viernes, 23 de octubre de 2009

¿Puede el ser humano llegar a construir una voluntad universal para vivir en paz?

Liliana Parra (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una manera de abordar este interrogante sería entrando de lleno y con rigurosidad en cada una de las palabras elegidas y el modo en que se plantea la cuestión; pero esta labor será tarea de disciplinas como la semiología, la etimología, la filosofía o el análisis del discurso, entre otras.

Aunque no pasaré por alto que entenderé 1) al hablar de ser humano: (todo hombre y toda mujer) ser complejo, que experimenta diversos procesos durante el ciclo vital, cada uno con un modo particular de interiorizar la realidad, es decir de construir un mundo interno, subjetivo propio y de interpretar el mundo externo, que incluye a los otros, la naturaleza y a la realidad; precisamente lo que nos hace comunes y merecedores de pertenecer a la denominación genérica de ser humano es el de poseer una subjetividad -superando la dotación biológica con que nacemos- que se construye en la necesaria interacción con los otros para dicho fin, y a partir de allí inscribirnos en el proceso de socialización y de pertenencia a una civilización. 2) La voluntad, que puede ser entendida como volición, intención, que tiene un carácter tanto consciente como no consciente, es decir, que por un lado se hace manifiesto desde un nivel más cercano/conocido, del que me puedo enterar, dar cuenta, y por otro lado cuenta con aspectos que difícilmente reconozco y que puede llegar a condicionar mi deseo. (No hago uso de este término) 3) Paz, en relación con la transformación pacífica de los conflictos, que son inherentes al ser humano; eufemismo de ausencia de guerra.

Entrando de lleno en la cuestión propuesta, si puede o no el ser humano llegar a construir una voluntad universal para vivir en paz, trataré de señalar determinados logros a nivel personal, a nivel colectivo y a nivel del establecimiento de garantes de paz, que a mi manera de ver son requisitos imprescindibles para llegar a generar un ambiente y unas disposiciones que contribuyan a la tendencia de una convivencia pacífica.

I. Logros a nivel personal

Esta diferenciación entre lo individual y lo colectivo se hace para un mayor entendimiento, pues a nivel funcional estas áreas interactúan de manera dialéctica y dependen la una de la otra. Pues se parte de la premisa de que el ser humano necesita de los otros para su propia estructuración como persona y para humanizarse, para hacer parte de, para sujetarse a un colectivo. Es decir, que el otro es necesario para llegar a ser sujetos, individuos con una subjetividad en construcción, a partir de la cual me vinculo y participo desde mi humanidad, comparto los legados ancestrales y ejerzo la tarea de ser humano, de pertenecer a esta categoría y asumir lo que implica; entre otros, la preservación de las costumbres y tradiciones culturales para darle continuidad a la especie como tal, hacer uso del lenguaje como instrumento de sujetación y de colectivización. Lo que al parecer tiene una connotación más cultural y social, pero que es posible en parte, en la medida en que desde lo personal se asuman los compromisos de pertenecer a una sociedad, siendo representante o no de dicha cultura y manifestando como sujeto el modo particular de promover o no la continuidad humana, procurada por la civilización.

Desde lo individual para llegar a participar de la conservación de la humanidad, se requiere de:

1-El desarrollo de una conciencia moral

Tiene que ver con la transformación, la asimilación de la coerción externa en interna, interiorización que favorece que la mirada del otro, la regulación el otro, que viene de afuera, ya no sea la que oriente mi conducta, que en presencia del otro sería una diferente a la que ejercería en su ausencia. Estamos hablando de la denominada estructuración super-yoica, que permite la auto-observación, la censura, el sentimiento de culpa (que moviliza la reparación de lo dañado) y nos ayuda en el juicio de realidad que constantemente ponemos en práctica.

El super-yo entonces, se convierte en la conciencia moral interna de cada ser humano, el albergue de la Ley en el fuero interior, que prescinde del juicio externo, otrora encarnado en las figuras de autoridad. Sin embargo, por estructura de personalidad (la manera en que cada cual logra organizar e interpreta sus experiencias, su particular relación con sus semejantes), hay quienes no llegan a esta conciencia moral, muchas veces por la ausencia de una figura de autoridad que encarne la ley, que ponga límites en la cotidianidad, con quien identificarse y a partir de donde internalizar un modelo. También quienes llegan a estructurar un super-yo sádico, punitivo, severo consigo mismo y castigador constante, por el monto de culpa generalizada que experimentan. Y quienes desarrollan una conciencia moral flexible, capaz de adaptar su criterio y sus imperativos a cada situación en concreto.

