas, nunca sufrió la influencia directa del impresionismo o del arte francés.

En 1873 comenzó a utilizar la acuarela, medio de expresión tan importante en su obra como el óleo. Durante la década de 1870 los temas predominantes de sus obras fueron los de inspiración rural o idílica: escenas de la vida agrícola, niños jugando y escenas de lugares conocidos poblados de mujeres elegantes. De estas últimas el ejemplo más conocido es Long Branch, Nueva Jersey (1869, Museum of Fine Arts, Boston).

El año transcurrido en Inglaterra (de 1881 a 1882), durante el cual Homer vivió en un pueblo de pescadores, provocó un cambio definitivo en la temática de su obra. A partir de entonces se concentró en escenas de la naturaleza a gran escala, en particular escenas marinas, de pescadores y sus familias. Después de fijar su residencia en solitario en Prout's Neck, en la costa de Maine (donde moriría el 29 de septiembre de 1910), produjo obras maestras del realismo tales como Eight Bells (1886, Addison Gallery, Andover, Massachusetts). En esta obra el dramatismo de la escena marina está imbuido de una cualidad épica y heroica que representa el tema dominante de su madurez: la lucha del hombre con las fuerzas de la naturaleza.

A partir de 1884, Homer pasó muchos inviernos en Florida, en las Bahamas y en Cuba. Gran parte de las muchas escenas que pintó del trópico son acuarelas de ejecución que podría calificarse de plenairista o incluso de pintura rápida, con un estilo muy avanzado para su época: fresco, suelto, espontáneo, casi impresionista, pero sin perder jamás su relación básica con el naturalismo.

De 1899 es una de sus obras más impactantes, La corriente del Golfo (Museo de Arte Metropolitano de Nueva York), en la que un solitario marinero negro navega en una pequeña y destrozada embarcación, rodeado de tiburones e incomunicado en medio de un mar encrespado con fuerte oleaje.

La grandiosidad de su temática y la fuerza expresiva de sus obras ejercieron una influencia dominante en la pintura realista de Estados Unidos.

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Las Islas Galápagos, Ecuador, en imágenes



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Y para terminar: “Fumando espero” (cuento y tango)

Alejandro Hopeless



A Paula, lo máximo

Su padre había sido un fanático del tango. En Medellín, Gardel seguía siendo figura legendaria, seguramente por haber muerto ahí de modo trágico. El ambiente tanguero estaba en el aire, de ahí que Martín había heredado esa afición. “Fumando espero” era el tango que más le conmovía, por eso, en sus momentos más especiales (buenos o malos) no podía faltarle: lo cantaba, lo silbaba, lo escuchaba en alguna grabación. Además, todo eso lo asociaba directamente con el motivo de muerte de su padre: cáncer de pulmón, consecuencia de haber sido un furioso fumador durante toda su vida. Por ese motivo, Martín hacía lo imposible por no fumar. El período de mayor abstinencia completa que había logrado era de dos años. Ahora fumaba muy ocasionalmente. Si de evocación del cigarro se trataba, prefería el mítico tango de Carlos Gardel.

Cuando se conocieron él tenía 55 años y ella 23. Martín era un prestigioso médico, y quizá el más reputado docente de la Facultad. Su hijo, Guillermo, se encaminaba a ser médico también, así como su novia, la bella e inteligente Sofía.

Martín estaba separado desde hacía ya largos años, por lo que no vivía con Guillermo. De todos modos lo veía muy frecuentemente en la universidad. Había buscado que no fuese su alumno, por razones elementales de ética, decía. Era sumamente cuidadoso en eso. Sofía sí había estado en sus clases, pero el prestigioso docente había intentado por todos los medios mantener una sana distancia. Por lo pronto, y contrario a su costumbre con otros estudiantes, la trataba de “usted”.

Pero desde el primer día que la vio, cuando se la presentó su hijo, quedó fascinado con ella, “más de lo que debía”, se reprochaba en secreto.

Sofía escribía poesía; cosa no tan habitual entre estudiantes de Medicina, pero que en ella era una virtud que salía con pasmosa facilidad. Martín no sabía si lo había impresionado más la belleza (Sofía era increíblemente atractiva), la inteligencia (era, por lejos, la estudiante más aplicada) o su calidad de poetisa. Quizá todo. Quizá algo más, que iría descubriendo con el tiempo: su calidad de fruta prohibida.

Él, desde la separación, había comenzado a escribir. Era mediocre, y nunca se había atrevido a compartir su pobre producción con nadie. Ni sabría explicar cómo ni por qué, con su hijo como intermediario, hizo llegar uno de sus cuentos cortos –media página– a Sofía. Después de eso, la vergüenza que le nació fue indecible. Pensaba que la joven podía tomarlo a mal, interpretarlo como una provocación, como un velado pedido de algo.

Desde ya, eran todas imaginaciones de Martín. Sofía simplemente lo tomó como un lindo gesto. Todo lo demás corría por cuenta del médico. Sin dudas, algo había comenzado a operarse en su fantasía, porque a partir de ese momento su vida ya no fue la misma.

La relación de la joven con Guillermo era bastante estable. Hacía ya años que noviaban, y tenían planes de casamiento para más adelante, ya graduados. Martín los acompañaba gustoso en todo eso. Era su único hijo, y en verdad había algo secreto que el profesor nunca contaba, pero que le confería un sentido muy especial a su vida: de joven él, igual que su padre, había sido un empedernido fumador. Cuando su esposa quedó embarazada de Guillermo, a pedido de ella había dejado de fumar. En realidad, nunca lo había dejado del todo, pero oficialmente ya no lo hacía. O en todo caso, lo hacía siempre a escondidas, y en muy menor medida. Ocasionalmente, a hurtadillas, fumaba un cigarro y luego se llenaba de culpa, por lo que lo ocultaba cuidadosamente. Nunca faltaban las pastillas de menta para quitarse el olor a tabaco. Por todo eso Guillermo, al menos en su imaginación, era símbolo de vida, representaba a quien lo había salvado de un posible cáncer de pulmón.

