miércoles, 26 de noviembre de 2014

Música: ¿Quién dijo que de la basura no podían salir cosas bonitas?



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Ayotzinapa es el dolor globalizado: Homenaje a los 43 estudiantes normalistasy a todos los desaparecidos en México y en el mundo

Franklin Ledezma Candanedo (Desde Panamá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
cinco siglos de infamias
acumuladas
en las células de hermanos originarios
y en cada estanco de su Pacha mama
subyugada.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
por viejos y nuevos imperios
sin alma,
genocidas,
bárbaros repetidos
en el tiempo,
sin tiempo para edificar
vidas,
pues la muerte diaria
es su consigna,
incluso el colapso
del planeta.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
el hambre y el terror
que viven pueblos indefensos,
asolados por bacterias mortales
fabricadas
gracias a la lujuria metálica
capitalista
(ébola, cáncer, cólera
chikunguya…)


Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
el que aún guía la espada de Bolívar
Libertador,
el fusil de Martí, Sandino
y de Fonseca Amador,
el que se hizo coraje,
dignidad
y montaña,
en Fidel Castro
y el Che Guevara,
inmortales comandantes
revolucionarios.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
es el que impulsó
la empresa redentora de Bayano, Urracá,
Prestán y León A. Soto.
Es el mismo dolor
que forjó Nacionalidad
con Justo Arosemena
y Victoriano Lorenzo,
héroe indígena de nuestro
Corinto Bolivariano.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
el dolor que se hizo carne
en el Líder-Comandante
Hugo Chávez,
que siembra precedentes
de vida buena, justa, digna,
renovada,
a través de la Revolución
Bolivariana.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
por la bestia (666) imperial
hegemónica,
Es el dolor de la Patria cubana
aún bloqueada
(siempre de pie,
jamás de rodillas)).
Es el de los 16 territorios
coloniales existentes,
el de pueblos enteros
contaminados
con minas a cielo abierto,
proyectos tantos inconsultos
y la fragmentación de la tierra…
por petróleo.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
es el que viven las Abuelas
de Plaza de Mayo,
el de los cinco héroes antiterroristas
cubanos.
Es el mismo dolor que sepultó
y sepulta
derechos fundamentales:
Libertad de Expresión,
Trabajo y salario dignos,
paz, justicia,
libertad.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
por muros de vergüenza
de ayer y hoy
construidos en la piel terrena
sometida:
Ceuta (España), Sahara Occidental,
Gaza
yen el corazón de los hermanos
mexicanos.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
que impacta nuestro Norte
que es el Sur:
el planeta entero.
Es el dolor marino
Boliviano
el que padecen
los heroicos argentinos
sin Las Malvinas,
el que sentimos por el genocidio

de patriotas vascos,
saharauies,africanos
y palestinos.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
es el dolor por la corrupción
institucionalizada,
que cabalga libre
sobre el lomo
del planeta,,
por la explotación
de los humildes,
la falta de salud,
educación
y por la ausencia
de solidaridad.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
por la narco política
y el demonio del
capitalismo salvaje vigentes.
Es el de la humillación milenaria
de las autóctonas raíces,
el despojo campesino
de sus tierras,
la reiterada violación
a los derechos humanos
y por una justicia en todos lados
anquilosada.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
el de niños-obreros
sin vida de calidad,
sin nada;
es el dolor de mujeres
indefensas,
subordinadas a estatutos
que jamás, jamás castigan
elfemicidio.


Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
que recorre cada estanco
del hábitat colectivo,
por la imparable degradación
ambiental
propia de la codicia
mercantil,
que ha decretado la extinción
irreversible
de la flora, la fauna
y de toda la riqueza
natural.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
repetido en el ADN
de afro descendientes,
tercera edad,
discapacitados
e inmigrantes,
que no tienen esperanzas
ni futuro,
a quienes sólo la muerte
les pisa los talones,
mientras la demagogia hace fiesta
en todas partes.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
es el dolor hecho
rebeldía,
espinas sin rosas
que se clavan en la corteza
de mercaderes
desalmados
y humillan al imperio
y a incondicionales secuaces,
que reptan y ofenden
al universo entero.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
el que impide olvidar
aKadaffi, Arafat
y a Mandela,
paradigmas nacionalistas,
innovadores.
Es el dolor de los indignados
de latierra,
que tienen como techo
las estrellas,
mientras el neoliberalismo
depredador
les regala plomo,
analfabetismo
y miseria.

Ayotzinapa es el dolor
globalizado,
es tu dolor,
mi dolor,
el dolor de todos los crucificados
por la bestia
hegemónica
y adláteres corruptos;
es el dolor de un mundo
a la deriva,
sin paz, sin justicia,
sin libertad.

¡Ayotzinapa es el dolor
Globalizado!

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AYOTZINAPA 43 veces… “Nunca Más” (Noviembre-2014. Oaxaca. Feria del Libro)

Miguelángel Epeeyüi, Fredy Chikangana y Hugo Jamioy



Desde el orgullo del canto de Nezahualcóyotl empinamos esta palabra

De nuevo en la hora del vértigo sobre el abismo de nuestra profunda herida… y aquí llegan las fuerzas nutrientes olvidadas… se despiertan los espíritus de los clarines de la esperanza… ¡todos a salir por el mantenimiento de la milagrosa vida entre nosotros!

Ayotzinapa nos convoca… reúne los surcos de la dignidad del México perenne. Revive el vuelo del águila libertaria… no se apagará esta llama del corazón enamorado de la vida erguida. El copal humea el dolor sobre los pechos de las madres despojadas. Cuarenta y tres vidas atacadas, desde el monstruo humano en su camuflaje civilizatorio… ora seguridad ciudadana, ora gobierno, ora poder de los monopolios… es monstruo que expele intimidación y recoge miedos… se alimenta del miedo primario que subyace en la humildad; pero se intoxica y muere con el miedo inteligente que emerge de la indignación.

Los altares de Teotihuacan brillan y amplifican las voces de la defensa de la vida. Asciende un coro resonante, de esencia milenaria, es el coro mexicano de la resistencia y la trascendencia que cubre a Latinoamérica y anuncia al mundo su vitalidad transformadora desde la agonía.

La patria suave de López Velarde sigue brotando sus aguas y sus flores de nopal en cada sueño de estudiante; la Piedra del Sol Meshica continuará alumbrando los pasos en el camino de la unidad en la diversidad.

México viene desde adentro… y llega. Es este el desnudamiento de una Nación… hacia su catarsis realimentaria… hacia el temazcal colectivo que sostenga el vuelo humano mexicano… siempre redivivo… tan admirado, tan indispensable para el orgullo del mundo.

Ayotzinapa nos convoca… para reafirmar cuarenta y tres veces “nunca más”… la matriz de la nación no se asesina… pisoteada, reverdece y de nuevo se abre campo el México de las altivas entrañas… el de los gobiernos de gente arcillosa… allí, en donde se manda obedeciendo a la inteligencia colectiva. Latinoamérica marcha contigo entre el río Bravo y el río Deseado.

Miguelángel Epeeyüi, Fredy Chikangana y Hugo Jamioy
(Poetas de las comunidades indígenas de Colombia)

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El cazador de orquídeas

Roberto Arlt



Djamil entró en mi camarote y me dijo: Señor, ya están apareciendo las primeras montañas.

Abandoné precipitadamente mi encierro y fui a apoyarme de codos en la borda. Las aguas estaban bravías y azules mientras que en el confín la línea de montañas de Madagascar parecía comunicarle al agua la frialdad de su sombra. Poco me imaginaba que dos días después me iba a encontrar en Tananarivo con mi primo Guillermo Emilio, y que desde ese encuentro me naciera la repugnancia que me estremece cada vez que oigo hablar de las orquídeas.

Efectivamente, dudo que en el reino vegetal exista un monstruo más hermoso y repelente que esta flor histérica, y tan caprichosa, que la veréis bajo la forma de un andrajo gris permanecer muerta durante meses y meses en el fondo de una caja, hasta que un día, bruscamente, se despierta, se despereza y comienza a reflorecer, coloreándose las tintas más vivas.

Yo ignoraba todas estas particularidades de la flor, hasta que tropecé con Guillermo Emilio, precisamente en Madagascar.

Creo haber dicho que Guillermo Emilio era cazador de orquídeas. Durante mucho tiempo se dedicó a esta cacería en el sur del Brasil; pero luego, habiendo la justicia pedido su extradición por no sé qué delito de estafa, de un gran salto compuesto de numerosos y misteriosos zigzags se trasladó a Colombia. En Colombia formó parte de una expedición inglesa que en el espacio de pocos meses cazó dos mil ejemplares de orquídeas en las boscosas montañas de Nueva Granada. La expedición estaba costosamente equipada, y cuando los ingleses llegaron a Bogotá, de los dos mil ejemplares les quedaban vivos únicamente dos. El resto, malignamente, se había marchitado, y el financiador de la empresa, un lustrabotas enriquecido, enloqueció de furor.