Este logro es un factor cultural psicológico valioso, en palabras de Freud, pues el efecto en los individuos es que dejan de ser adversarios de la civilización, convirtiéndose en sus más firmes substratos. En cuanto mayor sea el número de estos individuos, en un sector de la cultura, más segura se hallará y antes podrá prescindir de los medios externos de coerción.

2-La capacidad para canalizar los impulsos

El ser humano nace con dos tendencias que son innatas a nuestra condición: la libidinal, que representa lo que conecta, pega, adhiere, y la agresiva, lo que separa, corta la adhesión. De manera general, podría decir que la libido favorece la búsqueda de los otros: en un primer momento para la satisfacción de necesidades básicas para la supervivencia, luego como mediador y vehículo con la realidad y por último, para construir pareja, familia y sociedad. Es decir que sigue un proceso. La tendencia agresiva, entendida como motor, motivación, movilidad, acompaña este proceso entre otros, pero buscando en lo individual satisfacciones propias, que pueden ir desde el impulso natural a la individuación (como capacidad de ser y pensar separado del otro), hasta llegar a transformarse en agresión, en violencia.

La cultura impone renuncias y aplazamientos a la satisfacción de las tendencias libidinales y de las tendencias agresivas, lo que no resulta agradable al ser humano, pues no sólo impone sacrificios y barreras a la sexualidad sino también al odio, los celos y al resto de sentimientos negativos de la gama de los afectos (pues también son estos afectos). Por estas renuncias, le resulta al ser humano tan difícil y poco gratificante alcanzar la felicidad en las civilizaciones.

De aquí que la capacidad para procurar actividades en las cuales invertir la fuerza vital y la fuerza agresiva inherentes al ser humano, se convierte en la piedra angular para soportar con resignada felicidad la inclusión en un medio social y cultural. Donde la agresión sea menos agresiva y las tendencias libidinales sublimadas, es decir, modular (neutralizar) el carácter primitivo, impulsivo, inmediatista de estas tendencias, canalizándolas. Por ejemplo, a través del arte, de las actividades intelectuales y en fin, a través de aquello que cada cual logre procurarse para adaptar sus requerimientos y encontrar la realización de su placer, dentro de su hábitat.

II. A nivel relacional

1-Con los otros

Quisiera precisar que hablamos del tema convivencia, vivir con otros, estar en relación con otros, nuestros semejantes, lo que implica analizar y reflexionar sobre el nivel de relación, de vinculación que se tiene con los otros, es decir, el nivel de relación logrado, lo que a escala universal tendrá sus repercusiones. Estos niveles de vinculación pueden oscilar entre:

1.1. La necesidad

Un tipo de relación donde el otro es puesto al servicio de la satisfacción de necesidades y de demandas tanto básicas como de las tendencias libidinales y agresivas; buscando que sea incondicional ante la exigencia, que responda de inmediato y que sus propias demandas no entren en juego, en lo posible. Sería una relación de dependencia.

1.2. Imitación, ser como, identificación e identidad

En breve este es el proceso de construcción de la identidad personal que sigue un proceso de internalización de aspectos de la realidad que se encuentran en el medio asequible a cada individuo. Según el momento en que una persona se encuentre en este proceso, se vinculará de una manera determinada con el otro.

-Imitación: Deseo de ser el otro, en un intento de mantener la fusión con el otro, es decir, sin reconocer las diferencias que existen entre cada cual, sino que uno es igual al otro.

-Ser como: Deseo de ser como... (el padre, el maestro, un líder tal, etc.). Es una identificación selectiva, que busca semejanzas y hacer como ellos, pero con una dimensión más realista que en la imitación, aunque en la fantasía hay continuidad de ser uno con el otro. Hay aspectos ideales de la persona.

-Identificación: Reconocer aspectos en el otro que luego harán parte de mi mundo interno, de una manera personalizada, es decir, haciéndolos propios e integrándolos a las representaciones internas.

-Identidad: Quién soy. Construcción, producto de las internalizaciones (de identificaciones y contra-identificaciones) realizadas a lo largo del ciclo vital. Es el sentimiento de ser y el sentimiento de sí, de mismidad. La unidad entre el sí-mismo y la corporeidad, y la diferenciación entre yo y la realidad (que incluye a los otros). La identidad da cuenta de la individuación lograda y desde allí, me puedo relacionar con mis semejantes, reconociendo sus diferencias y las mías, y reconociendo las particularidades de cada modo de interpretar y construir la realidad, el mundo.

2-Con la naturaleza

Cuando el ser humano reconozca la supremacía de la naturaleza y que jamás logrará dominarla completamente, establecerá un tipo de vínculo diferente con ella; donde los conocimientos acerca de algunas formas de su funcionamiento, los usos que hacemos y los progresos tecnológicos no sean la meta exclusiva de las aspiraciones culturales, puesto que su dominio, no es el único requisito de la felicidad humana.

