miércoles, 23 de julio de 2014

Poesía palestina: Lamentaciones de su madre

Tawfiq Ziad



Avisen a sus primos... que vengan
con tambores y trompetas
díganles que ha vuelto de sus conquistas
el más sagrado entre todos
distribuyan dulces y bolsos de ropa
a grandes y pequeños
Cómanlos alegremente, toda mi alegría oh Hania
es mi ojo que ha sido quemado oh hija
Avisen a sus primos... que vengan
como banda de águilas
díganles que cuando ha vuelto
sus ojos despedían fuego
y me ha dicho:
"Madre dame tus ahorros
el asunto es grave"
vendí mi manto de casada
y mi última alhaja
¡Alegría, toda la alegría oh Hania!
¡no lo dejen sin fusil!
Oh muchachos del barrio
preparen los animales para el sacrificio
los braseros y las marmitas
dejen que los vestidos se empapen de perfume
empápenlos
así como los pañuelos de seda
Sirhan el valiente hijo del valiente
ha vuelto de sus campañas
a descansar en mi regazo hondo
¡Oh hijas, acudan a recibirlo! ¡Oh hijas!
¡El júbilo ha llegado! ¡Tomen los aguamaniles!
Avisen a sus primos... que vengan
con tambores y trompetas
díganles que si un día vuelve
venderé mi último vestido
Con alegría, oh de su madre
búscale la muchacha más hermosa
Con alegría, oh su madre
vende tus vestidos
y cómprale un fusil

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Carta de despedida

Alexis Ponce (Desde Ecuador. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



"Che (americanismo): Interjección que sirve para expresar alegría, admiración, dolor... "

Enciclopedia Espasa-Calpe

He intentado escribir estas cuartillas una y otra vez. Siempre la página quedaba en blanco. Decenas de veces taché los imaginados títulos de este escrito y -durante tres noches consecutivas- no pude siquiera borronear la palabra inicial.

Cualquier tema, cualquier otra evocación de cualquier otro ser humano, no me habrían puesto así, de cara contra una hoja en blanco.

"Usted no se deja decir", valdría la pena decirle, Comandante, parafraseando lo que Galo Gálvez, el personaje central de "Entre Marx y una mujer desnuda", le dice a la novela que nunca termina de escribir. No hallo palabras que no sean comunes, no puedo escribirle Comandante. Escribir de usted, escribirle a usted, es lo más difícil que nos ha tocado nunca, en este fin de siglo posmoderno, sombrío y pragmático en el que sobrevivimos...

...Trataré...

Intentaré plagiar recuerdos, meter aquí párrafos guardados en el cajón de sastre y traer de los cabellos -dulcemente- evocaciones suyas que en algún rincón de mi desleal memoria quedaron de usted, siguieron con usted, pese a todo.

"Un agente de la Compañía de Inteligencia Americana, de origen cubano, que había peleado en los '50 en la Sierra Maestra y que conoció al Che, tenía la misión de identificar a Guevara antes de que se cumpliera la orden de matarlo. El agente de la CIA que fue llevado al aula donde se encontraba Che, en una pequeña escuelita de la Higuera guardada por seis oficiales bolivianos, fue quien le informó a Che que en la Paz se había tomado la decisión de matarle. Cuando entró al aula, se retiraron todos y quedó a solas con el comandante. Che miraba hacia la pared, sin hablar. Después de largos minutos, el agente hizo su primera pregunta: "¿En qué piensa, Comandante"? y Che, viéndolo al rostro, contestó lentamente "en la inmortalidad de la revolución". Pasaron minutos otra vez, hasta que le indicó la orden de ejecución. Guevara se puso pálido, blanco como un papel, pero sereno replicó: "Entonces, dígales que apunten bien". El agente de la CIA salió de la cabaña y comunicó a los oficiales su conclusión: "Es el Che".

Richard Gott, enviado de prensa de la revista The National, Octubre-1967-Bolivia.

Usted dijo una vez que le habían puesto el tema más delicado, cuando trabajadores ejemplares le pidieron que hable de moral. "Me la pusieron difícil" contestó; sonreído a medias, y a medias serio, modesto como el que más, pudoroso, casi avergonzado, completamente distante de sí mismo y de su tremenda estatura moral...

Usted, días antes de partir de Cuba, pidió a alguien que le prestara un libro de Neruda y transcribió de él un poema. Cuando envió a su asistente personal a devolver el libro, su amigo no se aguantó las ganas de preguntarle: "¿cuál fue el poema que escribió Che?" y recibió como respuesta: "el que dejó subrayado".

Revisó el libro y volteó páginas. Sólo cuando supo que usted se hallaba en Bolivia, su amigo revivió la anécdota y recordó el poema... Se trataba del sentimental "Farewell" - la despedida a ella-, el poema que -se dice- en su mochila encontraron los rangers bolivianos el 8 de octubre de 1967... "Y a donde quiera que vaya, llevaré tu recuerdo, y a donde quiera que vayas, llevarás mi dolor"...

Usted alquiló una modesta habitación en el barrio "Las Peñas", en el puerto de Guayaquil, durante su segundo viaje por el continente, en 1953. Quienes le conocieron, recuerdan que usted se ganaba la vida dibujando siluetas, negros perfiles de los rostros de los transeúntes, a quienes abordaba en las calles para dibujarles al paso y ganarse unas "ayoras" para sobrevivir. Entonces era el recién graduado médico, Dr. Ernesto Guevara de la Serna... Faltaba poco para que naciera el Che.

Quienes lo trataron coinciden en que ese joven, de 25 años, miraba distinto y tenía urgencia de partir a toda América. Un antiguo amigo suyo en Argentina, que también se hallaba de paso por Guayaquil, le habló de Guatemala y de los cambios sociales que ahí ocurrían. A las pocas semanas usted partió con destino a su destino.

Usted mantuvo -siempre- una especial relación de afecto cómplice con Celia, su madre. Cuando ella enfermó de gravedad y los médicos le diagnosticaron cáncer, usted, 12 o 15 años de edad, se encerró en su dormitorio -días enteros- y su familia le encontró trabajando con tubos de ensayo y recetas de no se sabe qué, desesperado por descubrir el medicamento que la sanara.

Usted, décadas después, quizá en el Congo o ya en Ñancahuazú, Bolivia - donde dio al mundo una de las lecciones humanas más impresionantes de desprendimiento y coherencia- escribió a Celia su última carta, fechada en 1966. Celia nunca recibió la carta, pues había fallecido meses atrás.

Quienes han destacado su legendaria auto-disciplina, su "voluntad pulida con delectación de artista", dicen que siendo usted un niñito, su madre lo bañaba en agua fría, helada, al empezar el día. Sus enemigos, metidos a psicoanalistas y toda la pléyade de inquisidores de almas, en vano quisieron ver en su infancia o su adolescencia, el espejo del ulterior Comandante, férreamente auto-disciplinado hasta el extremo sacrificio.

Bien lo relata Galeano: no es en el psicoanálisis donde se puede hallar su misteriosa fuerza, ni teorizando sobre su extracción social o complejo de Edipo donde van a encontrar su energía vital. Nunca van a mirar un poquito más acá; en su generosidad humana, en su capacidad de solidaridad con el otro, está el antecedente y la prefiguración del Che.

Usted, parcamente, escribe en su "Diario en Bolivia" que no le funcionó la mente ese rato y que, debiendo dar el primer disparo en la emboscada ya tendida, no atinó a disparar y dejó pasar el convoy militar lleno de alimentos en el que iban echados, durmiendo a pierna suelta, dos soldaditos. La modestia siempre pudo más en usted, Che. No es que no le funcionó la mente, ni atinó a disparar...

Dicen que usted les dijo, horas después, a los indignados cuanto hambrientos guerrilleros, que disparar a un hombre dormido es como disparar a un niño. Hablando de esta anécdota suya, Comandante, en nuestras reuniones celulares de hace años, algunos militantes se atrevieron a criticarlo por la eticidad de su razonamiento. "El Che era un pequeño-burgués", sentenciaban, con la Biblia moscovita o pekinesa en la mano, lista en la punta de la lengua la letanía con la que intentaban definir lo que jamás entenderán. Para ellos, mezquinos dogmáticos y ciegos de siempre, matar un hombre dormido es ser revolucionario, seguramente.

Usted escribió una de las más hermosas frases de revolución en la larga y cruenta historia latinoamericana: "Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor".

Ese ridículo sentimiento, riesgoso siempre, diferencia al Che de supuestos revolucionarios, cuyo ejercicio de la lucha armada o de la violencia -per se- no implica que sean revolucionarios de verdad.

Pienso en Pol-Pot y los khemer rojos, por ejemplo, en las calaveras y osarios apilados por millones hasta formar montañas interminables de huesitos, acribilladas osamentas que alguna vez fueron cuerpos y almas de 'contrarrevolucionarios' por vestir jeans, por llevar gafas, por pensar distinto. Pienso en los polpotianos de los Andes, la cuarta espada del marxismo, que sentenciaban a muerte -y los mataban- a dirigentes y militantes sociales "que le hacían el juego al Estado burgués".

Pienso en el "jefe guerrillero" entrevistado en alguna zona del Caquetá, que justificaba el narcotráfico con la imbécil argumentación: "para inundar al imperialismo por dentro y aniquilar a los explotadores del mañana" (entiéndase, a los adolescentes norteamericanos).

Pienso en el frente "Ricardo Franco" que torturó y ejecutó a cientos de sus propios militantes porque "se apartaron de la línea".

Pienso en los 'guerrilleros' talibanes que apenas tomaron el poder decretaron la más brutal dictadura misógina del siglo.

Pienso en los "revolucionarios" criollos de Ecuador, a quienes escuchamos decir que Néstor Serpa y los muchachos inmolados del MRTA erraron por "sentimentalistas", porque -pudiéndolo- no ejecutaron un solo rehén aquella tarde de su propia muerte...

Pienso en la irreconciliable, antagónica distancia que separa al amor del odio, al ser humano del monstruo, al Che de "los envenenados de la muerte".

De usted cuenta Eduardo Galeano que "se delataba por los ojos: tenía la mirada limpia y transparente de los hombres que creen"…

"Julia Cortéz, 22 años, ojos verdes, profesora de la escuelita de la Higuera, relata: "Tuve miedo de entrar, de encontrarme ante un bruto...y tenía ante mí a un hombre de aspecto agradable, de mirada burlona y dulce a la vez...me era imposible mirarlo a los ojos. -¿Ah, usted es la maestra... sabe que no se pone acento en el 'se' de 'ya se leer'? habló a modo de preámbulo, mostrando uno de los dibujos que colgaban de la pared del aula. Se burlaba cortésmente y sus ojos reían. - Yo bajaba los ojos al hablarle, porque su mirada era insostenible; atravesaba... Y tan tranquila..."

Michele Ray, París Match, Octubre-1967-Bolivia

Usted, Comandante, escribió en su Mensaje a la Tricontinental un escalofriante párrafo: "El odio como factor de lucha. El odio que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así".

No voy a acordarme de las 'opiniones' que sus infames detractores han dado de esta frase en los últimos 30 años. Ni tampoco aludiré a quienes, desde la religión, el pacifismo o sus convicciones humanistas, guardan reservas de esta sola frase.

Simplemente la transcribo, tratando de comprender, de contextuarla, de hilvanarla con ese sentimiento gigante de amor humano que lo empujó a quemar las naves y batirse contra los molinos de viento de ayer y de hoy. Si en algo ayuda la carta que, para un niño, escribiera alguien al que, desde la distancia de 30 años, usted ama, la intención vale:

"Nuestra profesión... la esperanza. Nosotros decidimos un buen día hacernos soldados para que un día no sean necesarios los soldados. Es decir, escogimos una profesión suicida porque su objetivo es desaparecer, soldados que son soldados para que ya nadie tenga que ser soldado. Pero resulta que, para que no sean necesarios los soldados hay que hacerse soldado y recetar una cantidad discreta de plomo, plomo caliente escribiendo libertad y justicia para todos, no para unos cuantos, sino para todos. Y hay que acumular odio y amor con paciencia. Cultivar el fiero árbol del odio al opresor, con el amor que combate y libera. Cultivar el poderoso árbol del amor que es viento que limpia y sana, no el amor pequeño y egoísta, el grande sí, el que mejora y engrandece. Abandona si lo tienes el amor por la muerte y la fascinación por el martirio. El revolucionario ama la vida sin temer la muerte. Recibe este tierno dolor que siempre será esperanza..."

