martes, 28 de octubre de 2014

Canción de amor

Rainer Maria Rilke



¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.

Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
¡Oh, dulce canto!

Rainer Maria Rilke (1875, Praga, en ese entonces parte del Imperio Austrohúngaro-1926, Montreux, Suiza) es considerado uno de los poetas más importantes en idioma alemán y de la literatura universal. Sus obras fundamentales son las Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo.

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Ébola, Creampie arzobispal

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



En una casa rural, más bien cabaña de pajas, en Monrovia, ciudad de la costa atlántica de África, capital de la República de Liberia, que cogió su nombre recordatorio del presidente de los Estados Unidos James Monroe, que gobernaba esclavizando negros y entonteciendo y reprimiendo blancos, liberando a los negros de la costa para que a su vez esclavizaran a la población indígena, copiando un modelo esclavista y represor, el mismo que anima a todas las religiones, en especial el de la Secta VaticAnal , y que todavía anima en cuerpo y alma a los norteamericanos, dando a luz un modelo de sociedad global que aún pervive en todas las naciones del Globo terráqueo, está comiendo unos palominos a la brasa su Arzobispo, señor, mon señor, si se le puede decir señor, que tiene absoluta y entera jurisdicción sobre sus vasallos, su grey, su rebaño, para castigar con la caña de su doctrina, absolver y perdonar a placer como un dios o rey, siguiendo la doctrina de la Iglesia del embuste y la mentira. Otros caminantes o peregrinos, con y sin sotana, le rogaban les admitiese entrar en sus partes, que ellos le darían de la suya.

El arzobispo se excusó, comiendo los palominos como un glotón con el ansia de no dar ni una parte a los peregrinos, como hacen siempre, y diciendo:

Me han sabido a gloria. Vosotros conformaos con el olor; tirándose, al tiempo, un gran cuesco, que ellos adivinaron místico, como después dijeron.

El arzobispo católico de Monrovia siguió hablando:

Dios está enfadado con Liberia. El Ébola es una plaga. Tenemos que rezar y pedir a dios por la corrupción y los actos inmorales como el homosexualismo.

Los caminantes todos, incluidos los curas párrocos, rieron. De entre ellos, surgió una voz clarividente, que dijo:

Achica, monseñor. La verdadera plaga sois vosotros, como lo son toda la casta de políticos y politicuchos que nos gobiernan. Vosotros, como vuestra iglesia, os adelantáis a Pascua, celebrando cuando y como os apetece el día de la Resurrección del señor y la semana que le sigue. Que así me fue a mí en el Seminario, cuando sodomizado, tuve que elevar mi plegaria al cielo y decir en voz alta, “elevada la tengo hasta el señor”, haciendo el Vicario de mi ano un buen Creampie y, entre jadeos, él diciendo:

Como la reina Isabel de España a su moro de compañía le decía, te digo a ti, chaval, que llegué tarde a una batalla ganada al moro de Granada, apretando el moro, y haciéndome mirar, como tú no ves, para Huesca.
.
Calló el joven para dar entrada a uno más viejo, que, siendo cura, había sido expulsado del Cuttington College and Divinity School, pero que siguió ejerciendo de párroco en Greenville y Harper, que dijo:
El Ébola es un monstruo marino al encuentro de un Ano santo, monseñor; y usted lo sabe. Nosotros, en nuestras noches y días del sentido, salimos a pedir prestado un galgo o una galga para cazar una liebre. Que nuestro juego más apetecible es taparle a uno o una los ojos con una mano, y con la otra extendida, los dedos arriba, hurgar el ano y el órgano, preguntando al niño o niña que se tiene entre las rodillas, tapados los ojos: “Adivina quién te dio”.

Se cortó el más viejo al escuchar la risotada de otro que fue alcalde, quien empezó a decir como cantando:

Jeje, Jaja. Así que ándome en la villa, fiestas principales, con mi ballestilla de follar pardales, ¿eh?.

Callaron todos, incluido el arzobispo. El aire que se respiraba era como el de un prostíbulo que a cincuenta euros, sin copa, huele.

Levantando la mano el monseñor, como si fuera a bendecirles, les pidió silencio, y les dijo; “yo creo que ya está mamado”, dijo otro.

Tenéis toda la razón, dijo el arzobispo.. Vivimos una gran mentira, y lo atestigua la Historia de la Iglesia. Gracias a las hazañas de las guerras de cruzada, de persecución contra el pensamiento libre y la razón, por la gracia y malicia que nos viene de dios, os tenemos asidos por los pies con las manos. Lo que más anima y apetece a nuestro Papa, por ejemplo, es ver adivinando a todos esos beatas y beatos que ponen un morbo místico irresistible a sus palabras en la plaza de San Pedro, en Roma. Que el plato fuerte de los curas sea la homosexualidad y pedofilia, es un hecho. Somos encantadores andantes de serpientes sexiness. Somos monstruos divinos en escenas diarias de auténtico porno místico. Que al fin de cada salmo pedófilo, homosexual o de vaginal follaje se canta Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto, por ordenación de San Dámaso.

Todos quedaron asombrados. De este asombro callado, surgió la voz de un joven kiko, discípulo de Marcial Maciel, jodedor de beatas y abusador sexual de menores, fundador de la asociación seglar Regnum Christi y de la congregación católica Legión de Cristo, que dijo:

Anuncia, padre monseñor, que Dios dará. Que como eres un pescador de coplas desnarigado, ahora te voy a desnarigar, para que dios te castigue con lo que es la verdad, agarrándole, al instante, de las pelotas, poniéndole sobre la barriga su pene erecto.

Monseñor, se fingió morir de gusto, y le dijo:

Apacienta tu mi mula, y goce yo; y tú si quieres te corres, si quieres, no.

Los demás, casi al unísono, afirmaron, marchándose:

Nos apeamos, padre, que no es cosa.

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Plástica. Desde Cuba: Wilfredo Lam, un surrealista en Latinoamérica



La palabra surrealismo fue acuñada por primera vez en Paris en 1917 por el escritor Guillaume Apollinaire para describir dos ejemplos claros de innovación artística: un ballet de Jean Cocteau y una obra de teatro de Apollinaire titulada “Los senos de Tiresias”. En 1924, cuando André Breton y su colega Philippe Soupalt lanzaron el primer Manifiesto Surrealista, se apropiaron del término. De acuerdo al libro Surrealismo de Fiona Bradley, Breton adoptó la palabra para describir las prácticas literarias y artísticas de él y sus amigos, pero el término, como se entiende ahora, se refiere a “una aventura colectiva centrada en la figura carismática de André Breton que empezó en Paris en los años 1920 y eventualmente incorporó poesía, pintura, escultura, fotografía, cine y otras actividades”.

El movimiento surrealista inicialmente surgió como una expresión literaria pero gradualmente fue incursionando en la esfera visual. Para fines de los años 20 ya habían aparecido en la escena hombres como Max Ernst, Salvador Dalí y Rene Magritte, tres de los más grandes exponentes de este fenómeno. En su segundo Manifiesto Surrealista, Breton califica al movimiento como “un mecanismo hacia un mundo mental de posibilidades infinitas, un momento en la mente donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginable, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable. Lo alto y lo bajo, se dejan de percibir como contradicciones” destacando así el carácter inconsciente e impredecible de esta corriente artística.

En América Latina la influencia francesa era fuerte y resultaba una especie de modo de distanciarse de la experiencia norteamericana y del legado colonial de España. El surrealismo tuvo buena acogida en el continente por su aspecto emocional, primitivo e irracional. Dos grandes referentes de este movimiento en la región fueron el chileno Roberto Matta y el cubano Wilfredo Lam.

Francesca Varda
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Wilfredo Lam

El pintor cubano Wifredo Lam (1902-1982), de fama internacional, es el iniciador de una pintura mestizada que alía modernismo occidental y símbolos africanos o caribeños. Frecuentó todos los movimientos vanguardistas de su época –cubismo, surrealismo, CoBrA– que incitaban a la libertad, favorecían el acceso al inconsciente o exploraban lo maravilloso, a través del automatismo gráfico…

Pero Lam también se enfrenta a los problemas del mundo; persigue en su obra el mismo combate que su amigo Aimé Césaire: «pintar el drama de su país, la causa y el espíritu de los negros». Inventó así un lenguaje propio, único y original, para «defender la dignidad de la vida» y «saludar la Libertad».

Ver su obra desde aquí

Fuente: http://www.wifredolam.net/es

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20 frases del Subcomandante Marcos

Paris Alejandro Salazar



Quizá sin proponérselo, el Subcomandante Marcos, con su trabajo de vocero del EZLN, se posicionó como uno de los escritores más leídos.

Las letras del Subcomandante Marcos están cargadas de una dulce ironía y una ácida crítica que inquietaron conciencias y a múltiples actores políticos. Rebeldía, pasión, utopía, sueños y locuras también habitan la prosa y la poesía de su quehacer literario.

El rebelde insurgente de la gran nariz y poseedor de “las piernas más hermosas del sureste mexicano” tiene al menos tres libros publicados: The Story of Colors (La Historia de Los Colores), Conversaciones con Durito y Muertos Incómodos. Además se han recopilado sus comunicados, cartas, leyendas y cuentos, así como entrevistas que concedió a Ignacio Ramonet, Manuel Vázquez Montalbán, entre otros, que también terminaron en libros.

El Subcomandante Marcos ha intercambiado correspondencia con José Saramago, Joaquín Sabina, Paco Ignacio Taibo II, Eduardo Galeano, Baltasar Garzón, Carlos Monsiváis, Luis Villoro, Euskadi Ta Askatasuna (ETA), Javier Sicilia, entre otras celebridades de la política, el espectáculo y el arte.

Así cumple 20 años como vocero de los insurgentes zapatistas y lo festejamos con 20 frases de su prosa crítica y su poesía rebelde.