III. Garantes de paz

1-Reparación

La reparación es permitida gracias al sentimiento de culpabilidad. La culpa es sentida cuando las demandas del super-yo no pueden ser cumplidas por el sujeto -cuando las cumple se da un refuerzo a la estima propia-. El super-yo severo, más restringidor, castiga incluso los pensamientos surgidos de las pulsiones eróticas y agresivas. Por lo que se diferencia entre la culpa proyectada en el otro, la culpa auto-punitiva y la culpa des-angustiadora, que permite responsabilizarse de los pensamientos, los sentimientos y los actos e identificarse con el dolor del otro. A partir de allí entonces, buscar modos de reparación personales y colectivos.

Se podría hacer una analogía entre el nivel de desarrollo alcanzado por el super-yo individual, con el desarrollo de un “super-yo cultural”.

2-Acuerdos y pactos

En todo vínculo hay acuerdos, pactos y normas (reglas) que son concientes e inconscientes. La mediación se da en el plano yoico, asistido por el super-yo y por el ideal. Su función es permitir el intercambio entre los miembros sobre un tema común: deseos, vida cotidiana, relaciones económicas, sexuales, etc. Es decir, que este conjunto de estipulaciones que se da entre dos o más personas, permiten lo más deseado y lo más conveniente (incluyendo lo que se permite y lo que no, lo más censurado y lo menos prohibido).

2.1. Acuerdos conscientes: Resultan del intercambio entre yoes (yo, otros). Implican la construcción de representaciones afectivas o ideales entre los participantes. Hay una tendencia a pensar que son para siempre ilusoriamente.

*Acuerdos inconscientes: Se pueden conocer a través de los desacuerdos y se definen por dos características: a) se dan simultáneamente que los acuerdos conscientes y b) la uni-territorialidad, se presenta en un territorio único, que es común a las partes.

*Desacuerdos: Son conflictos entre un acuerdo consciente y un acuerdo inconsciente, vivido como des-estructurante, es decir, como desamparo, abandono o muerte, pues en los acuerdos se ponen en juego aspectos narcisistas e ideales.

2.2. Pacto: Tiene que ver con una renuncia, un trueque entre la pulsión y la cultura (la convivencia). Se pacta sobre las diferencias, lo incompatible entre dos o más. El pacto se da en la diferencia, en el des-acuerdo y el acuerdo en lo semejante.

*Pactos inconscientes: Tienen que ver con una defensa contra la fusión con el otro, se da frente al temor de ser uno con el otro, sin diferenciación, al reconocer que el otro es incognoscible e incompatible totalmente conmigo.

3-Contrato Social

Llegar a la construcción del Contrato Social, sería el garante de paz de la convivencia entre seres humanos.

Sólo mencionaré sin desarrollar, tres ideas que de alguna manera en su conjunto, serían el ideal cultural, es decir, de convivencia humana, regulado desde su interior.

3.1. Interrelación adulta: En un nivel colectivo, público, lograr la interrelación con los demás desde las partes adultas de la personalidad, entendidas como las más realistas, con tolerancia a la frustración y que se adaptan a las situaciones cambiantes del mundo. La parte adulta de la personalidad se hace cargo de la parte infantil que hay en la mente, susceptible de pasar al acto de manera impulsiva, dando vía libre a la satisfacción de tendencias eróticas y agresivas que puedan atentar contra determinada construcción social.

3.2. Interculturalismo universal: Inter-penetración entre la pluralidad de culturas, defendiendo la libertad del individuo para construir reflexivamente una identidad personal multi-referencial.

3.3. República ética mundial: Como referente, que incluya el ejercicio de la civilidad y de la ciudadanía social y cosmopolita.

NIVEL PERSONAL NIVEL RELACIONAL GARANTES
1.Conciencia moral 1.Con los otros
1.1. Necesidad
1.2. Individuación 1.Reparación
2.Canalizar tendencias 2.Con la naturaleza 2.Acuerdos y pactos
3.Contrato social
3.1.Lo adulto
3.2.Interculturalismo
3.3.República ética mundial

Lilian Parra es Psicóloga, cursa la Maestría en Psicología Social y Violencia Política en la Universidad de San Carlos de Guatemala (2007-2009). Con Diploma en Salud Mental en situaciones de violencia política y catástrofe del GAC-Universidad Complutense de Madrid; Diplomatura de Postgrado en Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona (Escuela de Cultura de Paz / Cátedra UNESCO); Máster en Humanidades y Sociedades Siglo XXI de la Universidad de Barcelona. Trabaja en investigación social y en proyectos de atención al conflicto y convivencia.

Liliana Parra es colombiana residente en Guatemala.

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