Subcomandante Insurgente Marcos

Usted, dicen, falló porque en la balanza personal dejó que pesara más el corazón. Todos, dicen, guardamos equilibrio entre los dos platillos: el corazón y la cabeza, con el fiel al medio, la voluntad. Su voluntad, fiel a usted, inclinó hacia el corazón y ello desencadenó la aventura de Bolivia. ...no lo sé...

Creo que usted habrá tenido muchos errores y, de hecho, los tuvo. Pero a la hora de los hornos, el veredicto humano orilla los errores porque los aciertos son más elocuentes y sobrecogedores. No podemos ser tan miopes y por miopes, míseros, de juzgar a Bolívar, por ejemplo, por sus desaciertos políticos solamente, o por sus amoríos o su afición a las palabrotas.

La historia mira más lejos y los pueblos, en el caso del Che, admiten sus errores porque la estatura que alcanzan su vida y su muerte es descomunal, esperanzadora para la especie humana.

En estos tiempos, en que la coherencia brilla por su ausencia, y en que el posmodernismo decretó el fin de los paradigmas y la desesperanza global, algo ocurre con el Che: se esperaría silencio, indiferencia de la novísima generación (la que hoy tiene menos de 20 años), desobligo colectivo. Pero no...

Ocurre que usted sigue convocando, despertando, viviendo y haciendo vivir. La gente, aún en el neoliberalismo más salvaje y la edad civilizatoria más deprimente de la humanidad -contra eso mismo, quizás- respeta, reconoce y guarda cariño y nostalgia para quienes murieron como vivieron, para quienes vivieron como pensaron, para los que guardaron coherencia de principio a fin.

Eduardo Galeano (otra vez) lo dice mucho mejor: "Buena parte de la fuerza del Che Guevara, esa misteriosa energía que va mucho más allá de su muerte y sus errores, viene de un hecho muy simple: él fue un raro tipo que decía lo que pensaba y hacía lo que decía".

Posdata: "El Amor desenterrado" (título de un poema del escritor ecuatoriano Jorge Enrique Adoum)

Lo hirieron en combate, lo torturaron en interrogatorios inútiles y lo ejecutaron. Cortaron sus manos, mutilaron sus dedos para comprobar si las huellas dactilares eran suyas y confirmar que, efectivamente, ese nazareno tendido en una piedra de lavar con los ojos nostálgicos y una sonrisa lejana, era usted; finalmente le prendieron fuego o lo enterraron en un lugar secreto...

Treinta años después usted reaparece, con el verso de Miguel Hernández de divisa: "Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero minar la tierra hasta encontrarte, y besar tu noble calavera y desamordazarte y regresarte".

Para serle franco, prefiero verlo vivo, en su famosa imagen que todos ilusionamos y mercadeamos, de carne y hueso, mito inmortal, con la boina y la estrella en la frente. Antonio Machado advertía nuestra preferencia: "no eres tú mi cantar, no puedo cantar ni quiero, a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en la mar". Pero apareció... reapareció. Es, sin duda alguna, el muerto cuya vida siempre nos escamoteó el poder, es un símbolo insepulto que intentaron escondernos, la utopía enterrada que se transformó en colibrí y voló de nuevo hacia nosotros.

Es nuestro primer Desaparecido que reaparece. Otros desaparecidos tendrán, entonces, que reaparecer, que ser entregados en toda la América Latina. Ellos, los desaparecidos, también nos dicen desde la fantasmal ausencia que los delata: "Seremos como el Che". Es decir: "vamos a reaparecer, a ser desenterrados de la tierra y la memoria".

Juan Gelman, poeta argentino, escribió de usted. "El comandante Guevara entró a la muerte por su cuenta/ pero ustedes ¿qué habrán de hacer con esa muerte? / pequeños míos / ¿qué?"... Qué vamos hacer con su vida reaparecida, es el dilema, la preocupación, el desafío, la esperanza...

"Lo dejamos solo. Usted nos enseñó con su muerte nuestra cobardía" sentenció Peter Weiss. Lo volvemos a dejar solo, otra vez, a fines de siglo. Usted nos enseña con su reaparición, con nuestra mezcla de dolor y júbilo que "ahora volvemos a hacerlo mártir, mito y héroe, para limpiar nuestras consciencias. ¿O estoy equivocado?". Ojalá esté equivocado, Mr. Weiss...

Tendríamos -también nosotros- que decirle muchas cosas, pero sentimos que son innecesarias. Las palabras -otra vez- no pueden expresar lo que quisiéramos y no vale la pena emborronar cuartillas...

Hasta su victoria siempre, querido Che.

- Alexis Ponce, vocero de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, APDH del Ecuador.

Este texto fue escrito hace 17 años, con ocasión de cumplirse el 8 de Octubre de 1997, treinta años de la muerte física de Che, y publicado en el libro póstumo "Legado y Permanencia de Ernesto Che Guevara de cara al siglo XXI", última obra del entrañable amigo y sin par compañero Dr. Patricio Ycaza Cortés (+), militante e historiador revolucionario ecuatoriano, cuyo asesinato -en 1997- continúa en la impunidad.

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Plástica: Mujeres del Renacimiento, por Kacper Kalinowski

ARGENPRESS CULTURAL



Kacper Kalinowski es un pintor polaco contemporáneo que remeda la época renacentista, y en cuya obra las mujeres ocupan un lugar preferencial.

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El hombre que creyó ser

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Caminaba el hombre por las calles adoquinadas del viejo poblado con la lentitud que el peso de los años exigía a los pasos. Cada mañana, cuando el sol se acomodaba sobre el cielo y las aves saludaban con trinos de colores el despertar imprescindible para que la vida transcurriera solemne, rutinaria, creía ser la reencarnación de algún personaje de esos que bailotean, marcando presencia, por las hojas amarillentas del libro que acumula retazos de la historia del mundo.

Así fue que un día dijo haber sido Zeus, en otro tiempo, y salió a juntar hojas de olivo para hacerse una corona. Pero las hojas se secaban. No logró que alguien le temiera y tampoco tuvo hijos para poder deglutir.

Entonces, dejó a un costado de su casa la rama seca que creyó su cetro y cambió el personaje, a la mañana siguiente.

Amaneció otro día creyendo haber sido Atila, pero se dio cuenta que no era azote de nadie. No tenía caballo y por donde pisaba seguía creciendo el pasto. Le faltó fuerza, le faltó coraje, le sobró cobardía y entonces dijo:

-Mejor cambio, me dedico a otra cosa. Este mundo está muy loco y ya nadie respeta a nadie. Se murieron los códigos, se perforan los sueños, esto se está poniendo demasiado extraño.

Fue cuando se le ocurrió que mejor era ser santo y al no encontrar a nadie que se hincara a su paso; o que se asustara con sus órdenes que sonaban tragicómicas y al carecer de un espíritu gregario capaz de aglutinar voluntades, de buenas a primeras cambió el rol asumido por unas horas y se borró del santoral donde creyó estar ubicado. Fue bajando despacito hacia la entraña de una tierra partida donde volvía a ser el hombre gris que fuera hasta ese día de su revelación final.

Una vez allí, acosado por una realidad que abofetea cuando menos te das cuenta, el tipo creyó ser distintos entes en poco tiempo. Pero no fue ninguno.

No pudo ser Napoleón, como pensara. Le faltaron batallas y teoría expansionista. También le faltó un 18 de Brumario, lo que le impidió hacer un Golpe que descuajeringara la historia. Cambió de rumbo, buscó por otro lado.

Se imaginó siendo Apolo pero volvió a derrumbarse su sueño por no tener belleza. Tampoco Cíclope, pues le sobraba un ojo. Ni qué hablar de ser Caronte, ya que no tenía barca y por más intentos que hizo tampoco llegó a ser Cerbero por tener tan solo una cabeza.

Tampoco pudo ser filósofo como creyó que podría ser, porque no le interesó el principio fundamental del universo y además le estaban sobrando mitos y no tuvo forma de acceder a la escuela de Mileto. No la encontró en la guía.

Quiso ser Anaxímenes, pero le faltó aire. El poco que había estaba contaminado.

Se sintió Heráclito, pero estaba incompleto y le falló el juego de los opuestos que no supo iniciar.

Trató de ser Pitágoras, pero le faltaron números y cuando quiso ser Parménides se le mezclaron todos los seres creando un caos infernal en su pobre cabecita alucinante.

Entonces, inició un viaje acercándose a un pasado más reciente creyendo que sería más fácil encontrar un personaje donde poder alojarse. Intentó ser Franco, por un rato, pero enseguida se dio cuenta que para eso, le haría falta un Guernica. Además, si bien era un hombre gris con su cerebro medio volado, mantenía pedacitos de alma enamorada. No podía así nomás, por propia voluntad, dejar su esencia herrumbrándose en el margen de su vida.

Pensó que bien podría ser un Jesús contemporáneo. Multiplicar los peces y los panes. Sanar a los enfermos. Redimir a las putas, ayudarlas a ser mujeres aceptadas porque ellas también tienen alma, como todos. Quiso ser transgresor. Quiso expulsar los demonios que habitaban en él mismo, los que no le permitían ser lo que quería sino parte de otra extraña vida que no aceptaba como suya. Como si todo eso fuera poco impedimento, no encontró a Poncio Pilatos y vio una imagen de Jesús ubicada muy lejos de donde el hijo de Dios, cuentan que había nacido. Y vio manchones de sangre, sintió ruidos que parecían partirle los tímpanos. Huyó de ahí, había alrededor demasiado espanto. Demasiado odio. Demasiado escarnio. ¡Ya no quería ser judío!

La realidad, sacudiéndolo por sus hombros, se encargó de demostrarle que no podría ser Jesús de ningún modo. No había cerca leprosos, no encontró la Decápolis así como tampoco pudo encontrar a un “demonio mudo” en este mundo donde los demonios se reúnen en ágapes festivos. Y hablan en todos los idiomas, dan órdenes y se reparten los pedazos de tierra y riquezas que generan los pobres.

Se convenció a duras penas que ser Jesús no era para él, que además no soportaba los genocidios y allá por donde el Cristo anduviera, eran moneda corriente.

Todo esto lo descolocó mucho más y ante cada desorden el tipo huía buscando otra figura que lo reemplazara. Apostaba a la elección por descarte.

Quiso ser Hitler y le faltaron judíos, homosexuales, gitanos, negros y comunistas. Y le seguía sobrando amor y eso resultaba excluyente.

Cuando trató de ser pintor notó con tristeza que había perdido un color y que sin ese, su obra quedaría incompleta. Arrojó su paleta de cartón y la ramita con la punta deshilada que creyó era un pincel de trazo desparejo incapaz de filetear bordes.

Una mañana, cansado de tantas frustraciones, eligió ser astronauta y nuevamente fue invadido por una terrible sensación de fracaso. Además, la luna estaba llena y tuvo miedo de ahogarse en esa panza de hielo. Y tuvo miedo de quedar ensartado en las puntas de las estrellas que cumplían el papel de custodios de la luna en un cielo amorfo, oscurecido.

El hombre gris, con el pelo alborotado y el alma en estado de transformación continua, quiso sentirse rey pero tampoco lo logró pese a realizar ingentes esfuerzos. Para ser rey, pensó, primero debía convertirse en parásito, esa es la ley y las leyes no se rompen así nomás. Y no hay rey cuando se tiene alma como tenía el tipo. Y no hay rey si sobra el sentimiento. Y no hay rey si se mantiene un poquito de cordura y mucho menos hay rey si sobra el sentido más común de los comunes.

-¡Ya se quién soy! Exclamó una mañana nublada ni bien abrió los ojos. ¡Yo soy Ícaro y puedo volar, acariciaré el sol y besaré la luna! Llegaré tan alto como nunca, seré grande, intocable. Seré un hombre sin sueños abortados.