1. Es necesario reeducar al deseo. Enseñarle al deseo a desear, a desear mejor, a desear más, y sobre todo a desear de un modo diferente. (Agosto 1996)

2. Otros vientos empezarán a soplar respuestas... y esperanzas. (Febrero 1997)

3. “El buen cazador no es el buen tirador, sino el que es buen escuchador”, me dice el viejo Antonio. “Porque oír, todos oyen. Pero escuchar quiere decir descubrir lo que cada sonido significa”. (Febrero 2001)

4. ...la libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla. Yo digo que los zapatistas somos los adictos al insomnio que la historia desespera. (Mayo 1996)

5. Llamamos a todos y a todas a no soñar, sino a algo más simple y definitivo: los llamamos a despertar. (Enero 1999)

6. ¿De qué tienen que avergonzarse lesbianas, homosexuales, transgenéricos (sic) y bisexuales? ¡Que se avergüencen quienes roban y matan impunemente siendo gobierno! ¡Que se avergüencen quienes persiguen al diferente! (Junio 1999)

7. ...un revolucionario se plantea fundamentalmente transformar las cosas desde arriba, no desde abajo, al revés del rebelde social. El revolucionario se plantea: 'vamos a hacer un movimiento, tomo el poder y desde arriba transformo las cosas'. Y el rebelde social, no. El rebelde social organiza a las masas y desde abajo va transformando sin tener que plantearse la cuestión de la toma del poder. (Marzo 2001)

8. "Los videojuegos son la continuación de la guerra por otros medios”, sentencia Durito. Y agrega: “En la milenaria lucha entre los fanáticos del PS y el Xbox sólo puede haber un perdedor: el usuario”. No me atreví a preguntarle a qué venía eso, pero supongo que más de uno/a entenderá. (Diciembre 2013)

9. ...la historia no es más que garabatos que escriben los hombres y mujeres en el suelo del tiempo. El Poder escribe su garabato, lo alaba como escritura sublime y lo adora como verdad única. El mediocre se limita a leer los garabatos. El luchador se la pasa emborronando cuartillas. Los excluidos no saben escribir... todavía. (Mayo 1996)

10. ¿De qué tenemos que pedir perdón? ¿De qué nos van a perdonar? ¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo? (Enero de 1994)

11. ...la lucha es como un círculo. Se puede empezar en cualquier punto, pero nunca termina.(Mayo 1996)

12. Más y más niños y niñas seguirán naciendo en las montañas del sureste mexicano. Serán zapatistas y, como tales, no alcanzarán a tener un ángel de la guarda. Nosotros, “pobres diablos”, habremos de cuidarlos hasta que se hagan grandes. Grandes como nosotros, los zapatistas, los más pequeños... (Febrero 2001)

13. Nosotros aspiramos a ser sus iguales. No más grandes, pero tampoco más pequeños. Durante años hemos sido los infantes de una nación grotesca. Acumuladas inmensas riquezas en un puñado de traidores a la patria, democratizada la pobreza entre millones de trabajadores en el campo y la ciudad, los indígenas ni siquiera alcanzábamos la categoría de ciudadanos.(Agosto de 1995)

14. Es tanta la ciega estupidez del que usa esa voz, que nos persigue y nos amenaza, que considera que una zona del país ha mejorado cuando se hace más pequeño el número de indígenas que la habitan. (Febrero 2001)

15. Si tú le dices a una mujer que te duele una muela y ella, en lugar de mandarte al dentista o darte un analgésico, te abraza y deja que recuestes la mejilla en sus pechos, entonces, muchacho, esa mujer es la ‘una mujer’ que andabas buscando... (Octubre de 1996)

16. ...es costumbre de los hombres y mujeres verdaderos el enterrar el ombligo del recién nacido. Lo hacen para que el nuevo ser humano eche un vistazo a la historia verdadera del mundo y sepa acomodarlo de nuevo como debe ser. (Febrero de 1998)

17. Somos viento, nosotros. No el pecho que nos sopla. Somos palabra, nosotros. No los labios que nos hablan. Somos paso, nosotros. No el pie que nos anda. Somos latido, nosotros. No el corazón que lo pulsa. Somos puente, nosotros. No los suelos que se unen. Somos camino, nosotros. No el punto de llegada ni de partida. Somos lugar, nosotros. No quien lo ocupa. No existimos, nosotros. Sólo somos. (Enero 2001)

18. Lo único que tenemos para respaldarlo es nuestra palabra. Realmente si nos piden otra cosa, no tenemos otra cosa que darles... No podemos ceder en las tres condiciones porque si cedemos faltamos a la palabra, y eso quiere decir que estaríamos en la posibilidad de subir nuestras demandas, y la garantía que tiene el gobierno de que no vamos a subir nuestras demandas es que tampoco las vamos a bajar. Si decimos una cosa, ésa es. (Marzo 2001)

19. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido... es necesario hacer un mundo nuevo. Un mundo donde quepan muchos mundos, donde quepan todos los mundos... (Enero 1996)

20. ...la sabiduría consiste en el arte de descubrir, por detrás del dolor, la esperanza. (Mayo 1996)

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Un aviso funerario

Reinaldo Spitaletta (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Ayer no más, diagonal a mi casa, había un aviso fúnebre sobre la acera y recostado a la pared. Desde la esquina donde vivo, en un segundo piso, no pude leer de quién se trataba. Tal vez pudo haber sido la dama, ya vieja, como de setenta años, que iba casi todos los días a una legumbrería, muy cerca de aquí, en la que, según he sabido, las señoras del barrio iban (van todavía) no solo a comprar plátanos y cebollas, sino a hablar de la vida del sector, de si escucharon unos balazos anoche, de que se robaron una motocicleta en la otra cuadra a una muchacha que no era de por estos lados, sabés querida que vimos entrar a un tipo raro en casa de doña Mery, y todas esas parlas y otras parecidas las he conocido porque mi mujer, que no es tan vieja, también va a ese lugar de la mañana a conversar y escoger tomates.

Lo del letrero funerario me llamó la atención por unos instantes, pero luego olvidé el asunto, porque de muertes ya estamos acostumbrados en la ciudad, pero más que todo, en esta calle, en la que, como caso curioso, casi todos somos viejos, pues eso es lo que desde el balcón observo, y entonces se cree, eso dicen, que la pelona, como la llama doña Genoveva, dueña de una tienda en esta misma cuadra, está al acecho y cualquiera puede ser el escogido. En realidad, nunca supe el nombre de la señora de edad que yo suponía sería la muerta y hoy apenas me he enterado de que se llamaba Aurora, porque mi mujer me lo ha dicho, aunque en rigor sabía que en efecto alguien había muerto allá, no porque hubiera un anuncio, sino porque hoy vi a un hombre abatido, en el balcón, aferrado a la reja, la cabeza gacha y como sollozando y me he puesto a decir por dentro pobre tipo, parece tan solo y desamparado, y a mí ni siquiera se me ocurre pasar hasta allá y saludarlo con un rictus de pesar en los labios, de esos que le duelen a uno, porque las palabras no fluyen, y decirle un “lo siento” que suene sincero, porque lo que deduzco es que el hombre se quedó solo y ese es un destino ineludible, dice uno, como para no entrar en pensares que pueden molestar el alma.

El caso es que sí se murió la señora del señor que vi en el balcón y a mí me ha ido entrando como una pensadera sobre cómo es quedarse uno solo, porque supongo que el vecino debe estar en esa condición, ahora sí, solo de remate, no he visto a nadie más que le acompañe, y desde hace tiempos no he visto a otros diferentes a él y a ella en el balcón. No sé por qué no me nacen ganas de ir hasta allá y desde abajo, muy juntito a donde estuvo puesto el aviso, mandarle un saludo de solidaridad, pero no, creo haber perdido el sentido de vecindad, tal vez desde que decidí mantenerme alejado de los demás de por aquí, cuando precisamente en esta esquina me asaltaron dos tipos a pleno sol y bueno, yo no grité, no insulté, ni sentí miedo, pero sí rabia porque yo veía que otros miraban sin inmutarse, o tal vez sí, como si fuera un espectáculo el que a uno le estuvieran birlando cualquier cosa, y claro, no llevaba casi nada, unos billetes arrugados y una lapicera y no más, y sentí ganas de vomitar en el asfalto cuando los dos muchachos se fueron, despacio, cada uno con una especie de bamboleo. “¿Le robaron, señor?”, preguntó alguien, con una voz de estupideces y yo no contesté.

Me parece que en otros días esta esquina era más calmada. Eso me decía mi mujer, porque yo casi no paraba por aquí, unas veces trabajando, o quedándome después del turno en un bar del centro, echando monedas a las canciones del traganíquel, mirando a la copera, que tenía unas caderas grandotas y una cara de aburrimiento. Era mejor verla por detrás, y tal vez por esa razón la hacía ir cada rato al mostrador para que me trajera más pasantes de zanahoria y limón. Ella, creo, sabía que el propósito oculto era que le mirara el trasero y en ocasiones, tal vez cuando el tedio la dejaba, lo contoneaba con entusiasmo. Valía la propina. Digo que no era tan fregada esta parte del barrio porque nunca, al llegar tarde, pasaba nada. Pero sí me daba cuenta de que las ventanas tenían ojos detrás de las cortinas y la señora del aviso funeral era una de las que se asomaba con deleitoso cuidado, seguro a ver qué tan borracho había llegado su vecino. A veces, uno alzaba la mano, para que los husmeadores se sintieran pillados.

En esta esquina mis soledades fueron creciendo y llegó un momento en que nadie de por aquí me importó. Ya se habían ido aquellos que conocí hace tiempos y los que llegaron no me llamaron la atención, tal vez porque uno se torna huraño con el pasar de los días, cuando las corvas empiezan a doler, y en las rodillas principia como una tembladera, como una tiesura, qué se yo, y salir a caminar no es ningún atractivo, sino una especie de castigo. Me gustaba más estar fuera de esta jurisdicción de señoras que ya no tenían ningún encanto y que no valía la pena verlas caminar desde el balcón, y de hombres, como yo tal vez, a los que se les notaba el hartazgo o el cansancio, que los dos son síntomas de ya no tener ganas de nada. Y cosa extraña, por aquí no es que abunden los jóvenes, excepto los que llegan de otros lados a robar motos, como supe que dicen las señoras de por acá, por ser lugar de desolación.

El aviso blanco de letras negras me puso a pensar sobre cómo he perdido el interés por el barrio, no me importa quién vive al lado ni al frente, ni diagonal, ni tampoco las noticias que mi mujer trae cada que va a lo de las legumbres y leches y arepas. En otros días, quizá hubiera salido a la calle y sin premuras me hubiera acercado a leerlo, pero solo por una curiosidad, no porque me importara en realidad quién era el muerto, que me ido acostumbrando a las ausencias, sin más ni más. Claro que, a ella, a mi mujer, parece habérsele contagiado mi indiferencia porque, que yo me haya dado cuenta, no ha expresado ninguna intención de ir donde el hombre que parece haberse quedado solo en el mundo. O puede ser también que me interesa poco lo que ella haga o deje de hacer y entonces yo pueda ser un tipo que haya perdido toda sensibilidad y mi mujer no sea más que otra sombra. El cuento es que la triste imagen del hombre me ha trastornado y tal situación me preocupa, más por mí que por él, porque parece que ya estoy sintiendo ganas de ir a tocar su puerta y decirle que nos vamos a tomar una cerveza en la tienda de doña Genoveva para hablar de por qué diablos por aquí ya nadie se preocupa por leer los avisos de muertos ni por los hombres que se van quedando solos.

