sábado, 14 de febrero de 2009

Juana


Marcelo Colussi

Cada tanto recordaba su origen: la imagen de la favela de San Pablo le retornaba insistente. Si bien eso había sido mucho tiempo atrás –con seis años había marchado con su familia a vivir en un barrio otorgado por el gobierno, en casa de ladrillos– la historia de su infancia, y la de la violación, era algo que nunca desaparecía. Tampoco podía olvidar la histórica discriminación que sufrían los negros descendientes de esclavos africanos, tal era su caso.

Había pasado por más de un tratamiento psicológico, y en muy buena medida había logrado procesar todo el espanto de esa pesadilla ya tan lejana. No obstante, ante circunstancias difíciles como la actual, reaparecían los viejos fantasmas.

Se encontraba en el despacho principal, y sus dos secretarias –una morena, de Sudán, otra rubia, noruega– esperaban ansiosas alguna respuesta. La reunión con la más alta jerarquía había sido por la mañana; habían asistido representantes de todos los lugares donde la institución tenía presencia. Había, por tanto, enviados de los cinco continentes, de más de cien países.

El encuentro había sido tenso; lo cual era comprensible: era la primera vez que la organización se hallaba en una disyuntiva tan apremiante. Las fuerzas chinas tenían ocupado prácticamente toda Asia, y su poderío misilístico nuclear apuntaba tanto a los Estados Unidos como a Europa. El margen de maniobra era muy pequeño, y el tiempo se agotaba. Pekín había sido categórico en la demanda: la Secretaría General de las Naciones Unidas debía aprobar la invasión de los dos últimos países –Arabia Saudita e Irán– o comenzaría el bombardeo impiadoso sobre las cinco principales ciudades de la costa oeste del país americano, que a su vez había tomado, con apoyo europeo, todo el África, incluido el norte islámico.

Los chinos eran terminantes. Si habían dado un ultimátum, era de creerles. Y de temerles. Sus armas ya no eran como las de principios de siglo; ahora, en el 2045, gracias a una aceleración infernal de su economía y de su desarrollo científico, habían puesto casi de rodillas a Washington. No más de diez misiles intergalácticos con ojiva nuclear múltiple cargados con el nuevo material radioactivo traído de Marte –disparados desde satélites estacionarios– bastaban para terminar en pocos segundos con el país americano. Y disponían de varios cientos. La Organización de Naciones Unidas, tan manoseada por años, había vuelto a tener cierto protagonismo en el panorama internacional; era por eso que se requería su intervención bendiciendo la acción militar. Dado lo complejo del entretejido de los hechos, se había pedido también la participación de la Iglesia Católica, que aún detentaba algunas cuotas de poder. Pero no era fácil tomar una decisión.

Justamente por eso, porque lo que se decidiera tendría consecuencias planetarias en el largo plazo, la junta de la mañana había sido larga y tensa. Nadie se atrevía a plantear abiertamente una posición belicista; pero todos sabían que la institución apoyaba, no tan en secreto, la toma del continente negro. Por tanto, de no hacer lugar a la petición china se corría el riesgo –muy alto por cierto– de ser también considerada aliada de los yanquis y de los europeos. La respuesta militar por parte de Pekín era, por ello mismo, muy posible. Y las fuerzas armadas de la institución eran muy modestas, absolutamente lejanas de poder dar una batalla con posibilidades de éxito, aunque dispusiera de armamento nuclear.

Ambas secretarias, en provocativas minifaldas, volvieron a entrar al despacho. El nerviosismo reinaba en el ambiente. María, la pródigamente dotada nórdica de lechosa piel, intentó ser simpática con algún chiste, a modo de distender un tanto la situación. Aunque era su preferida, y en otros momentos había recibido muestras del más enternecedor cariño, ahora obtuvo por toda respuesta un pellizco en la nalga, por debajo de la falda roja. Por cierto el pellizco no pretendía ser tierno; había sido, en todo caso, una descarada agresión física. María no respondió.

En general no se comportaba así; su actitud dominante era la serenidad. Con sus cuarenta y ocho años bien llevados y una muy buena condición física –hacía dos horas diarias de gimnasia–, aunque era persona pública, internacionalmente pública, lo cual abría la posibilidad de tener más de un detractor, no contaba con enemigos a nivel personal. Afable, siempre con una sonrisa sincera, espontánea, su carisma era proverbialmente conocido. Nadie podía decir que alguna vez se hubiera sentido mal en su presencia. Pese a su condición de persona negra, o justamente o por eso, era un paladín de la lucha antiracial.

Una vez más, como sucedía en momentos difíciles, se refugiaba en la lectura de Bartolomeo Sacchi –en latín–; su compleja obra "Historia de la vida de los papas" la conocía a la perfección, luego de innumerables recorridos. A partir de ella se había inspirado para pintar La muerte de Juana, patética y bien lograda obra donde se plasmaba el linchamiento y consecuente muerte a que habían sido sometidos en Roma, hacia fines del siglo IX, la papisa Juana y su recién nacido hijo. Ese hecho le parecía impresionante, tanto como su infantil violación; eran de las pocas cosas, quizá las únicas, que retornaban cíclicamente en su discurso. Su pintura –hecha más a título de pasatiempo que con pretensiones estéticas serias– reflejaba un abanico de temas, y ni lo religioso ni lo truculento ocupaban un lugar de privilegio. Le interesaban por igual el amor, la niñez, el sexo o la ecología.

Desde hacía ya un par de décadas en la Santa Sede se venía dando una serie de cambios para estar acorde a los tiempos; el aumento incontenible de las sectas evangélicas en Latinoamérica y de los grupos fundamentalistas musulmanes en Asia, Africa, América del Norte y Oceanía, así como un agnosticismo creciente en Europa y la fascinación por la robótica, habían llevado a la religión católica a una casi virtual desaparición. De ahí que la alta jerarquía vaticana introdujera osadas transformaciones en su estructura institucional, a fin de mantener con vida una tradición más que doblemente milenaria. No sin resistencias internas, en años recién pasados se había eliminado el celibato, se había aceptado la presencia femenina en el curato –las sacerdotisas, sin embargo, no podían quedar embarazadas–, había terminado por aceptarse la planificación familiar y el aborto como prácticas normales, y se había delineado una estrategia mediática que empalidecía el mercadeo de películas realizado por los hindúes, apelando a las más sutiles –y espantosas– técnicas de penetración psicológica. En esa lógica se había aliado a la Coca-Cola International Company, siendo el joint venture de provecho para ambas instancias: los fabricantes de refrescos eran bendecidos por dios, y tenían asegurada publicidad gratuita en miles de iglesias en toda la faz del planeta. Y el Vaticano, a través de un simpático y sonriente Jesús –en tres versiones: rubio, moreno y oriental– aparecía en millones y millones de envases. Dios toma Coca-Cola decían las etiquetas.