 Subió a la parte más alta del techo de su casa; abrió sus brazos imaginando que eran alas y comenzó a agitarlos.

El hombre gris cayó al vacío de su propia existencia. Remontó un vuelo efímero para acabar su proeza estampado contra el piso adoquinado del viejo poblado.

En el mismo lugar donde naufragaran sus sueños de alas rotas carcomidas por la realidad más descarnada, el hombre se despidió de la vida sin haber llegado a saber quién fue realmente.

Ilustración: “El hombre” de Beatriz Palmieri

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Extraños mensajes

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Estaba una vez caminando por Corrientes cuando poco antes de llegar a Paraná vio en el suelo una cosa extraña.

Era un plástico cuadrado, que parecía luminoso. Con una luz interna que parecía prenderse y apagarse rítmicamente.

Se agachó, agarró ese extraño cuadrado, y vio que tenía sus lados pegados y que dentro había un pequeño papelito con algo escrito. Lo abrió y vio que decía:

EL QUE LEA ESTO MORIRÀ

Solo eso.

Así que a partir de entonces empezó a quedar preocupado. Cada tanto miraba si lo seguían. Si alguien lo miraba con insistencia.

Y empezó a desconfiar de casi todos. Sus colegas de oficina. Las mujeres que se levantaba. Siempre cauteloso. Con un pié atrás, como se decía.

Hasta que unos meses después encontró de nuevo, cerca de Paraná y Corrientes, otro cuadradito de plástico con algo escrito adentro.

Lo abrió y encontró solamente esto:

Y EL QUE NO LO LEA TAMBIÉN

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El desafío de Perú posible: Crecer para incluir a todos

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Para la clase política y empresarial, Alejandro Toledo Manrique no tenía el perfil clásico para ser Presidente de la República: descendiente de una familia indígena y luchando en las calles con una vincha, no calzaba en el perfil presidencial. Nació en el pueblo de Ferrer, registrado en la municipalidad de Cabana, departamento de Ancash, a unos 540 km, al NE de Lima.

Esta introducción, que aparece en Crecer para incluir 2001-2006, libro del ex presidente Alejandro Toledo, sintetiza en 300 pp. sus “Cinco años en los que sembró el futuro”, y constituye un elemento para el psicoanálisis de un país uno y múltiple a la vez como es el Perú, que en lugar de reconocerse con este gran valor, persiste y alienta la fragmentación, el racismo, el desprecio al pobre y otros rezagos de un pensamiento colonial y rentista.

En Cabana, como narra una tía, profesora de religión y educación cívica, su sobrino Alejandrito, es uno de los hijos de Margarita, que salió cholito cuando ella es blanca de ojos claros, y que no es cierto que la familia Toledo Manrique fuera pobre. Su padre Anatolio era maestro de construcción, lo que se llama en Lima un arquitecto.

Tampoco es cierto que Alejandro pasó su infancia vendiendo tamales en Chimbote. No, su madre preparaba los tamales y Alejandrito solo los llevaba a una bodega cercana para su respectiva comercialización. La profesora, en tanto mostraba un regalo que le sería entregado a su sobrino presidente: una vasija de plástico con habas y maíz tostado (cancha), cubierto con un mantelito bordado y una tarjeta: “para Alejandro, querido sobrino, para el largo camino que te reserva la vida…” Ferrer, 2001.

Cuando la tía del presidente estaba mostrando ese regalo, se acercaron dos sacerdotes, uno español y otro italiano, confirmaron lo que la profesora decía que en el Callejón de Conchucos, rica región minera, empezando por Cabana, la lengua oficial de sus antepasados era el Kully, y se prohibía el quechua, y por cada palabra que se usara, la autoridad arrancaba 50 pelos como sanción mínima.

“Este nuevo libro reseña lo que fue nuestro gobierno. Lo que hicimos, lo que dejamos y lo quedó pendiente”, escribe el ex mandatario, cuya hoja de vida es y debe ser apreciada por cualquier sociedad y no una plaza cerrada para los miles de científicos y humanistas que como él siguen logrando doctorados en exigentes universidades del EEUU y Europa. Toledo es PhD por la Universidad de Stanford y profesor visitante de la Universidad de Harvard. En Lima, profesor principal de la hoy universidad de ESSAN.

Eliane Karp, de origen belga, antropóloga de profesión, esposa y compañera de ruta de Alejandro Toledo, afirma que “nuestra raíz andina ha perseverado en el tiempo, resistiendo el embate colonizador, recuperando luego su peso poblacional y desbordando luego al Estado para migrar del campo a la ciudad, transformándola y reclamando para sí ciudadanía, democracia y derechos”.

En el 2001, seis meses después de que Toledo, asumiera la jefatura del Estado como líder del partido “Perú Posible”, decidió retornar a Ferrer, su pequeño pueblo andino, entre los Callejones de Conchucos y Huaylas, paisaje que los turistas más exigentes comparan esta belleza - ahora profundamente agredida por el cambio climático - como Suiza y los pueblos de los Alpes.



El retorno de Alejandro Toledo a su tierra natal, después de cuatro décadas, incluyó la inauguración de un colegio diseñado para funcionar las 24 horas del día, con el objetivo de que ningún joven, debía abandonar las comarcas, sin antes haber pasado por las aulas, con buenos profesores y haber aprendido, por lo menos, un oficio que le garantizara oportunidades de trabajo en la costa.

Recordaba, sin duda, a José María Arguedas, la novela de El zorro de arriba y el zorro de abajo, sobre el boom de la pesca en Chimbote, donde miles de campesinos que sin saber nadar descargaban de las embarcaciones redes repletas de anchoveta, la cosecha marina que en fábricas privadas se convertía en harina para exportación como alimento de aves y abono natural en Asia y Europa.

La ceremonia de bienvenida a Toledo debía empezar. Pero el abrazo de sus familiares, la mayor parte ancianos, arrugados por el tiempo, vestidos de poncho, sombrero y con “llanques” u ojotas. El clima frio y seco, el cielo azul sin nubes y los sones de una banda de músicos, emocionaron tanto que el Jefe de la Nación no pudo iniciar su discurso.

En el estrado, rodeado de su gabinete ministerial y de su padre Anatolio (con una máscara de oxígeno, para paliar los efectos del frio), Toledo enmudeció. Y en ese silencio, la primera dama de la nación Eliane Karp tomó el micro y dijo “nuestro Presidente ha sido afectado por la calurosa bienvenida. Esperemos unos minutos”. Y levantado su índice derecho y mirando los cultivos de las laderas vecinas, agregó: “allí entre esos maizales y trigales que tenemos al frente, allí me enamoré de Alejandro”, y pausadamente le entregó el micro.

El discurso del presidente Toledo fue breve y contundente. Encargó a cada Ministro tareas específicas para convertir a Ferrer en un modelo de política gubernamental, tomando como punto de partida la escuela, el centro del desarrollo local, articulado a un “intenso proceso de descentralización, regionalización y modernización de la gestión pública…”.

Pero meses después, años después, en Ferrer el tiempo seguía detenido. En la escuela, algunas computadoras ya no funcionaban, internet tampoco. Varios profesores ausentes. La construcción de la carretera, encargada a los militares, no se había iniciado… Casi ninguna propuesta para impulsar Ferrer se había cumplido. La anomía secular, había invadido a casi todos sus habitantes.

El gobierno de un país no es de una sola persona. El ex presidente Alejandro Toledo en "Crecer para incluir 2001-2006”, libro que será traducido al chino y al portugués, señala las estrategias de crecimiento económico e inclusión social que empleó en su Gobierno. Recibió un país con "una economía en recesión, con altos niveles de inflación y con déficit fiscal", situación que, según él, fue transformando durante su quinquenio de gestión. "Nosotros recibimos el país con -3 % de crecimiento y le dejamos al próximo Gobierno democráticamente elegido un crecimiento de 7,5 %, uno de los más altos de América Latina".

Recuerda que fue parte de un movimiento para recuperar "la democracia, la libertad de expresión y los derechos humanos" que, consideró, se habían perdido durante el Gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), donde se tejió una red de corrupción en las instituciones del Estado y que por atentados a los derechos humanos y otros delitos la Justicia, lo condenó a cadena perpetua junto con su principal socio y asesor Vladimiro Montesinos.

Según Toledo, la renuncia por fax de Fujimori desde Japón en 2000, tras conocerse los actos de corrupción en su Gobierno, hizo que el "autoestima colectiva" de Perú se fuera a la baja.

La economía peruana se ha recuperado, se ubica entre las más dinámicas de la región, aunque actualmente experimenta una ligera desaceleración que ha llevado al Gobierno a elaborar un paquete de medidas para reactivarla. “Es necesario diversificar la economía del país y no depender en demasía de la exportación de materias primas, porque eso convierte a Perú en una nación "vulnerable".

"Quiero que sepan que triplicamos las exportaciones y decidimos darles ventajas tributarias hasta el año 2021 a la agricultura para diversificar la actividad económica y no depender de la venta de las materias primas que nos hacen vulnerables porque esos precios no los controlamos nosotros".

El ex presidente, no oculta su aspiración a un segundo periodo de gobierno, cuando afirma que el crecimiento económico debe llevar a la distribución de las riquezas, comenzando por los más pobres. "El crecimiento económico es un medio no es un fin, por eso el libro dice crecer para incluir. No tiene sentido solo el crecimiento económico pero es indispensable porque usted no puede distribuir pobreza"

Toledo forma parte de un grupo de ex presidentes latinoamericanos, como el mexicano Vicente Fox, el boliviano Carlos Mesa y una alianza parlamentaria con Gana Perú, partido del gobierno del presidente Ollanta Humala, ex comandante del Ejército Peruano, cuya carrera política empezó con la toma del cuartel de Locumba en Moquegua y un programa de reformas que fue variado para asegurar su elección en segunda vuelta en el 2012.

Toledo remarca: “Siempre tuve claro que no se puede redistribuir pobreza. Me resistí tercamente a hacerlo, lo que me hubiera generado un aumento en mi popularidad, transitoria e irresponsablemente. No había nada que me sacara de esa dirección. Ni siquiera los resultados de las encuestas. Fue el costo que pagué por mantener el rumbo del país. Crecer para distribuir. Distribuir para incluir”.

En los últimos años, la economía peruana figura entre las más dinámicas de la región, aunque actualmente experimenta una ligera desaceleración que ha llevado al Gobierno a elaborar un paquete de medidas para reactivarla.



Coincide con otros políticos de centro izquierda que es necesario diversificar la economía del país y no depender en demasía de la exportación de materias primas porque eso convierte a Perú en una nación "vulnerable".

Sin embargo, la idea de la Unidad Latinoamericana camina con propuestas diferentes. El bloque neoliberal concuerda muy poco con el UNASUR, que postula modificar sustancialmente los compromisos entre los inversionistas, cuya concentración de las utilidades son abismalmente inequitativas. La existencia de una clase media con salarios mínimos de 250 dólares (750 soles bruto, sin incluir descuentos de seguridad social, refrigerio) no es un modelo ético, solo conduce a una juventud, que ya no tiene tiempo, ni recursos, para edificar un proyecto de vida digna y un envejecimiento inhumano.

Si a las ventajas del Bono Demográfico que ahora goza el Perú suma la industrialización de su gran riqueza de recursos naturales, podemos recuperar las ventajas perdidas, siempre y cuando no se disfracen con neologismos para compartir una legitima democracia, más allá del voto voluntario u obligatorio

III vía y revolución ética

La «Tercera Vía» de Giddens, puede ser referente final de la presente crónica, pero no un completo para el sueño de los pueblos de América:

Elaboración académica que combina un diagnóstico de la situación actual y una serie de objetivos políticos generales. Su propuesta pretende ser la «carne teórica» para el «esqueleto del quehacer político» de los gobiernos que dicen representar a la izquierda. La propuesta no es un mero «barniz ideológico» destinado a cubrir las grietas provocadas por el giro político que en los países centrales ha procesado la izquierda moderada en su tránsito desde la defensa del Estado de Bienestar hacia la aceptación del neoliberalismo.