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Joyas arquitectónicas del pasado y del presente



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Milenio

Gustavo Robles (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



En la soledad de tu ausencia, quiero contarte…

El crepúsculo avanzó sobre la claridad
desdeñoso
Fue matando una a una las diáfanas auroras
Fue matándolas, poco a poco
Sin darse cuenta, casi
Traía consigo el impulso del cambio
Con algo de místico
Con toques de magia

Y sí, llegó el día
Sí, ése con el que soñábamos ayer
Ese Oráculo inalcanzable,
proveedor de maravillas y futuros de utopía
Ese mezclador de tierras y tiempos, espacios y estrellas
Y naves surcadoras de infinitos
Lo esperamos detrás del asombro crédulo
Yo a tu sombra y a tu luz
Vos desde antes de mi tiempo

Llegó el día que prometía
llegar lleno de promesas cumplidas
Pero tengo que decirte, ahora que te cuento,
que sólo han cambiado el envoltorio;
lo han cambiado los que siempre cambian
para no cambiar nada
Y así estamos ¿sabés?
Hoy tenemos computadoras, Internet, correo electrónico,
dinero de plástico, cajeros automáticos,
fábricas con terminales y producción repartida en los cinco continentes,
noticias al instante del otro lado del mundo
Y un montón de información que nos ata más que nos libera
Dicen que pertenecer tiene su precio
y quien no tiene precio no pertenece al orden establecido
En las puertas de acceso al mundo,
los señores se reservan el derecho de admisión
Y no admiten mayorías
Han pergeñado, en fin,
todas esas cosas que,
como dice un amigo esclarecido,
acercan lejanías y alejan lo cercano
¡Pucha! Si optimizaron la tecnología para colgar zanahorias delante de las narices
¡Y la gente va!
Hoy, dicen, los científicos pueden duplicar animales a partir de una célula,
incluso al hombre
¿Para qué? Si parece que sobramos tantos…
Construyen estaciones espaciales y proyectan vacaciones en la Luna
¡habiendo tanto humano a la intemperie!
¡Ah! Vos, que conociste un mundo bipolar, a punto de estallar…
Hoy existe un solo Bloque
No hay más Muro ni Guerra Fría…
pero la explosión sigue latente
y los muros se hicieron abismos

Dicen que cambió el milenio
Dicen
Pero ¿sabés?
Yo no veo ningún cambio en la esencia de las cosas
Hay hambre en la Tierra todavía
Y no cede, sino crece, y crece
y crece
Como cuando vos te fuiste
Hay los ojos tristes que miran implorantes y vienen desde el fondo de las eras
Hay esas heridas de injusticia cubiertas de olvido y desabrigo
Hay ese dolor y esa impotencia
y tanta sangre que se escurre entre las piedras
Hay aún, y aún peor,
ese mundo desigual que conociste
Imágenes desgarrantes de miseria organizada
Hay esa perenne obscenidad
¿Sabés? Cuatrocientos caballeros reúnen la riqueza
de más de la mitad de la gente del mundo
¡Obscena repugnancia!

Pero no todo es lo perdido
Eso también quiero decírtelo
Me falta tu presencia pero me sobran tus recuerdos
Allá afuera, todavía,
queda el fuego en llamas repartidas
y se esparce en todo el orbe
Aunque los represores de luces quisieron apagarlo: no pudieron;
el viento que lo aviva sopla incontenible
Allá afuera, todavía
flotan los viejos aromas
y ese aire fresco en las mañanas
con el rocío como póstumo lenguaje
Por las noches, cuando asomo,
aún asoman las estrellas en el patio de la casa,
ése y ésas que compartían tus ojos con los míos,
abrochados a charlas de la vida con sus cosas,
inventando la filosofía de la ternura en mi memoria

Queda el sol guía fluorescente, brillando en interiores brillantes
Quedan las rosas con espinas y los balcones con macetas;
los barrios con olor a pueblo y el mate cebado en las veredas
Quedan las sonrisas y el afecto en universos verdaderos
En fin, quedan la esperanza y los sueños de epopeya
indivisibles a la esencia humana

Quedan quienes nadan contra la corriente degradante

Contra eso no han podido
Ni podrán: el hombre nació para soñar libertades
Todos, no unos pocos

Y bien, Viejita querida
así ha llegado este almanaque cargado de tres ceros
y vacío de vos a mi lado
Hubiera querido que lo vieras ¡Tanto!
¡Cómo!
Entrar con vos en esta Era, protegido en tu mirada
Pero sólo puedo hablarle a tu memoria
Allá donde estés (porque estás)
Mientras añoro tu ternura

Gustavo

Te extraño, Viejita...

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Crítica literaria. Libros: “Hijo mío, ¿tú también eres un 'hipster' de esos?”, de Víctor Lenore

Jesús Rocamora (ELDIARIO.es)

El periodista Víctor Lenore analiza en un ensayo a los nuevos “modernos”, a los que describe como elitistas, hiperconsumistas e individualistas indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural es también la historia de cómo la música ‘indie’ se ha convertido en el gusto de la clase dominante.



Vale, todo lo que suena a “hipster” ya huele y hemos acabado hasta el gorro de la palabrita, más o menos igual que aquel verano en el que hasta mi madre decía “friqui” o ese otro en que los medios se empeñaron en convertirnos a todos en “metrosexuales”. Lo mismo tiramos de ella para hablar de magdalenas de diseño que para referirnos a una editorial indie o para soltar alguna pulla sobre Malasaña y sus barbas. Y lo cierto es que es un término escurridizo que en los últimos tiempos parece representar todos los males de Occidente. ¿Qué diablos es un hipster? En estos meses hemos aprendido que nadie quiere ser uno, empezando por los mismos hipsters. Se ha convertido en una piedra arrojadiza. Y tú más.

Uno de los muchos aciertos que tiene el ensayo del periodista Víctor Lenore Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural, que estos días publica Capitán Swing, es que se esfuerza por sacar el término de las secciones de moda y estilo y también evita caer en el tono despectivo de esos artículos tipo “Manual del buen gafapasta” que parecen mirar al vecino por encima del hombro. Porque el hipster, como el cuñao, siempre son los otros.

El hipster que retrata Lenore no tiene nada que ver con aquellos jóvenes de la generación beat locos por el jazz ni su libro pierde el tiempo en hablarnos de camisas de cuadros, sino en analizar cómo consumimos cultura en época de torrents y marketing disfrazado de contracultura. Y cómo esta forma de consumir, completamente asimilada por el mainstream, nos aleja de posicionamientos políticos, de una “cultura política”, lo que en su vertiente española no resulta tan diferente de aquel otro fantasma reciente, el de la llamada Cultura de la Transición.

De hecho, en su libro compara la posición de los músicos indie de los años noventa con la de Ana Belén y Víctor Manuel. Pese a quien le pese, el suyo es un acercamiento al término desde una perspectiva política y social post-15M, que nos habla del poder establecido y de cómo se ejerce esa “hegemonía cultural”.

Indies, hipsters y gafapastas es también un necesario ejercicio de autocrítica para periodistas –el propio Lenore ha ejercido de crítico musical los últimos 20 años y se pone de ejemplo en numerosas ocasiones, lo que se agradece–, publicistas, personas que trabajan en las industrias culturales y, en general, eso que llamamos “modernos”, responsables de imponer un punto de vista que se justifica en el buen gusto y que tiene mucho de burbuja alimentada por los medios de comunicación. ¿Quién demonios son Arcade Fire?

Así que, sí: lo más seguro es que si tienes entre 25 y 45 años seas un hipster. Lo siento. Creciste en las abundantes décadas de los ochenta y noventa y arrastras una pesadísima cultura pop mayoritariamente anglosajona que has colocado en la cima de tus prioridades, que es tu religión y tu ideología. Incluso tu trabajo. Has estirado la nostalgia por la adolescencia hasta las patas de gallo y te jactas de saber diferenciar con un solo vistazo a un genio de alguien sin talento. Crees que el coleccionismo es una forma de militancia, que tus discos hablarán de ti cuando hayas muerto y estar al día con (todas) las últimas series de televisión se ha convertido en una cuestión de vida o muerte. Todo es un drama, todo es dolorosamente intenso.

Sí, mamá, yo también.

Dicho lo cual, vamos a intentar asumirlo con toda naturalidad. Uno: de lo hipster se sale. En este libro hay algunas pistas sobre cómo hacerlo. Dos: si no lo dejas, a tu madre le va a dar igual porque todo esto no le importa y te querrá igualmente. Le hemos enviado un cuestionario a Víctor Lenore a partir de algunos subrayados en su libro, e intentar sacar así todo lo que hay detrás de un término nada inocente. Y sin llegar a las manos.

Soy lo que visto, soy lo que escucho: el hipster como pijo

“Durante demasiado tiempo, los que aspirábamos a la modernidad convertimos nuestros gustos en la parte central de nuestra identidad”, escribes. ¿Qué problema hay con identificarse en extremo con la literatura, la música, el cine y, en general, con lo que llamamos cultura, algo que, se supone, “alimenta el espíritu” y nos hace mejores?

Victor Lenore: Antes que identificarnos con nuestros gustos, estaría bien que la cultura fuera algo que nos ayudara a solucionar nuestros problemas. En su día, muchos compramos una versión despolitizada de la modernidad, por ejemplo, la que proponen la Movida y el indie. Ambos géneros son de un individualismo militante y usan los gustos como barricada para separarse de lo que consideran "masa". A Alaska le espanta el igualitarismo de Podemos porque ella es parte de una cultura elitista, capitalista y mitómana. Los vínculos que unen a la gente joven que se apunta a estas escenas "modernas" suelen ser meramente estéticos, no basados en valores políticos o comunitarios. Otras subculturas musicales, como el Rock Radikal Vasco, tendían lazos grupales, había un "nosotros" (los de abajo, los explotados) contra ellos (los jefes, los directivos, los que manejan el cotarro). El 15M les ha dado la razón. Tampoco hace falta que un género musical tenga letras explícitamente políticas para conseguir eso. La escena hardcore, el folk, la música "disco", las raves autoorganizadas o las distintas mutaciones de la música jamaicana son corrientes culturales comunitarias que dan respuesta a la homofobia, la pobreza y la exclusión social.

Mira este, no sabe quién es Arcade Fire: el hipster como consumista ‘cool’

“Los hipsters proponen una rebelión que no se enfrenta nunca con el sistema, sino que desprecia a la gente que no le da la importancia suficiente a consumir”. “Lo que buscan los hipsters es un consumismo que provoque orgullo en vez de remordimiento”. OK, los hipsters nos gastamos un pastón en ediciones limitadas y objetos de coleccionista y no entendemos cómo puedes enfrentarte al día a día sin el último disco de Deerhunter, pero: ¿Qué hace al consumismo hipster especialmente condenable frente al de otras subculturas urbanas? ¿Por qué su actitud es “peor” que el afán por sentirse exclusivo a través de sus compras de lo que se denomina “un cani”, por ejemplo?

VL: Intento no usar nunca palabras como "choni" o "cani". Me parecen estereotipos inventados desde arriba para degradar a la clase trabajadora. Todo el consumismo me parece condenable y hay mucha gente precaria que somos o hemos sido víctimas de esa actitud. Por poner un ejemplo personal: llevo diez años comprando ordenadores Mac cuando lo único que uso es el mail, Spotify y el procesador de textos. Sin duda he sucumbido a la idea de que Apple es la opción de los críticos musicales guays. Los hipster son los consumidores perfectos, por eso en los últimos cinco años la inmensa mayoría de los anuncios tiene banda sonora de Pixies, Vampire Weekend o Russian Red. Los "modernos" actuales se creen inconformistas por no aceptar menos que un vinilo de edición limitada, un gintonic de 10 euros y el último iPhone. Nunca una presunta subcultura había conectado tanto con la estética de las agencias de publicidad.

El primero disco es mucho mejor: el hipster y el buen gusto

"El moderno puede mirarte desde arriba incluso si escuchas la misma música pero no la has comprado con los rituales y distintivos correctos". ¿Hay que empezar a desconfiar de eso que durante tantos años hemos llamado buen gusto o criterio o coherencia, y que se presupone fundamental, por ejemplo, en un crítico de música? ¿Qué problema habría en entender al hipster como alguien que hace de filtro ante las novedades o como un selector de contenidos culturales?

VL: He sido crítico musical hipster durante veinte años. Mi impresión es que el principal criterio que manejaba era la inercia de repetir como un loro lo que decían las revistas culturales anglosajonas. Por supuesto, de todo lo que escribí en esa época salvaría muy pocas páginas. Eso me ha enseñado a desconfiar de mi gusto, de mi criterio y de mi presunta exquisitez. El problema es que el mercado tiene una fuerte carga de imposición: la mayoría de nuestros gustos reflejan aspiraciones de clase. Lo explica muy bien César Rendueles con esta frase: "Cuando leí La distinción de Pierre Bourdieu me quedé perplejo al comprobar que a todos los idiotas universitarios nos gustaba lo mismo: la fotografía en blanco y negro, los paisajes industriales y la disonancias musicales". No me parece casualidad que la mayoría de lo que nos gustaba a los críticos hipster fueran productos culturales individualistas y despolitizados.

