sábado, 10 de octubre de 2009

Dónde iremos a parar si se apaga Mercedes

Juan Francisco Coloane (Desde Chile. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Dónde iremos a parar si se apaga Balderrama” es la estrofa final de la penetrante canción de M. J. Castilla y G. Lequizamón, dos creadores legendarios de la República Argentina. 

No es por falta de opciones que el film “Che: La Guerrilla”, de S. Soderbergh, acaba con el tema Balderrama y ese “Dónde iremos a parar si se apaga… ”. 

Al desaparecer de la pantalla, la voz única -por timbre, entonación y garra-, de Mercedes Sosa pareciera querer prolongar la historia. Pero no. Nos hablaba de qué haríamos sin el personaje, y sin advertirlo nos anticipaban quizás donde iríamos a parar sin ella. 

Sin la señora Mercedes Sosa nos queda ese inconmensurable vacío aunque muchos digan que están las canciones y los actos de una artista para cuya expresión no se inventaron los premios Nobel. Son extraños algunos inventos. El Nobel es uno de ellos. 

Con su voz y presencia entregaba una dimensión oceánica. Su interpretación también podía evocar la montaña y se le podía ver en la planicie patagónica plantada frente al viento dominando el paisaje. 

Tuve la fortuna de conocerla en su primera gira a Santiago de Chile en la primavera de 1969. Había sido invitada por la Universidad Católica cuando Chile hacía cosas inteligentes. Era un lujo tenerla en Santiago. 

Mercedes por esos años era “la cantante”, la voz que hizo retumbar la forma de interpretar un señero cancionero de zambas, chacareras y bagualas, sustentado por la prestidigitación de grandes guitarristas y el perfeccionismo de los acordes de grandes voces. 

Estaba el peso de la tradición con Los Chalchaleros, Los Fronterizos, y solistas como el Chango Rodríguez, H. Guarany, y A. Yupanqui por cierto. Frente a ellos surgían nuevas armonías y nuevos artificios en el folklore en medio de la furia comercial del Rock and Roll. Apareció así el neo folklore, un invento de los medios. Los disonantes de los magníficos Nocheros de Anta, una versión Piazzolla del folklore, al poco tiempo desaparecieron. Otros menos novedosos permanecieron. 

Pero estaba esta voz y estilo de Mercedes entre la tradición y lo nuevo, que al comienzo igual desacomodó. Mercedes traía un timbre y un tono que comunicaba algo más. En América Latina, hay un antes y después de Mercedes Sosa. 

El timbre y la sonoridad de su tonalidad rasposa al filo del disonante, la hacían distinguirse de la vocalización más convencional por una sencilla razón: su voz, por la corporalidad de su interpretación y la entonación siendo tan apegada a lo terrenal, en el escenario que fuera, la hacían aparecer como que hubiera estado siempre allí, o que hubiera salido del fondo de la tierra. No era una artista que pusieron allí por un momento para escucharla. Estaba plantada allí y en el ejercicio incorporaba a los músicos en una sola voz. Fue muy precoz en esa veta. 

Por esos años escribía libretos para Radio Magallanes. Era un jueves, no me recuerdo exactamente ni el mes ni la fecha pero sí el día. 

Alfredo Lieux, un pilar de la radiotelefonía chilena moderna, director de programación, me pide una tarea especial: Que me encargue de una ilustre visitante auspiciada por la radio.

Me dice que es Mercedes Sosa. Levanté la cabeza y el cuerpo como cuando uno quiere saltar. Le digo sorprendido ¿Quién? ¿No sabes quién es Mercedes Sosa? 

Alfredo Lieux me responde en su estilo casi furioso, saber perfectamente quién era y que por eso me lo pedía. “Son nuestros co-auspiciadores los que piensan que tienen un problema con pasearla”. 

Son extraños. Es un privilegio, le dije. No me olvido del diálogo porque Mercedes ya era más requerida en Paris que en América Latina. 

Viajaba con su marido y manager Manuel Matus y el inseparable dúo que la acompañaba en ese tiempo, dos músicos maravillosos, el incomparable Kelo Palacios en guitarra y Domingo Cura, toda una institución en percusión. Los presentaba en el ruedo íntimo como “Kelo Cura”. 

Estaban alojados en el Hotel Foresta que aún existe con el mismo propietario, un maestro de las comunicaciones Guido Vallejos. Llegué allí un viernes por la mañana, me presenté y les expliqué el programa. Se acomodaron a la improvisación y fue más fácil hacerlos mis invitados, como si nos hubiéramos conocido por largo tiempo. Mercedes era exuberante y afectuosa. Manuel era más parco y silencioso. Palacios y Cura hicieron su programa. 

De repente se aparece un joven con un charango en la mano que había intentado ver a Mercedes desde su arribo. Era Horacio Durán, charanguista del Inti Illimani, una formación emergente de la nueva canción chilena. 

Horacio no podía disimular la emoción cuando estrechó la mano de Mercedes. Les mostré algo de Santiago hasta que propuse un encuentro que sería el comienzo de una larga amistad entre artistas. Se llevaría a cabo el sábado por la noche en casa de un miembro del otro grupo de la nueva hornada que sonaba en Chile. Se trataba del Quilapayún.

Me contacté con Horacio y le hablé de ese encuentro. Horacio propuso venir con dos miembros de su formación. Si me recuerdo bien vino el otro Horacio, Salinas director del Inti Illimani. 

Llegamos esa noche con Mercedes, Manuel, Domingo y Kelo, a la casa de un barrio de Santiago para tener una velada de amistad y de conversación. Estaban felices y relajados. 

Con el correr de las horas la noche hizo que cantaran por primera vez juntos, la mejor voz de América Latina del cantar popular y dos formaciones musicales como Inti Illimani y Quilapayún que se desarrollaron como dos hitos del nuevo cantar popular chileno y latinoamericano. 

Todo fue gracias al corazón y la sencillez de Mercedes. También a la admiración profunda que jóvenes músicos chilenos sentían por lo que representaba. En la situación espontánea, sin la planificación y la falsedad del protocolo, y por lo que irradiaba Mercedes, se daba la fusión de dos pueblos que nunca han estado tan cerca como cuando se comunican a través de la cultura y el arte. Vinieron los años oscuros, y sus voces se plasmaron en el reclamo hacia la injusticia.

Escuché a Mercedes cuando canta por primera vez de regreso a la Argentina. Entre canción y canción se repetían dos palabras pronunciadas con una convicción inusual y con la marca registrada de su voz: Muchas Gracias, Muchas Gracias… Pocas veces les había encontrado más sentido a estas palabras tan simples y que a menudo la rutina las convierte en banales.

Ese Muchas Gracias de Mercedes es el que le da sentido a la vida. 

Mercedes Sosa - La canción es urgente


Mercedes Sosa - Chacarera del fuego

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