Edgar Morin, desde Francia, afirma: “Los individuos sólo pueden tener comportamientos éticos superando sus egoísmos”. “La ética, aislada, ya no tiene fundamento anterior o exterior a sí que la justifique, aun cuando pueda seguir presente en el individuo como aspiración al bien, repugnancia del mal. No tiene más fundamento que ella misma, es decir, su exigencia, su sentido del deber”

El mayor aporte de Toledo es su contribución al concepto de mestizaje de su país. No es casual que Chile, Ecuador, Bolivia, Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela, El Salvador, Nicaragua, Cuba, con sus matices, cuestionan el orden internacional y las agresivas calificaciones a las comunidades nativas como es el caso del ex presidente Alan García cuando califica de “perro del hortelano”, a quienes, con toda razón, exigen racionalidad, equidad en el aprovechamiento de nuestros recursos naturales para acabar con el estigma de la pobreza.

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Sentada en la ceniza

Norma Segades Manía (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



La Gloria fue la única que se atrevió a esconderla en la cocina, en el medio del caos de lo que fue lacena.

Últimamente, volvía más temprano de trabajar la calle.

Los años caminados no la exhibían tan apetecible.

Y hacía casi siempre tanto frío.

Ella apenas podía recobrar el aliento.

Desde el instante mismo en que su hombre le ordenara escapar hacia el oeste por el suelo mojado de rocío.

Sintiendo la dureza de terrones bajo su pie descalzo.

Desde el mismo momento en que bajó del auto y comenzó a correr entre las sombras. Apretando en sus brazos al pequeño, que no dejaba de llorar, como si presintiera.

Desde que el propio pulso acelerado le zumbara al oído al igual que un tambor.

Mientras el propio miedo tiraba dentelladas, babeaba a sus espaldas como un perro rabioso.

Ya todo está perdido.

Lo presiente.

Porque perdió el zapato. Y no cree en la magia ni en ningún talismán que la proteja o la salve del día de mañana.

Es que pasó el instante.

La seca medianoche.

La hora en que se rompen los hechizos.

Como bien dice el Mauro: -No hay tiempo para reyes ni bailes ni palacios. En este reino, los ratones son ratones y las calabazas, calabazas.

Por eso, ella esconde la cara contra aquellos harapos, en tanto las sirenas atraviesan el aire y oleadas de uniformes se derraman entre los pasadizos, las casas de cartón, los zanjones, la mugre, los malvones en lata.

En la azul prepotencia que se acerca con la palabra en alto.

Apoya la cabeza sobre el duro cojín de sus rodillas.

Ahora que su niño se ha dormido.

Ahora que la angustia conjura los sollozos y el agobio le calza como un guante, busca hallar la mentira que los salve.

Aunque sabe muy bien que no hay coartadas.

Que aunque el príncipe intente protegerla solo balbuceará sus incoherencias. Como cada mañana. Como siempre que el reguero de insectos le traspasa la mente trastornada.

Y ya deben tener como evidencia el zapato olvidado junto al casquillo tosco que desnucó los sueños de aquel hombre.

El conductor del taxi que apostó a su inocencia de madre adolescente con el niño en los brazos, pidiendo se detenga en medio de la noche.

Antes de que vinieran el Mauro y sus amigos a quitarle a los gritos, a punta de cuchillo, la radio, la confianza, billetes, zapatillas…

Hasta que el estampido despintara la piel de sus temores con el gris de la ausencia.

Tendido en la miseria, con los brazos abiertos como un cristo, la mirada perdida en las estrellas y el nombre de algún hijo entre los labios.

Dormido para siempre sobre la prepotencia de su sangre.

Y envuelto en el sayal de la impotencia como única mortaja.

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Música: “Por una cabeza”, de Gardel y Lepera

ARGENPRESS CULTURAL



¿Quién no escuchó alguna vez este tangazo, un clásico de la música popular argentina?

“Por una cabeza”, de Carlos Gardel y Alfredo Lepera. Escuchémoslo aquí en su versión original, cantado por el Morocho del Abasto… y en otras versiones algo fuera de lo común.

Que lo disfrutes…

https://www.youtube.com/watch?v=SJ1aTPM-dyE
https://www.youtube.com/watch_popup?v=zOjOLXkvSQA
https://www.youtube.com/watch?v=3THUT2v72P8
https://www.youtube.com/watch?v=ibFXyAoPotY
https://www.youtube.com/watch?v=sw51J7XBQno
https://www.youtube.com/watch?v=uQqSX6hknBA
https://www.youtube.com/watch?v=2GoHxMqMnOk
https://www.youtube.com/watch?v=EbyRsPCiDCg


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Cultura y universidad

Pedro Rivera Ramos (Colaboración especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Nadie puede poner en duda el extraordinario papel que desde sus mismos orígenes, las universidades han cumplido en la gestación, difusión, producción, investigación y preservación, de las culturas de los diferentes grupos humanos. Ellas han sido y son, aún más en esta época de la llamada sociedad del conocimiento y de un marcado proceso de mercantilización de sus principales propósitos, las ágoras fundamentales desde donde el modelo civilizatorio hegemónico que hoy prevalece, se confronta críticamente y la formación de una conciencia cultural reflexiva y transformadora, encuentra su espacio más propicio y alentador.

De manera que las universidades, esas instancias, sobre todo públicas, que se rehúsan a abandonar sus compromisos sociales y el ideal emancipatorio que las orientaron durante tantas décadas, están obligadas a reforzar la interlocución y entrecruzamiento necesarios entre educación y cultura, como forma esencial para la construcción de interpretaciones de la realidad, las identidades y la herencia culturales, alejadas de las miradas mercantiles y del paradigma consumista.

Para ello las universidades deberán generar espacios permanentes para el desarrollo de la imaginación y creación universitarias; renunciar a la visión reduccionista, academicista y elitista que suele tenerse sobre la cultura; rescatar su verdadero significado y sentido, que es servir principalmente a la sociedad y no al mercado; restablecer los valores auténticos de un sistema educativo que tiene estudiantes, no clientes, que forma ciudadanía, no sujetos acríticos de aprendizajes utilitarios.

Las universidades tienen la responsabilidad de velar porque su mundo académico --ese mundo a menudo soberbio, dogmático y maniqueo-- logre, a través de la cultura, no solo el enriquecimiento renovador y apremiante que la comprensión y respeto de otros saberes fecundos, le puede proporcionar y que tanta falta le hace; sino que además, le sirva para establecer las interconexiones indispensables con la sociedad de la que forman parte. Eso implica que la cultura sea asumida en todas sus potencialidades, significados y símbolos y en articulación sincrónica con una visión del mundo, socialmente más justa y más humana.

Cultura y Universidad son pues, construcciones sociales que en el proceso inagotable y seductor de creación individual y colectiva de los seres humanos, se interaccionan, se comparten, transforman e integran. Ambos fenómenos en su confluencia y reafirmación constante, han de hacer de la búsqueda perpetua de los valores nacionales y de la humanización de todo lo humano, el leitmotiv que defina el curso histórico de esta cautivadora travesía. Pero lo que si no pueden ser, tanto la cultura como la universidad, viveros asépticos donde la reproducción, ampliación y afianzamiento del injusto sistema económico-social vigente, encuentre un espacio perfecto e imperturbable.

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Zagalón de podemos

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Están hablando tres. A cada uno de ellos se le nota los alvéolos en las quijadas donde encajan los dientes.

- Menos mal que este mocito sabe del uso del Zaradion, medicina que se emplea para curar la sarna de los perros, dice un tal Mitrídates. Hoy, continúa, es el enemigo más formidable con que tendrá que habérselas la monarquía y sus perros guardianes.

- Mocito y político, fuerte y gallardo, esperamos no esté subordinado al rabadán, mayoral de pastores, y que sepa atalajar, enganchar y arrear a las bestias en la hierba alta del pasto, dice un tal Aníbal, descendiente del “cura de Tamajón”, que se distinguió en la guerra de la Independencia y se opuso al régimen liberal falseando de modo violento la interpretación o sentido de la constitución de ese entonces, como hacen ahora todos los hijos de curas.

- Un tal Leonardo, con cabeza de Medusa, rastas, y que lleva en su mano derecha una bolsa pequeña que contiene la bilis, nos recuerda que “la historia siempre se repite”. Verbigracia: que Zacarías, papa del siglo VIII, aprobó la exaltación al trono de los francos de Pepino el Breve; y que hoy Francisco, papa del siglo XXI, aprueba la exaltación al trono de los Españos de otro Pepino el Breve.

- La prensa zafia, grosera, cerril, inculta, de modales toscos y fascistoides, día a día, intenta abalanzarse contra él, intentando difamarle a horas y a deshoras Su triunfo político ha levantado ampollas en los clérigos y barones, mosénes y messires de la falsa política y la truhanería, tanto, que la piel de toro ha quedado mosqueada, sembrada de pintas, demostrando que la Prensa no es más que trozos de tiras de papel montados en un mango para espantar o matar las moscas, cual cola de bestia o res vacuna, dice Mitrídates.

Y Aníbal continúa perseverante:

- La falsedad, la malevolencia, la corrupción y la perfidia son hoy los patrones que sirven para pesar y sopesar el estado de la nación en la balanza, como se presenten las cosas, conforme sean las circunstancias.

- Lo que sí es cierto es que hacen impresión y fuerza en el ánimo las razones y motivos de su Programa, concluye Leonardo.

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En pro de Palestina

Jesús María Dapena Botero (Desde Vilagarcía de Arousa, Galicia, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Yo defiendo a Palestina y creo que esos crímenes, que no dejo de considerar atroces, hacen parte del contexto en el que se desarrollan los acontecimientos.

También habría apoyado a los de la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial, aunque si leemos a la Marguerite Duras de Cuadernos de Guerra y otros textos, mostraba que los resistentes no eran menos crueles en la tortura, que los mismos nazis; no hablo de los campos de concentración.

Eso hace parte de lo que Goya llamaría los desastres de la guerra; que depende de la voluntad política de mantenerla, a sabiendas del sacrificio de la población civil; pero, rara vez, se inmolan los gestores.

Soy antibelicista, quizás tan idealista como Romain Rolland.

 Por eso, soy partidario de los diálogos racionales versus la estupidez de la guerra, gracias a la influencia del pensamiento de Jürgen Habermas.

Y prefiero escenas como ésta:



A atrocidades como las que registrara el periodista español, a quien fui a oír en Vigo, cuando la otra invasión, en una conferencia que se dio auspiciada por Amnistía Internacional, que creo que en este momento vale la pena recordar, lástima que tenga tan bajito el volumen; el hombre me pareció genial:

http://www.youtube.com/watch?v=21SdJ9IVwRQ&hd=1#

http://www.youtube.com/watch?v=qcp0YskYGQ8&hd=1

http://www.youtube.com/watch?v=TqMUIcdCUJI&hd=1

http://www.youtube.com/watch?v=BEvUh2vegRg&hd=1#

http://www.youtube.com/watch?v=KPNOtb-0MEM&hd=1#

http://www.youtube.com/watch?v=r9kfxuW1ahc&hd=1#

Yo soy como los hippies, por pasados de moda que estén y prefiero hacer el amor a la guerra.

Ayer se decía en un diario vespertino español, que los muertos en los nueve días de bombardeo israelí a Gaza, ascendían a 209 y hace cinco horas, la ONU anunciaba que una cuarta parte de éstos eran niños y también ancianos; mientras la armada aérea hebrea lanzaba pasquines a los residentes del norte de Gaza, que se marcharan de sus casas, para su seguridad porque iban a por ellos y destruir sus casas, lo que me parece un cruel cinismo, porque ¿cómo huyes de una zona sitiada y superpoblada?

Yo creo que Netanyahu es un criminal de guerra, un neocons, para mí, detestable, para nada de la calidad humana de Simón Pérez, a quien empecé a leer en algunas vacaciones, que pasé en una finca en Colombia.