Ante el pellizco, las dos secretarias optaron por retirarse sin abrir la boca. Sabían que cuando se ponía así era mejor no dirigirle la palabra; si bien su actitud era dulce, a veces podía adoptar un aire terriblemente agresivo. Tal era el caso ahora; y en esas circunstancias era mejor alejarse.

Pasó hacia la sala contigua al despacho principal; allí tenía instalado su taller de pintura. Trabajar ahí, pintar un poco, cuando la tensión subía tanto como ahora, le hacía sentir bien. Pensó en una nueva versión del suplicio de Juana la papisa; desde mucho tiempo le interesaba hacer algo remedando la pintura primitivista que había visto en Guatemala, en Centroamérica. El cuadro que había producido ahora, dos años atrás, cuando comenzaba su mandato, tenía un aire renacentista con algún destello surrealista. Combinación rara, por cierto; pero que no le incomodaba estilísticamente, y cuya utilización no dejaba de tener cierta aura atractiva.

Pintar una violación le parecía demasiado funesto; suficiente con haberla padecido. La lapidación de este mítico personaje de la Iglesia Católica le fascinaba. Le parecía arquetípico, símbolo absoluto de la hipocresía del mundo: una institución que por milenios prohibió entre sus filas la presencia de mujeres y cuyos miembros masculinos hacían votos de castidad, mientras que se cansaban de tener hijos ilegítimos o relaciones homosexuales. Una institución patriarcal y verticalista como ninguna otra, donde una mujer pudo llegar a ser su primer dignatario a costa de la transgresión, pero el día que dio a luz fue ajusticiada por una plebe manipulada, asustadiza y profundamente conservadora, producto todo ello de una jerarquía misógina y enfermiza. La figura de esta Juana le parecía un símbolo, si bien no tan evidentemente válido en años anteriores, más que actual hacia mediados del siglo XXI. Juana y la transgresión: nuestro camino había pensado que cabría mejor como título del cuadro. Optó, finalmente, por el otro más convencional.

Hoy día ya no era prohibida la presencia de la mujer en la estructura del poder eclesial. Había dejado de ser diabólica; aunque ello era producto de un reacomodo forzado. Hondamente sabía que la odiaban.

La odiaban profundamente por ser mujer, por ser negra, y por su origen de pobre y marginal. A veces, pese a lo traumático de sus primeros tiempos de vida, la enorgullecía venir de una favela. Sin tener muy arraigada una preocupación por lo social, en términos viscerales no se sentía a gusto con los funcionarios que ella llamaba aristocráticos. Es decir, aquellos que no venían de historias de exclusión tan notorias, que estaban acostumbrados desde siempre a pertenecer al círculo de los afortunados, de los integrados al sistema mundial. El solo hecho que se hablara de inviables le parecía una falta de respeto en términos humanos. Un favelado no es viable, rezaba el catecismo económico de la economía de libre mercado; lo cual le parecía horrendo, inadmisible. Ella representaba a los eternamente hechos a un lado, a los inexistentes, a los que no cuentan. Se sentía igual que Juana I: de campesina a papisa, titánico esfuerzo personal mediante. Igual que ella, era una marginal. Sólo con un denodado arrojo había podido llegar a estudiar, venciendo la marginación crónica que la postergaba; su impresionante talento había hecho el resto.

Era, sin proponérselo de manera consciente, un símbolo de la irreverencia. Iconoclasta visceral, su vida misma era una invitación a la heterodoxia, a la herejía. Repitiendo la mítica historia de Juana la inglesa, también ella había tenido sus benefactoras, gracias a las cuales había accedido al papado. No debía favores, en sentido estricto, porque con ambas había sido amante en su momento, pero nada las unía ahora. Con una de ellas, aunque ya de forma muy tenue, aún se encontraba ocasionalmente; sin embargo eso no traía deudas: eran algunos encuentros inocentes, sólo eso. Ahora su pasión estaba depositada en María, la sensual secretaria políglota con la que mantenía una relación fogosa –oculta, por supuesto.

Ya entraba la noche y Juana II –tal era el nombre que había adoptado para papisa, no sin discusiones, dado que muchos miembros del consejo cardenalicio no reconocían la existencia de la primera, un milenio atrás– aún no daba una respuesta. María desesperaba; cuando Su Santidad se ponía así de caprichosa, de agresiva, era intratable. De amante ella lo sabía, y lo padecía más de una vez. Las llamadas se sucedían frenéticas, y era ella quien tenía que responder. A su vez, luego, el vocero papal se encargaba de presentar las cosas. Aunque no había mucho para informar en realidad.

De pronto Juana tuvo una repentina idea –una revelación se hubiera dicho en otros tiempos. Si era ella la elegida por el rey de reyes, el primer motor, el sumo dador de vida y dispensador de favores; si ella ocupaba la silla de San Pedro por designio divino, ¿por qué no aprovechar todo ese poder para intentar algún cambio de verdad?

A veces, muy en secreto –con María, por lo común luego de hacer el amor, le venían ganas de sincerarse y abrir una crítica feroz contra toda la institución– pensaba que era inadmisible que ellos, la Santa Madre Iglesia, siguieran pensando con criterios de más de dos mil años atrás; que al lado de los fenomenales problemas del mundo todavía fueran tan ciegos. Le parecía abominable que la disposición del papa anterior prohibiera a las sacerdotisas tener hijos. Si no se hubiera hecho la operación de ligadura de trompas cuando andaba por los treinta años, algún tiempo atrás se hubiera atrevido a buscar un embarazo. Aunque entendía que era un riesgo a cierta edad, lo hubiera hecho más con espíritu contestatario, de pura irreverencia. Soñaba, incluso, con adoptar algún niño de su favela de origen. De papisa ¿quién se lo impediría? De todos modos también se daba cuenta que no disponía de todo el poder que hubiera deseado. Se había aceptado la entrada de la mujer en la carrera vaticana más que nada porque los tiempos así lo exigían, pero muy en el fondo sabía que el patriarcado no había terminado.

