sábado, 10 de octubre de 2009

A la Negra

Gustavo Robles (Desde Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Romperá la tarde mi voz, hasta el eco de ayer
Voy quedándome sólo al final
muerto de sed, harto de andar
Pero sigo creciendo en el sol, vivo”
 
Veo a mi madre, al principio de mis años, haciendo los quehaceres del hogar. Mis ojos pequeños abiertos al asombro, y mis oídos recibiendo música como olas, inundándolo todo: ahí ya estaba Mercedes, con su voz incomparable.
 
“Mi razón no pide piedad, se dispone a partir.
No me asusta la muerte ritual
Sólo dormir, verme borrar
Una historia me recordará, vivo”
 
Mi viejo agitando el fuego en la parrilla, los domingos, abonando el ritual del asado, de la familia, del amor y la amistad, y mis juegos y mi admiración revoloteando alrededor, mientras una zamba retumba airosa en la mañana, estremecida por esa garganta privilegiada, siempre presente.

Crecí escuchando su canto, y esa maravilla habitó todos mis lugares y mis tiempos. Raíz en mis padres, ramas en mis hijos. En verdad, no tengo recuerdos que no estén atravesados por su compañía. Ir a verla era una fiesta que invitaba a la emoción. Mis padres me inculcaron el amor al arte y -sobre todo- a la música. Por eso me alentaron a animarme con la guitarra. El folclore fue la vía práctica, y allí estuvo como siempre la guía luminosa de La Negra. “Balderrama”, “El jardín de la República”, “Criollita Santiagueña”, “La arenosa”, “Alfonsina y el mar”, “Canción de lejos”, fueron primeros amores de principiante.

Con los años se profundizó la razón, se expandió la consciencia, y entonces empecé a detenerme en las letras. Siempre me había llamado la atención la adoración casi reverencial de mi Vieja por ese disco de fondo celeste con la foto de una joven Mercedes en la tapa: “Hasta la Victoria”. “Le canta al pueblo humilde, nos canta a nosotros” me dijo mi madre. Entonces entendí el valor de canciones como “Plegaria para un labrador”, “Campana de palo”, “Los hermanos”, “La pobrecita”, la misma “Hasta la Victoria”.
 
“Que tiemble el verdugo opresor
El buitre insaciable del Mal”
 
Llegaron a mí, a través del puente de notas tendido por ella: “Cuando tenga la tierra”, “Gracias a la vida”, “Camino y piedra”, “Zamba del riego”, “Canción con todos”, “Zamba para no morir”, entre otras que como avalancha esclarecida aportaron a mi formación como sujeto. Mercedes era una musa que cantaba con estirpe sin igual la razón de las penurias y la esperanza de todo un pueblo. No sólo era la más alta expresión de calidad artística, revolución dentro de nuestro folclore, amalgama de la infinidad de matices que hacen a nuestra cultura suramericana, lo que despertaba admiración: era el contenido abrumador de su repertorio. Se puede cantar muy bien, y sin compromiso alguno. La Negra era la negación de lo vacuo: era luz, incluso en la más profunda oscuridad. Por eso no sólo estaba rodeada de los mejores músicos, sino que cantaba a Tejada, a Hamlet, a Violeta, a Neruda, a Jara, a Sampayo, a Atahualpa.

¿Cuántas conciencias ha despertado su voz? ¿Cuánto grito proletario, cuánta lucha libertaria, cuánto puño cerrado rebelado a la opresión?
 
Algunos le achacan posturas “equivocadas”. Algunos, desde esa izquierda dogmática y chiquitita –muy chiquitita- que quienes aspiramos a una izquierda grande, popular y de masas, debemos dejar atrás.

Le endilgan, despechados, el abandono de ciertas estructuras políticas “iluminadas” que, mientras ella era censurada, perseguida y amenazada, al punto de sufrir el escarnio del exilio, su burocracia proclamaba un “pacto cívico-militar” con la más sangrienta de las dictaduras. Hay que tener cara para acusarla…
 
“Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos. 
Que nos den la esperanza de saber que es posible 
que el jardín se ilumine con las risas y el canto de los que queremos tanto”
 
Algunos, desde posturas que pretenden ser de izquierda, con una soberbia que provoca repudio y aislamiento de las mayorías populares, rechazan todo lo que no sea a su imagen y semejanza: son los que quieren uniformar el pensamiento, son los cultores del dogma, los que, tal vez sin darse cuenta, van en contra de la esencia humana y de las ideas que dicen defender. Son los que no entienden el sentir del pueblo, son los que no entienden que todo acto tiene causa y consecuencia. Ven la realidad como una fotografía.
 
La Negra era así, como era, auténtica, solidaria, comprometida con los más humildes, hija de una vida dura –y a veces cruel- que la fue moldeando. ¿Qué cometió equivocaciones? Seguro, como todo ser humano. Pero su humanismo y su consciencia intuitiva la hacían, en la mayoría de los casos, en los conflictos sociales, estar del lado correcto.
 
“Cuando tenga la tierra, la tendrán los que luchan
los maestros, los hacheros, los obreros”
 
Ella soñó y luchó, a su manera, por un mundo diferente al que vivimos: un mundo sin miseria

Por eso, ella cosechó el amor que sembró en los pueblos. 
Y vivirá siempre en sus corazones
Su voz será eterno grito de libertad
 
“No ha de matarme la muerte, seguiré
iré topando las sombras y andaré
por las picadas de siempre
hecho bramido en los erkes, sin adiós
No ha de matarme la muerte, jamás”
 
Gracias, Negra querida
Hasta la Victoria Siempre

Mercedes Sosa - Los niños de nuestro olvido

Mercedes Sosa - Sufrida tierra

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.