Yo no soy antisemita, pero no comparto el fanatismo judío ni musulmán, que hay implicado en esta guerra, que debió terminar cuando Pérez y Arafat se sentaron en las mesas de diálogo, que los llevarían a Estocolmo.

Y yo creo que ahora los israelitas se están comportando como los nazis, con un pueblo oprimido, que sería el que debería cantar el coro de Verdi, que los judíos cantaran en las tierras de Nabucodonosor:

http://www.youtube.com/watch?v=wX93BytFfkk&hd=1#

Y la otra gran diáspora se dio cuando Tito en el año 70 d.C., invadió a Jerusalén, como puedes leerlo en una gran novela que leí en la adolescencia Lucio Flavo o la destrucción de Jerusalén del escritor suizo Joseph Spillman, la cuál dejó como secuela, que tras la rebelión de Bar Kojba, en el año 135, se expulsara a los judíos de la tierra prometida a Moisés, quien no pudo llegar a ella por castigo de Jahvé, por haber desconfiado de Él y fue Josué quien entró haciendo hochas y panochas, con los pueblos palestinos y el horroroso saqueo de Jericó, donde habitaban gentes de la región del Jordán.



Así que un pueblo invasor fue sacado por otro más fuerte que lo conquistara: El Imperio Romano, con lo cual los judíos se convertirían en errantes, como Caín, por los pueblos europeos y del mundo, aunque algunos se hubiesen quedado en el Levante Mediterráneo.



Y entre ellos había de todo, desde canallas, como el indigno Shylock del shakespeareano Mercader de Venecia, hasta sabios como Baruch Spinoza, Carlos Marx, Sigmund Freud, Albert Einstein y Hannah Arendt o artistas como Charles Chaplin; porque no es que sea antisemita ¿eh?

De ahí que pienso que el responsable de todo este despelote es la Roma imperial de los Césares.

Abomino la posición de los Reyes Católicos, que expulsaran a los judíos de España, al igual que lo hicieron con los moros, con todo el atraso que produce el corte de la transculturación; no olvides que la medicina y la filosofía griega llegaron por los moros, que pasaban el estrecho de Gibraltar.

Yo mismo puedo ser de ascendencia judía, según algunos, o celta según otros.

Y creo que fue horrible el antisemitismo europeo, que obligó a tantos asimilarse como marranos, conversos para acomodarse ante el Poder.

Y me quedé con el corazón en la mano, cuando tras la escritura de su texto Eichmann en Jerusalén, la comunidad judía rechazara a su hija Hannah Arendt, por haber denunciado a rabinos, que pactaron con los nazis, para salvar su vida, al entregar las listas de su feligresía, para entregar a sus propios fieles, para que fueran a los hornos crematorios, como si fueran pizzas y estos sumos sacerdotes quedarse panchos y oronodos ¡Joder!

Como te decía antes soy antibelicista y tengo grabado en mi mente, las palabras de John Donne, que Ernest Hemingway utilizara como exergo de su ¿Por quién doblan las campanas?:

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.

Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; están doblando por ti.

Los palestinos encontraron una tierra arrasada por los romanos y como los judíos antaño, se la apropiaron sangrientamente, bajo la mano de Josué, ahora la tomaban pacíficamente, porque la culpa la tuvo Roma.

En un principio fueron amigos, los sionistas que regresaron en el siglo XIX y XX y los árabes, hasta que Inglaterra se lavó las manos, abandonó su dominio sobre esas tierras y la entregó a Israel.

Todo eso hace parte de una historia universal de la infamia.

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Un mundo más sobrio

Daniel Lara (Desde Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Para las fiestas de fin de año mi abuela materna preparaba siempre algo especial. Recuerdo una vez, siendo muy niño, alistar una gallina enorme, negra, de un cuello largo como el de las bailarinas rusas, pero ya viejas, tenía unas patas grandes y feas, hacía un ruido, un gorgoreo extraño, como el que hacen las personas a las puertas de morir luego de una larga enfermedad. Tiempo después me enteré que el animal se llamaba o le decían chompipe (otros pueblos lo nombran guajolote, pavo, etc). El enorme, raro y nervioso plumífero estuvo en nuestro patio desde unos meses antes que mi abuela le jalara el pescuezo; creció mucho, mucho y gracias a una sobrealimentación interesada y perversa. Cada vez que podía corría para verlo; me gustaba jugar con él y perseguirlo entre matas y arbustos, nunca imagine el fin que le esperaba. Llegado el día y unas horas antes del sacrificio, a la fuerza, se le emborrachó con ron y yo reía de verlo dar tumbos y proferir peores graznidos. Su embriaguez fue la antesala de su final, al morir ebrio se esperaba que su carne quedara suave y gustosa sin experimentar derrame previo de adrenalina. Confieso que lo comí con gusto en Navidad y mi pesar ante su terrible muerte fue obnubilado por la prédica de un familiar que en medio banquete se atrevió a decir: Dios lo ha provisto para nosotros al igual que el resto de la naturaleza para nuestra satisfacción y goce. ¡Comé hijito, que está bien rico, Feliz Navidad!

Cuento esto bajo mi propia y ocurrente relación de hechos, porque hoy ha caído el telón de la FIFA y en la embriaguez colectiva pocos han reparado sobre la sangre derramada, y no me refiero a los mordiscos de Suárez, ni a la vértebra rota del jugador brasileño o al pómulo abierto del alemán en los últimos minutos del cierre mundialista universalmente difundido. En el nuevo circo romano, satelital y televisado, no corre tanta sangre – al menos cristiana y occidental- lo que corre es mucho dinero y el espectáculo sirve de paso para que millones de personas miren hacia otro lado y no reparen en el sacrificio atroz de sus congéneres. El malestar que reportan las llamadas redes sociales pareciera estar centrado en las injusticias de premiación de la FIFA, en los arbitrajes amañados y, tal vez un poco, en no ver ganar a las Selecciones de su preferencia.

Hace tan solo un mes, el 12 de junio, el mismo que iniciara el Mundial en Brasil, se daba a conocer el resultado de una investigación de la Universidad de Oxford: 10,000 suicidios atribuibles, sin reparo, a la crisis económica que sacude a Europa y, tan solo, entre el 2008 y el 2010. El paro, la pérdida irreparable de viviendas, ahorros, beneficios sociales y otros derechos, la falta de perspectiva de salida ha llevado a este sacrificio humano, especie de genocidio económico. La carne la aportan unos y la disfrutan otros. Los números de humanos sacrificados por la guillotina del capital crece conforme pasa el tiempo del 2010 a la fecha. En estas cuatro semanas nadie reparó sobre el asunto, no ha habido tiempo ni interés, la atención se fijó en otros datos estadísticos, “scores”, octavos, cuartos y finales.

La sangre derramada en medio de la borrachera balompédica toca también el sacrificio - el genocidio – del pueblo palestino, en su país convertido en “ghetto”, en cárcel a cielo abierto, en oprobio y vergüenza para los que todavía experimentan rubor y pena ajena. Los palestinos, los originarios semitas, los herederos legítimos del mismo judaísmo, los parientes más cercanos y nunca antes exiliados pero ahora en diáspora, destrozados, convertidos en carne quemada por el fósforo blanco, por los drones, los aviones y toda la parafernalia bélica de última tecnología a manos de hordas sionistas que emulan la “Shoa” que cometiera el nazismo alemán. Los sacrificados de ayer no comprenderían que en su nombre y bajo su justificación se cometan las mismas carnicerías. Distintos uniformes militares pero los mismos métodos. La misma lógica de pueblo escogido, superior y con patente para llevar al sacrificio a los no puros, a los no escogidos de Dios. Afinidades electivas las llamaba Goethe. La cruz gamada y la estrella de David, los hornos de ayer y el estrangulamiento planificado de hoy, el mismo cinismo brutal y asesino. Las mismas justificaciones de ayer: guerra preventiva, defensa legítima ante el terrorismo del más débil. Sabra y Chatila cual Noches de cristales rotos y cuchillos largos. El Reichstag quemado por mísiles caseros de poca efectividad pero de acertada justificación. Un terrorismo motivado en el acorralamiento y la desesperación. Un nazi por cien judíos, tres jóvenes israelíes (en extrañas y dudosas circunstancias) por miles de muertos en una semana. La indiferencia - por no decir complicidad – de anglosajones y la OTAN sacrifican el cordero palestino.

De Palestina casi no queda nada, de los territorios ocupados desde 1948 a la fecha restan unos cuantos cientos de kilómetros cuadrados; el hacinamiento, el miedo, la escasez de recursos controlados y arrebatados, la falta de una perspectiva de salida, la huída masiva hacia otros países, conducen a la desesperación y desaparición definitiva de Palestina. Es triste, pero literalmente están condenados a desaparecer. Corren igual suerte que el pueblo armenio, hoy olvidado, de Kurdos y otros pueblos divididos e inventados como el de Irak, gracias a los desmanes de potencias imperiales y coloniales de factura europea. La Europa que hoy presume de derechos humanos recién bombardeó Yugoslavia, invadió Irak, destrozo Libia y arremete contra Siria. Tan triste como la impotencia que causa confrontar el espectáculo mediático con el genocidio de gentes humildes y pobres.

Paradójicamente y, en los mismos días, otros judíos son sacrificados bajo la metralla y los obuses del neofascismo ucraniano; sus casas, escuelas, hospitales y vidas destrozados por los émulos nazi-modernos de los legionarios sionista-israelíes. Slaviansk, Donetsk y otras ciudades barridas por la nueva Luftwaffe ucraniana, tierra arrasada, carne quemada, vidas segadas. Horror contra civiles indefensos y milicias pobremente armadas. Desesperación en medio de intolerancia por origen étnico, por idioma y costumbre. En Kiev desfilan sin tapujo nazis luciendo esvásticas y saludos fascistas, los visitan John Kerry y John McCain. Nada pasa, nadie se inmuta, todo es culpa de los rusos y del diablo Putin. El salvajismo del Rey del Chocolate ucraniano - un tal Poroshenko, un corrupto recién convertido en presidente gracias al apoyo yanki y a los esfuerzos de la diplomacia de Merkel y Hollande- cuenta con la ayuda de eso que dicen llamar Occidente, es decir, los intereses de anglosajones y los países cobijados por el anacronismo de la OTAN. Un Occidente que incluye Australia y Japón, a pesar de estar en el Océano Pacífico, pero excluye a Brasil y a Argentina por firmar acuerdos ayer con Putin aunque ambos países compartan meridianos con Nueva York (nuevas categorías geopolíticas que difunden los mismos medios que transmiten el Mundial de Brasil 2014). Estos otros judíos masacrados -los ucranianos- y en huída por miles hacia las fronteras de Rusia no cuentan con el apoyo y cobertura bélica, mediática ni diplomática de Israel; prístina hipocresía del país inventado de los Ben Gurion, Meir, Sharon, Netanyahu y demás criminales que siguen usufructuando el holocausto nazi en pos de un país inventado.

Y en Costa Rica, diminuta arcadia centroamericana, cuna del pueblo más feliz del mundo, con más maestros mal pagados que policías también mal pagados pero bien entrenados por gringos, colombianos e israelíes asesinos, en medio del recibimiento de nuestra Selección Nacional de Fútbol, el pueblo indígena de Salitre es mancillado por terratenientes y blancos puros coludidos con administraciones corruptas e hipócritas también. La ley indígena costarricense violada por los mismos partidos históricos del bipartidismo que niegan un minuto de silencio a favor del sufrimiento palestino. Todo esto en medio del mundial de los mordiscos y de las mordidas de árbitros tan corruptos como la propia FIFA.

Palestina, Ucrania y Salitre, lugares sembrados en el mismo mundo, poblados de humanos, de seres humanos indefensos y no por chompipes embriagados, corren suertes paralelas, al tiempo que Messi es erróneamente premiado. Nuestro portero nacional Navas, olvidado. Otros se llevan los laureles, otros siempre juegan a ganar, ya sea en la cancha, en la banca, o en batalla desigual. Sacrificios de corderos humanos por la gracia de Dios y para el goce de los mejores, de los escogidos y de los triunfadores. La embriaguez de la FIFA ha terminado, el telón ha bajado, la resaca nos acompañara un rato mientras se prepara otro banquete y nuevos destilados nos harán tragar otras bárbaras injusticias.