Completamente empobrecido, y además mal mirado por la policía, Guillermo Emilio emigró a México, donde pretende que él fue el primero que descubrió la especie que conocemos bajo el nombre de "orquídea del azafrán". No sé qué incidentes tuvo con un nativo -los mexicanos son gente violenta-, que Guillermo Emilio desapareció de México con la misma presteza que anteriormente salió de Río Grande, después de Natal, luego de Bogotá y, finalmente, de Tampico. Algunos maldicientes susurraban que el primo Guillermo Emilio combinaba el robo con la caza, y yo no diré que sí ni que no, porque bien claro lo dicen las Sagradas Escrituras: "No juzguéis si no quieres ser juzgado".

Era él un hombre alto como un poste, de piernas largas, brazos largos, cara larga y fina y mucha alegría que gastar. Se le encontraba casi siempre vestido con un traje caqui, polainas y casco de explorador y un cuaderno bajo el brazo. En este cuaderno estaban pegados varios recortes de periódicos de provincia, donde se le veía junto a una planta de orquídeas acompañado de un grupo de indígenas sonrientes. Tal publicidad le permitió robar en muchas partes.

Este es el genio que yo me encontré una mañana de agosto en Tananarivo cuando semejante a un babieca abría los ojos como platos frente al disparatado palacio que ocupó la ex reina indígena Ranavalo. Este palacio lo construyó un francés aventurero que recaló en Madagascar huyendo de sus crueles deudores, y de quien me contaron extraordinarias anécdotas; pero dejémoslas para otro día.

Estaba, como digo, de pie, abriendo los ojos frente al palacio y rodeado de un grupo de cobrizas chiquillas con motas trenzadas y desparramadas, como los flecos de una alfombra, sobre su frente de chocolate. Por momentos miraba el palacio de la pobre Ranavalo, y si le volvía la espalda tropezaba con una multitud de robustos malgaches, que con la cabeza cargada de cestos de cañas pasaban hacia el mercado transportando sus plátanos. También pasaban rechinantes carros arrastrados por pequeños cebúes despojados de su rabo por una infección que permite salvar al buey sacrificando su cola. Yo conocía un chiste muy divertido respecto al buey y su cola, pero ahora no lo recuerdo. Adelante.

Mis proyectos eran variados. Uno consistía en marcharme a los arrozales de Ambohidratrimo, otro -y éste me seducía muy particularmente- en cruzar oblicuamente la isla partiendo de Tananarivo para el puerto de Majunga, y embarcarme allí para el archipiélago de las Comores. Ninguno de estos proyectos estaba determinado por la necesidad de los negocios, sino por el placer. De pronto escuché una gritería y vi a un viejo con casco de corcho que salió maldiciendo y riéndose a la puerta de su almacén, y al tiempo que maldecía y se reía, amenazaba con el puño la copa de un cocotero. Entonces, fijándome en donde señalaba el viejo, vi un mono con un gran cigarro encendido que se lo había robado. En el almacén ladero, un chino, con un blusón azul que le llegaba a los talones y una gran coleta, miraba al mono, que fumaba haciéndole amenazadoras señales.

-¡Tony! ¡Tú aquí, Tony!

¿Quién diablos me llamaba?

Me volví, y allí, para mi desgracia, estaba el primo Guillermo, con su traje caqui y el cuaderno debajo del brazo. Mientras cambiábamos las primeras preguntas yo pensaba en echarle escrupuloso candado a mi cartera. Sin embargo, me dejé persuadir, y Guillermo, tomándome de un brazo, exclamó en voz alta, tan alta, que creo que la pudo escuchar el chino del "fondak" frontero:

-Nunca entres al restaurante de un chino. Será un misterio para ti lo que te dé de comer.

Terminó mi primo de pronunciar estas palabras, se corrió una cortinilla de abalorios, y corpulento, con una barba despejada sobre su pecho y un turbante del razonable diámetro de una piedra de molino, apareció Taman. Arrastrando sus amarillas babuchas por el piso de madera, se aproximó a nuestra mesa, y Guillermo Emilio le dijo:

-Honorable Taman: te presentaré a un primo mío, perteneciente a una muy noble familia de América.

Taman me saludó al modo oriental; luego estrechó calurosamente mi mano y yo pensé si no había caído en una emboscada. Luego un chico tuerto, con una lamentable chilaba colgando de sus hombros y un fez rojo, depositó tres vasos de café sobre la mesa y el primo Guillermo me lo presentó:

-Es sabio y virtuoso como el ojo de Alá.

El pequeño tuerto me saludó lo mismo que su amo, y el primo Guillermo continuó:

-A ti puedo confiarme -miró en derredor cautelosamente-. Este prodigioso niño llamado Agib, ha descubierto la orquídea negra. Dice que de pétalo a pétalo la flor mide cerca de cuarenta centimetros.

-¿Y dónde descubrió ese prodigio?

-A ti puedo confiártelo. Es en el oeste del lago Itasy, sobre una falda del Tananarivo.

-¿Y por qué no la cazó él?

El tuerto, a quien su tío Taman encontraba sabio y virtuoso como el ojo de Alá, me respondió:

-Te diré, señor. He oído decir en ese paraje que en el tronco mismo de la orquídea se oculta una venenosísima serpiente negra...

-El primo Guillermo masculló:

-¡Supersticiones! ¿No sabes acaso, que el perfume de las orquídeas ahuyenta a las serpientes?

-¿Y qué piensas hacer tú? -intervine yo, que a mi pesar comenzaba a sentirme interesado en la aventura.

-Contrataré a dos indígenas. Cargaremos el tronco en una angarilla y traeremos la orquídea aquí.

Taman, el dueño del tabuco, que bebía su café silenciosamente, remató el diálogo con estas palabras, al tiempo que acariciaba la nuca de su sobrino:

-Este precioso niño no se equivoca nunca. Le aconseja un djim.

Finalmente, después de muchas conferencias, tratos y disputas, como se acostumbra en Oriente, Taman le alquiló al primo Guillermo Emilio su sobrino con las siguientes condiciones, de cuya puntual enumeración fui testigo:

TAMAN. - Convenimos tú y yo en que no le pegarás al niño con el puño ni con un bastón.

GUILLERMO. - Únicamente le pegaré cuando haga falta.

TAMAN. - Pero ni con el puño ni con el bastón.

GUILLERMo. - Pero sí podré utilizar una vara flexible.

TAMAN. - Sí; podrás. Le darás, además, de comer suficientemente.

GUILLERMO. - Sí.

TAMAN. - Le dejarás dormir donde quiera, sin forzar su voluntad.

GUILLERMO. - Sí; menos cuando esté de guardia.

TAMAN. - No serás con él cruel ni autoritario.

GUILLERMO. (impaciente). - ¡No pretenderás que le trate como si fuera mi esposa preferida!

TAMAN. - Bueno, bueno; te recomiendo a la alegría de mi vida, al hijo de mi hermana y a la preferencia de mis ojos.

Finalmente, una semana después, guiados por el tuerto Agib, salimos de Tananarivo en dirección al Norte. Dos malgaches, de pelo tan rizado que le formaba en torno de la cabeza una corona de flecos de alfombra, nos acompañaban como cargueros.

Primero cruzamos los arrabales y las aldeas vecinas, donde encontramos por todas partes, frente a sus cabañas de bambú y rafia, verdaderas colectividades de poltrones malgaches jugando al karatva, un juego muy parecido al nuestro que se conoce bajo el nombre de las damas, con la diferencia que ellos, en vez de tener trazado su tablero en una tabla, lo han pintado en un tronco de árbol.

Después dejamos detrás una larga caravana de cargadores de carbón, semidesnudos, andrajosos, algunos ya completamente ciegos, otros con larga barba blanca caída sobre el pecho desnudo rayado de costillas. Algunos se ayudaban para caminar con un báculo, y entre ellos venían jovencitas, y todos, sin distinción de edad, cargaban hasta cinco cestas redondas, puestas una encima de la otra, sobre la cabeza.

Cantaban una canción tristísima, y aunque el sol se extendía sobre los próximos mambúes, aquella caravana de espectros negruzcos me sobrecogió, y la consideré de mal augurio para nuestra aventura.

Al caer la tarde alcanzamos los primeros bosques de ravenalas, plantas de bananos de hasta treinta metros de altura, con anchas hojas abiertas como abanicos. Indescriptibles gritos de monos acompañaban nuestra marcha. Nunca me imaginé que los monos pudieran conectar tan variadísimas sinfonías de chillidos, rugidos, lamentaciones, gritos, ronquidos, rebuznos y aullidos como los que estas bestias peludas, negruzcas, rojas y amarillentas componían desde sus alturas.

El "Ojo de Alá", como irreverentemente llamaba Taman a su sobrino Agib, se había humanizado. De tanto en tanto volvía la cabeza y le dirigía una sonrisa de señorita tímida a mi primo, que, implacable como un beduino, seguía adelante sin mirar a derecha ni izquierda, a no ser para lanzar una de esas malas palabras que hasta a las bestias de la selva las obligan a enmudecer. ¡Pobre Guillermo Emilio! ¡Si sabía él para qué se apresuraba!...