Te gusta por razones equivocadas y no has entendido nada: el hipster como juez y parte

"La hegemonía cultural, en gran parte, consiste en decidir a quien se 'perdona' y a quién no". Dices esto en relación al papel que juegan los medios, las llamadas industrias culturales y la publicidad en una hegemonía hipster que en realidad no representa más que el gusto de una élite. ¿Es, por tanto, la popularidad un criterio más válido? ¿No nos llevaría esto en última instancia a darle solo relevancia a los libros o los discos más vendidos?

VL: Me parece un falso dilema. Hay cientos de contenidos populares de gran calidad: James Ellroy, Jeff Mills, Peret, Chimamanda Ngozi Adichie, El Ala Oeste de la Casa Blanca, La Polla Records, las películas de Mike Leigh… Pero creo que hay que centrarse menos en nombres propios y más en las relaciones sociales que generan. Me fascina el sentimiento de fraternidad que crearon cantautores como Víctor Jara o Violeta Parra en los tiempos más duros de América Latina. Eso es una victoria cultural emocionante que a la mayoría de "modernos" les espanta. Lo que fomenta la cultura hipster es el sentimiento de estar por encima de la gente "normal", vivir conectado a una serie de creadores geniales e hipersensibles. La mayoría de los iconos hipster son hombres blancos anglosajones con complejo de genio. Casi todos ellos apuestan por un nihilismo cool, que dice que el mundo no tiene arreglo y que lo único que podemos hacer es cultivar nuestra sensibilidad personal. Me refiero a artistas como Leonard Cohen, Antonio Luque, David Foster Wallace… Ese nihilismo es desmovilizador.

¡Es un genio! ¡Es una obra maestra! El hipster como cultureta

“Según mi experiencia, lo peor del hipsterismo es el lado cultureta. Me refiero a esos ‘modernos’ que nunca se recuperan del éxito de haber logrado leer enteras novelas como La broma infinita (David Foster Wallace), Libertad (Jonathan Franzen) o La casa de hojas (Mark Z. Danielewski)”. Dios mío, ¡¿leer también es hipster?!

VL: Esos tres autores están entre los favoritos de los hipsters. Lo que me parece triste, como digo en la siguiente frase del libro, es que se considere que el colmo del prestigio son las novelas obsesivas, individualistas, ensimismadas, metaliterarias y tirando a estiradas. Además, cuando miro mi estantería, me da vergüenza las pocas novelas o ensayos que tengo que están escritos por mujeres o por autores no anglosajones. Frazen y Wallace son extremadamente inteligentes, escriben fenomenal, pero miran al mundo por encima del hombro, una actitud que encuentro rechazable. Cuando digo que los culturetas son la peor parte del hipsterismo es porque yo fui uno de ellos. Es increíble lo mucho que se te puede subir a la cabeza un libro gordo y pedante. Te da una sensación de lucidez muy loca. Esos libros parecen casi hechos para crear ese efecto. Te dicen “mira, este autor tan lúcido piensa que el mundo es un montón de vulgaridad y si te haces fan estarás más cerca de esa posición elevada”.

Letizia es hipster y España también

“¿Se ha convertido la música hipster en la banda sonora de la clase dominante? Que la reina Letizia se escape del Palacio de la Zarzuela para ver en directo a Eels, Los Planetas y Supersubmarina parece una pista fiable”. ¿España es hipster? ¿Hay motivos incluso para pensar que es más hipster que otros países?

VL: No tengo ni idea. Intuyo que Inglaterra y Francia nos ganan. Lo que es un hecho es que en los años treinta, con un cincuenta por ciento de población analfabeta, los niveles de militancia política en España eran mucho más altos que ahora. La cultura que se ha impuesto desde los ochenta ha disuelto vínculos sociales más que los ha fortalecido. Se ha perdido el concepto de ciudadanía y de fraternidad a golpe de zona VIP, colegios de pago, urbanizaciones cerradas, privatización de empresas públicas y esnobismo hipster. Lo explica muy bien el ensayo La rebelión de las élites, de Christopher Lasch.

Blanco, universitario y en botella: el hipster es clasista

[Clandestino, el disco de Manu Chao, no representa “nuestra música”, se quejaba el público moderno de Madrid y Barcelona cuando la revista Rockdelux lo eligió como el mejor disco de 1998, según recuerda Lenore] “Y tenían razón: suena más como la que escucha la señora ecuatoriana que nos limpia el piso o el mensajero dominicano que trae los paquetes a la oficina”. “Si un universitario de clase media escucha techno en un club caro de diseño, estamos ante un acto cultural, pero si un reponedor de Ahorramás se acerca a un polígono a bailar algo parecido solamente es diversión descerebrada”. Estos días he leído a gente especialmente cabreada por estas declaraciones: al hipster le puedes llamar elitista, pero no clasista ni racista. Algunos venían a decir lo siguiente: ¿Debo pedir perdón por haber estudiado una carrera, por ser un blanco de provincias de clase media y con un gusto marcado por ello?

VL: No hay que pedir perdón por ser blanco, ni por ser hombre, ni por ser universitario. Sí que creo que debemos hacer un esfuerzo por cuestionar nuestros privilegios. En el libro hablo de un racismo inconsciente. Llámalo micro-racismo, si te ofende menos, pero es igual de grave. En la escena de festivales de música españoles, solo ha habido dos artistas cuya inclusión se ha protestado: Julieta Venegas y Calle 13. La cultura hipster quizá no es clasista militante, pero sí funciona como justificación del clasismo. Mola un festival pijo como el Sónar, pero no uno de clase trabajadora como Monegros. Mola Javiera Mena, que es de clase alta, pero no Damas Gratis, que vienen de las villas miseria argentinas. Mola el discjockey estadounidense Diplo, pero no prestamos atención a los artistas negros de funk de las favelas a los que él saquea impunemente. Muchas inclinaciones estéticas de los hispters no son casuales, sino fruto de un clasismo más o menos consciente.

Esto no tiene ni puta gracia: el hipster y la ironía

“Lo peor de aquellos años, siento la insistencia, fue el reinado de la ironía, en versión muy cercana al cinismo. Básicamente, la actitud más admirable que podías tener era la de reírte de todo y no implicarte en nada que no fuera tu propio placer o intereses”. Aquí hablas en concreto de los años del indie, pero la ironía es uno de los recursos heredados por el hipster moderno. ¿Hay que sospechar que es por falta de sentido el humor? ¿Por qué al hipster le cuesta tanto reírse de sí mismo?

VL: Aquí hablo de los años noventa y de los posmodernos, que es algo de va desde la Movida a Kanye West, pasando por Madonna. La ironía es el escudo para justificar nuestros privilegios. Al hipster no le falta, sino que le sobra sentido del humor. La mayoría son incapaces de tomarse en serio otra cosa que no sea su bienestar material. El hispter prototípico no se conmueve por nada, ni por los desahucios ni por los recortes en sanidad y educación. Prefiere el humor cínico a la implicación. Por eso el facha de Rupert Murdoch está encantado de invertir cincuenta millones de euros en un emporio mediático como Vice.

Una semana en el interior de un televisor: el hipster y las series

“De alguna manera, hemos logrado autoconvencernos de que pasar treinta horas delante de una pantalla es un acto cultural de primera magnitud”. ¿No habíamos quedado en que la posmodernidad era esto? ¿En que no hay alta y baja cultura y que las series de televisión son las nuevas novelas por entregas? ¿No supondría el mismo problema si pasásemos treinta horas delante de un libro?

VL: Me parece alucinante que alguien pueda creer que la ver la tele otorga algún tipo de estatus cultural. Yo soy adicto a las series, pero me parece un defecto más que algo de lo que estar orgulloso. De cada siete que veo hay una que merece algo la pena. Me convence la frase de Santiago Alba Rico que dice que, en realidad, no vivimos una superación de la modernidad, sino que estamos en una especie de Edad Media con televisión en color. La desigualdad económica actual es mayor que en ninguna otra época de la historia. Me gustan las escenas culturales que tienen eso en cuenta. El hipsterismo es una burbuja estética individualista que nos quita tiempo de tejer relaciones más sustanciales.

Nada de fluidos: los hipsters y el sexo

“Las canciones de amor indie abundan en experiencias psicológicas tipo ‘She’s So High’ (Blur), ‘You Trip Me Up’ (The Jesus And Mary Chain) y ‘She Bangs The Drums’ (The Stone Roses). Todas son metonimias asépticas del sexo, en las que se niega el contacto físico. La temática sexual abierta tiene un componente igualitario -a todo el mundo le gusta el sexo-, que se opone al principio mismo de diferenciación de la masa que constituye el centro del indie. Por eso los conflictos sexuales, sociales y políticos se llevan tan mal con esta escena”. ¿Se puede desprender de eso que los hipster son malos en la cama? ¿Es el sexo hipster tan desastroso como lo pintan?

VL: No llego a tanta intimidad en el libro. Creo que en algún lado digo que las ficciones de sexo hipster van de transgresoras pero que reproducen los tópicos de Hollywood con un poco más de crudeza y toque malote.

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Grass

Gustavo Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Años después se le ocurrió que podría haber sido una broma. In this place are grass. Así decía en una piedra de Huina-Huainu, a diez kilómetros de Macchu-Picchu que recorrió con mochila y esa mujer en un camino de incas. Por eso buscaba entre las piedras, en las ruinas, bajo los troncos, alerta al mortífero centelleo de una coral.

De pronto el día desapareció y los precipicios se transformaron en grandes pozos negros. El mismo silencio de antes pero sin el luminoso ruido del sol.

Poco a poco nuevos sonidos: susurros, chistidos, cortos alaridos anunciaban la noche de la selva.

El seguía buscando. A esa mujer le irritaba el desprolijo pasto que envolvía las ruinas, la oscuridad salvaje, el miedo. La luna, que apareció atrás de una montaña, no la tranquilizó: su luz hizo más negra la sombra y blancas y temblorosas las ruinas. Cuando pensó en el gran hotel que junto a Macchu-Picchu, cerca, tenía agua caliente, alfombras, camas, odió al imbécil que tenía al lado.

El seguía buscando: levantó piedras, apartó plantas, escarbó, metió la mano, hurgó con un palo. Nada. Ella lo miraba en silencio. Después, asqueada, se metió en la bolsa de dormir.

Él hubiera seguido buscando, pero ni la linterna ni la luna eran suficientes.

Al día siguiente bajaron corriendo, tropezando, con la mochila en la espalda, usaban palos como bastones para no caer en los precipicios. Si perdían el tren sería otra noche en las ruinas. A él no le importaba, pero sería con hambre.

Llegaron, y mientras esperaban un coya le contó la leyenda del Paititi, ciudad oculta en la selva, refugio secreto de los últimos incas. Y que una vez, cuando un indio dejó su tribu en la selva para conocer la ciudad de los blancos tuvo que atravesar un lugar maldito y prohibido desde siempre, de extraños monumentos, grandes piedras, avenidas e infinitas calles desiertas.

Al llegar contó lo que había visto. Se organizó una expedición.