La banalidad del mal previamente advertida por Hanna Arendt no pierde vigencia, por el contrario, presagia pandemonium universal gracias a los nuevos instrumentos masivos de dolor y muerte. Ay de mis hijas y de los hijos de todos en el mundo. Hoy vienen por los palestinos y los indios de Salitre, mañana por nosotros. Que la sobriedad y el amor al otro diferente nos acompañe. Injusticias en el Maracaná, en el mundo entero y en el patio de mi abuela. Cada vez como menos carne, he envejecido y valoro cada vez más el amor en todas sus formas. Los invito a un banquete diferente.

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La Israel profunda

Andrés Figueroa Cornejo (Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



Yo soy de esta lucha vieja como los relojes solares,
vidrio molido en el suelo de la pista de baile para rumbear sin zapatos,
juventud sin porvenir y porvenir sin juventud.

De esta antigua lucha, de los balbuceos originales de la humanidad
y más atrás,
cuando éramos apenas un manojo recién puestos de pie
en medio de África subsahariana, resistiendo en la noche los hielos
y los volcanes de espuma tiznada,
y a los lobos salvajes tras nosotros
disputando la carroña diente a diente,
cuando esos lobos todavía ni pensaban en convertirse en los perros de después,
ni en las peluquerías para perros, ni en la comida especial para perros,
ni en su compañía perversamente amaestrada.

No vengo a decir otra vez la palabra odio o compasión,
o piedad o acuerdo o solidaridad “en la medida de lo posible”,
como informan por cadena nacional
los gobiernos civiles de Chile por ejemplo
cuando se excusan de no ajusticiar a los fusileros de los populares desarmados.

No vengo a decir de la sangre de niñas y niños palestinos
lavando la ciudad desvanecida en el arrebato de los garrotes de última generación,
con miras y satélites capaces de escanear hasta mi primer amor inconfesable.

En cambio vengo a nombrar a la Israel que no desmemoria las alambradas
y su cuerpo celeste trozado en los laboratorios del tercer Reich,
codo con codo cadavérico con los comunistas y homosexuales
y gitanos y vagabundos.
Esa misma cámara de gas democráticamente compartida como la capilla fría
de cualquier escuela pública del planeta.

No vengo a rabiar por una ofensiva transmitida por CNN y TeleSur en línea,
ni por la boca llena de peces muertos de las madres de Palestina
ni por el éxodo al Líbano, que no es ninguna tierra prometida.

Vengo por ti Israel.
No por su Estado ni sus partidos políticos ni sus piedras computarizadas y exactas.
Por ti Israel.
La que tiene memoria y que no necesita de fotos para horrorizarse.
Vengo por Israel, la empobrecida, la amante inoxidable de la paz.
Vengo por el soldado de tropa, el muchachito que recrea el espanto de sus abuelos
pero hoy programando la mirilla contra sus abuelos
transfigurados en la Palestina en harapos.

Vengo por la Israel sencilla, religiosa o laica, humanista,
homosexual y vagabunda.

La Israel que no escasea de memoria.

Vengo encendido.
Yo que no soy palestino ni israelí ni chino ni ruso
ni alemán ni norteamericano.

Vengo por ti Israel, la profunda.
Vengo para que nos enseñes en la acción
que no tienen razón los terapeutas
ni los intérpretes psicoanalíticos de la historia.

Que es mentira que en cuanto se invierten las fuerzas,
la víctima se convierte en victimario.
Que el gobierno de turno del Estado de Israel es sólo un accidente
una anécdota
la peor pesadilla,
pero que no es Israel
sino sólo su mandarín provisorio.

Muchacho y muchacha,
soldado de tropa israelí,
apaga el visor robotizado de tu pantalla de guerra
porque otra vez estás desbrozando los costados luminosos de tus abuelos.

¿Que no escuchas su voz desdentada salida de una piel gaseada y rota
que te pide que no vengas por mí una vez más, mira que mis ojos son los tuyos,
los mismos ojos y la misma mano que habitaron el espanto
y que ahora hacen puntería sobre mi pecho tuyo?

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Los dueños de todas las listas

Santiago Alba Rico (Desde Túnez. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



Pasad uno por uno, niños muertos,
que os vamos a compadecer

Coro: que os vamos a compadecer
niños muertos
habichuelas de aire rojo
sombras gigantes
en la tierra sin hierba
Pasad, venid, escuchad vuestros nombres

Oh James, nombre de príncipe, asesinado a los 7 años
el 13 de enero de 2012 en Sacramento California
por un chiflado que quería salir en la televisión
benditos sean, James, tus patines de ruedas
en el armario cerrado
y tu guante de beisbol
en el cajón del garaje
malditas sean las cuerdas y los puñales
y los hombres que siegan las viñas de luz
tus padres, James, no distinguen el agua del fuego
el mundo, James, ha perdido un color

Coro: benditos sean tus patines de ruedas, James
malditos sean los hombres malditos y sus pinchos de hierro
lloremos a los niños muertos
agujeritos celestes
Pasad, niños muertos, escuchad vuestros nombres

Oh Margarita, nombre de flor, violada y degollada a los 11 años
en Salta, Argentina, el 20 de mayo de 2013
por un vendedor de relojes
bendito sea, Margarita, tu vestido de fiesta
en la percha olvidada
y tu poster de Shakira
en la pared de tu cuarto
malditas sean las manos sin alma
y los hombres que tronchan las antorchas en flor
tu amigo Juan, Margarita, no distingue el regaliz de la fresa
al mundo, Margarita, le ha salido un hueco en la sien

Coro: bendito sea tu vestido de fiesta, Margarita
malditos sean los hombres malditos y sus garfios de acero
lloremos a los niños muertos
guisantes del árbol del sol
Pasad, niños muertos, escuchad vuestros nombres

Oh, Nicola, nombre de pájaro, quemado vivo a los 3 años
el 20 de enero de 2014 en Calabria Italia
por la mafia y sus esbirros sin dios
bendita sea, Nicola, tu peonza amarilla
en el aparador de la abuela
y tu coche de plástico
en el desván polvoriento
malditas sean las venas sin sangre
y los hombres que ahogan la voz del gorrión
tus abuelos, Nicola, no distinguen el negro del blanco
al mundo, Nicola, se le ha caído un botón.

Coro: bendita sea tu peonza amarilla, Nicola
y malditos los hombres malditos y sus uñas de mugre
lloremos a los niños muertos
moras del bosque y dientes de león
pasad, niños muertos, escuchad vuestros nombres

Oh, Gabriel, nombre de ángel, tiroteado a los 6 años
el 19 de marzo de 2012 en la escuela judía de Toulouse Francia
por un terrorista fanático que cabalgaba una moto
bendito sea, Gabriel, tu disfraz de vaquero
en la caja del cuarto de juegos
y tu bici con marchas
en la esquina del patio
malditas sean las armas y el satán que las carga
y los hombres que rasgan las plumas del viento
tus hermanos, Gabriel, no distinguen un lagarto de un grillo
el mundo, Gabriel, tiene una mancha en el ojo

Coro: bendita sea tu bici con marchas, Gabriel
y malditos los hombres malditos y sus colmillos de sangre
lloremos a los niños muertos
lentejas de olor
pasad, niños muertos, escuchad vuestros nombres

Oh, niño, quién eres, no estás en la lista
no tienes nombre ni parientes ni juguetes
las heridas que traes no son tuyas

Coro: no estás en la lista, quién eres
¿de dónde has sacado todas las heridas?

Nombradme, señores compasivos
dueños de todas las listas
Me llamo Mohamed Oraif y fui asesinado a los 10 años
el miércoles 9 de julio de 2014 en Gaza Palestina
por aviones que arrojaban racimos de muerte
me sigue mi hermano Eyad, doce años,
y Siraj, ocho años, y Bassem, de nueve, y Hussein, de trece
y Yasmin y Miriam y Ramadan y Sahar y Nour y Ghalia
y Anas y Amal y Qusai
y -mirad hacia atrás- cientos y cientos de niños
niños palestinos con cubos de sangre
con sacos de heridas
sin brazos ni piernas ni dientes
tronchados por uñas de mugre
por pinchos de hierro
por hombres malditos sin dioses ni venas

No estás en las listas, pequeño
No existes, no sangras, no lloras

Coro: no estás en las listas
no sentimos nada

Nombradme, señores compasivos
dueños de todas las listas
mi madre preparaba el mejor pan con zatar del Próximo Oriente
-con zumaque, ajedrea y orégano-
y me cantaba de noche la canción de Leila y Majnoun
Ahora no puede distinguir el comino del sésamo.
Mi tío Redwan tenía un gran bigote de morsa
y una barca de madera con nombre de chica.
Ahora no sabe distinguir la miel de la sal.
Mis primos Ahmed y Yahia me dejaban jugar
con su teléfono móvil y me enseñaron a silbar con los dedos.
Ahora no pueden distinguir la cal de los versos.

No estás en las listas, chaval
no reías, no cantabas, no soñabas

Coro: no estás en la lista
no podemos llorar

Bendecid mis juguetes, señores compasivos
dueños de todas las listas
bendecid mis canicas
mi peonza de punta de clavo
la bici oxidada que me llevaba a la escuela
mis fotos de Fayrouz y del Che
la pistola de plástico
con la que resucitaba a mi hermano Eyad
el yo-yó rojo y el balón del Barça
que me trajo Yahia de Egipto
Bendecid mis juguetes
señores compasivos
entre los escombros de mi casa molida
por un misil israelí.
Bendecid mis juguetes
maldecid a mis verdugos.

No estás en la lista, no puedes pasar
venid James, Margarita, Nicola, Gabriel
venid con vuestros nombres de príncipe, de pájaro, de ángel, de flor
¡Malditos hombres malditos con sus uñas de mugre!
Vosotros, palestinos, tendréis que esperar.
Cambiad de nombre, palestinos,
cambiad de patria, de bando, de dios,
y la próxima vez que os matemos
os dejaremos ser niños.

Coro: cambiad, palestinos, de nombre
de patria, de bando, de dios
y la próxima vez que muráis
podréis ser habichuelas, guisantes
antorchas en flor
un hueco en el mundo
un color perdido
y lloraremos todos
lloraremos todos
como si fuerais yanquis
como si fuerais italianos
como si fuerais franceses
como si fuerais humanos.

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Bellas e insólitas fotos del Golden Gate Bridge, en San Francisco, California (Estados Unidos)

Espectaculares fotos de uno de los puentes colgantes más largos del mundo: el Golden Gate Bridge, en la ciudad de San Francisco, Estado de California (Estados Unidos)



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Plástica: Pierre Auguste Renoir



Pierre Auguste Renoir (Limoges, 1841-Cagnes-sur-Mer, 1919) fue un gran pintor francés de la corriente impresionista. Hijo de artesanos, vivió sus primeros años en barrios proletarios donde trabajó como decorador de porcelanas y pintor de abanicos. Después pudo acceder al taller del pintor Gilbert y, luego, al de Gleyre, donde conoció a Monet, Bazille y Sisley, con quien más tarde compartió su casa en París. Sus primeros intereses como pintor se inclinaron por la escuela de Barbizon y, consecuentemente, por la pintura al aire libre. Durante los días agitados de la Comuna, pintó con Monet a orillas del Sena. En 1873 terminó Jinetes en el bosque de Bolonia, excluida del Salón oficial y expuesta en el de los Rechazados.

Durand-Ruel se interesó por su obra y en 1874 participó en la primera exposición impresionista, en los estudios del fotógrafo Nadar, donde expuso, entre otras obras, El palco (1874, Courtauld Institute Galleries, Londres). Se trata de un gran lienzo donde representa a Niní López y a su hermano con una técnica de pinceladas sueltas fundidas entre sí, de contornos imprecisos y poco definidos. La composición, piramidal, se caracteriza por los ritmos ascendentes y sinuosos del vestido negro de ella y los de la chaqueta de él, así como señala la importancia de las cabezas: la de ella expresa serenidad y atención, mientras que la de él oculta su mirada tras los prismáticos.