Al día siguiente ya cruzamos un bosque de ébanos; luego descendimos a un valle y al cruzar un río cenagoso un cocodrilo, que tenía la misma cabeza conformada que una corneta, atrapó por una pantorrilla a un carguero y se lo llevó aguas adentro, y pudimos ver cuando otro cocodrilo, precipitándose sobre él, le llevó un brazo. El agua se tiñó de rojo, y nosotros nos alejamos consternados. Quedaba ahora un solo cargador malgache, con cara de gato de cobre, y cuyas motas las mantenía constantemente peinadas en trencitas, que le caían sobre la frente como los flecos de una gualdrapa.

El tercer día de nuestra expedición subimos a la altura de unos montes, cuya planicie parecía de cristalización vidriada, piedra negra, resbaladiza como canto de botella. Abajo se veía el mar de la selva, y allá, muy lejos, el confín aguanoso del océano Índico. A pesar de que estábamos en verano, arriba hacía frío. Después de caminar trabajosamente durante dos horas por esta planicie cristalina oscura, pelada de toda vegetación, comenzamos el descenso hacia un valle arborescente, verde como si estuviera recortado en grandes paños de terciopelo verde cotorra. Un gran pájaro azul cruzó delante de nosotros chillando ásperamente, y comenzamos a bajar, pero pronto nos envolvió una nube de estaño; mascábamos agua, y cuando quisimos acordar, casi sin tiempo para refugiarnos debajo de un peñasco, estalló una tempestad terrible.

Verticales centellas conectaban el cielo y la tierra, torbellinos de agua rodaban en el espacio sus trombas de lluvia, y los truenos y la noche nos mantenían acurrucados bajo una roca. De pronto, aquel monstruoso techo de tinieblas se resquebrajó, y nuevamente apareció el cielo azul, con un sol centelleante de alegría. Eran las dos de la tarde. Nos desnudamos y pusimos a secar nuestra ropa al sol, y por primera vez desde la salida de Tananarivo oímos, el rugido corto, parecido al ladrido de un perro afónico. Era una pareja de panteras que andaba cazando cerca de nosotros. Cenamos varios puñados de arroz hervido en agua con un poco de aceite y bebimos abundantes cuencos de cacao.

Luego nos echamos a dormir. Al día siguiente alcanzaríamos el paraje donde florecía la orquídea negra.

Aborrezco los detalles superfluos. Aquel viernes, a las diez de la mañana estábamos a un paso de la orquídea negra. Ismaíl nos había guiado hasta un pequeño sendero rayado de troncos podridos de ravanalas y acacias. Este sendero estaba cerrado al fondo por un murallón de roca, pero cubierto también de una alfombra de musgo, y allí, al fondo, derribado sobre el roquedal, se veía un tronco podrido, tan deshecho, que no podía precisarse a qué especie vegetal pertenecía. Y de este tronco arrancaba un tallo, y al extremo de este tallo..., ¡jamás he visto nada tan maravilloso, ni aun pintado!

Era una estrella de picos fruncidos, tallada en un tejido de terciopelo negro bordeado de un festón de oro. Del centro de este cáliz lánguido, inmenso como una sombrilla de geisha, surgía un bastón de plata espolvoreado de carbón y rosa.

Todos lanzamos un grito de admiración. Guillermo Emilio se aproximó, estudió el tronco, lo removió con una palanca muy fácilmente, sacó del bolsillo un puñado de monedas de plata, las repartió entre Agib y el carguero malgache y les dijo:

-Retírenla cuidadosamente. Si llegamos a Tananarivo con la flor completa, les daré el doble.

Armados de hachas y palancas Agib y el malgache comenzaron a separar el tronco de su base musgosa. Guillermo y yo dimos principio a la construcción de una angarilla de bambú provista de su correspondiente techo.

-Este ejemplar nos reportará veinte mil dólares, por lo menos -cuchicheaba Guillermo, mientras ataba las cañas.

Nunca escuché un grito de terror semejante. Salté hacia la orquídea, y allí, arriba del murallón, vi al niño musulmán con la cara cruzada por un látigo de aceite negro; de pronto este látigo de aceite negro cruzó el espacio, y ya no le vimos más. Un doble hilo de sangre corría por la mejilla de Agib.

Fue inútil cuanto hicimos. Cubierto de sudor sanguinolento, estremeciéndose continuamente, pocos minutos después moría Agib. Tenía razón. Una serpiente negra se ocultaba bajo el tronco de la orquídea.

Yo mentiría si dijera que la muerte del Ojo de Alá, como le llamábamos un poco burlonamente, nos importó. Estábamos envenenados de codicia.

Veinte mil dólares danzaban ahora en nuestra mente. El mismo malgache había salido de su apatía oriental, y dos horas después, no sin matar previamente una araña venenosa, gorda como un sapo, cargamos en la angarilla el tronco de la orquídea.

Y con esta preciosa carga, una semana después entrábamos al tabuco de Taman.

-Déjame a mí; yo le hablaré -dijo el primo Guillermo Emilio.

Recuerdo que Taman salió a nuestro encuentro sumamente pálido. Tenía ya noticia de la muerte del hijo de su hermana.

Pero me llamó la atención que no se dignó dirigir una sola mirada a la preciosa flor, cuyos festones de terciopelo y oro llenaban la mísera habitación revestida de tapices baratos y alfombras, mezquinas, de un monstruoso prestigio de sueño chino. Nos miramos todos en silencio: luego Taman dijo:

-¿Dónde han dejado al hijo de mi hermana?

Creo que el primo Guillermo empleó cinco mil palabras para explicarle a Taman el final del Ojo de Alá. Mesándose la barba, lo cual es signo peligroso en un musulmán robusto, Taman escuchaba a Guillermo, y cuanto más profundo era el silencio de Taman, más impaciente y voluble era la cháchara de Guillermo. Y de pronto Taman, cuya exquisita educación no hacía esperar esta reacción de su parte, agarró un garrote, y levantándolo sobre la cabeza de Guillermo, dijo:

-¡Perro maldito! ¡Cómete esa orquídea!

-¡Taman -suplicó el primo Guillermo-, Taman, entiéndeme: ni tú, ni yo, ni él tuvo la culpa! En cuanto a comerme esa orquídea, no digas disparates. ¿Te comerías veinte mil dólares?

-¿Cómete esa orquídea, he dicho!

-Entendámonos, Taman: tu querido sobrino...

-¡Vas a comerte esa orquídea, perro!

El tono que esta vez empleó Taman para amenazar fue terrorífico. Que el primo Guillermo se percató de ello lo demuestra el hecho que sin ningún pudor se arrodilló delante de Taman, y tomándole la chilaba, le dijo:

-Escúchame, honorable hermano mío...

Una sombra de ferocidad cruzo el rostro de Taman. Guillermo Emilio vio esa sombra, y con infinita melancolía se dirigió a la angarilla donde la orquídea negra dejaba caer su picudo cáliz de terciopelo y oro.

-Taman, piensa...

-¡Come! -ladró Taman.

Entonces por primera y probablemente por última vez en mi vida he visto a un hombre comerse veinte mil dólares. El primo Guillermo desgarró la orquídea de su tronco, y con la misma desesperación de quien devora sus propias entrañas comenzó a morder y tragarse el suntuoso tejido de la flor.

Cuando Guillermo terminó de comerse el último pedacito de terciopelo y oro, Taman salió del tabuco en silencio, y Guillermo se desmayó.

Estuvo dos meses enfermo del estómago, y cuando creyeron que se había curado una peste curiosísima, manchas negras con borde bronceado, le comenzó a cubrir la piel en todas partes del cuerpo, y aunque varios médicos sospechan que es una afección nerviosa, ninguna autoridad sanitaria le permite al primo Guillermo abandonar la isla donde "se comió su fortuna".

Roberto Arlt: (Buenos Aires, 1900 - 1942) Escritor y periodista argentino, una de las figuras más singulares de la literatura rioplatense. Autodidacta, lector de Nietzsche y de la gran narrativa rusa (Dostoievski, Gorki) y vinculado a principios de la década del veinte con el progresista y didáctico Grupo de Boedo, se le considera el introductor de la novela moderna en su país, aunque su reconocimiento no le llegó hasta los años cincuenta.

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Pero entonces... ¿quién la tiene?

Elizabeth Óliver (Desde Canelones, Uruguay. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



El militar, ya veterano y con alto grado, explica que todo subordinado está obligado a cumplir órdenes de sus superiores y no tiene autonomía para tomar decisiones propias. Lo dice firme, haciendo sonar sus palabras como ley universal, convencido de su verdad.

El periodista lo imagina años atrás, sin galones, procediendo en consecuencia de sus actuales máximas. Deduce que está hablando por experiencia propia, pero prefiere que lo diga su interlocutor. Le hace la pregunta concreta, y recibe la respuesta afirmativa.

El militar se distiende, conforme de estar siendo comprendido. El periodista aprovecha el dato y va al grano: le pregunta si a él también lo mandaron secuestrar, torturar, asesinar y desaparecer. La respuesta ahora, es rotundamente negativa.

El periodista entonces, quiere saber si otros recibieron esa clase de órdenes. El militar - otra vez parado sobre el reglamento- asegura que no. El periodista se disculpa de su ignorancia, y le señala que no comprende cómo fue posible que tantos subordinados actuaran por sí mismos, contraviniendo un estatuto tan riguroso.