Pensó entonces en hacer una jugada política bastante atrevida. Llamó de urgencia a algunos de sus pocos asesores en quienes confiaban. El más cercano era también un brasileño. Se le ocurría que esta era una buena circunstancia para intentar realizar un viejo sueño. Se podía negociar a dos puntas: reconocer la invasión china sobre los dos países del golfo pérsico y mirar para otro lado a cambio del apoyo de Pekín para el traslado del Vaticano a San Pablo, Brasil. Si los jerarcas chinos recibían un reconocimiento de la Santa Sede, lo cual era una virtual bendición y tácita aceptación de su política de expansión, se establecía un equilibrio: ellos en el Asia y Oceanía, los rubios en Africa y Latinoamérica…. y Dios con todos. Este reconocimiento diplomático bajaba las tensiones y daba oxígeno; nadie tenía que buscar entonces demostraciones de fuerza –que, en este caso, podían implicar la muerte de cientos de millones de personas y pérdidas económicas inconmensurables. Occidente perdía terreno, pero evitaba una carnicería, y una muy probable derrota. El Vaticano hacía un juego múltiple, y con nadie quedaba mal; por lo cual, muy justificadamente entonces, podía pedir su recompensa.

Juana II se sentía pletórica. En realidad no lo había pensado mucho, había sido una respuesta inmediata, casi una inspiración divina; en realidad lo que más le preocupaba era la reacción de la Coca-Cola International Company. Eran ellos, desde hacía algún tiempo, los más feroces defensores de la contención de China. Y no sin motivos: los refrescos producidos en el país oriental le habían quitado ya más de un tercio de mercado a nivel global. Sin embargo la morena papisa era de la opinión que si no puedes contra ellos, pues entonces úneteles. Años de ignominia, transgresión e hipocresía la habían curtido. Todo vale, era su lema. Con eso no hacía sino poner en palabras lo que era su cruda experiencia de vida.

Los funcionarios con que se reunió eran, si bien no precisamente progresistas, al menos los menos misóginos. No la respetaban tanto a ella –era mujer, y ni qué decir si se hubiera sabido de sus tendencias homosexuales– sino a su investidura. Después de exponer detalladamente sus puntos de vista –lo hizo en italiano; hablaba perfectamente siete idiomas– todos quedaron callados por un buen rato. Nadie se atrevía a tomar la palabra, hasta que un viejo cardenal de origen español lo hizo.

El plan estaba bien urdido, sin embargo la fuerza de la tradición tenía un peso inimaginable. ¿Cómo trasladar el Vaticano fuera de Roma? ¡Imposible! El polaco Juan Pablo II, a fines del pasado siglo, había inaugurado la tendencia de los pontífices a viajar fuera de la ciudad sagrada; pero trasladar la ciudad sagrada era otra cosa. Herejía, apostasía. Para algunos de los presentes era blasfemo, insoportablemente sacrílego el sólo hecho de pensarlo. Juana vio que, una vez más, estaba sola. Sola y desamparada, como en la favela.

Incluso su consejero coterráneo no atinó a defender la propuesta. El era bastante conservador; y además, era rubio, de origen austríaco.

Una vez más también pensó Juana II que mejor ser varón. Con eso nada se arreglaba, pero la ratificaba en su desprecio por el patriarcado.

Pekín esperó dos días más, y en vista que no recibía señales claras ni del Vaticano ni de las Naciones Unidas, atacó. Nunca se supo con exactitud la cantidad de muertos, pero según cálculos bastante precisos se estimó en alrededor de noventa y tres millones de desintegrados por la fisión termonuclear asistida de los tres misiles caídos.

La papisa Juana II intentó dimitir, pero no se lo permitieron. Tuvo que soportar a pie firme el desarrollo de la nueva guerra. Finalmente la Santa Sede debió instalarse en otra ciudad, no tanto por la intención de la pontífice, sino debido a la destrucción sufrida en Roma. En la nueva morada –la austral Ushuaia, en Tierra del Fuego, una de las pocas regiones del planeta no contaminada con energía atómica– vivió menos de un año. Nunca quedó claro el motivo de su muerte; algunos dicen que fue apuñalada por su secretaria noruega (fue la versión llamémosle… oficial). Otros, bien informados, dicen que se repitieron los hechos del último papa italiano de la historia, Albino Luciani. De todos modos ninguna autopsia reveló envenenamiento. Algo curioso fue el anónimo descubierto al pie de su lecho de muerte –nunca revelado–, grotescamente burdo, escrito sobre papel negro, con semen: in sempiterna saecula saeculorum. Amen.

* Del libro “Cuentos para olvidar”, Caracas (Venezuela), 2007.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Caudal


Miguel Ángel Asturias

Dar es amar,
dar prodigiosamente,
por cada gota de agua
devolver un torrente.

Fuimos hechos así,
hechos para botar
semillas en el surco
y estrellas en el mar
y ¡ay! del que no agote,
Señor, su provisión
y al regresar te diga:
¡Como alforja vacía
está mi corazón!

Miguel Ángel Asturias: Escritor guatemalteco (1899-1974), ganador del Premio Nobel de Literatura en 1967.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

La casa de todos: Medio siglo de activa vida cultural de las Américas

Marcos Alfonso (Desde Cuba, especial de la AIN exclusivo para ARGENPRESS CULTURAL)

Corría en Cuba la década de los años 50a. Salvo la irrenunciable creación autóctona de hondas raíces y valía (artes plásticas, literatura, música, teatro…), el país, por obra y gracia del desgobierno de Batista, se convertía a pasos de gigante en una empresa de desculturización.

Llega 1959 y, con la Revolución, la cultura, imprescindible ingrediente en toda obra de cambios raigales, pasa a ocupar espacio prominente para adentro y hacia fuera.

