sábado, 5 de diciembre de 2009

La creación poética y juego de la significancia en Amelia Biagioni

Silvia Loustau (Desde Mar del Plata, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El objetivo del presente trabajo es el análisis del poema “Cazador en trance”, de la poeta santafecina Amelia Biagioni a través de la teoría y los conceptos propuestos por Julia Kristeva. La ruptura del vínculo indestructible entre significante y significado propuesto por Lacan, que logra la primacía del significante sobre el significado, y por ende se establece un efecto del juego del significante en la escritura. Pero además, la productividad textual o escritura es entendida como una actividad negativa ya que se transgrede su normatividad, es decir que hay un trastorno de aspectos lógicos, semánticos, sintácticos y estructurales que permiten el funcionamiento de otra lógica, diferente y la que se realiza en el plano del puro juego con el significante cuyo objetivo es pluralizar e infinitizar el sentido.

En el poema propuesto se tomará esencialmente al lenguaje poético, en el que se observa la trasgresión del orden de lo simbólico por parte de lo semiótico. En la escritura poética, lo semiótico “funciona en la práctica significante como el resultado de la trasgresión de aquél.” Este resultado es percibido en la organización de las disposiciones textuales en cuanto a los diferentes niveles (fonético, léxico, sintáctico) que no se encuentran siguiendo una lógica determinada, sino más bien una ana-lógica que permite la desorganización de éstos por medio de juegos fónicos y gráficos, negativación semántica, polisemia, intertextualidad.

Cada texto propone una lógica propia y lo hace “extraño” a la lengua. En esta trasgresión hay un trabajo que opera sobre las huellas del inconsciente, horadándolo en la búsqueda del goce y un retorno a lo reprimido. La productividad del texto implica “recorrer un borde fronterizo entre lo preverbal y lo postverbal, lo preedípico y lo postedípico, lo pulsional y lo reprimido, lo discontinuo y lo continuo, etc.”

Si quisiéramos reducir la poesía a una palabra, quizás la indicada fuese “estallido”, pues precisamente eso es lo que hace con las palabras por las que paradójicamente está compuesto, con el lenguaje lógico. Si bien conoce sus leyes, las niega. Pone en evidencia la capacidad y la incapacidad del lenguaje. Todo funciona exactamente a la vez. ¿Cómo no ser entonces ambiguo? Precisamente esa ambigüedad es la esencia del lenguaje poético, ese “ser” y “no ser” simultáneos.

El poema afirma la existencia de la no existencia: “Metal demente sabio estampido estampido,” de esta forma se establece una afirmación: “metal demente sabio”, que la lógica del habla, al ser interpelada, responde: “no existe un metal demente y sabio”, para sobrevenir la negación: “no es verdad que no exista un metal demente y sabio.”
La negatividad está funcionando de manera constante: “jauría que fue lobo que fue piedra”, “zig zag oval”, “por siempre en mora en hora en anticipo”, o “Múltiple doble solo”, donde todo concurre a la vez; son sólo algunos de los instantes donde se afirma la existencia de la no existencia.

En estos ejemplos hay un sentido infinitizado por la ruptura de lo simbólico y de lo unívoco, provocado por la negación del juicio. En el texto poético hay “negación de una lógica que sin embargo se inscribe.”

El orden de lo simbólico queda relegado al orden de lo semiótico, haciéndonos fluctuar entre el sujeto hablante y el cerológico. El lenguaje poético dice aquello que para el Logos significa un error, una falsedad, aquello que se vincula con la locura, la ficción, la muerte.

La significación, como afirma Kristeva, está dada por “la rítmica pulsional fónica que multiplica el sentido y la significación que da la impresión de desvanecerse en una pluralización tal que lo único que permanece es el ritmo, la ‘musicalización’ pura” . “Cazador en trance” es atravesado por una constante trasgresión lingüística. Desde la perspectiva fónica, se imprime una musicalidad implementada a través del sonido de la “j” (jinete, rojo, jauría, ojo, ajeno, surge), el sonido sibilante de la “s”(designio, persecución, zigzag, sabio, señor, surge, danza) que unido a los propuestos por los grupos fónicos “ando”, “anto”, “ante”, “ente” (exhalando, urgente, amaranto, amante, demente), refuerzan la sensación de movimiento perpetuo de los versos: “Jinete/exhalando/caballo urgente” , donde la respiración del jinete y el resoplido del caballo nos llegan entremezclados, componiendo una trama que atraviesa la estrofa pluralizando la significación. Así también el sonido entre algunas palabras establece una vinculación significante que semánticamente no se relacionan, o que se oponen, como: amante/demente o la que nos invade luego de leer “chaqueta de amaranto entrecortado/rojo verde rojo verde” , que no sólo nos da una dimensión sonora sino que nos propone una visualización que pluraliza el sentido: esa chaqueta/planta, el amaranto, tal vez rojo y verde, tal vez y también, rojo y verde como rojo sangre/verde bosque, o también el sujeto/jinete, es observado en su carrera, a su paso, entrecortadamente por el sujeto lírico. También este entrecortado nos sugiere el ritmo, a la vez vertiginoso, en que está articulado el poema.