El militar le dice que nunca supo que ocurriera tal cosa. Le da una breve retórica de los riesgos de la guerra, las bajas de ambos lados, el cumplimiento del deber, la defensa de la patria... y da por terminada la entrevista.

El periodista interroga a las víctimas. Todos acusan, dan nombres, apellidos, apodos, citan lugares, fechas, acciones concretas... Versiones que - para el resto de los incautos- van tomando forma y por lo menos, hacen dudar de la estricta rectitud militar.

Tiene las dos puntas de la madeja... pero no puede hallar el centro. Trata de entrevistar a los acusados. Algunos aceptan, otros no.

Unos le confirman todas las suposiciones, aunque aseguran que vieron, oyeron, y callaron... pero no participaron. Otros le aseveran que jamás existió tratamiento inadecuado hacia los presos políticos.

Los más audaces se ríen, los más cobardes acusan a otros... obviamente a uniformados de otro régimen, que - por lo tanto y para ellos- son los autores de cualquier acción fuera de lugar, justamente porque no tienen adiestramiento militar... ¡faltaba más!

Individualmente todos son "hábiles declarantes". En conjunto, las versiones son antagónicas, incoherentes, insolentes, descaradas, insultantes... ridículas.

El periodista no sabe qué hacer... busca jueces, fiscales... El resultado es el mismo. Unos que sí, otros que no. Lo vapulean por todos lados. Está cansado, no consigue terminar su artículo con una pizca de veracidad, con un término medio creíble... aceptable, por lo menos.

Sabe que no puede dejarse llevar por su opinión personal... él tampoco es autónomo... Necesita confirmar datos, conseguir pruebas irrefutables.

Vuelve a su oficina, relee apuntes y escucha grabaciones una y mil veces... Pone a prueba su sentido común tratando de encontrar una pista que descubra la verdad. Se hace la noche y sigue ahí, trabajando en su nota inútilmente.

Entonces viene el jefe... Al descubrir por qué no se fue todavía, le da otro acertijo a resolver: la señora, los nenes, las cuentas, la comida... todas esas cosas que puede solventar con un horario y una labor que cumplir... sin meter los dedos en el ventilador...

El periodista -en un rapto de dignidad irreflexiva- le habla de la noble misión de comunicar informando la verdad... una verdad que existe, aunque no sabe quién la tiene...

El jefe le palmea el hombro y lo consuela: "Andá a dormir, muchacho, estás un poco confundido. Y si mañana querés volver, dejate de quijotadas y pensá que esa verdad... ¡más te vale que siga en manos del Gran Bonete...!"

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Plástica. Desde España: Goyo Domínguez



Goyo Domínguez nace en Fuentecén (Burgos), España, en 1960. En 1987 termina sus estudios de Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid.

Posteriormente obtuvo una beca por el departamento de paisaje de la facultad de Bellas Artes de Madrid.

Al día de hoy ha expuesto en numerosas galerías, siendo ya una figura representativa de la plástica española contemporánea.

Descargar presentación completa desde aquí (formato ppsx)

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Tengo un sueño

Ariel Aloi (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Tengo un sueño, y una rosa roja,
un sueño intenso de piélagos y estandartes.
Bravo sueño, de infortunios y pérdidas,
y una rosa, dije, roja de sangre.
Tengo un sueño, a pecho ardoroso, abierto,
llano y montaña, libre y encadenado,
un sueño de tumultos incomparables
y amores desgarrados.
Tengo un sueño, uno sólo,
¡pero que sueño!, sí,
sueño dulce y amargo,
de todos, sin tiempo, loco sueño.
Tengo un sueño, insufrible y
apenado, de muertes y hambre,
y unas lágrimas tan necesarias, de timón, por
este sueño pendiente, que endurece.
Tengo un sueño, en tu piel,
y en tu boca, de tiempo y de cielo.
¿Qué haría de este sueño sin tu boca?
y sí, con este sueño acurrucado, de vuelo,
de canto alegre y triste, a la vez.
Tengo un sueño, de mundo,
de tierra y rabia, y de
tantas penas injustas, tantas, ¡tantas!
porque las penas lo hicieron y no,
a este sueño grato, que viene y se va.
Tengo un sueño tan hermoso,
como tus labios de paso,
sueño intempestivo, de cordillera,
de rompientes y marejadas.

Ilustración de Jorge Gessaga.

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Video: La naturaleza que habitualmente no vemos



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El hombre de la ciudad vieja

Reinaldo Spitaletta (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



- Me habían dicho que no volvería.

- Vine para recordar.

- Recordar es una manera de morir.

- No, amigo, es un modo de recobrar lo perdido.

El hombre, barba gris y espejuelos con montura de oro, comenzó a caminar con pasos de turista. Sus tenis amarillos contrastaban con el azul desteñido de su bluyín y con una camisa de algodón crudo con bordados indígenas.

- Cuando me fui no estaban el edificio de la aguja, y menos el metro y todavía en Guayaquil vendían frutas, carne salada y pescado.

Las palabras le salían despacio, como si no quisiera que terminaran. Sus ojos, en los que se adivinaban tormentas de mares lejanos, se llenaban otra vez de ciudad, de la suya, aquella que guardaba en la memoria. Así, no le era posible observar los cambios, sino las permanencias. O lo que él imaginaba que no había sido arrasado por las excavadoras del tiempo.

Vio otra vez el café San Remo, La Alhambra con sus camiones de escalera que iban a los pueblos, o llegaban de ellos, las cacharrerías con un surtido que iba desde estampitas de santos hasta folletos de poesía parnasiana. En Junín vio muchachas preciosas que se tomaban instantáneas.

Sus pasos eran cada vez más despaciosos como si con ello quisiera quedarse en otro tiempo, o, mejor dicho, que el paisaje interior, el suyo, no cambiara. Subió a Prado y aunque muchas casas eran las mismas, aunque con menos brillos, ya eran otros sus habitantes. No quería verlas transmutadas en ebanisterías o consultorios. Se emocionó, sí, con los caserones republicanos convertidos en sedes teatrales.

“La ciudad vieja habita en mi memoria”, se dijo. Recordó la estación del tren, la estatua de Cisneros, los campesinos con bultos de naranjas, los avisos multicolores de fábricas en El Volador y en las colinas de Enciso. “Vine a buscarme”, le oí decir.

- Cómo le parece la ciudad de hoy- , le pregunté, sin convicción.

- Es distinta. No es la mía.

Él también era otro. Hablaba, incluso, con un acento neutro. “Antes, la ciudad tenía colores malva y el cielo era más limpio”, recordó en voz alta.

En La Playa, lo único reconocible para él era la Casa de los Barrientos, que, sin embargo, veía más gris que antes, según dijo. “Esta ciudad no envejece”, le dije. “Ah, sí. El viejo soy yo”, dijo con tristeza contenida. En el firmamento había un vuelo de palomas.

Lo vi alejarse, lento, como si quisiera quedarse. La ciudad vieja se iba con él.

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Cine: “Interestelar”, la película

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hay una escena culminante en “Interstelar”, la nueva y sorprendente obra del inglés Christopher Nolan, que nos lleva a una imaginada tercera dimensión, a la que se llega tras un viaje sideral, a años luz de la tierra. En este escenario, el protagonista, Matthew McConaughey, puede visualizar instantes pasados de su vida y sobre todo a su hija cuando era pequeña y con quien él sostenía una intensa relación de amor filial y protección. Pero no se trata solo de sentimentalismo. Esas dimensiones que la acabada ficción de Nolan nos presenta están estructuradas a partir de columnas y más columnas de libros, como una biblioteca que contuviera todo el conocimiento del mundo. Es el cine registrando ese célebre cuento de Borges, “La biblioteca de Babel”.



Ya Nolan había bebido de las fuentes de Borges, planteando infinitos, laberintos, sueños, nuevamente dimensiones, o la alteración de realidades en “Inception”. Pareciera que Nolan se inspirara mucho en las lecturas del autor de “El Aleph” para construir películas como “Interestelar”, que no necesariamente parten de una anécdota casual sino de una realidad que puede volverse palpable en 50 años cuando el cambio climático, la escasez de alimentos y la huida masiva de la gente creen situaciones de emergencia mundial.

En ese sentido, el de la catástrofe que se avecina, “Interestelar”, puede ser comparada, por ejemplo, con “Children of Men”, del mexicano Alfonso Cuarón. Pero, claro, si nos trasladamos a la especificidad de la cinta, al viaje espacial sin aparente retorno, a ese recorrido por lo desconocido, que a veces roza los anillos de Saturno, a las calamidades que sufre la tripulación del “Endurance”, la nave que cruza todos los espacios, agujeros negros y trata de encontrar misiones que partieron mucho antes, entonces ingresamos a un terreno que, pese a los tecnicismos de la física cuántica que se verbalizan, puede convertirse, sin exagerar, en un recorrido con intenciones poéticas donde incluso se habla de la vida, la muerte, la posibilidad de crear colonias humanas en otros planetas, muy lejos de la Tierra.