Desde que conoció a Sofía, comenzó a fumar más. Por supuesto, ni siquiera a él mismo quiso decírselo.

Comenzó a sentir que, sin saber el porqué, se reunía menos con su hijo, lo evitaba, ponía continuamente cualquier excusa. Guillermo nunca dijo nada al respecto, pero sí Sofía. La intuición de la joven era proverbial.

Martín creyó encontrar en algunos gestos de la joven una velada provocación: “¿respuesta a sus indecentes ideas?”, se preguntaba en secreto. Nunca quedaría claro si era pura imaginación afiebrada del doctor, o realmente había algo más que gentilezas por parte de la joven. Una vez que Sofía lo visitó en su cubículo en la universidad para devolverle un libro, inadvertidamente, en una maniobra casual, el médico rozó un pecho de la muchacha con su mano. Los sentimientos encontrados fueron infinitos por parte de ambos. Quedaron paralizados. A Martín se le ocurrieron millones de cosas en un instante: que nada es casual, que esos actos fallidos tienen una agenda oculta, que los deseos prohibidos siempre se expresan aunque sea disfrazadamente. Se limitó a sonreír y, enrojeciendo, pidió disculpas.

Por la cabeza de Sofía también circularon infinidad de cosas. Estuvo tentada de tomar la iniciativa y besarlo, pero le pareció una locura absoluta; no tanto por lo osado de la situación que se crearía en el momento, sino por las derivaciones que eso podría traer luego. Desde hacía tiempo ambos sabían que había algo más que gentilezas políticamente correctas. ¿Quién se atrevería a dar el primer paso?

Unos días después de ese incidente, Martín recibió una carta anónima en su consultorio. Alguien, misteriosamente, la había hecho llegar no en horario de oficina, por lo que la secretaria no sabía quién la llevó. Simplemente decía: “Mejor no”.

Quedó paralizado. Entendió que eso tenía que venir de la joven; era más que obvio. Pero lo sorprendió tremendamente que fuera letra de su hijo. La conocía a la perfección. Detallista como era, eso no se le podía escapar.

Se atormentó por varios días pensando qué significaba el anónimo. Fue en ese momento cuando ya no pudo contenerse y comenzó a fumar nuevamente en forma regular. Quería ocultarlo públicamente, pero el olor lo delataba. “Tengo olor a pecado”, se decía.

Fue en esos días que sucedió el accidente. Cuando se lo avisaron, sintió que desfallecía. Habían caído de la moto: Guillermo murió inmediatamente, y Sofía estaba grave. Contrario a lo que pensaba en relación a no operar familiares o gente cercana, en un santiamén estaba preparado en el quirófano. La operación fue larga y compleja –le había estallado el bazo en el accidente– pero su fama profesional no era en vano: tras seis horas de intervención, Sofía salvó su vida. Operar en esas condiciones, con un hijo muerto esperando en la funeraria para ser velado, la proeza técnica tenía más valor aún. De hecho, luego quisieron hacerle un reconocimiento en el Colegio Médico que, muy gentilmente, Martín rechazó.

Unos meses después del fatídico accidente, el profesor fumaba considerablemente. No se permitía hacerlo en forma pública, aunque tampoco le importaba mucho si lo veían haciéndolo. Prefería ocultarlo hasta donde podía.

A Sofía la había visto muy poco, lo estrictamente necesario como médico dándole seguimiento en el post operatorio. Los padres de la joven habían querido, infructuosamente, saludarlo y agradecerle personalmente, luego de los formales pésames en el velorio. Pero Martín, siempre muy educadamente, había rehusado encontrarles.

El día que médico y paciente se encontraron en la universidad, ya totalmente repuesta ella, Sofía se acercó para darle un beso en la mejilla. Fue inmediato: las lágrimas surgieron en los ojos de ambos, pero había también una sensación indefinible que, más que dolor, era de espanto. Lo único que atinó a decir Sofía fue “hueles a pecado”.

No se dijeron una palabra más. Mirándose profundamente, ambos lloraron en silencio y se despidieron con una sensación de incomodidad pero, al mismo tiempo, sabiendo que ahí no terminaba esa historia sino, en todo caso, empezaba.

Algún tiempo después, Sofía se atrevió a pedir una cita formal para visitarlo en su clínica. Tras lentes negros y con el cabello recogido, todo lo cual la hacía bastante irreconocible, llegó tragando saliva. Martín se sorprendió cuando abrió la puerta. Por un instante quedaron paralizados sin saber qué decirse. El beso peliculesco que se dieron en la boca rompió el hielo.

“¿Por qué estás fumando tanto?”, preguntó la joven.

“Tengo que morirme de cáncer de pulmón igual que mi viejo. Los pecadores nos merecemos eso”.

__________

Tango, de Carlos Gardel

Fumar es un placer, genial, sensual
fumando espero a la que tanto quiero
tras los cristales de alegres ventanales
y mientras fumo mi vida no consumo
porque flotando el humo me suelo adormecer

tendido en mi sofá, fumar y amar
ver a mi amada feliz y enamorada
sentir sus labios o besar con besos sabios
y el devaneo sentir con más deseo
cuando en sus ojos veo sedientos de pasión

por eso estando mi bien
es mi fumar un edén
dame el humo de tu boca
dame que mi pasión provoca
corre que quiero enloquecer
de placer sintiendo ese calor
del humo embriagador
que acaba por prender
la llama ardiente del amor.



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