En 1876 se celebró la segunda exposición del grupo impresionista en la que Renoir participó con una de sus obras más conocidas, El moulin de la Galette(1876, Museo de Orsay, París), que recoge los momentos de un baile al aire libre en una terraza parisiense. Si lo comparamos con la obra de ManetConcierto en las Tullerías (1860, National Gallery, Londres), de tema y composición parecidos, presenta al igual que ésta, un encuadre interrumpido por los bordes del formato, recurso que produce la impresión de que la escena sigue y se expande más allá de los propios límites del lienzo. En comparación con la obra de Manet, que la pintó en un alarde de pinceladas imprecisas e indefinidas, la de Renoir libera todavía más la pintura, con una sucesión de manchas centelleantes que parece deslizarse sobre la tela al ritmo de la música o de los movimientos de los árboles que dejan pasar parcialmente la luz que ilumina la escena.

En 1878, Renoir se alejó del grupo impresionista y buscó el éxito en los salones oficiales; el abandono de los principios impresionistas se acentuó cuando, a partir de 1881, numerosos viajes -Normandía, Argel, Florencia, Venecia, Roma, Nápoles, Sicilia- despiertan su admiración por cierta idea clásica de lo bello -la pintura pompeyana, Ingres, Rafael-, que le llevó a cuestionarse el valor de la espontaneidad de su técnica anterior, alejándose progresivamente de los efectos atmosféricos en busca de una pintura más definida. De esta época, cabe destacar obras que reflejan momentos de la vida parisiense contemporánea, como el cuadro Madame Charpentier y sus hijos (1878, Metropolitan Museum, Wolf Foundation, Nueva York), que fue expuesto en el Salón de 1879, donde recibió la aprobación del público y la crítica.

El tema de la mujer, por el que el artista mostró claramente, durante toda su vida, un gran interés, adopta, por lo general, un tratamiento de gran consistencia y de resonancias clásicas. En este sentido destacan la serie de las bañistas -Bañista sentada secándose la pierna (1895, Museo de l'Orangerie, París), Bañista sentada (1914, Art Institute, Chicago), o Bañistas (1918-1919, Museo de Orsay, París)- que constituyen el máximo exponente de la belleza femenina, ejecutadas con una técnica cálida y envolvente. En estas obras, las pinceladas no se mueven en múltiples direcciones, como se observava en El moulin de la Galette, sino que se alargan por la aplicación insistente de óleo húmedo diluido en aceite de linaza y trementina.

La línea recta no existe en la naturaleza y la mezcla armónica de colores sobre la tela va configurando la forma mediante un proceso orgánico que persigue una expresión sensual y vitalista: "No tengo reglas ni métodos; cualquiera que vea los materiales que empleo o mi forma de pintar, se dará cuenta de que no hay secretos. Miro un desnudo y descubro miles de matices diminutos. He de encontrar aquel que haga que la carne de mi lienzo viva y tiemble."

El ejercicio de la pintura es para Renoir una especie de placer físico, la sublimación de la atracción física por medio de la materia pictórica. Salud y belleza se identifican en las representaciones de esas mujeres de piel tersa y rosada. El amor por el trabajo manual de este artista, que procedía de una familia de artesanos y que fatalmente vio sus propias manos deformadas por el reuma al final de su vida, le llevó a rechazar cualquier dimensión intelectual de la pintura o cualquier resonancia literaria en favor del trabajo humilde y bien hecho.

En 1884 escribió una propuesta para fundar la "Sociedad de los irregulares", la cual asociaba la belleza a las formas orgánicas e irregulares de la naturaleza y rechazaba el mundo mecánico e industrializado, como años antes hicieron Ruskin y Morris, pero cuya sensualidad se alejaba de la religiosidad de éstos. "A veces hablo como los campesinos del sur. Dicen que son unos desafortunados. Yo les pregunto si están enfermos y me dicen que no. Entonces son afortunados; tienen un poco de dinero, por lo tanto, si tienen una mala cosecha no pasan hambre, pueden comer, pueden dormir y tienen un trabajo que les permite estar al aire libre, a la luz del sol. ¿Qué más pueden desear? Son los hombres más felices y ni siquiera lo saben. Después de unos cuantos años más, voy a abandonar los pinceles y dedicarme a vivir al sol. Nada más."

Las penurias económicas de Renoir terminaron con el éxito de la exposición impresionista de 1886 en Nueva York. En 1892, realizó una muestra antológica en los salones de Durand-Ruel. Dos años más tarde nació su hijo Jean -el cineasta Jean Renoir-, y Gabrielle Renard, prima de su mujer Aline, entró con dieciséis años en la casa del pintor para ayudar en las tareas domésticas, aunque acabó convirtiéndose en su modelo favorita. Jean escribió: "El espíritu inherente a los niños y niñas, a las criaturas y los árboles, pobladores del mundo que él creó, encerraba tanta pureza como el cuerpo desnudo de Gabrielle. Y finalmente, Renoir revelaba su propio ser a través de esta desnudez."

A partir de ese momento los éxitos se suceden. Sin embargo, ni su artritis, que le lleva a instalarse en la Provenza en busca de un clima más cálido -es operado en 1910 de las dos rodillas, una mano y un pie-, ni el alistamiento de sus hijos Pierre y Jean durante la Primera Guerra Mundial, ni incluso la muerte de su esposa en 1915, logran disminuir su entusiasmo por la pintura.

Ver presentación completa desde aquí (formato pps)

Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/renoir.htm

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Y para terminar, un relato escabroso… Una apuesta

Marcelo Colussi (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Compartían varias cosas: eran todos de la misma generación -rondaban los cincuenta-, habían sobrevivido la revolución del 43, el terremoto del 51, a todos les gustaba el buen vino. Tenía ya un valor ritual: dos veces por semana se encontraban a cenar en el Club Social.

El grupo era de lo más diverso; si bien tenían esos puntos en común -había otros además- las diferencias no eran pocas. Había algunos profesionales, otros eran comerciantes, un ex diputado, un chef de alta cocina. Sólo Ramón era un intelectual -engendro raro del que él mismo se reía, mezcla de bohemio con contestatario irredento. Tenían posiciones políticas de lo más disímiles, desde profundos conservadores, pasando por absolutos desinformados, hasta un irreverente marxista, como Ramón. Los había católicos, agnósticos, algún protestante. Casi todos eran amantes del fútbol, pero no faltaba también quien lo despreciaba. El placer por una copa de tinto los unía, pero en preferencias gastronómicas había grandes distancias. La condición básica que mantenía al grupo era que ninguno sabía mayor cosa de la vida personal del otro; buscaban, incluso, que el contacto fuera sólo el de las cenas en el club. Prácticamente nadie conocía nada de la vida privada de sus compañeros.

A veces jugaban naipes, otras veces billar; en ocasiones alguna partida de ajedrez. Lo común a todos era su pasión por la charla. Buenos conversadores, hablando les daba la medianoche, y sólo al cerrarse el bar del club emprendían la retirada.

No había solteros en el grupo. Había un par de viudos, y varios eran ya abuelos. Hablar de mujeres era algo bastante frecuente.

-Con nuestra edad, hombre, yo ya perdí las esperanzas. ¿Cuándo se va a fijar en nosotros una de veinte? ¡Olvidémoslo!-

-No estaría tan seguro. Hay parejas con grandes diferencias de edad, y funcionan. Creo que son las que mejor funcionan-.

-¡Eso no es posible, por Dios! ¿Qué va a encontrar una jovencita en un viejo? Dinero, sólo eso. ¿O acaso me podrías decir que no es así?-

Las conversaciones a veces se tornaban acaloradas, pero no por ello agresivas. Discutían con pasión, no más.

-¡Imposible, señores! Absolutamente imposible-, argumentaba Tomás, puño en alto y con alguna copa de tinto de más. Era él el más afortunado del grupo en términos económicos; gordo rechoncho, calvo, dueño del almacén de dulces más grande de la ciudad, distribuía su vida entre su negocio y su reducida familia. Había logrado amasar una considerable fortuna, pero en lo personal seguía manteniendo hábitos muy sencillos; estas cenas eran casi su única actividad de vida social. -Una jovencita se puede meter con un viejo sólo por dinero, no hay otra explicación-, sentenciaba con energía.

-¿Tan seguro estás?-

-Segurísimo-, agregó casi desafiante. -Hasta apostaría-.

Muchas veces, casi la mayoría, las veladas tenían esta arista confrontativa; confrontación que nunca llevaba, por lo demás, más allá del plano discursivo. Cualquiera podía ser el tema: fútbol, el aumento de los impuestos, la caída de un meteorito; todo quedaba en la charla que acompañaba la cena y la prolongada sobremesa, lo que ni siquiera daba lugar a conclusiones. Terminado el improvisado debate cada quien marchaba a su casa, y asunto cerrado.

Pero esta vez el tema no quedó ahí; fue un lunes cuando hablaron por primera vez de parejas desparejas; sin dudas la cuestión daba para más. El jueves siguiente, cuando volvieron a encontrarse -el grupo oscilaba entre ocho y doce miembros- se retomó la discusión. Algunos habían dedicado algún tiempo a reflexionar sobre el argumento; se veía, porque no faltó alguno que trajera urdido algún razonamiento con que abordar la materia.

-El amor no tiene barreras; es ciego, sordo, y no tiene sentido del olfato-, comentó Juan Carlos, el médico.

-Aunque no sea por dinero, una muchachita busca a un tipo maduro porque hay interés en juego; no económico quizá, pero interés al fin: busca un maestro, un padre, un guía. Nunca es amor desinteresado-, agregó alguien más.

-¿Y qué es amor desinteresado?-, preguntó Ramón.

La pregunta produjo un inmediato silencio en el ambiente. Tomás tomó la palabra; entre ellos dos se solían dar las discusiones más ásperas.

-Pues, amor puro… ¿qué más?-

A Ramón le gustaba jugar el papel de inquisidor, formular las preguntas molestas que sabía provocaban escozor. En general era Tomás quien más retomaba esos desafíos. El uno muy preparado académicamente -profesor de filosofía en la universidad-, el otro un talentoso autodidacta "ganador en la vida", como solía definirse, inteligente y perspicaz, eran ambos quienes le ponían mayor condimento a las veladas.

Tras ellos, más como pasatiempo que tomando verdaderas posiciones ideológicas, solían alinearse los respectivos grupos de seguidores: los conservadores con el comerciante, los progresistas con el letrado. Las discusiones tenían algo de pintoresco, incluso de triviales, y no tanto de sesudos intercambios.

-Yo creo que no. Como dice Ramón: ¿qué es el amor puro? ¿Hay algún amor que no sea tal? Cuando se ama, se ama; y no importa lo demás. Recordemos los grandes amores de la historia -no quiero, ni puedo, dar muchos ejemplos-; qué se yo: Romeo y Julieta, Abelardo y Eloísa, Cortés y la Malinche, no sé… Ahí no hay condiciones-, razonaba Federico, el odontólogo que solía secundar a Ramón.

-Pero también hay amores enfermizos-, terció Pablo, el chef. -El de los curas, por ejemplo. Eso no es amor puro-.

-Lo que sucede es que esos son amores prohibidos, a escondidas-, respondió Guillermo, dueño de una casa de loterías. -Si no fuera por eso, no tendrían nada de malo. Cuando hay amor, no hay diferencia que valga, ni de condición social, ni de edad. Como alguien dijo en broma: ni de sexo siquiera-.

-¡Pamplinas, señores, puras pamplinas!-, espetó Tomás. Le gustaba jugar el papel de enérgico; en esos casos, la calva se le enrojecía, y transpiraba mucho. -Si alguien me demuestra que una jovencita puede enamorarse de un viejo no por interés, le regalo la mitad de mi capital, que, como saben, no es poco-, rugió con aire amenazante. Por lo poco que se sabía de la vida de cada participante en los coloquios, de él se decía que cobraba la renta de no menos de ocho apartamentos que estaban a su nombre, y su abultada cuenta bancaria era de seis cifras, aunque no cambiaba sus hábitos de trabajador de aspecto modesto. Seguía moviéndose en su camioncito destartalado, amarradas algunas partes con alambre. Nunca usaba traje, y su reloj era desechable, de plástico barato.