El gran referente, sin duda, es “2001: Odisea del espacio”, del maestro Stanley Kubrick, cinta que siempre hemos considerado junto a “Solaris”, del no menos genial Andrei Tarkovski como los dos picos más altos del cine de ciencia ficción y ello que fueron realizadas sin contar con toda la tecnología que ahora se aprovecha para delinear y diseñar tantas maravillas en la pantalla.

La historia del personaje de McConaughey es una de carácter conflictivo. Su vida lo lleva a separarse de sus hijos y de su padre por la decisión de arriesgarse en una misión espacial de la que, él cree, algún día regresará. Pero como en otras películas que recorren la vía láctea, sabemos que las horas en un planeta lejano equivalen a años en la tierra. La emotividad de Matthew McConaughey llega a las lágrimas cuando ve los vídeomensajes de sus hijos, que se remontan a varios años atrás. Esta es una influencia de “2001” donde se veían conversaciones entre el jefe de la nave y su hija, una videoconferencia que se adelantó 30 años a lo que ahora podemos hacer fácilmente desde nuestra computadora.



La música de Hans Zimmer, variada, intensa, emocionante, acompaña los cambios de ánimo, las repentinas tristezas, las certezas del fin, las ocasionales bromas o los fugaces discursos sobre el amor. Hay escenas, como aquellas en que la nave entra en una especie de vía sin salida que también evocan la secuencia de “La puerta de las estrellas” en la cinta de Kubrick.

Ann Hathaway, quien reaparece después de su oscarizado rol en “Los miserables”, es cauta y serena y nos deja una sensación de astronauta equilibrada y muy sensible. Jessica Chastain, que hace de hija de McConaughey, manifiesta una profunda imaginación y conocimiento desde niña (encarnada entonces por Mackenzie Foy). El rol de Michael Caine no es muy convincente, pero, después de todo, él fue el creador del proyecto del “Endurance”.

“Interestelar” alcanza picos propiamente cinéticos, creando un realismo desde la propulsión de los motores, la muestra del espacio exterior y lo maravillados que se sienten los tripulantes de la nave al comprobar que están muy cerca de mundos de los que solo conocían teorías. Por eso la cinta de Nolan, en una decisión inteligente, humaniza una empresa espacial, no se olvida de los caracteres, los sufrimientos y recuerda a cada momento, como ocurre casi siempre en el cine americano, la fortaleza de la familia como un núcleo donde todo nace y donde se aprenden cuestiones fundamentales para afrontar la vida.

“Interestelar” es una película rodada en Canadá, Islandia y Estados Unidos, un nuevo logro en las cintas de ciencia ficción y un punto mayor de Christopher Nolan, que suma a su brillante filmografía esta obra que combina con sapiencia el espectáculo, las sensaciones de velocidad, los sentimientos, pero sobre todo plantea esa idea del individuo en busca de un futuro que, sí, tal vez pueda resultar incluso espeluznante y cuyo control no solo depende de nosotros.

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Yo tengo fe

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Me tenés podrido con eso de la muerte, vos. Cuando te da con esa ni laburar me dejás. Te juro, me dan ganas de tirar la pala por ahí y mandar todo a la mierda. Y dale con lo mismo, y dale con lo mismo: que para que si no somos nada, que todo se termina, que todo se acaba, que el tiempo pasa, que los años, que miralo a Fulano como se vino abajo en poco tiempo, que mirá a Mengano que le iba tan bien, que uno nunca sabe, que hoy estamos y mañana no.....!!!!! Pareces un velorio, un velorio.... !!!. ¡Podrido me tenés, podrido...!!!!. Ta que tipo semáforo, amargo.....para qué vivís entonces, ¿eh?. ¿Para qué?, agarrá un bufoso y chau, si total.... ¿para qué laburás, para que morfás?.... ¿Y las minas?..... mirá, mirá esa, mirá que culito alto, redondo, fresquita, linda, tiernita, va con su ramo de florcitas, adiós virgencita, te chupo toda nena....¿eh? mirá que hermosura.....bah, si te miro la jeta a vos y me amargo todo el día, pero mirá, mirá que día bárbaro: ni una nube, todo azul, y un solcito de primavera....mirá los árboles, el pasto, el olor de las plantas, el aire puro....¿no te pone contento la naturaleza?. Y ahí estás, parado como una vela llorona y yo haciendo el pozo.....cada vez que te agarra esa mufa negra el único que labura soy yo....y el laburo, por ejemplo, está bien que es pesado, pero tiene sus rebusques, ¿eh?. ¿O me vas a decir que cualquiera que labura encuentra oro?. Claro que no siempre....cuestión de suerte....pero un diente de oro o un anillito cada tanto ligamos....Bueno, terminado....!!. Pero apartate del borde, o querés ser vos el enterrado, papanata!

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Música: Opera Evita, de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice



Evita es un musical con música de Andrew Lloyd Webber y letra de Tim Rice. Está inspirado en libro "Evita: The Woman With the Whip" de Mary Main, basada en la vida y muerte de Eva Perón (1919-1952) y su influencia en la historia argentina a partir del ascenso al poder de su esposo Juan Perón como presidente del país.

El musical alcanzó un extraordinario éxito pero recibió duras críticas por historiadores y partidarios peronistas. Estos últimos lo atacaron porque reflejaba una personalidad de Evita más bien ambivalente o contradictoria, de mujer benefactora pero al mismo tiempo ambiciosa, en lugar de ensalzarla como un personaje sin defectos. En cuanto a los errores históricos que se detectan en el argumento, el más repetido es la supuesta presencia del Che Guevara, pero el personaje llamado Che en la obra no es realmente Guevara, sino una especie de narrador que los autores incluyeron. Che Guevara no pudo tener ninguna relación con Eva Perón porque no fue peronista ni tampoco llegó a conocerla. Para 1952, año de la muerte de Eva, Guevara se encontraba ya en viaje hacia Cuba. Sin embargo, al estrenarse el musical y ponerse en escena la obra, en diferentes partes del mundo, el personaje siempre fue representado como el Che Guevara, especialmente por su inconfundible indumentaria y su actitud. Solo en la película aparece como un civil común y corriente. En el musical, el Che, ácido, sarcástico y antiperonista, como el líder guerrillero, es como la voz de la conciencia que acompaña de soslayo la historia.

La canción más famosa del musical es "Don't cry for me Argentina" ("No llores por mí, Argentina"), cuando Evita la canta desde el balcón de la Casa Rosada tras ganar Perón las elecciones presidenciales y convertirse en Primera Dama de la Argentina. Se cuenta que esta canción fue la que se compuso en primer lugar, aunque no es la primera del espectáculo sino que ocupa una posición central en él, y sus autores tuvieron claro que sería la más recordada. Eligiéndola a modo de leitmotiv, los autores reutilizaron la melodía en otros dos temas de la obra, "Oh What a Circus" (cantado por el personaje de Che) y "Evita Final Broadcast", cuando Evita ya enferma se despide del pueblo en una segunda aparición en el balcón de la Casa Rosada.

La primera interpretación de Evita se realizó por medio de un disco producido en 1975. Los intérpretes eran Julie Covington (Evita), Colm Wilkinson (Che), Paul Jones (Juan Perón), Barbara Dickson (la amante) y Tony Christie (Agustín Magaldi).

El debut teatral se produjo el 12 de junio de 1978, en un teatro del West End en Londres. El papel de Evita fue interpretado por Elaine Paige, el de Che por David Essex y el de Perón por Joss Ackland.

El espectáculo tuvo un enorme éxito tanto en Londres como en Nueva York y luego, en el resto del mundo, incluyendo países de Asia, África y Oceanía. En la producción estadounidense los intérpretes fueron Patti LuPone (Evita), Mandy Patinkin (el agente especial Gideon en la Serie de televisión Criminal Minds, en el papel del Che), y Bob Gunton (Perón). En la producción española, estrenada en 1981, los intérpretes fueron Paloma San Basilio (Evita) – con Mia Patterson alternando el papel - y Patxi Andión el (Che).

Luego del éxito mundial del musical comenzó a analizarse la posibilidad de realizar una película. Inicialmente se barajó que el papel de Evita lo interpretara Barbara Streisand y el de Che Barry Gibb, con dirección de Ken Russell. Finalmente en 1996 se realizó la película Evita con Madonna en el papel principal, Antonio Banderas como el Che y Jonathan Pryce como Perón. Exigencias del guion llevaron a Lloyd Webber a componer diversas partes adicionales, como la canción "You Must Love Me", que concurrió a los premios Oscar como nominada a mejor canción original. Resultó ganadora. En total, el filme tuvo cinco nominaciones.

En 2006 la obra ha sido repuesta en Londres con la actriz y cantante argentina Elena Roger en el papel de Evita. La misma actriz protagonizó la reposición de la obra en Broadway en 2012, con Ricky Martin encarnando el personaje de Che.

Para mediados de 2008, el director de cine Oliver Stone se encontraba estudiando dirigir su propio film musical Evita. Luego, el proyecto fue abandonado por el director.