En la segunda estrofa nos encontramos con el sonido de la “rr” (miro, perdido, terco, bailarín, arrojado, trance, rojo, rol, verde, vértigo, interminable) que combinados con los grupos fónicos “ando”, “ente”, “ance” (mirando, cadente, trance, penetrando) le imponen un nuevo ritmo con el consiguiente engendramiento de sentido.

Se distinguen las anáforas, repeticiones: “este perdido terco bailarín / este cadente este arrojado / éste que salta cazador en trance” o “Desde tótems lo miro / desde pirámides y cúpulas / desde embudos y túneles / desde lunas inversas / durante un trébol / Durante el pensamiento / Durante la pasión / Durante agónicos / Durante un alma o álamo” Es interesante ver el juego que se hace aquí con las preposiciones y cómo se las altera respecto de su función, la preposición “desde” ligada a lugar y “durante” a tiempo, parecieran perder su sentido original al relacionarlas con otras impensadas desde el aspecto semántico logrando un efecto que infinitiza aún más el sentido.

En el último de los versos citados anteriormente, pareciera que la palabra álamo se desprendiera de alma, como si buscando una derivación lexemática rompiese con la semántica para situarse en un nivel puramente fónico.

O en:

“Desde mi ilímite lo miro
con su mira en mi párpado”

No sólo la “i” y la repetición de la sílaba “mi” que generan “un espacio rítmico, “musical” que se hace y deshace sin cesar” sino que introduce el concepto de “ilímite”, superando fronteras léxicas que hacen aflorar lo pulsional. Octavio Paz habla de ritmo, sobre todo ritmo en la poesía, en términos de magia verbal: “En el fondo de todo fenómeno verbal hay un ritmo (…) Si el lenguaje es un continuo vaivén de frases y asociaciones verbales regido por un ritmo secreto, la reproducción de ese ritmo nos dará poder sobre las palabras.” Este “ritmo” coincide con el “ritmo” inconsciente pulsional del poema, como la musicalización pura que permite orientarse al límite donde el sujeto se pierde para hacer aflorar el inconsciente. Al mismo tiempo, las características sintácticas del poema concuerdan con la ana-logia propuesta por Kristeva, producida por la irrupción del ritmo simbólico que establece una lógica propia con los desfallecimientos sintácticos ya enunciados.

La disposición gráfica también impone su ritmo propio, con sangrías distribuidas de manera heterogénea y espacios en blanco como forma de engendrar sentidos.

La significación por el establecimiento de campos semánticos, es decir, de elementos significantes relacionados por su significancia, según la teoría kristeviana, nos lleva ya desde el título del poema a pensar en uno altamente significativo: la caza, más aún si tenemos en cuenta que el poema pertenece al libro Las cacerías, y este término es central. La idea de caza nos remite temporo-culturalmente al pasado. Sirviéndose del encadenamiento de vocablos, metáforas y una adjetivación desbordante, va conformando este campo semántico. Trance nos remite a momento crítico a atravesar; estadio próximo a la muerte; estado en que un médium manifiesta fenómenos paranormales o aquél en que un alma se siente en unión mística con Dios. Sin embargo, trance también suena, nos remite, fónicamente, a tránsito. ¿Quién es este cazador? El movimiento perpetuo: “Jinete / exhalando / caballo urgente” se revela luego como una ilusión al ser identificado como un cazador que forma parte del Tapiz de la Creación.

El poema muestra de un modo perturbador el fenómeno de transmutación de una identidad en otra. El sujeto observado y el observador, que es el hablante lírico. Se presentan como dos individualidades, dos subjetividades opuestas. El observado y descrito, no sólo por su movimiento vertiginoso y constante: “Jinete / exhalando / caballo urgente”, sino también por las cualidades que se le atribuyen: “este perdido terco bailarín / este cadente, este arrojado”, reconocido también a través de “éste que salta cazador en trance”, identificado como el otro, nombrado: “el cazador”. Y el sujeto que observa, el hablante lírico, que toma la primera persona del singular, y en contraste con el cazador, se caracteriza por una actitud netamente pasiva, la de observador, todo se desarrollará a través del campo de la mirada: “Mirando bien como lo miro”, “Desde tótems lo miro”.