En un día de sol un helicóptero se acercaba. Pero aparecieron de pronto negras nubes de las que salían rayos. El helicóptero tuvo que volver. Así muchas veces, hasta que dejaron de buscar. Igual que él con el grass, pensó aquella vez.

Pero años después, argentino en San Pablo, sentado en un bar, entre ruido de motores y humo y palabras portuguesas, supo que recordaba cada lugar, las pequeñas piedras, las grandes, y las afiladas sombras de ese mundo, solamente porque ahí había grass. Nada más que pasto. Estaba escrito.

Y aquella mujer que había estado con él, era analfabeta.

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La altivez de los amantes

Su Gea (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Antes, un segundo antes
que el atardecer oxidara los cerrojos
de una pleamar de sangre y lluvia ácida,
el nervio intercostal de un verbo sutilmente atrevido
marcó territorio entre la piel y la carne.

Como un pájaro perdido,
como los plumones que no llegan a formar alas,
como solo el reloj invisible del cuerpo
marcara la hora de los besos y la savia...

el sudor corría por tu frente
haciéndose saliva dulce
entre nosotros y la palabra.

No paga la vida la altivez de los amantes.

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Música: Concierto Fantasía para dos Timbales y Orquesta, de Philip Glass

ARGENPRESS CULTURAL

Orquesta de Valencia, España, dirigida por Yaron Traub

Timbales: Javier Eguillor y Julien Bourgeois



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Sinfónicas, Tunas y Bibliotecas: La música en la educación

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los conciertos descentralizados que ofrece la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Nacional de Música constituyen aliados de una indispensable educación integral e interdisciplinaria, en especial de las nuevas generaciones formadas en negocios. La Orquesta Sinfónica está conformada por alumnos de las especialidades de cuerdas, vientos y percusión, pertenecientes a las Secciones de Estudios Superiores y Preparatorios.



Una demostración de la calidad del espectáculo del reciente concierto en el Teatro de la Universidad Nacional, en la Avenida Túpac Amaru, en el Norte de Lima, con la asistencia mayoritaria de los padres de familia y sus hijos niños y adolescentes, que disfrutaron y respondieron con sonoros y prolongados aplausos de pie.

En el reciente concierto, la OSCN el programa incluyó la Obertura de la ópera La Forza del Destino, de Giuseppe Verdi; Intermezzo de la ópera Cavallería Rusticana, de Pietro Mascagni y Sinfonía Nº 9, de Dimitri Shostakovich, con la dirección del maestro Marnix Willem Steffen, de Holanda.

La referencia al músico holandés evoca la labor de otros directores visitantes como Alfredo Rugeles, de Venezuela; Luca Pfaff, de Suiza. Y del Perú a David Del Pino, Óscar Vadillo, Carmen Moral y Miguel Harth Bedoya. Igualmente a los nacionales Armando Sánchez Málaga, Andrés Santa María, Carlota Mestanza, Florencia Ruiz-Rosas y Fernando Valcárcel, entre otros.

A este espectáculo de la UNI, primer centro científico y tecnológico del país, fundado en 1876, ahora con una mayoría de alumnos cuyos ingresos familiares no pasan de un promedio de 1,200 soles mensuales, se suma la labor de las Tunas, cuya finalidad es promocionar una de las tradiciones internacionales más consolidadas, por la gran acogida en las comunidades universitarias y la ciudadanía.

Entre las Tunas del Perú destacan las universidades Enrique Guzmán y Valle, Mayor de San Marcos, Cayetano Heredia, San Antonio Abad del Cuzco y entre las extranjeras la Tuna de la facultad de Mecánica Eléctrica de la Universidad Autónoma de Nuevo León (México), de Temuco Chile, cuyos festivales, constituyen actos de hermandad y amistad entre tunos, como valioso antecedente para otras asociaciones culturales y profesionales.

Las Tunas en el Perú, nacieron a comienzos de los años sesenta. Actualmente existen en Lima unas dieciocho tunas en trece universidades y en todo el Perú más de treinta y siete, y otro tanto en formación.

A manera de conclusión, recordamos ahora a la maestra peruana Ángela Torres de Fernández Dávila (Huaylas, Ancash), cuya carrera empezó en su tierra natal, dedicando sus mayores esfuerzos docentes fue enseñar a leer mediante la música y el canto. Ha demostrado que la pedagogía no demanda necesariamente de costosas infraestructuras, sino de la grandeza y la necesidad de los pobladores, de la voluntad y del buen gusto.

Las campiñas floridas, el paisaje arrobador de los nevados, los riachuelos transparentes, la frondosidad amazónica, junto al cariño de los padres y niños permitieron que Ángela Agripina Torres, egresada de la Universidad Nacional de Trujillo, lograra sus objetivos. Grabaciones, acompañadas con música de la soprano Margarita Ludeña Guerrero, el piano de José Mazzini Armas. Más dramas y estudios sobre el desarrollo del lenguaje en el niño constituyen el método musical, una buena semilla que crece en diferentes ciudades, donde la Fundación del Juan Diego Flórez contribuye a promover orquestas infantiles.

La UNI con sus conciertos, su Tuna y la moderna Biblioteca, que son aportes de sus mejores docentes y de una rectoría creativa, cuenta ahora con mayor apoyo de la caja fiscal. Sin duda, sus manifestaciones culturales, bellas y atractivas para toda la población, sin distinción de credo, espacio territorial o dinero, son una alternativa para diversificar la oferta y la calidad de otros circuitos que el libre mercado alienta. La cultura, en el mejor sentido de la palabra, abre las compuertas para competir con calidad dentro de la globalización académica de nuestras universidades. Las metas de la UNI, son las metas del País, asegura su rector, Dr. Aurelio Padilla, natural de Cajacay-Ancash-, recordando el XXXV aniversario de esta casa de estudios, calificada entre las tres primeras universidades del Perú en una interesante competencia con la Universidad Católica, Cayetano Heredia y la San Marcos.

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Una curiosidad cultural: Reciclaje de relojes pulsera

¿Se te ocurría que con relojes pulsera se podía hacer todo esto?



Veamos.

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El concepto de libertad en la física teórica

Ricardo San Esteban (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Valga como una aclaración, en cuanto a que esto que escribo, si bien se refiere a la física teórica, también puede aplicarse a lo social y a todos los órdenes de la vida. La lucha por la libertad siempre responde a una ruptura del orden establecido. Existe una tendencia de las cosas hacia su mismidad, reposo o conservación, lo que conduce al anquilosamiento. La lucha por la libertad es pues, vital tanto en el plano cósmico como en el social y la victoria de lo rebelde sobre lo conservador, si bien inevitable, no es gratuita.

Desde la antigüedad remotísima nos viene aquello de querer bajar el cielo a la tierra, ya sea para alcanzar los dones que nos son negados o para pedir cuentas a los dioses. Estos moraron siempre en regiones inalcanzables –en sentido literal y en el de la razón- como aquellas de los mundos supralunares de Aristóteles o de Santo Tomas.

Los simples de corazón tratábamos de atisbar lo superior del mundo etéreo desde donde los inmortales arrojaban algunas migajas del banquete, algunas gotas del nepenta que bebían hasta el hartazgo o de ciertas gracias concedidas previo sacrificio, o nos arrojaban algunos cabos para construir nuestras limitadas visiones del mundo. Desde entonces nos llega una tajante división entre Cielo y Tierra, espíritu y materia, la finitud humana y la infinitud angélica.

Así pues, entre los sabios y los teólogos, estaban por un lado quienes sostenían las hipótesis matemáticas con una función puramente instrumental y no descriptiva y por otro, los de las hipótesis filosóficas (la física clásica) con pretensiones realistas, aunque divorciadas de los enfoques cuantitativos matemáticos. En ambos casos, se trataba de una cárcel sectaria y superficial, pero que romperla costó muchas vidas a manos de la Inquisición, por ejemplo.

La idea de la esfericidad de la Tierra es muy antigua, como que Eratóstenes pudo calcular su circunferencia con sus varillas y su puñado de camellos, pero la Iglesia sostenía que era plana y rodeada de agua.

El dominio material del mundo pertenecía a España pero el centro espiritual y científico, a Italia, y como muestran los Iuvenjilia, de Galileo, la porfía era durísima y el académico linceo, desde su juventud fue su digno representante y ya en la Bilancetta (1586) difundió la cosmología copernicana y allí, pues, se mostró como un copernicano de pura cepa. Su esencialismo matemático fue un intento de aprovechar toda la potencia de las matemáticas (la ciencia más desarrollada de aquella época) a favor de la construcción de una cosmología realista. Sabemos que el intento resultó peligroso porque desde los tiempos clásicos, el aristotelismo había llegado a convertirse en la médula del pensamiento oficial de la Iglesia, hasta el punto de que Cristo fue Aristotélico, por lo que el ataque a dicha cosmología constituìa una postura herética, que podía conducir, al tratado y al tratadista, a la hoguera, caso de Giordano Bruno y de tantos otros. Podemos caracterizar la lucha de Galileo, pues, en pos de una verdad científica pero también como la lucha por la libertad, una lucha que, por cierto, rebasò el marco académico.

No mucho después, Olaus Roemer, que nació en 1644 en Dinamarca e hizo de todo: inventó aparatos, confeccionó tablas astronómicas, escribió innumerables memorias para la Academia Francesa de la que era miembro... Y observó... Observó una cosa rara: los eclipses de los satélites de Júpiter a veces se atrasaban con relación a lo que marcaban las tablas. Y más aún: se atrasaban siempre cuando la Tierra, moviéndose en su órbita, estaba en la posición más alejada de Júpiter. ¿A qué podía deberse esta anomalía celestial? Y aquí es donde viene la idea genial: Roemer supuso que si los satélites se atrasaban en sus eclipses no era porque el cielo armado por Copérnico, Galileo y Kepler anduviera descuajeringado.

Supuso que lo que en realidad ocurría era que, como la Tierra estaba más lejos de Júpiter, la luz tenía que atravesar toda la órbita terrestre, y que eso le llevaba tiempo. Un simple cálculo le permitió estimar la velocidad de la luz en 225 mil kilómetros por segundo, una cifra que causó verdadero estupor en la época. ¡Cuando casi todos los prelados y científicos habían considerado que la luz era infinita y que se había hecho a partir de un chasquido de los dedos de dios! Y aquí fue donde el genio de Olaus Roemer demostró que la luz, si bien era muy rápida, no era para nada instantánea (la cifra que se maneja ahora es de 299.727,74 kilómetros por segundo). Lejos estaba Roemer de imaginar la importancia que esa cifra tendría dos siglos y medio más tarde.

Por supuesto que tuvo sus disgustos y sus detractores, pero no hace tanto tiempo que Karl Popper o su tocayo Jaspers denostaban –ciegos de ira y sectarismo- a Einstein y a Bhor sin haberlos leído o comprendido. En eso se parecían a aquella anécdota de Bertrand Russell, cuando un tonto periodista lo interrogó acerca de cuàl era su budín preferido, contestó que era el de la receta de lord John Ernest Russell, aunque él nunca la había probado.

A fines del siglo XIX, Charles Peirce se quemó los sesos tratando de reconciliar al Cielo y a la Tierra, siendo un filósofo positivista con aureola eclesial. En primer lugar, una de las lecciones que más vivamente aprendió del devoto espíritu de Harvard —del que su padre, Benjamín Peirce fuera incansable promotor— sería la idea de reconciliar ciencia y religión, soñando con una morada celestial al mejor estilo yanqui.