Fuente: WIKIPEDIA

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El amor de la luna (Poema édito)

Carla Hasparren (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Hoy ando buscando tu amor,
es el amor de luna, para iluminarme
con tus divinos sentimientos
y con los besos que de ti, espero,
no tardes en venir,
no tardes, eres el amor que busco tiernamente,
la luna del cielo me da su luz,
la luz de tus amores, que vienen dándome alegrías,
buscando las sutilezas de tu ser,
para que ella me enamore al nacer
el día,
verte amor mío, tendid@ sobre las arenas
del mar, es la más bella imagen que tengo de ti,
llego lentamente a tus predios, para besar tu piel,
más tus labios ansiosos, me invitan a darles
mil caricias,
mil caricias que tengo en mi corazón,
y hoy el amor de la luna
amor mío, te convierte en mi divina poesía.

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Benito Mieses, poeta que sabe pintar

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)



Uno de sus trabajos más recientes fue la imagen que acompañó a la Feria del Libro de Caracas, organizada por Fundarte, que este 2014 estuvo dedicada a la crónica, como el género para contar a la ciudad.

De la obra de Benito Mieses impacta el color. Desde los cálidos tonos de la tierra a los fríos de las montañas y las aguas. Su visión es como un caleidoscopio donde todo es posible, donde lo geométrico es a la vez un espacio tibio para el encuentro. Fundamentalmente constructivista, su arte invita a la tibieza, a adentrarse poco a poco a un universo donde las formas contienen al mundo de las gentes y sus pasiones cotidianas.

César Seco, poeta, ensayista, editor y crítico de arte, señaló sobre la obra de Benito, que un cuadro suyo “va a contener siempre una historia subyacente, sin que por esto su pintura pase a ser un anecdotario directo, sino más bien sugerente, con distintas posibilidades de interpretación”. Y así también es su poesía, porque de Benito Mieses conmociona su risa y el desparpajo de quien sabe que la palabra puede ser un pincel para concretar formas y cómo no sensaciones, sabores, tiempo, y también amores y sus contrarios.

Pintor y poeta

Benito Mieses es pintor sin duda alguna y poeta irreverente, aunque se sonría con picardía y se sepa de todas partes y de ninguna. Él es un hombre de este país, de todas partes, aunque nació en Maracaibo, en el estado Zulia, en 1958. Entre otras cosas, es traductor, economista, diseñador gráfico y un porfiado caminante que anda buscando las palabras en todos los rincones.

Uno de los trabajos más recientes que nos mostró a todos los que queriendo anduvimos por allí, entre libros, fue la imagen de la V Feria del Libro de Caracas, la que organiza Fundarte, que este año 2014 estuvo dedicada a la crónica, porque esa ciudad y todas ellas, son para contarlas.

Recientemente la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello publicó Destruido mas no derrotado, un poemario que además tiene unos trazos que dicen como dicen sus versos. En ese breve libro está más que nunca Benito, de pintor y de poeta, quien a modo de confesión cuenta en una entrevista que le realizaron en el marco de la presentación del libro, que ese “es un poemario en el que el amor, el despecho, la solidaridad, el sentimiento de vida frente a un país, se convierte en el motivo de una carta que se convierte en poesía”. Por cierto, que si quiere leerlo, el libro se encuentra en la Red de Librerías del Sur que hace vida cultural en todos los estados del país.

Derrotado, ¡nunca!

En la contraportada de Destruido mas no derrotado, Luis Enrique Belmonte, deja plasmado que “con estos poemas desprendidos y vinculantes, pergeñados en medio de mudanzas y trasiegos, Benito Mieses quiere comunicarnos que, aunque de vez en cuando la vida transcurra entre ruinas y escombros de insondables pérdidas, nunca, jamás seremos derrotados si aún persiste en nosotros la necesidad imperiosa de cercanías”. Y es que la poesía entre otras muchas cosas es una forma de buscar lo que ni siquiera sabíamos que estaba perdido. Por eso algunos versos asaltan la noche o se cuelan una tarde de café y de llovizna y al poeta no le queda más que agarrar al vuelo las palabras que se quedan inquietas en las servilletas o en cualquier trozo de papel, así precisamente advierte Benito que sucedió con este libro.

Benito, quien tiene sonrisa de sonajero y manos de mago que pinta arcoíris después de los aguaceros, posee una amplia formación en las artes plásticas. Realizó estudios de pintura en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas, en el Centro de Formación estética José Vargas y participó en el Taller “A”, en Adícora, estado Falcón. Algunos de sus trabajos pertenecen a las colecciones del Banco Central de Venezuela, del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores y la Fundación Museos Nacionales.

Además participó en los talleres de poesía del Centro de Estudios Rómulo Gallegos (Celarg) y en los de Alfredo Silva Estrada en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Además de ser uno de los miembros fundadores de la Red Nacional de Escritores de Venezuela, colaboró en revistas como Común Presencia; Prisma; Luna Para Nocheros en Colombia; Imagen; Espada Rota; Solar; Sujeto Almado; Revista Nacional de Cultura y La Oruga Luminosa. Y entre sus libros publicados se encuentran Trece (1982); Antología de nadie (1993); Nombrarse con las cosas (1995-98); Alfredo, las noches y las calles (2001); Por los caminos de Charles Bukowski, traducción (2003), y Oscuro rumor (2004).

Destruido mas no derrotado
8

Si aparece la palabra
como un poema

como un grafía
sería
un incendio
sobre la página
inmaculada y tibia
esbozada apenas
por este lápiz

que traza su tránsito.


18

Concluida la noche y sus desvelos, me enfrento al día. Al
día fugaz, que trae campanas en su canto. La resaca trae
las palabras de a noche moradora, y este metal en el
aliento, inclina su balanza hacia el silencio.
Callo y dejo hablar al sol.

23

Alucinado, en los resplandores del día, busco en las
calles una palabra que sacie la sed y a la vez que me
embriague, tan hermosamente, como el próximo trago o
la inmensidad de tus ojos.

(Poemas del libro Destruido mas no derrotado. Publicado por Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. 2014)

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Crítica literaria: Edgar Borges en la Feria del Libro de Quito

Ahinoa García

El 27 de este mes el creador venezolano residenciado en España presentó su nueva novela en la Feria Internacional del Libro Quito 2014. Una semana después, el 5 de diciembre, estará invitado a la Feria del Libro de Roma, Più libri, en el marco de la programación “América Latina, tierra de libros”, del Instituto Ítalo Latino Americano, dedicada este año a Gabriel García Márquez bajo el título “Vivir para contar”.



La nueva novela de Edgar Borges (Caracas, 1966), “La ciclista de las soluciones imaginarias” (Ediciones Carena), cuenta en primera persona el dilema del señor Silva, un funcionario que padece “el mal de la mirada trastocada”, una enfermedad que le confunde las imágenes del pasado con las voces del presente. Laura, la esposa del sujeto, es una arquitecta que manipula los efectos de su enfermedad para diseñarle una realidad según su conveniencia. Situación en paralelo ocurre entre el señor Burgos y el barrio. El referido sujeto es un contratista, aliado de Laura, que maneja los hilos del ayuntamiento y de la realidad colectiva. La rutina del señor Silva, así como la del barrio, cambiará ante la llegada de “una ciclista que lleva la bicicleta a donde otros lanzan cohetes y con su cámara de fotos capta los por qué de nuestras amarguras”.



De “La ciclista de las soluciones imaginarias” el crítico Vicente Huici equipara la nueva novela del escritor Edgar Borges a la obra del austríaco Peter Handke y afirma que “La ciclista de las soluciones imaginarias es un potente recorrido verbal que quiebra el lenguaje y con él la conciencia”; mientras el dramaturgo Víctor Vegas afirma que “la obra de Borges es un maravilloso mecano (que él arma y desarma a placer), una portentosa metáfora que invita al lector a echar la mirada atrás, a los lejanos días de su infancia, y a la vez le demanda a precisar cuándo fue que dejó de soñar, de reír y de imaginar, cuándo dejó de mirar el mundo desde la perspectiva de un niño”. Por su parte, el escritor Salvador Moreno Valencia considera que estamos ante una novela que opera como “un arma para transformar la realidad”.

El 2014 ha sido un año intenso para Edgar Borges. El 6 de marzo se presentó en el Cervantes de Nueva York en un conversatorio junto al cantautor Rubén Blades; luego, el prestigioso magazine estadounidense Review: Literature and Arts of the Americas dedica su edición de noviembre al diálogo que ambos creadores sostuvieron sobre literatura y música.

Edgar Borges viene de presentar su obra en Madrid, ahora llevará “La ciclista de las soluciones imaginarias” a las Ferias de Quito y Roma. El próximo año tiene en agenda varias ciudades de España.

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El sembrador

Aldo Luis Novelli (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Nace el sol.
el agricultor se ceba
el último amargo mañanero
se carga el morral al hombro
y sale a sembrar
el surco hecho el día anterior.
arroja esas semillas
a la tierra
durante todo el día
hasta que la luna
brilla en las alturas.
mañana esas simientes
serán árboles
de verde fronda
y darán los frutos esperados:
buenas palabras para los poetas.

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Ricardo Silva Santisteban Ubillus, nuevo presidente: El manantial oculto de la academia de la lengua

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El nuevo presidente de la Academia Peruana de la Lengua, elegido por unanimidad de sus miembros, es Ricardo Silva Santisteban Ubillús, reconocido crítico, estudioso de la literatura francesa, editor de César Vallejo y de célebres autores de todos los tiempos, profesor de varias generaciones y autor de una sólida obra poética.