Tan prematuro como el 28 de abril en el histórico año del triunfo popular, la heroína del ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, Haydée Santamaría Cuadrado (Yeyé), aferrada a la pasión abrumadora de juntar y a la notable sensibilidad de su espíritu, tuvo el raro y singular privilegio de asistir al temprano parto de ese hogar de todos: la Casa de las Américas, la cual rigió hasta su muerte en julio de 1980.

Desde entonces hacia acá, los esfuerzos no han sido inútiles ni las intenciones frustradas: la integración cultural latinoamericana y caribeña es tangible realidad difundida a lo largo y ancho de medio siglo, donde las mejores realizaciones de la América Nuestra han ocupado destacado sitial.

Casa de las Américas nunca ha permanecido quieta. Junto a sus siempre sostenedores espirituales: ambulantes, vitales, necesarios, en ocasiones hasta inéditos o sin el tiempo de escribirlo todo por otras urgencias, se revitaliza en cada día que transcurre.

El poeta y actual presidente de la institución, Roberto Fernández Retamar, en entrevista a Granma Internacional resaltó nombres de personalidades de América Latina y el Caribe vinculados a Casa, como Alejo Carpentier, Ezequiel Martínez Estrada, Camila Henríquez Ureña, Manuel Galich, Harold Gramatges, Mario Benedetti, George Laming, Julio Cortázar, Juan José Arreola…

Tal pléyade, y otros innumerables, devienen sostén de creación invulnerable, en la cual afloran las pasiones y afanes de quienes, en lo extenso de este medio siglo, en escena o tras el telón, han guiado la obra hacia la adultez en el empeño de la universalización de esta Patria de Todos.

La morada cultural enclavada en las calles Tercera y Avenida de los Presidentes, en el Vedado habanero, ha favorecido “grandemente a la integración cultural latinoamericana y caribeña. Siempre que en nuestra América se ha vivido un proceso auténticamente revolucionario, se ha propuesto tal integración cultural”.

Desde la Canción Protesta de la Nueva Trova hasta la plástica universal, el teatro y otras manifestaciones de lo genuinamente autóctono de las raíces americanas, han encontrado espacio en la Casa de las Américas, vehículo unitario y de intercambio entre los creadores de la patria común.

A la distancia de estos 50 años, jamás ha cerrado sus puertas esta Casa convertida en suerte de santuario para los artistas de este mundo, que nunca fueron absorbidos por la desnaturalización de sus culturas.

Alguien llegó a sentenciar: “la Casa es un estado del alma”.

Tal vez lo más representativo sean el Premio Literario y la revista Casa, por su incidencia en la difusión continental. Cifra superior al millar de títulos han propiciado la presencia de las letras de la región dentro y fuera de la Isla.

Haydée sembró la semilla de este acorde común, de la palabra precisa y los colores que dan vida al espacio que une. Desde el presente, la Casa es leal a su pasado y sienta bases hacia el mañana. Ha sido y es la preeminencia del espíritu por sobre todas las cosas, por levantar lo que siempre soñó Yeyé: la sociedad genuinamente humana y solidaria.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Cumbre Latinoamericana sobre la Comunicación (desde abajo): ¿Algún día será posible?


Fernando Buen Abad Domínguez (Rebelión/Fundación Federico Engels/Universidad de la Filosofía)

Contra la Alienación: no esperemos a ver qué inventan para silenciarnos.

Buena falta nos hace un Encuentro Cumbre ex profeso, una asamblea organizativa para la Integración Comunicacional, una convocatoria continental hacia la emancipación comunicacional de los pueblos. No esperemos a ver cómo, en los meses próximos, impulsados por sus crisis, los poderes burgueses arreciarán combates contra todo lo que suene a libertad de expresión, independencia, expropiación o socialismo. No dejemos que nos aturdan nuestras tareas incontables. No esperemos a ver qué inventan para silenciarnos.

Buena falta nos hace una Cumbre de países por la Integración Comunicacional hacia la libertad expresiva, plena y democrática, de las organizaciones sociales de base, de los trabajadores, de los campesinos... una cumbre con agenda propia para romper los bloqueos mediáticos y hacia un Proyecto Internacional de Políticas de Comunicación que ponga todos los recursos mejores al servicio del desarrollo socialista, desde abajo y no al servicio de los monopolios mediáticos.

Cuba, para hablar de lo mejor que hemos visto, tiene un arsenal de experiencias valiosísimas, con tinos y desatinos, que no debemos dejar en la indiferencia o en la ignorancia. En materia de comunicación la experiencia cubana también ha sido sometida al bloqueo. Cuba es una luz indispensable en la eficacia y en la eficiencia de tareas comunicacionales innumerables que ahí se han emprendido y de las que es urgente extraer y expandir aprendizajes. Venezuela tiene en sus manos un hervidero magnífico de iniciativas con errores y aciertos indispensables en la lógica dialéctica del avance socialista; y tal tesoro no puede ahogarse en el bloqueo mass media que las burguesías imponen. Así, el resto de los países compendian filones indispensables de conquistas comunicacionales que reclaman un inventario de lucha. Un acervo revolucionario para la transformación del mundo, ayudados por la Comunicación y sus episodios mejores. ¿Alguien duda que es urgente una gran biblioteca Latinoamericana de la Comunicación Revolucionaria que se clone y multiplique permanentemente para teñir el continente con las experiencias teórico-prácticas de miles de profesores y estudiantes, de miles de artistas y creadores, de miles de trabajadores campesinos y obreros que han aportado sus granos de arena y que corren el peligro criminal de ser silenciados por las artimañas de la indiferencia burguesa?

Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Argentina, Brasil... todos hacia un encuentro resolutivo que enfrente, de una vez por todas, con las herramientas del internacionalismo revolucionario, un mal común, una tara que intoxica y degenera, un pendiente histórico que no admite soluciones burocráticas aisladas ni pócimas sectarias. Un encuentro que impulse, organizadamente, todos los debates necesarios a estas horas para combatir, sin eufemismos, las operaciones mass media burguesas que infestan con sus tufos alienantes cada rincón de la vida colectiva, de la conciencia individual y de las emociones todas. Contra las manías burguesas que infestan incluso a muchas "izquierdas"

Buen falta nos hace emprender planes conjuntos, tareas continentales, eventos sistemáticos, acopio de recursos y creatividad lúdico-revolucionaria para afianzar lo mejor que ya se hace, para emprender eso que han anhelado muchas generaciones de trabajadores en la cultura, en las artes, en la pedagogía y la didáctica, en la ciencia... ayudándonos con el inventario de los recursos ya disponibles e inaugurando los horizontes que las tecnologías nuevas ya nos ofrecen.