Ramón era viudo; cincuentón, tenía dos hijos, ambos casados. Los dos vivían fuera del país. Dada su soledad, desde hacía más de una década se dedicaba a "cultivar las sublimes artes de picaflor", tal como gustaba describirse. Nunca había pensado en volver a casarse; se permitía, sin ocultarlo mucho, esporádicas travesuras con sus alumnas. Ya no se había vuelto a enamorar.

-¿Y de verdad, Tomás, le darías la mitad de tu fortuna a alguien que te demostrara eso?-, preguntó no sin sorpresa Jacinto, vendedor de automóviles y siempre impecablemente vestido.

-¡Por supuesto! Yo no miento.-

Terminada la exposición -había hablado sobre la filosofía de Descartes- varios alumnos se acercaron al estrado. Eso le resultaba familiar, porque siempre sus clases magistrales tenían ese encanto; eran muchos los que querían seguir escuchando y fascinándose con el profesor. Ramón lo sabía, y estaba a la altura de las circunstancias. Por lo general esas consultas terminaban en un café con un grupo de ávidos estudiantes, y las conversaciones se prolongaban hasta la medianoche. Esta vez terminó en su casa, con una angelical estudiante de primer curso.

No fue necesario que Margarita lo dijera; Ramón ya se había dado cuenta. Con sollozos, pero igualmente contenta, reconoció que esa había sido su primera vez. No podía explicarse a sí misma cómo había sido todo tan rápido: verlo, escucharlo en la universidad, embobarse luego en el bar, prácticamente proponerlo ella…. Jamás hubiera pensado que podía atreverse a tanto.

Tenía diecinueve años. Estudiaba administración de empresas, y como curso complementario debía llevar filosofía; no le interesaba mucho la materia, habiendo llegado a la clase con desdén. Pero fue verlo y quedarse impactada.

Ramón sabía exprimir al máximo sus dotes expositivas, no sin cierta cuota de histrionismo. Lo mismo sucedía en el Club Social; nadie podía quedar impasible ante sus palabras. Con los estudiantes universitarios, todos mucho más jóvenes que él, el efecto se agigantaba. Con muchas muchachas el resultado era mayor aún, y no era la primera vez que alguna terminaba en su alcoba. De todos modos, Margarita tenía algo especial, distinto a otras.

Era algo ingenua, pero no tonta. Hija única de un hogar bien acomodado económicamente, había sido criada como princesita intocable. Con su corta edad había viajado bastante, y tenía una aguda percepción de las cosas. Quería entrañablemente a su padre, aunque al mismo tiempo sentía una cierta vergüenza por él: en lo único que pensaba era en hacer dinero, y jamás entendía "sobre las cosas humanas, las cosas del corazón". La vez que le dijo que quería seguir antropología él se rió, y prácticamente la obligó a estudiar "una cosa que sirviera para algo".

De todo esto, a borbotones, sonriendo y también con ojos humedecidos, habló sin parar con Ramón. La primera vez, con la preocupación de regresar temprano a su casa, se explayó poco; en los encuentros sucesivos, muchísimo.

Ambos empezaron a sentirse muy bien al estar juntos; se esperaban, ansiaban volver a verse. En principio se encontraron tímidamente, dejando la cama como una eventual posibilidad. Paulatinamente el sexo pasó a ser el centro de su relación. Se pusieron sobrenombres: Piojita y Popeye. Los intercambios de regalos se hicieron frecuentes. Margarita comenzó a urdir historias para pasar los fines de semana con su enamorado: viajes con amigas, trabajos para la universidad. Alguna vez mencionó un retiro espiritual con la juventud de la iglesia. Le provocaba mucha gracia todo eso; tanto, como placer le daba estar con Ramón.

Para el barbado profesor todo eso fue una inyección revitalizadora; volvió, luego de años de no hacerlo, a atender su aspecto físico, a preocuparse por cómo lo veían: compró ropa nueva, empezó a usar colonias. También luego de años de no hacerlo, volvió a escribir poesía. Margarita era su destinataria.

Aunque eran muy precavidos, no supieron cómo fue el error; lo cierto es que ella quedó embarazada.

-Señores, tengo que contarles una cosa: me parece que Tomás va a tener que darme la mitad de su fortuna. ¿Cuántos apartamentos tienes, Tomás? Sé sincero. Porque además necesito bastante dinero: voy a ser papá de nuevo-, comenzó diciendo Ramón.

-Epa, epa. ¿Y de qué se trata, viejito?-, respondieron al unísono varios de los presentes.

-Lo que están pensando-, sonrió Ramón.

-¿Y qué estaremos pensando, hombre? ¿Cómo puedes saberlo?-

-Apostaría a que no me equivoco: todos ya se han dado cuenta de lo que estoy hablando, incluso tú, Tomás. ¿Y cómo vas a hacer para pagarme?-. El académico, inusualmente vestido con ropa sport -siempre estaba con sombrío traje oscuro-, sonreía provocadoramente.

-¿Necesitas dinero?-, repuso con aire arrogante el aludido.

-Por suerte no, pero las apuestas hay que cumplirlas, por lo que empecemos a hacer números-.

-Bueno, Ramón: cuéntanos cómo es la cosa-, sentenció con gravedad el dentista, tratando de clarificar la situación y haciendo un llamado al orden.

Cuando recibieron la noticia, una semana atrás, tanto Ramón como Margarita no lo podían terminar de creer. Insistían en que debía haber un error, que habían equivocado el nombre de la interesada en el laboratorio. Lloraron juntos.

La primera reacción de él fue pensar en el aborto. Ella, por el contrario, formada en una férrea tradición católica, lo desestimó de inmediato. Luego de hablarlo interminablemente, de varias noches de desvelo y profusas lágrimas, decidieron que lo tendrían. También decidieron vivir juntos, sabiendo Margarita que eso la ponía en una incomodísima situación ante su familia.

En realidad la misma estaba constituida sólo por su padre; viudo desde muy joven, ella había quedado como hija única, criada con todo el empeño de alguien que, habiendo amasado algún dinero en su vida, quería olvidar de raíz su origen humilde -había sido ayudante en una carbonería a los trece años-, por lo que Margarita siempre ocupó el lugar de "una princesita adorada" y se acostumbró a una relativa opulencia. La fina educación que su padre no podía transmitirle estuvo reemplazada por una abundancia de bienes materiales. Si bien se sintió siempre idolatrada, también sentía la falta de sensibilidad de parte de un "autodidacta triunfador" que veía todo sólo con ojos comerciales. Descubrir a Ramón le había cambiado la vida.

Lo mismo se podía decir para Ramón.

Jamás había pensado en volver a formar una pareja; menos aún en tener otro hijo. Ahora se encontraba ante ambas circunstancias. Y por cierto, no les rehuía; al contrario: se sentía muy a gusto.

-¿Y va en serio?-, le preguntaron, curiosos, en el círculo del Club Social.

-¡Por supuesto! Igual que Tomás, yo no miento. A propósito, mi querido Tomasito: ¿cómo hacemos con la deuda?-

El aludido quedó notoriamente sorprendido; no se esperaba algo así, y era evidente que no sabía qué decir.

-¿Y… de verdad que se enamoró de ti esta jovencita?-

-Por supuesto. ¿Lo dudas?-

-No lo sé, no los he visto. Tengo que confiar en tu palabra. ¿Cuántos años tiene?-

-Diecinueve-.

-¿Y qué te quiere sacar?-

-¡Pero Tomás! ¿Tú piensas siempre que, por fuerza, toda la vida es una transacción comercial? ¿No crees que pueda haber amor "puro", como decíamos el otro día? ¿No crees que un hombre y una mujer, sin importar la edad, puedan enamorarse simplemente porque se gustan?-

-Quizá-, contestó lacónico Tomás, queriendo dar por concluida la conversación. -No lo puedo terminar de creer-.

-¿Y tú nunca te enamoraste, viejo?-, preguntó irreverente Pablo, el cocinero.

La incomodidad del obeso comerciante fue ahora más evidente; de haber podido, se hubiera marchado inmediatamente. Sudaba profusamente.

-Bueno, Ramón: yo sé perder. Si me ganaste una apuesta, te pago. Pero primero quiero comprobarlo con mis propios ojos-.

A todos les parecía un poco espantoso, pero no encontraron otra manera de resolverlo. Tomás y otros dos miembros de la "cofradía" del Club Social -como gustaban decirse a veces- esperarían en una mesa del bar Santa Ana, charlando despreocupadamente, mientras Ramón entraba con ella para sentarse cerca del grupo. Debían, en la medida de lo posible, comportarse como pareja -acariciarse, besarse- a fin de dejar claro fehacientemente que estaban noviando. La inspección ocular de los testigos, junto al interesado en la apuesta, daría fe de la situación y serviría para certificar la verdad de lo acontecido. Para que el hecho tuviera toda la solemnidad que merecía, quienes acompañaban a Tomás eran los dos abogados y notarios del grupo: Gastón de la Madrid y Aníbal Zibecchi.

Mientras esperaban fue Aníbal -uno de los juristas más reputados de la ciudad y ex parlamentario- quien retomó lo hablado el día anterior en el club.

-De verdad, Tomás: ¿tú no crees que dos personas puedan enamorarse porque sí, simplemente? En todos tus años de viudez, ¿nunca te has vuelto a enamorar?- La pregunta era clara; hecha con mucha cortesía, con la diplomacia que puede caracterizar a un avezado en las lides del engaño como es un abogado y político, no dejaba mucho lugar a las evasivas:

-Está bien, está bien. Les voy a contar algo de lo que nunca hablo. Se los voy a contar porque además necesito consejo profesional, como abogados que son ustedes, muchachos. Yo no puedo creer en eso que llaman amor eterno, amor incondicional. Desde que enviudé, a la única persona que quise fue a mi hijita; ella es todo para mí. Tuve mis cositas por ahí, pero nunca nada serio. Y ahora, hasta hace muy poco, estuve saliendo con una muchacha. Jovencita, de diecinueve años, igual que mi hija. Me gustaba mucho, era muy bonita, muy caliente en la cama. Pero, como todas, me vio como un viejo al que podía sacarle algo. Y la muy perra me terminó enredando de tal modo que le tuve que poner seis apartamentos a su nombre, y ahora me está chantajeando para sacarme más dinero. Por eso les digo que no puede haber nada de verdad entre una niña y un viejo-.

Los dos amigos que lo acompañaban no terminaban de reponerse del impacto de lo escuchado, cuando entraba Ramón abrazando a una mujer joven, muy bien vestida, de una belleza notoria. Tomás cayó desmayado.

Todos estaban impactados, pero quizá quien más resultó impresionada fue Margarita, no tanto al ver a su padre desmayado en una mesa vecina, sino al saber de la apuesta que estaba en juego.

Buscando negociar lo más salomónicamente entre todas las partes para alcanzar el menor daño recíproco posible -fue el licenciado Aníbal Zibecchi el encargado de los oficios legales- decidieron que los dos apartamentos que aún estaban a nombre de Tomás, así como la tienda y el viejo camioncito, más unos terrenos que tenía fuera de la ciudad, quedarían a nombre de Ramón, aunque el usufructo de las propiedades y las ganancias del negocio irían para Margarita, y se abriría una cuenta a nombre del futuro nieto donde se depositaría mensualmente un diez por ciento de las utilidades netas. Ramón también fue flexible en las negociaciones: aceptó casarse por iglesia, para no contrariar a su novia.

Tomás, desde su silla de ruedas, sólo sonreía, mientras se le escapaba alguna lágrima; desde el día del encuentro en el bar Santa Ana había perdido el habla, y no pudo caminar más. Como no podía escribir con su mano derecha, producto del accidente cerebrovascular, y en general no era muy comunicativo, nunca se supo si estaba triste o realmente alegre. Sólo sonreía.

El nieto también se llama Tomás.

Tomado de su libro “Nosotros, los mediocres”, Guatemala, 2005, Editorial Cultura.

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