Como dijimos, Olaus Roemer desde su Copenhague había descubierto que la luz posee velocidad y luego se supo que estaba compuesta por ondas y partículas, es decir, que no poseía masa pero que tampoco era un milagro divino. Los físicos teóricos sí que probaron, pues, que la luz del Cielo no constituían una luminosa morada espiritual, sino que lo mismo que la Tierra y el cosmos visible e invisible, eran un hecho físico, o como escribía Lupercio Leonardo de Argensola “porque este cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul, lástima grande que no sea verdad tanta belleza”

Concepto de espacio físico y de espacio matemático contemporáneo

La geometría de Euclides (300 a.n.e.), se consideraba inviolable en cuanto a las propiedades del espacio físico que nos rodea. Kant, inclusive, la elevó al rango de doctrina, hecho que obstaculizó el empleo de la no euclidiana. O sea, de la concepción generalizadora y abstracta sobre su objeto, obstaculizada por los conservadores que le atribuían solamente la solución de ecuaciones y sus sistemas.

Este enfoque fue madurando y no sin lucha, incluso en el álgebra, donde se simboliza cualquier objeto, y se considera cualquier operación bajo la acción de la "división" y "multiplicación", cuyas propiedades son en muchos casos análogas a la multiplicación y división aritmética.

Hasta el siglo XVII, todo se había limitado al estudio de las magnitudes constantes y al de las conexiones fijas entre ellas. Luego, con la astronomía y la mecánica surgió la necesidad de aplicarla a los procesos y el movimiento, y así se comenzaron a estudiar las magnitudes variables.

En primer término, la magnitud variable de Descartes resultó un viraje, pues introdujo el movimiento y con él, la dialéctica, y a continuación surgió la necesidad del cálculo diferencial e integral.

Pero el propio concepto de magnitud resultaba vago e indefinido. Quizá por la circunstancia de que la matemática no trataba directamente con magnitudes sino con las cifras que las expresaban.

Por eso, hasta mediados del siglo XIX, el objeto de ella se refería a las propiedades métricas y las relaciones entre distintos tipos de magnitudes. No estudiaba las propiedades concretas de las magnitudes concretas, sino las propiedades y relaciones de la naturaleza matemática, es decir, hacía abstracción de su contenido.

Frecuentemente, en la matemática el concepto de magnitud y el de número se identifica con el de cantidad, toda la matemática que estudia dependencias entre magnitudes se califica de cuantitativa. Algunos investigadores diferencian la matemática anterior como cuantitativa, en tanto que la actual sería cualitativa. Algo de eso hay. La geometría no euclidiana constituyó, pues, una gran revolución y fue así como Lobachevski y Bolyai, con su geometría hiperbólica no euclidiana y la geometría elíptica de Riemann, concretaron un enfoque más abstracto y general.

La matemática moderna se abrió paso por la utilización amplia del método axiomático luego de descubiertas las geometrías no euclidianas, y después, por la aparición de la teoría abstracta de los conjuntos, creada por Cantor. Por esta última, todos los objetos matemáticos, sean números, funciones, vectores, matrices, se analizan desde un mismo punto de vista, considerándose elementos de un determinado conjunto, y sujetos a todas las correlaciones y leyes establecidas por la teoría de los conjuntos.

Las ideas teóricas acerca de conjuntos con el método axiomático condujeron a la fundación del concepto estructura matemática abstracta, fundamental para toda la matemática moderna.

El concepto de estructura matemática es muy elevado, resulta de un conjunto de nexos consecutivos de abstracciones y generalizaciones. Es un tipo de abstracción multiescalonada, o de abstracción de abstracciones. Se ejemplifica con el concepto de espacio, que surgió ya en la antigua matemática y existió hasta el descubrimiento de las geometrías no euclidianas, y reflejaba, en forma idealizada, ciertas propiedades del espacio tridimensional físico. A partir de los métodos de la geometría analítica se pudo formar el concepto de espacio de cualquier número finito de dimensiones. Por medio de ulteriores abstracciones, se pudo arribar al espacio matemático de dimensiones infinitas de Hilbert.

El concepto de función es fundamental, tanto en el análisis matemático como en el conjunto de la matemática. Primeramente se estudiaban las propiedades de funciones concretas: racionales, de potencia, trigonométricas. Posteriormente se analizaron las propiedades generales de cualquier función, haciendo abstracción de la representación concreta de la forma de relación del argumento con la función. Y después se introdujeron los conceptos de funcional y operador, que no son más que una ulterior generalización del primitivo concepto de función.

El concepto de libertad en física

El concepto de espacio físico y el matemático, lo mismo que el concepto del tiempo y el concepto de libertad son relativamente nuevos en física, y se emplean para caracterizar a ciertos fenómenos masivos conformados sistémicamente. El sistema –cualquiera que éste sea- se desarrolla gracias a la existencia e incremento de esos grados de libertad que lo hacen flexible y dialéctico. Cualquier intento de meter mano o de domesticar esa lucha por la libertad conduce tarde o temprano a la esclerosis o a la rigidez de la muerte.

En la ciencia se dice que el concepto de libertad expresa la estructura específica de los sistemas, en los que las distribuciones probabilísticas constituyen su principal caracterización y donde lo probabilístico (estadístico) es aquello que finalmente gobierna. A medida que la información se difunde, lo individual y casual de cada elemento por separado pierde preeminencia, y el azar se transforma en necesidad.

En la ciencia de hoy se percibe que la teoría de las posibilidades potenciales (o teoría cuántica) no expresa la verdad en toda su amplitud pues ella explica determinados ordenamientos en la “masa” de tales posibilidades y sus postulados se afirman en esas mediciones y ordenamientos. Pero las propias leyes físicas están condicionadas por el observador y su aparataje. El acto mismo de observar “intimidades” de la sustancia perturba a ésta y por tanto, lo que recogemos ya no son datos de su comportamiento libre sino promediaciones estadísticas. Ella conserva muchos de sus secretos, como el del incremento de los grados de libertad que en determinado momento rompen el límite impuesto y producen saltos cualitativos imposibles de medir de antemano, por más que los científicos y los encuestadores de opinión hagan vaticinios y sesudos estudios, ya que la lucha por la libertad no es ni más ni menos que la acumulación de energía que conduce a lo que llamamos la “masa crítica” y al salto importante en los grados de libertad, una imprevista y violenta ruptura de lo viejo y el advenimiento de una nueva calidad.

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Cuatro poesías de un ruso inmortal

Vladimir Maiacovski





Entraste.
En serio miraste.
La estatura,
el bramido
sencillamente examinaste,
-un chiquillo.
Tomaste,
sacaste el corazón,
y sencillamente te fuiste con él a jugar,
como una niña juega con su pelota.
Y todas,
como si vieran milagros
exclamaron -damas y señoritas:
-¿A ese, amarlo?
Si se echa encima,
hace falta una domadora.
¡Debe ser de una jaula!"
Y yo, de júbilo
-perdí el yugo.
y de alegría,
olvidándome de mí mismo
saltaba,
-como en casamiento de indio-,
tan alegre, y bien me sentía.

* * *

Imposible

Solo no podré llevar el piano,
y menos aún la caja de hierro.
Si no fuera la caja,
y el piano,
mi corazón lo llevaría de vuelta.
"Los banqueros saben:
somos ricos sin límites,
nos faltan bolsillos-,
guardamos en la caja de hierro".
Mi amor, por ti,
es un tesoro,
y lo guardo en mi caja de hierro,
y como un Creso ando contento.
Y sólo cuando tengo muchas ganas,
saco una sonrisa,
o menos,
y emborrachándome con otros,
gasto a media noche,
unos quince rublos de lirismo en moneda.


* * *

Y así pasa conmigo

Las escuadras,
también acuden a las bahías.
El tren,
también se apresura hacia las estaciones.
Y yo, se comprende
-si yo te amo-
voy hacia ti
pues me atraes,
me enloqueces.
Como se apea "El caballero avaro" de Pushkin,
encantado hurgando su sótano,
así yo,
vuelvo hacia ti, amada,
con mi corazón encantado.
Y a casa vuelvo contento,
como ustedes vuelven
y se quitan la roña, lavándose y afeitándose.
Así vuelvo hacia ti.
¿Acaso,
yendo hacia ti no vuelvo a mi casa?
A los terrenales los recibe la tierra
-siempre volvemos a nuestros deseos.
Así yo,
hacia ti siempre me inclino,
apenas nos separamos,
nos vimos apenas.

* * *

Deducción

No acabarán el amor,
ni la riña,
ni la distancia.
Pensado,
probado,
verificado.
Levanto solemne
el verso de mil dedos-estrofas.
Juro, amo,
fiel y seguro.


Vladimir Maiacovski: Poeta ruso nacido en la aldea georgiana de Bagdadi en julio de 1893. Al fallecer su padre en 1906, se trasladó con su familia a Moscú, donde pronto suspendió sus estudios para vincularse a la política. Vladimir Mayacovski constituye un fenómeno extraordinario de la poesía rusa. Valiente, ingenioso, brillante polemista, talentoso pintor y artista de cine, fue el símbolo de la poesía innovadora del siglo XX. Como ensayista brilló con fuerza excepcional, escribiendo múltiples textos en los que siempre defendió su posición revolucionaria, convirtiéndose en "representante plenipotenciario" del comunismo en el extranjero. El gran amor de su vida, Lili Brik, a quien le dedicó su más famosa obra y los viajes realizados a Francia y Estados Unidos dejaron una honda huella en su poesía. Después de una vida de lucha y sacrificio, víctima de un amor imposible, y sintiéndose derrotado y abandonado, se quitó la vida en el año de 1930.

Antes de suicidarse escribió:

¡A todos!

No se culpe a nadie de mi muerte y, por favor, nada de chismes. Lili ámame.

Camarada gobierno, mi familia es: Lili Brik, mi madre, mis hermanas y Verónica Vitaldovna Polonskaya. Si se ocupan de asegurarles una existencia decente, gracias.

Por favor den los poemas inconclusos a los Brik, ellos los entenderán. Como quien dice la historia ha terminado. El barco del amor se ha estrellado contra la vida cotidiana. Y estamos a mano tú y yo. Entonces ¿para qué reprocharnos mutuamente por dolores y daños y golpes recibidos?

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Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Otra vez sobre la ciudad, lo que llaman ciudad.
Sobre la realidad, en otra realidad,
en la tierra sin tierra.
Abajo el ajetreootraspasiones,
arriba el reposo con temor e impotencia.
Quizás este suspenso, este sacudirse entre gravidez e ingravidez,
te haga olvidar.
Pero también te descubre lo aplazado y sin resolver.

No sé qué tienen los aeropuertos.
Allí también soy diferente y veo que los demás se sienten igual,
con la soltura y desenvoltura
que dan los hechos superados o sin hacer.
Como en tantas otras coyunturas,
suelen ser inquietantes al partir y al llegar.

Acaso cuando el piso se torna en blanda porcelana,
por encima de todo y por debajo de todo, es decir, entre todo,
y nos vemos en nuestros cotidianos fracasos,
pensamos estar en paz con nosotros mismos y con lo con-ti-gente y necesario,
sólo enfrentados a lo ineludible que, por lo mismo, puede no importar.

De pronto
mi vecino me habla
(y le atiendo)
y las elucubraciones ya no interesan, nunca interesaron
pues poco modifican.
De todas maneras,
si el fin no es hoy, será mañana.

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Bellos jardines hogareños



Una colección de agradables jardines hogareños. ¿Con cuál te quedarías?