Buena falta nos hace una Cumbre así para frenar, incluso, el negociado mafioso que perpetran los mass media burgueses con las propagandas políticas. Es imperativo frenar toda forma de chantaje que anhela eternizar el imperio del dinero sobre la democracia. Es inexcusable una acción internacional, un balance de costos, una denuncia de hurtos y un freno definitivo al modelo burgués de financiamiento electoral que sangra el dinero de los pueblos en beneficio de los reyes monopólicos de la farándula mass media.

Buena falta nos hace un encuentro conjunto de presidentes latinoamericanos dispuestos a poner lo que se debe a estas horas en que la dependencia comunicacional nos agobia y amenaza con más de lo peor. Una Cumbre para la Comunicación que desde Cuba, Bolivia, Ecuador... ejerza su derecho y obligación de luchar contra el bloqueo mediático y contra todos los bloqueos. Un encuentro que impulse una re-definición continental sobre la comunicación necesaria y su dialéctica histórica. Una Cumbre bien puesta y bien peinada. Un Cumbre bonita y combativa para la guerra simbólica que debemos ganar a toda costa. Buena falta nos hace la autocrítica sin los paradigmas burgueses.

Buena falta nos hace compendiar y revalorar la experiencia de cada país, lo que se hace bien y lo que requiere ayudas, valorar las necesidades sobre un diagnóstico regional riguroso e impulsar inversiones en áreas estratégicas consensuadas y abiertas ala participación democrática de todos y desde abajo. ¿Será tan difícil? ¿Alguien duda que necesitamos una gran Televisora Educativa Latinoamericana, nuestra y revolucionaria, capaz de proveernos acceso a los métodos y las herramientas contemporáneas para la producción de los conocimientos emancipadores que reclama nuestro desarrollo desalienado, por fin? ¿Alguien duda que necesitamos una gran Radiodifusora Continental para la Integración, RadioSur... que sume todas las fuerzas y las experiencias mejores y sea "una" sin dejar de ser diversa, plural, democrática y antiimperialista? ¿Alguien duda que urge consolidar TeleSur como Televisora Continental Informativa cuya práctica de Integración requiere del impulso definitivo que debe darle una Cumbre Latinoamericana? ¿Alguien duda que necesitamos cine, teatro, novelas... cultura y entretenimiento emancipadores y nuestros? ¿Alguien duda que requerimos más ViveTV, por todas partes, mejor y más autónoma? ¿Alguien duda que necesitamos más TeVes, y mejores?

Buena falta nos hace abrir un capítulo histórico en materia de leyes socialistas, en materia de investigación científica para la comunicación, en materia de experimentación creativa. Buena falta nos hace romper con los vicios las calamidades que aun nos empantanan en los formatos burgueses para la comunicación. Buena Falta nos hace pensar los imaginarios nuevos sin las premisas burguesas. Buena falta nos hace planificar la comunicación necesaria para los 25 años próximos. Buena falta nos hace formar Escuelas de Cuadros para la Comunicación capaces de gestar las simientes nuevas de una etapa absolutamente nueva en materia de Libertad de Expresión Socialista. Buena falta nos hace hacernos dueños colectivos de las herramientas y las agendas de trabajo, hacernos dueños socialistas de los espectros radioeléctricos y de los imaginarios transformadores... buena falta nos hace hacernos dueños socialistas de nuestro futuro.

Eso debe discutirse e impulsarse en una Cumbre ex profeso y sui géneris, como esta, dedicada a la Comunicación que es preocupación y desvelo en todas partes ahora que es la hora en que la crisis burguesa arreciará estrategias para criminalizar, degenerar, pervertir y calumniar todo lo que no sea su reino de explotación, alienación, miseria y barbarie. Urge una Cumbre que siembre la agenda de los años venideros, que la abra a la participación de todos y que se vuelva dinámica y creadora. Que se mueva por todas partes, que emprenda movilizaciones e intervenciones mundiales, que de sur a norte predique con ejemplos su necesidad de aprendizajes y su necesidad de consolidación democrática y socialista. Una Cumbre desde abajo. ¿Es mucho pedir?

Corriente Internacional de la Comunicación Hacia el Socialismo
El Bloqueo Mediático como forma de la Guerra Cultural
El que se acostumbra... pierde

Toda vez que se habla de “bloqueo mediático”, sin detenerse a denunciar su carácter de agresión sistemática en lo individual y en lo colectivo, se corre el peligro de hacer el juego a una trampa ideológica que nos hace acostumbrarnos a aceptarlo como un inquilino obligado... al fin y al cabo “el cuerpo a todo se acostumbra”. Debajo de las formas del “bloqueo mediático” pueden acurrucarse las más extravagantes perversiones y negligencias (de izquierdas reformistas y derechas tutti fruti, de las sectas y las burocracias) para navegar rentablemente en el río revuelto de una ignorancia prefabricada por pedido de los patrones y las oligarquías. Ya hasta hay fórmulas pontificias que muchos toman y repiten como evangelio del desparpajo: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”... dicen por ejemplo. Uno no pude resignarse.

No hay episodio del “bloqueo mediático” burgués que no sea parte de una guerra abierta y de una guerra de símbolos para esclavizar conciencias. Especialmente las conciencias de los trabajadores, los obreros, los campesinos, los estudiantes... El bloqueo mediático, con sus formas camaleónicas, tiene tareas preparatorias, actuales o futuras, donde se suscitan los anecdotarios más floridos de la violencia psíquica, la tortura psicológica, el asesinato de la verdad o la calumnia como “pan nuestro de cada día...” Denunciar el “bloqueo mediático” se ha vuelto frase obligada de todo diagnóstico –a veces frase hueca al paso- tras la cual algunos olvidan fácilmente que se trata de un escándalo, de una ofensiva descarada y descarnada que se especializa en infectar la realidad y la conciencia con los venenos más sofisticados de la alienación capitalista. Eso debe ser denunciado, también, en los foros internacionales. ONU, UNESCO, OEA... Es un problema de seguridad nacional, es un problema de integridad emocional, de fortaleza política... de libertad de expresión. Nada menos.

