viernes, 7 de agosto de 2009

Algo de música: el concerto grosso barroco


ARGENPRESS CULTURAL

Lo que hoy día conocemos como “concerto grosso barroco” nace en Italia a fines del siglo XVII. En términos morfológicos es una forma enteramente instrumental donde se da una oposición entre un grupo de instrumentos con papel de solistas (el concertino o soli) que se enfrenta al grueso orquestal (el tutti o ripieno, es decir, "relleno").

En lo formal, el concerto grosso se desmarca de la suite y de la sonata de camera, es decir, de los movimientos de danza típicos del siglo XVII, para optar por páginas de lo que podríamos denominar "música pura", sin otras connotaciones o funcionalidades ajenas a la mera audición por la audición misma. Puede decirse que ahí arranca la música en su sentido artístico moderno, como pura expresión de la belleza sonora. La música sale de la iglesia y pasa a los palacios de la aristocracia; más precisamente, a las cámaras dedicadas a las audiciones. De ahí que se habla de “música de cámara”.

El concerto grosso barroco desde su nacimiento se establece con una estructura de tres movimientos, con la consabida sucesión allegro-lento-allegro que es contrastante y, por lo tanto, variada, "entretenida".

Fueron italianos quienes le dieron acta de nacimiento (Alessandro Stradella y Giovanni Lorenzo Gregori son los pioneros), e italianos también quienes lo desarrollaron convirtiéndolo en un género popular entre toda la nobleza de Europa (el pobrerío escuchaba otra música). Entre sus más connotados autores se encuentran Torelli, Albinoni, Manfredini, Geminiani, Corelli, Locatelli, Alessandro y Domenico Scarlatti, Marcello, alcanzando una cumbre de perfección y belleza en las colecciones del religioso y eximio violinista Antonio Vivaldi.

Frente a los inspirados y exuberantes italianos, ejemplos ingleses como el de Avison o franceses como el de Leclair o Lully (un italiano afrancesado) palidecen un tanto. Solamente Alemania aportó una producción consistente en esta forma del concerto grosso; son autores representantes del Barroco tardío los que llevarán el género a una cima de genialidad, como Telemann, Haendel y Juan Sebastián Bach, sobre todo con sus bellísimos seis Conciertos de Brandemburgo, BWV. 1046-1051, de 1721, desconocidos durante su vida, olvidados y recuperados un siglo después de su muerte.

Para ejemplificar el género ofrecemos dos casos tan geniales como bellos: un concierto de Vivaldi (Concerto alla rustica en Sol mayor, RV 151) y uno de Bach (Concierto en La menor para cuatro claves y orquesta, BWV 1065).













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