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La bruja de abril

Ray Bradbury



En el aire, sobre los valles, bajo las estrellas, sobre un río, un estanque, un camino, volaba Cecy. Invisible como los nuevos vientos de la primavera, fragante como el aroma de los tréboles que se alzaba en los campos a la tarde, ella volaba. Se deslizaba en palomas suaves como el armiño blanco, se detenía en los árboles y vivía en los capullos, abriéndose en pétalos cuando soplaba la brisa. Se posaba en una rana verde, fresca como la menta, a orillas de un charco brillante. Trotaba en un perro zarzoso y ladraba para oír ecos que venían de graneros lejanos. Vivía en las nuevas hierbas de abril, en suaves y claros líquidos que se alzaban de la tierra de almizcle.

Es primavera, pensaba Cecy. Esta noche estaré en todas las cosas vivas del mundo.

Ahora vivía en grillos claros en los arroyos de alquitrán de los caminos, ahora caía como el rocío en una verja de hierro. Era la suya una mente que se adaptaba con rapidez, y volaba invisible en los vientos de Illinois esta noche única de su vida. Acababa de cumplir diecisiete años.

-Quiero enamorarme -dijo.

Lo había dicho a la hora de la cena. Y sus padres habían abierto los ojos y se habían reclinado tiesamente en sus sillas.

-Cuidado -le habían aconsejado-. Recuerda que eres una criatura notable. Toda nuestra familia es rara y notable. No podemos mezclarnos o casarnos con gente ordinaria. Perderíamos nuestros poderes mágicos si lo hiciésemos. No te gustaría no poder "viajar" por medios mágicos, ¿no es verdad? Entonces, cuidado. ¡Cuidado!

Pero en su alto dormitorio, Cecy se había perfumado la garganta, y se había tendido temblorosa y aprensiva en su carruaje de cuatro caballos, como una luna de leche que se alza sobre los campos de Illinois, transformando los ríos en cremas y los caminos en platino.

-Sí -suspiró-. Soy de una familia rara. Dormimos de día y volamos de noche como cometas negras en el viento. Si lo deseamos, podemos dormir en un topo durante el invierno, en la tibia tierra. Puedo vivir en cualquier cosa: un guijarro, una flor de azafrán o una manta religiosa. Puedo abandonar mi cuerpo simple y huesudo y lanzar mi mente a la aventura. ¡Ahora!

El viento la llevó sobre campos y praderas.

Cecy vio las cálidas luces primaverales de mansiones y granjas que brillaban con colores crepusculares.

Yo no puedo enamorarme porque soy sencilla y rara, pero me enamoraré por medio de alguna otra forma, pensó.

En los campos de una granja, en la noche de primavera, una muchacha de pelo oscuro, de no más de diecinueve años, sacaba agua de un profundo pozo de piedra y cantaba.

Cecy cayó -una hoja verde- en el pozo. Se tendió en el tierno musgo del pozo, mirando hacia arriba en la sombría frescura. Luego se animó en una palpitante e invisible ameba. ¡Luego en una gota de agua! Al fin, en un tazón frío, se sintió llevada a los tibios labios de la muchacha. Se oyó un suave y nocturno sonido; la muchacha bebía.

Cecy miró el mundo desde los ojos de la muchacha.

Desde el interior de la oscura cabeza, desde los ojos brillantes, miró las manos que tiraban de la tosca cuerda. Escuchó a través de las orejas de caracol el mundo de la muchacha. Olió un particular universo por la delicada nariz, sintió que aquel corazón especial batía y batía. Sintió que aquella lengua extraña se movía cantando.

¿Sabrá que estoy aquí? pensó Cecy.

La muchacha abrió la boca. Miró fijamente los prados nocturnos.

-¿Quién está ahí?

No hubo respuesta.

-Sólo el viento -murmuró Cecy.

La muchacha se rió de sí misma, pero se estremeció.

-Sólo el viento.

Era un buen cuerpo, el cuerpo de la muchacha. Tenía huesos del más fino y delicado marfil, envueltos redondamente en carne. El cerebro era como una pálida rosa té, que colgaba en la oscuridad, y había un aroma de manzanas en la boca. Los labios se apoyaban firmemente en los blancos, blancos dientes, y las cejas se arqueaban nítidamente ante el mundo, y el pelo caía hermoso y suave en la nuca de leche. Los poros se apretaban diminutos y cerrados. La nariz apuntaba a la luna y las mejillas brillaban con pequeños fuegos. El cuerpo se movía con el equilibrio de una pluma y parecía como si siempre se cantase a sí mismo. Estar en este cuerpo, esta cabeza, era como calentarse en una estufa, vivir en el ronroneo de un gato dormido, dejarse llevar por las tibias aguas de un arroyo que corría de noche hacia el mar.

Me gustará estar aquí, pensó Cecy.

-¿Qué? -preguntó la muchacha como si hubiese oído una voz.

-¿Cómo te llamas? -preguntó Cecy cuidadosamente.

-Ann Leary. -La muchacha se estremeció-. ¿Pero por qué digo esto en voz alta?

-Ann, Ann -murmuró Cecy-. Ann, vas a enamorarte.

Como si fuese una respuesta, un trueno estalló en el camino, un repiqueteo y un retumbar de ruedas en la grava. Apareció un nombre alto que manejaba un carro, sosteniendo las riendas en los brazos monstruosos, y con una sonrisa brillante que cruzaba el patio de la granja.

-¡Ann!

-¿Eres tú, Tom?

-¿Quién otro podía ser?

Tom saltó del carro y ató las riendas a la verja.

-¡Yo no hablo contigo!

Ann dio media vuelta con el balde en la mano, salpicando el suelo.

-¡No! -gritó Cecy.

Ann se detuvo. Miró las lomas y las primeras estrellas de la primavera. Miró al hombre llamado Tom. Cecy le hizo dejar caer el balde.

-¡Mira lo que has hecho!

Tom corrió.

-¡Mira lo que me has hecho hacer!

Tom le limpió los zapatos con un pañuelo riéndose.

-¡Apártate!

Ann le pateó las manos, pero Tom se rió otra vez, y desde kilómetros de distancia, Cecy le miró la forma de la cabeza, el tamaño del cráneo, la línea de la nariz, el ancho de los hombros, y la dura fuerza de las manos que hacían esa cosa delicada con el pañuelo. Asomándose a la secreta bohardilla de la encantadora cabeza, Cecy tiró de un oculto alambre de ventrílocuo, y la hermosa boca se abrió y dijo:

-¡Gracias!

-Oh, entonces eres cortés -dijo Tom.

El olor de cuero de sus manos, el olor del caballo en sus ropas se elevaron hasta la tierna nariz, y Cecy, lejos, muy lejos, sobre prados nocturnos y campos florecidos, se movió como en sueños.

-¡No! ¡No contigo! -dijo Ann.

-Vamos, habla suavemente -dijo Cecy.

Movió los dedos de Ann hacia la cabeza de Tom. Ann echó atrás la mano.

-¡Me he vuelto loca!

-Así es -asintió Tom, sonriendo, pero sorprendido-. ¿Ibas a tocarme entonces?

-No sé. ¡Oh, vete!

En las mejillas de Ann brillaban rosados carbones.

-¿Por qué no corres? No te retengo. -Tom se incorporó-. ¿Has cambiado de parecer? ¿Irás al baile conmigo esta noche? Es un baile especial. Te diré por qué más tarde.

-No -dijo Ann.

-¡Sí! -gritó Cecy-. Nunca bailé. Quiero bailar. Nunca llevé un largo vestido susurrante. Quiero bailar toda la noche. No sé qué es estar en una mujer, bailando. Papá y mamá nunca me lo permitirían. He conocido perros, gatos, langostas, hojas, todo lo que hay en el mundo en un tiempo o en otro, pero nunca una mujer en primavera, nunca en una noche como la de hoy. Oh, por favor... debemos ir al baile.

Cecy extendió sus pensamientos como dedos dentro de un guante nuevo.

-Sí -dijo Ann Leary-. Iré. No sé por qué, pero iré contigo al baile esta noche, Tom.

-¡Ahora adentro, pronto! -gritó Cecy-. Debes lavarte, avisar a tu gente, preparar el vestido, calentar la plancha. ¡A tu cuarto!

-Mamá -dijo Ann-, ¡he cambiado de parecer!

El caballo de Tom galopó a lo largo de la cerca, los cuartos de la granja volvieron a la vida, el agua hirvió para un baño, la estufa de carbón calentó la plancha que plancharía el vestido, la madre corrió, corrió con una hilera de alfileres en la boca.

-¿Qué te ha pasado, Ann? ¡Tom no te gusta!

Ann se detuvo en medio de aquella gran fiebre.

-Es cierto.

¡Pero es primavera! pensó Cecy.

-Es primavera -dijo Ann.

Y es una hermosa noche para bailar, pensó Cecy.

-... para bailar -murmuró Ann Leary.

La muchacha se metió en la bañera y la espuma le cubrió los blancos hombros de delfín, y el jabón hizo pequeños nidos bajo sus brazos, y la carne de sus pechos tibios se movió en sus manos, y Cecy movió la boca, modelando la sonrisa, guiando los movimientos de Ann. No podía permitirse una pausa, ni un titubeo, ¡o toda la pantomima se haría pedazos! Había que obligar a Ann Leary a moverse, a actuar, a lavarse aquí, a enjabonarse allá. Ahora, ¡afuera! ¡Sécate con una toalla! ¡Ahora perfume y polvo!

-¡Tú! -Ann se vio en el espejo, toda blanca y rosada como lirios y claveles-. ¿Quién eres esta noche?

-Soy una muchacha de diecisiete años. -Cecy la miró desde los ojos violetas-. No puedes verme. ¿Sabes que estoy aquí?

Ann Leary sacudió la cabeza.

-Le he alquilado el cuerpo a alguna bruja de abril.

-¡Cerca, muy cerca! -rió Cecy-. Bueno, ahora con tu vestido.

¡El placer de sentir una hermosa ropa sobre un gran cuerpo! Y luego el saludo afuera.

-¡Ann! ¡Llegó Tom!

-Dile que espere. -Ann se sentó de pronto-. Dile que no voy al baile.

-¿Qué? -dijo su madre en la puerta.

Cecy volvió rápidamente a su puesto. Había sido un descuido fatal, había dejado el cuerpo de Ann un fatal instante. Había oído el ruido lejano de los cascos del caballo y el carro que traqueteaba cruzando el campo primaveral iluminado por la luna. Durante un segundo había pensado: Iré a buscar a Tom y me instalaré en su cabeza y veré qué es ser un hombre de veintidós años en una noche como ésta. Y se había lanzado a cruzar rápidamente un campo de brezos. Regresó volando, como un pájaro a su jaula, y susurró y batió en la cabeza de Ann Leary.

-¡Ann!

-¡Dile que se vaya!

Cecy se calmó y extendió sus pensamientos.

-¡Ann!

Pero Ann se había rebelado.

-¡No, no, lo odio!

No debía haberme ido, ni siquiera un momento. Cecy derramó su mente en las manos de la muchacha, en el corazón, en la cabeza, suavemente, suavemente.

De pie, pensó.

Ann se incorporó.

Ponte el abrigo.

Ann se puso el abrigo.

Ahora, ¡en marcha!

¡No!, pensó Ann Leary.

¡En marcha!

-Ann -dijo la madre-, no hagas esperar a Tom. Sal y déjate de tonterías. ¿Qué te pasa?