No hay “bloqueos mediáticos” asexuados... quien se presta a suprimir, tergiversar, violentar o maquillar la realidad misma, que bajo el capitalismo reina impúdicamente en forma de explotación, barbarie y miseria –por ejemplo-, empina su ser al servicio de uno de los atentados más devastadores de la vida social. Hay escuelas donde eso se enseña con obscenidad prodigiosa y creativa. Uno ya sabe qué clase de tropelías puede financiar la burguesía para salirse con la suya cuando arremete contra la conciencia de la clase trabajadora... hay de todo en la viña de los señores patrones. La cosa puede ir desde la desaparición de tirajes completos de cualquier diario (como ha sucedido con el periódico la Jornada de México denunciado incansablemente por Julio Hernández), la prohibición –abierta o soterrada- de transmisiones televisivas (como pasa con TeleSur de Venezuela en varios países), la supersesión sistemática de expresiones sociales (como en Valencia donde las “autoridades” han mandado silenciar con pintura gris los muros de la libertad nacidos de la dignidad rebelde o las golpizas pagadas por el nazi fascismo floreciente en España a la sombra de los amos). Sólo ejemplos.

Inclúyase, también el método leguleyo para prohibir la venta de “libros malditos” (como pasa sistemáticamente contra la Fundación Federico Engels en no pocas Ferias de Libros donde se inventan formas mil para obstaculizar, irritar, provocar o suprimir la divulgación del pensamiento científico marxista). No olvidar, tampoco, la invención de calumnias sir rubor alguno, la propagación de rumores ideologizantes y desde luego el silencio proverbial del capitalismo frente a todo triunfo –no infrecuente- de la clase trabajadora. Algún día podremos elaborar el inventario, terrible como pocos, de los hechos concretos pagados por el capitalismo para desfigurar la Historia toda y, en particular, para esconder la historia, in-escondible, de su hundimiento inexorable.

Uno no puede (o debe) discutir el “bloqueo mediático” a solas ni en sectas. Se trata de una lucha internacional que requiere diagnóstico colectivo abierto, programa de acción de los trabajadores en todos sus espacios (especialmente de los trabajadores de los medios de comunicación) y acción directa a toda escala. Se trata de una Guerra Simbólica que la inteligencia socialista debe abrazar como un objeto de estudio para el combate permanente de sus estragos hasta en los territorios más sutiles de la subjetividad. Ser ingenuo (o hacerse el ingenuo) es suicida. Para eso urge, entre mil cosas, una Corriente Internacional de la Comunicación hacia el Socialismo. Urge abrir espacio para el debate, la denuncia y la divulgación en cada aula universitaria dedicada, directa o indirectamente, a estudiar la Comunicación Social. Urge que los profes incentiven la observación transformadora y el combate en sus alumnos, urge que los trabajadores impulsen talleres de estudio y lucha, urge que los funcionarios acicalen estrategias y organizaciones para intervenir públicamente contra el silencio tóxico de los “bloqueos mediáticos”. Urge organizarnos y urge expandir la lucha con espíritu de integración... internacionalista pues. Esto no es lucha de genios ni de ilustrados, esto es lucha de clases.

A los trabajadores sólo los salvan los trabajadores y en materia de lucha contra los “bloqueos mediáticos” no debemos sentarnos a esperar a que la “buena voluntad” de los reformistas -o de sus amos- nos hagan una caridad de producir la información que deberíamos producir con independencia política e independencia semántica... contra las migajas o propinas de información que nos ofertan a propósito de nuestras luchas, triunfos o fracasos. No necesitamos de sus espejos ni de sus intermediarios “informativos” para que nos digan quiénes somos o qué si, o qué no estamos capacitados para entender o para debatir. No necesitamos repetir el discurso del patrón.

Todo episodio cotidiano de “bloqueo mediático” es desafío que muestra (nos muestra) nuestras debilidades y nuestra falta de dirección organizada y en combate internacionalista. Nos deja desnudos y frágiles. Nos ofrece el panorama de nuestros faltantes y hace visible, con nitidez estremecedora, un campo de lucha al que llegamos con tardanza y con no poca ingenuidad o negligencia. Esta es una batalla trascendental y de primer orden en la que no estamos invirtiendo lo necesario, lo táctico ni lo estratégico más urgentes, entre otras cosas por desorganizados y por nuestra inmadurez de clase carente en mucho de un programa revolucionario de transición comunicacional contra la alienación. Urge una Corriente Internacional de la Comunicación hacia el Socialismo de todos. .Jugar a la victima, acostumbrarnos a serlo, repitiendo –por ejemplo- los estereotipos que inoculan muchas telenovelas, es imperdonable, no hay lugar para las autocomplacencias auque tengan máscara de auto-criticas. Por más saliva que se invierta en inventar excusas.

Terrorismos mediáticos endógenos
Sectarismo, burocracia y corrupción

Por si no fuesen suficientes los “bloqueos mediáticos”, orquestados desde el capitalismo imperial, contamos además con los “bloqueos” auspiciados por las sectas y las burocracias que, a diestras y siniestras, tenemos en casa. Rescoldos de la alienación burguesa infiltrados hasta los tuétanos.

No es noticia que algunos “medios alternativos” burgueses, disfrazados de “progres”, hagan su tarea desorganizadora, siembren rentablemente palabrería desorientadora, desalentadora... desmoralizante. No es noticia que esos “medios de comunicación”, claramente reaccionarios, auto llamados “independientes” o “autónomos”, con su camuflaje salivoso, hagan tareas desmovilizadoras, anden con sus petardos en la búsqueda de negociar canonjías y se silencien con becas o sueldos. Y jamás se organicen con las bases. Tampoco es noticia que muchas iniciativas comunicacionales de “izquierda”, más ultras o menos, sean incapaces de sumarse o auspiciar la organización política necesaria para dar una batalla internacionalista como trabajadores con conciencia de clase, contra toda forma de bloqueo mediático, contra la alienación y en la búsqueda de los lenguajes revolucionarios nuevos. Reina en esos campos el individualismo, el sectarismo y la burocracia.