Esta neta identificación de dos subjetividades, se quiebra a medida que avanzamos en la lectura del poema, ¿Qué rol desempeña este sujeto que mira al cazador, es tal vez él, también, otro cazador invirtiéndose los roles cazador-cazado? Se introduce por primera vez, de forma concreta, a la víctima:

“este que salta cazador en trance
Con su olvidado rojo rol
su interminable verde vértigo
su agudo monosílabo
penetrando en la víctima
apenas es un sueño de la víctima”

La víctima, como figura antitética del cazador, y comienza entonces un proceso de trueque entre ambas individualidades, observado y observador:

“Desde mi ilímite lo miro
con su mira en mi párpado
y advierto
lumbre niebla lumbre
mi presa huyendo fiel por ondas,”

El hablante lírico mutará en cazador:

“y soy y voy
jinete
exhalando
cabellera de hoguera
caballo en apogeo
remolino
fatalidad
opción
zig zag
jauría
chaqueta de amaranto entrecortado
rojo azul rojo azul
por los árboles índigos
yo porfiante
con ojo
metal
estampido estampido
persiguiendo
por danza
bosque
sueño
cielo.”

El observador entra de lleno en el poema a través del “yo”, transformándose en un personaje más, con la mutación de los roles, en un “zig zag” el cazador en trance ha pasado a ser su presa y él el cazador, y a la vez como en una suerte de círculo, que, justamente, se “cierra” al unirse con el punto de partida, “termina” precisamente allí donde había comenzado: cazador que se transforma en presa y luego, nuevamente en cazador.
En esta lectura paragramática no podemos dejar de lado la transposición, que apunta a la pluralización del sentido en la que se aplican operaciones de la lógica inconsciente por el pasaje de lo semiótico a lo simbólico. En la función poética se designa una intertextualidad donde hay traslado de un sistema de signos a otro, en este caso por el entrecruzamiento que hace Biagioni al introducirnos en el discurso religioso:

“Repite su pasaje
mientras el orden
el tramador el providente
dorándolo velándolo
con cielos y trompetas
lo ubica en su tapiz.”
……………………………..
“Durante un alma o álamo
repite su pasaje
en ascenso en descenso
detrás y delante del Todo”

Ese Dios que a través de la trama va ordenando y disponiendo en el Tapiz de la Creación, a sus criaturas, a las cuales calienta, ilumina, vela y provee. Pero también las trompetas nos remiten a la Apocalipsis y en una remitencia continua volvemos al “Jinete” con que se inicia el poema. Es imposible no mencionar “Gestalt”, poema que también integra Las cacerías, donde nos reenvía nuestro poema, que funciona como intratexto:

“(…) devorándose comulgándose
persiguen la persecución remite
(…)
para alcanzarme límpidas a Mí
que soy el Cazador”

Este Cazador/Ser Supremo/Todo. En esta combinación cacería/Cazador: “devorándose comulgándose”, se pierde el rol trascendente aboliéndose las categorías.
Es tal el estallido de “Cazador en trance”, que dispara el sentido al punto tal de encontrar junto al religioso, un discurso arcaico o primitivo, lleno de símbolos, dado por el campo semántico propuesto por: bosque / jauría que fue lobo que fue piedra / remota danza / tótems / pirámides.
¿Cómo no asociar también “Cazador en trance” a la condición humana, cazador/presa y a partir de allí, más aún teniendo en cuenta el nombre del libro en el cual se incluye, Las cacerías y la presentación del mismo en el año 1976, comienzo de la dictadura militar en Argentina, con la persecución política, la degradación, la muerte y todo lo que significó el proceso de gestación que culminó con el golpe del 24 de marzo de ese año?

Concluyo aquí este trabajo, donde la creación poética de Biagioni es concebida como una actividad que apunta a la transgresión, a la simultaneidad y a la musicalización rítmica, donde el juego de palabras y las posiciones gráficas congregan una pluralización de sentido. La productividad textual mantiene una lógica transgresora que infinitiza el código. Al lograr un atravesamiento de lo semiótico en la barra de lo tético se produce una redistribución del orden significante, siendo lo semiótico un ordenamiento vocálico y gestual que es regulado por imposiciones biológicas, sexuales, familiares; un espacio rítmico que se hace y deshace sin cesar. La creación poética se hace y deshace en la fuga del lenguaje, en el ir más allá de la lógica del sujeto hablante, posicionando al creador como un sujeto cerológico. El poema es entendido como una forma de arte que surge de la trasgresión: “la vuelta hacia lo materno-pulsional, donde vacío y muerte reinan, instaura en la lógica divisoria y ordenancista de las construcciones simbólicas, fálicas por definición y opuestas al goce. Porque es vuelta a lo semiótico y lo abyecto maternos reprimidos por el orden de lo simbólico.”
Cazador en trance (fragmento)