La Real Academia Española fue fundada en 1713 y la Academia Peruana de la Lengua se creó el 5 de mayo de en 1887 por Ricardo Palma Soriano. El 30 de agosto de ese mismo año se eligió como el primer presidente a Francisco García Calderón, ex jefe de Estado en 1881.

Actualmente, la institución es integrada por 28 académicos, y en los últimos años ha tendido puentes con el consorcio de universidades privadas, la Universidad Mayor de San Marcos, San Martín de Porras y la Católica Sedes Sapientae.

 Esta institución tiene como objetivo fundamental velar por la integridad de nuestro idioma, estudiar sus usos antiguos y presentes y difundir la obra de los escritores peruanos clásicos. Silva - Santisteban es un infatigable editor de poetas y narradores peruanos y por varios años ha dirigido la colección El Manantial Oculto, auspiciada por la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Silva - Santisteban (Lima, 1941) ha reunido su obra crítica en Escrito en el agua (2 volúmenes, 2004). Como poeta es autor de Terra Incognita (1975), Las acumulaciones del deseo (1980), La eternidad que nunca acaba (1985), Fuego de tu fuego (1994) y Ajuste de cuentas (2000), entre otros.

Reunió estos títulos en el volumen Terra Incógnita: Obra poética (1965-2000). Asimismo, es destacable la incansable tarea de Silva-Santisteban como traductor, sobre todo de autores franceses, como Stéphane Mallarmé.



El nuevo Presidente de la Academia Peruana de la Lengua confesó alguna vez que sus escritos sobre literatura no parten necesariamente, ni están basados en las teorías que tanto abundan en la academia con mayor frecuencia. El prefiere el análisis directo del texto. De esta manera ha firmado sesudos ensayos sobre los poetas Valdelomar, Eguren, Westphalen, Eielson, Maupassant, Joyce, Martín Adán, Novalis, Ezra Pound y Breton, entre otros.

El directivo de la academia afirma que el “derrumbe” de la educación en el país, en todos los niveles, está provocando una profunda crisis en el habla del español, por lo que no puede compartir la opinión que se atribuye a José de la Riva Agüero, quien alguna sostuvo que hacia 1940 el Perú era el país latinoamericano en el que mejor se hablaba el castellano. Por ello es un convencido de la necesidad de mejorar la enseñanza de la gramática y difundir la lectura de los clásicos de la literatura.

Los jóvenes de hoy sufren graves carencias respecto del idioma y su vocabulario es muy limitado. Bienvenidos los anuncios de revivir las ediciones de los Clásicos Peruanos de los primeros años de la década de los setenta.

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Afuera del agua, la bestia

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Unos niños están jugando con los ojos tapados, la mano extendida, los dedos arriba, la palma fuera, y le pregunta uno que le tiene entre las rodillas y le aprieta la venda que le tapa los ojos, dándole en la palma de la mano otro:

-Adivina ¿adónde vais, catalanes?, ¿a la independencia? Y responde con otra pregunta:

- ¿Adónde venís, catalanes?, ¿a la sumisión? Ah, grita el que está sentado, pero por ahí no me adelantarás, retirándose de entre las rodillas por si acaso.

Mientras tanto, otros cantaban haciendo coro: “Ligo, junto, excito, trabajo, crezco, nutro, muero”.

Dejé de mirar a los niños, y me puse a escuchar a uno que dice que era de Montiel y gran parte de Sierra Morena, quien hablaba con otro que era de Calatrava quien dice que quería entrar en negocios con su yerno que era un grande politicazo de España.

El de Montiel y Sierra Morena: La teología del robo y el pillaje está recogiendo sus frutos como vemos a través de esos tomadores robaperas y salteadores ermitaños de cajeros y congresos que afianzan su personalidad tan fuerte y tan grande pues ponen a don Dinero por ayudador y modelo.

Quiso hablar el de Calatrava, pero no le dejó, continuando:

-Sus frutos son para el pueblo amargos, más para la casta gobernante son agridulces, pues ellos están en la corriente sana de la mística del pillaje que, con la contemplación bancaria adquirida y la autosuficiencia de las urnas se llega a tales extravíos. ¡Santos ladrones, quién os lo diría cuando estabais soñando vuestras fechorías y pillajes dormitando en los escaños, o en mítines con carabobos engañados¡

-Calla, y déjame a mí, le cortó el de Calatrava, diciendo:

-Poco avanza la Ciencia y la Razón, pues la teología del Rebuzno y el timo de la Estampita o tarjeta bancaria lo llenan todo. En los púlpitos se predica Rebuznando. En los confesionarios se describen pajas y adulterios. El auto sacramental de los maleantes empapa la Península Ibérica. Las campanas de la catedral tañan comprendiendo la intención de los gobernantes. La Cristiada, la Jerusalén Libertada son anillos en nariz de puerco. El Quijote es un “aquilinó” ladrón ratero en manos de los “Aracandaís”, Guardia Civil, y el Romancero está escrito en “Arañas”, carteras de rateros en bolsos de tarras, viejas, ancianas.

-Tienes toda la razón, le respondió el de Montiel y Sierra Morena. Ya ves la Educación. En los libros dedicados a la educación y formación de los niños y jóvenes no se aprende otra cosa, por su mismo contenido, que el saber que la cultura humana es tortura, tormento, verdugos y esposas, grilletes, carnavales de manifestaciones y porrazos represivos, pues los “apuntadores”, agentes de la autoridad hacen realidad sus ansias de tortura y tormento, que son el sueño de los gobernantes, que están contentos de saber que la nación está llena de “Angustias”, cárceles, presidios.

-De tal modo, replica el de Calatrava, se puede decir que este siglo, el más alto y brillante de nuestra historia, uno grande y libre, (jaja, rieron los dos), está informado y em-papado en el claro resplandor de la teología de los maleantes, repleta de “Fulidores”, ladrones que trabajan por el procedimiento del encamelo, enamorando, y “Fulleros”, jugadores políticos de oficio que se valen de trampas para ganar y seguir en los mejores puestos , a quienes ensalzan sus partidos espaderos, que fabrican llaves falsas.

-Si, responde el de Montiel y Sierra Morena. Y sigue: la humanidad en su conjunto retrocedió. Mejor dicho, nunca avanzó. El pueblo está más atemorizado que en tiempo de los bárbaros. La humanidad jamás tuvo tiempos gloriosos, pues asesina más cruel y sádicamente en estos tiempos que en la era de los bárbaros. Los señores de la guerra, dictadores, el Vaticano y todas las religiones que no son más que crueles enterradores, estafadores o timadores de la vida y de la muerte, ofrecen a sus pueblos un presunto tesoro enterrado en el suelo o en el cielo, parecido o igual a ese del cuento del Cofre del Cid en el que unos dicen que no encontraron más que un montón de tierra, otros que los testículos de los Condes de Carrión que, después de manoseados por las hijas del Cid, ellas se les arrancaron haciéndose después las ofendidas, y otros que, en este cofre no había más que tiña y polilla del Obispo de Calahorra.

-Pues sí que es verdad, concluye el de Calatrava. En este pueblo, se testa la codicia. Los políticos entran en grandes negocios con la confianza de las buenas hipotecas del gobierno. El pueblo se muere de pesadumbre viéndose engañado. Todo se acomoda a fingidos encarecimientos de riquezas, y no hay igual justicia para el pastor que para la zorra. Entre pueblo y pueblo hay esparrabo, fractura. Entre partido y partido, expendedores de riqueza y falsa fama. Entre clase social y clase social espejos, trampas fulleras que consisten en verse las cartas. El problema de la vivienda, el trabajo, los desahucios, la caridad están en manos de ONGs que han hecho del hastío de la vida y la abulia atenazadora de un pueblo estéril y egoísta su sueño de sanguijuelas.

-Tal galardón recibe el pueblo que a dios y a sus políticos sirve, contestó el de Montiel y Sierra Morena.

-Es verdad, replicó el de Calatrava. Vivimos entre el “Cuento de la Estampa”, molde de cera obtenido de una cerradura para falsificar la llave, y el “Cuento de la Estampita”, billete de banco en manos de los poderosos que se mueven en el ontologismo de mancebía, el tradicionalismo del verdugo, y el concordismo bíblico fascista.

Hizo una pausa, y siguió:

-No hay vida. Y la que hay es vana y está en manos de políticos y banqueros. La Iglesia está falta de vida, pues la verdadera vida de las almas, al escucharles, escapa corriendo. Como yo que me voy contigo a ese lugar del campo de Montiel en Andalucía donde pasaremos algunos años en granjeos amorosos, como he has prometido.

-Si nos dejan, replicó el de Montiel y Sierra Morena.

-Claro, contestó el de Calatrava.

Yo quedé contento.

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A mi hijo

Miguel Ábalos (Desde Canelones, Uruguay. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



El 8 de noviembre de 1966 se presentaba como un hermoso día de primavera, diría que ideal para que llegaras a este mundo.

Estaba trabajando en la Cancillería, y las 5 de la tarde me llegó la noticia de que te habías presentado en perfectas condiciones.