El colmo es que, también, en el corazón de algunas iniciativas de comunicación gubernamentales, especialmente de los países que hoy se reivindican (unos más y otros menos) antagónicos al capitalismo imperialista, hagan presencia puntual las formas más odiosas de la desorganización, el burocratismo, el dispendio, el sectarismo y el “bloqueo”. Los hay que se “bloquean” entre sí y con frecuencia, queda ausente la interrelación y la conjunción programática, por celos, por ambiciones, por engreídos o por lo que fuese. Como si se tratara de ínsulas donde habitan revolucionarios sedicentes y petulantes que se sienten seres supremos con propiedad exclusiva de las mejores ideas y prácticas socialistas. Siempre subestimando a las masas, dueños de una bola de cristal que adivina los tiempos de las rebeldías e iluminados con la erudición de sus santuarios revolucionarios. Un fardo pues.

En horas en que el imperialismo en Latinoamérica organiza y avanza sus piezas hacia una recomposición de sus fuerzas para una etapa de agresiones acelerada e inclemente. Cuando, por ejemplo, la empresa PRISA española, asociada con TELEVISA, Rupert Murdoch (y una retahíla enorme de negocios multinacionales de la farándula mediática) incluyen a Aznar, a Vicente Fox y a Manuel Espino –por citar algunos- comos sus embajadores de buena voluntad nazi fascista....(1) En horas en que una cantidad horrenda de escuelas de comunicación adiestran masas de egresados universitarios para el desempleo, titulados como mano de obra barata y servil. En horas en que más falta hace la organización y el programa internacionalista para la comunicación revolucionaria nos empantanan miles de formas del bloqueo, hacia adentro, que se encargan de frenar la revolución, enturbiar la claridad de los caminos y ocupar puestos de intermediación reformista –fascista tarde o temprano- ¿No se antoja una sacudida profunda con auto-crítica científica y sin autocomplacencias?

A nadie le sirven los clubes para la ineficiencia ni el organizacionimso pulcro, dedicado a la organización por la organización misma, lo que necesitamos es intervención directa organizada por un programa revolucionario y socialista desde abajo. “...al emprender un camino la meta en parte está implícita ya que, al menos, el caminante conoce el rumbo general que desea seguir. Lo que quiero decir, por consiguiente, es simplemente que el pragmatismo, la indefinición y la brumosidad teórica, el “caminemos y después veamos” sin tener una meta clara y definida, no sólo pueden hacer que el camino sea mucho más tortuoso y accidentado y muchísimo más largo, sino que también hacen correr el riesgo de que el mismo se pierda en algún pantanal histórico.”(2) Necesitamos una Corriente Internacional de la Comunicación hacia el Socialismo bajo dirección de los trabajadores y con el concurso de un programa consensuado para tomar la dirección de los medios de comunicación sin intermediarismo y hacia la integración revolucionaria que transformará al mundo. Para “poner el común” un programa esta vez vacunado contra las sectas, las burocracias y los “bloqueos”. Desde afuera o desde adentro.

Notas:
1) "Estamos encantados de haber firmado un acuerdo para el desarrollo de una gran operación radiofónica con el Grupo Televisa", afirma Jesús de Polanco, presidente del Grupo Prisa... Azcárraga, el heredero de la corona de Televisa, el principal grupo de comunicaciones en lengua española, es quien abre la puerta a México. Bajo el paraguas del Grupo Prisa se encuentran desde el diario español El País, la cadena radiofónica Cadena Ser o bien el Grupo Santillana en el mundo editorial, constituyéndolo como el principal grupo de comunicaciones de España... Fox y Aznar hablan de un mejor entendimiento. Mediante la adquisición del 50% de "Radiópolis" (US$ 50 millones más un desembolso de US$ 10 millones para la ampliación de la compañía), Prisa dispone ahora de una plataforma radiofónica que representa el quinto grupo del sector radial mexicano (9% de cuota de audiencia)... La operación "forma parte del plan continental, (para que) todos los socios que tenemos en América Latina podamos montar un gran grupo radiofónico iberoamericano que tiene cabida y que puede ser un gran éxito", agregó. El Grupo Prisa ya posee el 19% de Grupo Caracol de Colombia y se divide con Grupo Caracol la constitución del holding Grupo Latino de Radiodifusión (GLR) con sede en Miami. A GLR están integradas 105 emisoras en Chile, Panamá, Costa Rica, Estados Unidos y Francia. En tanto el Grupo Prisa sostiene conversaciones para inversiones y alianzas en Brasil y ya cuenta con cierta presencia en Bolivia, en la lista de prioridades Argentina parece ser la primera escala. A pesar de la bancarrota de la economía argentina que gran parte de los analistas vienen anunciando desde hace tiempo, el Grupo Prisa ha designado a este país como su siguiente puerto de desembarco. BBC Mundo Marcelo Risi. http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_1600000/1600632.stm
2) Guillermo Almeyra: El camino y la meta. http://www.jornada.unam.mx/2008/03/23/index.php?section=opinion&article=016a1pol


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

El príncipe y la utopía: El derecho natural a la igual-libertad

Jorge Majfud (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nicolás Maquiavelo y Tomás Moro

Podemos decir que el año 68 significó el clímax de los sesenta y a la vez el inicio de su caída abrupta. Pero esta aparente derrota a corto plazo, que se extendió por décadas, fue en realidad un éxito más del humanismo utópico.

Si consideramos la Edad Media y el Renacimiento de las conquistas geográficas y de la consolidación del cupiditas capitalista —avaricia, ambición; el principal atributo del demonio, según la olvidada teología medieval— como valor moral del “espíritu de superación”, podemos observar que los valores exaltados en los sesenta y en todos los movimientos sociales y comunitarios que hicieron y siguen hoy haciendo historia, no son otros que la continuación de los valores de la revolución humanista de los inicios del mismo Renacimiento que, lenta y casi clandestinamente, se ha ido imponiendo a lo largo de la historia y de las geografías del mundo.

Creo que podemos ilustrar esta ambivalencia histórica con dos libros clásicos: por un lado El Príncipe (1513) de Nicolás Maquiavelo y por el otro Utopía (1515) de Tomás Moro, donde la ambición por el oro, como lo será en los posteriores conquistadores de América y lo dejará explícito Guaman Poma de Ayala cien años después¬ en sus Crónicas, no era un signo de progreso sino de retardo mental, de primitivismo social. Por el otro lado, el maquiavelismo es más lógico y necesario en un sistema democrático-representativo que en un sistema absolutista, como lo era el de muchos príncipes de la época.