-Nada, mamá. Buenas noches. Volveremos tarde.

Ann y Cecy corrieron juntas hacia la noche de primavera.

Una sala de palomas que bailaban suavemente rizando sus silenciosas y arrastradas plumas, una sala de pavos reales, una sala de ojos y luces de arco iris. Y en el centro, dando vueltas, y vueltas, y vueltas, bailaba Ann Leary.

-Oh, es una hermosa noche -dijo Cecy.

-Oh, es una hermosa noche -dijo Ann.

-Estás rara.-dijo Tom.

La música los hacía girar en la oscuridad, en ríos de canciones; flotaban, asomaban, se hundían, se alzaban en busca de aire, jadeaban, se tomaban el uno del otro como si estuviesen ahogándose, y giraban otra vez, con movimientos de abanico, con murmullos y suspiros al compás de Hermoso Ohio.

Cecy tarareó. Los labios de Ann se abrieron y salió música.

-Sí, estoy rara -dijo Cecy.

-No eres la misma -dijo Tom.

-No, no esta noche.

-No eres la Ann Leary que conozco.

-No, de ningún modo, de ningún modo -murmuró Cecy, a kilómetros y kilómetros de distancia-. No, de ningún modo -dijeron los labios de Ann.

-Tengo una sensación rarísima -dijo Tom.

-¿Acerca de qué?

-Acerca de ti. -Tom apoyó la mano en la espalda de Ann y la hizo bailar mirando la cara resplandeciente de la muchacha, buscando algo-. Tus ojos -dijo-, no puedo verlos realmente.

-¿Me ves? -preguntó Cecy.

-Una parte tuya está aquí, Ann, y otra parte no está.

Tom la hizo girar cuidadosamente, perturbado.

-Sí.

-¿Por qué viniste conmigo?

-Yo no quería venir -dijo Ann.

¿Por qué, entonces?

-Algo me obligó.

-¿Qué?

-No sé. -La voz de Ann era casi histérica.

-Bueno, bueno, bueno -susurró Cecy-. Tranquila. Da vueltas, da vueltas.

Murmuraron y susurraron y se alzaron y cayeron en la sala oscura, con la música que se movía y le hacía girar.

-Pero has venido al baile -dijo Tom.

-Sí -dijo Cecy.

-Vamos.

Y Tom la llevó bailando ligeramente hacia una puerta abierta y la hizo caminar en silencio alejándola de la sala y la música y la gente.

Subieron al carro y se sentaron juntos.

-Ann -dijo Tom, tomándole las manos, temblando-. Ann. -Pero dijo el nombre de ella como si no fuese su verdadero nombre. Se quedó mirando aquel rostro pálido. Ann había abierto otra vez los ojos-. Yo te quise siempre, lo sabes -dijo.

-Lo sé.

-Pero tú fuiste siempre veleidosa y yo no quería sufrir.

-No tiene importancia, somos muy jóvenes.

-No, quiero decir lo siento -dijo Cecy.

-¿Qué quieres decir?

Tom dejó caer las manos de Ann y se endureció.

La noche era cálida y el olor de la tierra subía estremeciéndose alrededor del carro, y el aliento de los árboles frescos empujaba las hojas unas contra otras con una sacudida y un susurro.

-No sé -dijo Ann.

-Oh, pero yo lo sé -dijo Cecy-. Eres alto, y el hombre más atractivo del mundo. Esta es una hermosa noche; recordaré siempre que he pasado esta noche contigo.

Cecy extendió una mano fría y extraña hacia la mano temerosa de Tom, y la acercó y la apretó y calentó.

-Pero -dijo Tom, parpadeando- esta noche estás aquí, estás allí. En un instante de un modo, y en el siguiente de otro. Yo quería traerte al baile esta noche en recuerdo de los viejos tiempos. No pensaba en nada al principio, cuando te lo pedí. Y luego, cuando estábamos junto al pozo, supe que en ti algo había cambiado, realmente. Estás distinta. Hay en ti algo nuevo y blando, algo... -Tom buscó a tientas la palabra-. No sé. No puedo decirlo. El modo en que miras. Algo en tu voz. Y ahora sé que estoy enamorado de ti otra vez.

-No -dijo Cecy-, de mí, de mí.

-Y temo estar enamorado de ti -dijo Tom-. Me harás daño otra vez.

-Sí -dijo Ann.

No, no, ¡te quiero de veras! pensó Cecy. Ann, díselo, díselo por mí. Dile que lo quieres de veras.

Ann no dijo nada.

Tom se acercó suavemente un poco más y alzó la mano para tomarle la barbilla.

-Me voy, Ann. Conseguí un trabajo a ciento cincuenta kilómetros de aquí. ¿Me extrañarás?

-Sí -dijeron Ann y Cecy.

-¿Puedo despedirme de ti con un beso, entonces?

-Sí -dijo Cecy antes de que ningún otro pudiese hablar.

Tom apoyó los labios en aquella extraña boca. Besó la extraña boca, temblando.

Ann parecía una estatua blanca.

-¡Ann! -dijo Cecy-. ¡Mueve tus brazos, abrázalo!

Ann era como una muñeca de madera a la luz de la luna.

Tom la besó otra vez.

-Te quiero -susurró Cecy-. Estoy aquí. Me ves a mí en los ojos de Ann, a mí. Y yo te quiero a pesar de ella.

Tom se apartó y pareció un hombre que hubiese corrido una larga distancia.

-No sé qué pasa -dijo-. Durante un momento...

-¿Sí? -preguntó Cecy.

-Durante un momento pensé... -Se llevó las manos a los ojos-. No importa. ¿Te llevo ahora a tu casa?

-Por favor -dijo Ann Leary.

Tom le cloqueó al caballo, sacudió cansadamente las riendas y el carro se alejó. Iban en las sacudidas y crujidos y movimientos del carro iluminado por la luna, en la todavía temprana -eran sólo las once- noche primaveral, y los campos brillantes y los suaves prados de trébol pasaban deslizándose.

Y Cecy, mirando los campos y prados, pensaba: daría cualquier cosa, sí, lo daría todo por estar siempre con él desde esta noche. Y oyó otra vez la voz de sus padres, débilmente: "Cuidado. No querrás perder tus poderes mágicos, casándote con un simple mortal. Cuidado."

Sí, sí, pensó Cecy, hasta a eso renunciaría, ahora mismo, si él me tuviese en cambio. No necesitaría entonces pasear en las noches de primavera, no necesitaría vivir en pájaros y perros y gatos y zorros. Sólo necesitaría estar con él. Sólo con él. Sólo con él.

El camino pasaba debajo de ellos, suspirando.

-Tom -dijo Ann al fin.

Tom miraba fríamente el camino, el caballo, los árboles, el cielo, las estrellas.

-¿Qué?

-Si estás alguna vez en los años próximos, alguna vez, en Green Town, Illinois, a unos pocos kilómetros de aquí, ¿me harías un favor?

-Quizás.

Ann Leary habló con una voz vacilante y torpe:

-¿Me harías el favor de ver a una amiga mía?

-¿Por qué?

-Es una buena amiga. Te he hablado de ella. Te daré su dirección. Un momento. -El carro se detuvo ante la casa de Ann y la muchacha sacó lápiz y papel de su pequeño bolso y escribió a la luz de la luna, apoyando el papel en la rodilla-.Toma. ¿Se lee bien?

Tom miró el papel y asintió aturdido.

-Cecy Elliot. Calle de los Álamos, 12. Green Town, Illinois -leyó.

-¿La visitarás algún día? -preguntó Ann.

-Algún día -dijo Tom.

-¿Me lo prometes?

-¿Qué tiene que ver esto con nosotros? -gritó Tom furiosamente-. ¿Para que quiero papeles y nombres?

Apretó el papel y se metió la arrugada pelota en el bolsillo de la chaqueta.

-¡Oh, por favor, promételo! -suplicó Cecy.

-...promételo -dijo Ann.

-¡Muy bien, muy bien, déjame en paz! -gritó Tom.

Estoy cansada, pensó Cecy. No aguanto más. Tengo que ir a casa. Me siento débil. Mi poder sólo alcanza para pasar unas pocas horas como éstas, de noche, viajando, viajando. Pero antes de irme...

-... antes de irme.... -dijo Ann.

Besó a Tom en la boca.

-Soy yo quien te besa -dijo Cecy.

Tom se apartó y miró a Ann Leary, adentro muy adentro. No dijo nada, pero se le ablandó la cara, lentamente, muy lentamente, y los rasgos se le desdibujaron, y la boca perdió su dureza, y miró otra vez el interior de aquel rostro bañado por la luna.

Luego bajó a Ann del carro y sin siquiera unas buenas noches se alejó rápidamente camino abajo.

Cecy dejó a Ann.

La muchacha, gritando, como si saliese de una cárcel, corrió por el sendero lunar hacia su casa y cerró de un portazo.

Cecy se demoró allí cerca unos instantes. En los ojos de un grillo vio el nocturno mundo primaveral. En los ojos de una rana se quedó un momento a solas junto a un estanque. En los ojos de un ave nocturna miró desde un olmo alto, hechizado por la luna, y vio cómo se apagaban las luces en dos granjas, una allí, y otra a un kilómetro. Pensó en sí misma, su familia, y sus extraños poderes, y en que nadie de su familia podía casarse con ninguna de las gentes de aquel vasto mundo, más allá de las colinas.

-¿Tom? -Su mente cada vez más débil voló con un ave nocturna bajo los árboles y sobre los campos de mostaza silvestre-. ¿Tienes todavía el papel, Tom? ¿Vendrás algún día, algún año, alguna vez, a verme? ¿Me conocerás entonces? ¿Me mirarás a la cara y recordarás entonces cuando me viste por última vez, y sabrás que me quieres como yo te quiero, de verdad y para siempre?

Se detuvo en el fresco aire de la noche, a un millón de kilómetros de pueblos y gentes, sobre granjas y continentes y ríos y montañas.

-¿Tom? -preguntó suavemente.

Tom dormía. Era tarde; las ropas estaban colgadas en sillas, u ordenadamente plegadas a los pies de la cama. Y en una mano inmóvil, puesta con cuidado sobre la almohada blanca, junto a su rostro, había un trozo de papel escrito. Lentamente, lentamente, una fracción de centímetro cada vez, los dedos se fueron plegando y se cerraron sobre el papel. Y Tom ni siquiera se movió cuando un ave negra, débilmente, maravillosamente, aleteó con suavidad unos instantes contra los vidrios de la ventana, claros a la luz de la luna, y luego, abriendo en silencio las alas, se alejó volando hacia el este, sobre la tierra dormida.

Ray Bradbury (Waukenaun, Illinois, 1920-Los Ángeles, California, 2012) Novelista y cuentista estadounidense conocido principalmente por sus libros de ciencia ficción. Alcanzó la fama con la recopilación de sus mejores relatos en el volumen Crónicas marcianas (1950), que obtuvieron un gran éxito y le abrieron las puertas de prestigiosas revistas. Se trata de narraciones que podrían calificarse de poéticas más que de científicas, en las que lleva a cabo una crítica de la sociedad y la cultura actual, amenazadas por un futuro tecnocratizado. En 1953 publicó su primera novela, Fahrenheit 451, que obtuvo también un éxito importante y fue llevada al cine por François Truffaut. En ella puso de manifiesto el poder de los medios de comunicación y el excesivo conformismo que domina la sociedad.

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