Le dije a Dura Villarino –mi director– que quería ir a verte. Consintió con gusto –no todos los días nos llega un hijo– y fui a tu encuentro.

No eras lindo, pero tampoco espantoso... tenías forma de ser humano pero habría que esperar unas semanas para saber en qué te convertirías... Por suerte, evolucionaste muy bien y poco a poco fuiste tomando forma.

Compartí contigo dos años. Después, por problemas de adultos –que pasarían muchos años para que comprendieras– vino la separación.

Te iba a ver a menudo, pero mis visitas no hacían más que deteriorar aún más la relación con tu madre y se producían discusiones en tu presencia. Empecé a visitarte más esporádicamente, hasta que un día se hizo necesario que no fuera más.

Cuando tuviste nueve años te llevaron a la Argentina. Unos meses después te fui a ver a la calle Yerbal, en Caballito. Te encontré solo, ¿te acordás?

Estuve unas horas contigo, sentí deseos de llevarte a alguna parte, pero... sin el consentimiento de tu madre... desistí.

Recuerdo que cuando me despedí de vos, quisiste regalarme algo, como para demostrarme que me querías mucho, y me diste un calendario con la figura de un gatito amarillo... que conservaré hasta el último día de mi vida, porque es el símbolo de lo que sería nuestro reencuentro 20 años después.

Gracias, amigo-hijo, por tu hermosa amistad.

Yo nunca me fui... siempre estoy llegando.

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Tinelli, un héroe de la cultura capitalista

Juan Grinberg (BESTIA POP - AGENCIA WALSH)



El premio otorgado a Tinelli por la Ciudad de Buenos Aires, ha generado una intensa polémica, a continuación reproducimos una nota de la revista Bestia Pop sobre el tema.

La cultura capitalista premia a los exitosos, que en su escala de valores son los que ganan mucho dinero, son famosos, cosa que mide el raiting. En el caso de Tinelli es claro que es una personalidad de la cultura capitalista que convierte todo en mercancía. Este premio tiene el mérito de no ser hipócrita, premia sin trampas ni engaños sus bienes más preciados, pero esto es una excepción si algo caracteriza al capitalismo es ocultar sus verdaderos propósitos por eso la revolución francesa proclamaba “Libertad, Igualdad, Fraternidad” y en realidad era Libertad de comercio, igualdad entre los propietarios blancos varones. únicos con derechos y Fraternidad que el pueblo se sometiera mansamente al gobierno de la burguesía, eso es lo que llaman democracia. El capitalismo nació mintiendo y nunca paró. Solo en raras ocasiones como este premio muestra sin vergüenza su verdadera cara. Por eso tanta indignación en toda la cultura burguesa, esto rompe las reglas del juego, porque la cultura capitalista no se asume como tal, se disfraza de cultura simplemente sin aditamentos o de profesionalismo. A lo largo de los siglos, desde que existen las sociedades divididas en clases, se desarrollaron culturas antagónicas, la alta cultura heredera de la cultura de las clases dominantes y vencedoras a lo largo de la historia y la cultura popular construida por las clases oprimidas en el transcurso del tiempo. No hay una muralla china entre ambas hay cruces permanentes y también una recreación permanente, una y otra se han influenciado mutuamente, en una relación compleja. En occidente con base ideológica cristiana, la cultura dominante reprimió la sexualidad y el placer como pecados, la vida y los cuerpos eran solo una preparación, una etapa, un valle de lágrimas que había que pasar y que de acuerdo a nuestra conducta, se nos evaluaba para la salvación o el infierno, por toda la eternidad. La resistencia según nos dice Bajtin, se daba en el carnaval, donde las conductas de repente se liberaban de tanta represión practicaban una sexualidad más libre, exhibían los cuerpos prohibidos, se denigraba a señores y obispos, hablaban un lenguaje calificado como soez, vulgar. Esto era tan potente que influía en la alta cultura así, en Rabelais, Cervantes y Shakespeare se pueden encontrar rastros de esta resistencia carnavalesca. El burgués cuando impone su dominio lo hace en alianza con los sectores populares, en esta alianza necesita técnicas de manipulación y dominio de las masas que sistematizan y potencian las ya existentes y creadas por sus antecesores en la opresión, Nicolás Maquiavelo es el teórico más conocido con su libro el príncipe, donde da métodos a los gobernantes de cómo conseguir y conservar el poder, pero también el burgués se siente atraído por la alta cultura y tiende a mimetizarse con los consumos culturales de las viejas clases dominantes . Toda esta complejidad todas las luchas y alianzas y rupturas continuidades y discontinuidades entre estas dos culturas las sintetiza la burguesía y las usa como herramientas de dominio. La herramienta más poderosa de los burgueses para neutralizar los aspectos liberadores de la cultura es la mercantilización, cuando algo se convierte en mercancía, domestica sus rebeldías las hace útiles al sistema, le pasa al artista como a cualquier trabajador, no es dueño de su trabajo, esta alienado, el objeto mercancía se escapa de las manos y ya no es él, el que planifica su destino, es el mercado. En esta contradicción nos movemos los que intentamos la actividad artística cultural, si intentamos vivir de nuestra elección, podemos adaptarnos y buscar un producto que responda a lo que el mercado acepta, lo cual no nos garantiza nada porque el capitalismo se basa en la exclusión, así que por cada artista que logra insertarse hay cien que no, vivir en los márgenes esperando que alguna vez nos toque la varita mágica es un destino de muchos compañeros. El premio a Tinelli es un premio bien dado, Tinelli es un héroe de la cultura capitalista, usa la cultura popular, sus rebeldías, culos, tetas, torsos ,entrepiernas como mercancía como herramienta de dominio, la degenera la degrada la hace inofensiva y ofensiva a la vez, machista. Obviamente nosotros necesitamos otra cultura, que no es creación individual sino colectiva (tampoco la burguesa lo es, lo que pasa es que ellos necesitan acentuar el mérito individual para justificar la desigualdad), necesitamos muchísimas voces para construir un mundo nuevo, donde la diversidad se base en la igualdad de derechos económicos, políticos y sociales, tenemos que colaborar entre nosotros, debatir, difundir nuestras creaciones, buscar maneras de romper la lógica capitalista de la mercancía y la competencia, todos los humanos tenemos capacidad artística, la alienación capitalista nos quiere reducir a consumidores, vamos por la liberación, vamos por la revolución, somos hermanos de todos los oprimidos.

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La vida no vale nada, cuando otros se están muriendo y yo sigo aquí viviendo, cual si no pasara nada…

Isabel Fagúndez Gedler (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Hace rato veo que la gente se asombra cuando mueren personas como Marilin Monroe, Witney Houston o Robin Williams, o Justin que está en pico de zamuro o Michael Jackson cuya vida parecía no ser muy agradable, y podemos seguir con la lista de famosos que me permito nombrar por que al menos causan revuelo y desconcierto. ¿Por qué será que no pueden vivir? ¿Qué cosa tan fuerte los domina para que prefieran morir? ¿Será que todo eso que tienen no los llena, no les sirve? ¿Hasta dónde sus vidas se han vuelto nada?

Yo no voy a escribirle a un famoso, le escribo a quien tiene la tristeza en la mirada, a quien asumió que la vida es así. Un día sin saber cómo, por qué, se escondió Bolívar, se difuminó Rodríguez, y pudo más una oportunidad de muerte, de poderosos, de dinero y no soy nadie para preguntar por qué. Le escribo a cualquier hijo, sobrino, alumno, amigo que en esta vida que le ofrecimos…no pudo sobrevivir. Le escribo a los débiles que llaman, esos que supuestamente prefieren el camino fácil… ¿tú conoces el camino de los ranchos, de las violaciones, del hambre, de las ausencias, de los golpes…? ¡Carajo, qué camino tan fácil ese!

Las guerras como que son aceptadas, permiten que un pueblo desaparezca poco a poco, bajo la mirada de todos los países, se matan niños, ancianos, se acepta el hambre como castigo, se permiten crueldades, miserias, burlas, e indiferencia en el mejor de los casos. Bonita raza la nuestra, bellos los tratados internacionales que no sirven para la dignidad humana, entonces vemos normal las muertes horribles, la caza de personas, que si en animales es injustificable, en personas es degradante, y no hay justificación posible, somos o no somos humanos.

Yo le escribo a quienes no podemos hacer nada cuando la rabia nos llena de desencanto ante 43 (cuarenta y tres) maestros que ya no pueden acompañar a ningún niño, desaparecieron, así, ¡tras! en un sonar de dedos. Y nadie lo siente, es espantoso y nadie llora el dolor de las familias que no saben de sus seres queridos, y los maestros del mundo, no se quejan, los llamados a preservar la vida, no se quejan, los que defienden la educación como arma no se quejan, por que a final, son sólo 43 personas que nadie conoce, sólo unos desaparecidos más…que bonito mundo el que tenemos, que hermosa sociedad. Lindo futuro y enseñanza.

Nos quedó pequeña la vida, ¿será que ciertamente llega el final de tanta mentira en definiciones de un mundo que no le sirve a nadie cómo está? ¿Es este el concepto de sociedad global? ¿La sociedad destructiva?

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