Jinete
exhalando
caballo urgente
designio
chaqueta de amaranto entrecortado
rojo verde rojo verde
por el bosque de la persecución
jauría que fue lobo que fue piedra
zigzag oval
ojo de amante ojo de tumba
metal demente sabio estampido,
el cazador
señor furtivo dueño ajeno
surge desmemoriado
de una remota danza.
Mirando bien como lo miro,
este perdido terco bailarín
este cadente este arrojado
este que salta cazador en trance
con su olvidado rojo rol
con su interminable verde vértigo
su agudo monosílabo
penetrando en la víctima
apenas es un sueño de la víctima.
Desde tótem lo miro
durante un trébol
desde pirámides y cúpulas
desde embudos y túneles
desde lunas inversas:
repite su pasaje
mientras el orden
el tramador providente
dorándolo velándolo
con su cielo y trompetas
lo ubica en su tapiz.
Durante el pensamiento
repite el pasaje
cruzándose consigo
inmutable mutando
por siempre en mora en hora en anticipo.
Durante la pasión
repite su pasaje
múltiple doble solo
por hélices rayos centro
………………………….
Otros poemas de Amelia Biagioni

Lluvia

Llueve porque te nombro y estoy triste,
porque ando tu silencio recorriendo,
y porque tanto mi esperanza insiste,
que deshojada en agua voy muriendo.

La lluvia es mi llamado que persiste
y que afuera te aguarda, padeciendo,
mientras por un camino que no existe
como una despedida estás viniendo.

La lluvia, fiel lamido, va a tu encuentro.
La lluvia, perro gris que reconoce
tu balada; la lluvia, mi recuerdo.

Iré a estrechar tu ausencia lluvia adentro,
a recibir tu olvido en largo roce:
Que mi sangre no sepa que te pierdo.

De: "Sonata de soledad"- 1954-

Cavante, andante

A veces
soy la sedentaria.

Arqueóloga en mí hundiéndome,
excavo mi porción de ayer
busco en mi fosa descubriendo
lo que ya fue o no fue
soy predadora de mis restos.

Mientras me desentierro y me descifro
Y recuento mi antigüedad,
pasa arriba mi presente y lo pierdo.

Otras veces
me desencorvo con olvido
pierdo el pasado y soy la nómada.

Exploradora del momento que me invade,
remo sobre mi canto suyo
rumbo al naufragio en rocas del callar,
o atravieso su repentino bosque mío
hacia el claro de muerte.

Y a extremas veces
mientras sobrecavándome
descubro al fondo mi
fulgor inmóvil ojo
de cerradura inmemorial,

soy ave llave en el cenit
ejerciendo
mi remolino.

De: "Región de fugas"- 1995-

Acerca de Amelia Biagioni (1916- 2000)

Dentro del panorama de la poesía argentina contemporánea, Amelia Biagioni aparece como una de las figuras más atractiva y enigmáticas, en virtud de su capacidad de ampliar el alcance y transformar los rasgos característicos de su poesía. La obra de Biagioni comprende seis libros de poesía y un largo o poema póstumo publicado en La Nación a dos semanas de su muerte. Escasísimos textos suyos quedan fuera del conjunto señalado, lo que da cuenta, por un lado, de su negativa a participar de grupos literarios consolidados y, por ende, de sus publicaciones periódicas; y, por otro, del cuidadoso proceso de selección que precedió a la difusión de su obra. De hecho, y a modo de confirmación de esta última hipótesis, es preciso subrayar que la obra de Biagioni resulta casi magra si la comparamos con la de algunos de sus contemporáneos, sobre todo teniendo en cuenta que su trayectoria abarca casi cincuenta años. Sin embargo, el tiempo que media entre libro y libro son causa y consecuencia de uno de los rasgos más evidentes y originales de su producción: la ruptura y la experimentación constantes. Allegada en sus inicios al neorromanticismo posterior al cuarenta, coetánea del surrealismo y del invencionismo -vertientes con las que, a pesar de las diferencias inzanjables, es factible percibir cierto «aire de familia»-, en las antípodas del objetivismo, del nacionalismo y de la poesía social y comprometida -si consideramos estos rótulos en sentido estricto-, la producción poética de Amelia Biagioni se resiste a las categorizaciones de la crítica que, por otra parte y salvo raras excepciones, no se ha detenido a profundizar en esta trayectoria peculiar y de alcances tan inusitados. Según comentó el poeta Enrique Requeni, Biagioni alguna vez confesó que concebía el poema como una forma de plegaria. Algunas de sus obras: Sonata de Soledad, La llave , Las cacerías, Estaciones de Van Gogh, Primera Antología poética.

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