Las Américas, especialmente, fueron desde entonces campos de batalla de estas dos formas de ver y de construir o destruir el mundo: el pragmatismo de la política en el poder y la utopía de los revolucionarios; la practica y la imaginación; el ejercicio de la manipulación del lenguaje para adaptarlo a la realidad y el ejercicio del lenguaje como instrumento de concientización para cambiar la realidad; la creencia de que vivimos en el mejor de los mundos posibles y la protesta y el desafío practico e intelectual de que otro mundo es posible, etc.

Poco a poco esa humanidad ha ido tomando conciencia de sus derechos a ser protagonista de su historia y conciencia de su fuerza real para serlo. Pero el inicio o por lo menos la centenaria maduración de esa conciencia que alguna vez fue hereje, radical y subversiva fue responsabilidad de una elite de disidentes. Aquellos hombres de letras que comenzaron por las humanidades y siguieron por las ciencias, aquellos estudiosos de la historia y críticos de la autoridad política, moral y religiosa, fueron el resultado también de la convergencia de múltiples tradiciones. Pero fueron siempre minorías por fuera del poder de los césares de turno, quienes en principio persiguieron y condenaron a los disidentes y en última instancia se apoderaron de sus discursos para legitimarse ante una realidad que los invadía como una marea. Y así, por ejemplo, destruyeron el humanismo, la utopía del fraternalismo universal del primer cristianismo y siguieron persiguiendo o tratando de integrar a sus filas a los peligrosos disidentes que veían en cada ser humano y en toda la diversidad de las culturas, de las disciplinas y de la historia, al mismo ser humano pugnando por su derecho natural de igual-libertad.

El siglo XX significó un violento choque entre ambas corrientes, el maquiavelismo y el cesarismo por un lado y la rebelión de la utopía por el otro. Solo que no siempre estaba claro ni coincidían las retóricas y las declaraciones de intención con la practica, y así más de una utopía se convirtió en cruda realidad de los cesares y los fariseos de turno. Pero la experiencia humanista que reclamó con los hechos el valor de la igual-libertad continuó adelante, tropezando, cayendo como un Cristo en su via crucis. Detrás del simbólico, real y maldecido 1968 había al menos siete siglos de reflexión y de sangrientas luchas. Su abrupta caída revela que fue víctima de una poderosa fuerza conservadora. Su lenta e inexorable persistencia revela que no fue simplemente una moda sino una estación más de un largo viaje que ya lleva siglos.

Valores e intereses

Ahora, basado en estas observaciones nos queda una reflexión, que menos que teoría es una hipótesis. Hoy en día ni el más radical antimarxista —digamos un investigador, que no sea un político o un predicador— podría negar la fuerte conexión que existe entre la economía, los procesos de producción —y de consumo— con las morales en curso. Por ejemplo, siglos antes de la abolición de la esclavitud en América ya existía la crítica radical de humanistas seculares, ateos y religiosos que rechazaban esta práctica y su correspondiente justificación moral. Pero no fue hasta que la Revolución industrial hizo innecesario y hasta inconveniente la existencia de esclavos en lugar de obreros asalariados que se impuso la moral antiesclavista. Lo mismo podemos observar de la educación universal y de los derechos de la mujer.

Cada vez que un político y alguno de sus religiosos seguidores repiten que lo que importa en política son “los valores”, los valores del político y los valores morales del partido, lo que hacen es confirmar lo contrario. Estos valores son los valores de Maquiavelo, sentimientos morales estratégicamente establecidos por una práctica de dominación a veces imperial, a veces solo domestica. La expresión de “un hombre de valores conservadores” hasta no hace mucho conmovía hasta las lágrimas a la mayoría de la población norteamericana. Tanto que nadie podía contestar a esa fanática convicción “del centro”, que en la práctica significaba mandar ejércitos a invadir países para mantener “nuestro estilo de vida” imponiéndole a los bárbaros de la periferia, por las malas cuando no por las buenas, “nuestro humanismo democrático”.

Sin embargo, por otro lado, si vemos desde el punto de vista histórico, podemos destilar un factor común. Hay valores que sobreviven a los imperios, que se sobreponen y sobrepasan cualquier sistema económico, político y militar. Son valores de liberación pero también son valores de opresión. Es decir, esos valores no dependen de la circunstancia y de los intereses del momento. Con el tiempo el mismo poder hegemónico debe manipularlos ante su propia incapacidad de contradecirlos. Es decir, el lobo debe vestirse de cordero ya que no puede convencer a los corderos de que es bueno. La expresión del poder es en última instancia siempre directa —una invasión, por ejemplo— pero en estado normal siempre recurre a la legitimación moral. El poder siempre se oculta, el poder siempre se viste de lo que no es y esa es su principal estrategia de perpetración.

Podemos decir, entonces, que los valores morales están fuertemente condicionados por un sistema de producción y al mismo tiempo sirven para justificarlos y reproducirlos. Pero al mismo tiempo no, pueden trascenderlo. El mismo sistema capitalista ha pasado por diversas etapas, como la era industrial y la postindustrial, la era de consumo, la era digital, etc. y, sin embargo, los valores que llamamos humanistas continúan su marcha inexorable. Con frecuentes rebeliones, con más frecuentes reacciones, pero inexorable al fin.

Sé que mi viejo maestro Ernesto Sábato dirá lo contrario; que, como en el paradigma religioso, todo tiempo pasado fue mejor; que desde el Renacimiento el hombre se ha cosificado, corrompido, deshumanizado. Pero no es del todo verdad. Basta echar una mirada a la historia y también veremos opresiones, esclavitud, violaciones, violencia física y lo que es peor, violencia moral, ignorancia del derecho a la igual-libertad, pueblos reventados, individuos sobreviviendo a duras penas hasta los cuarenta años. Críticos como él también son parte de una conciencia humanista y su pesimismo se debe a las altas expectativas de su sensibilidad intelectual, más que a los retrocesos de la historia.

Para llegar a los logros que podemos contar hoy en día, sean pocos o muchos, hubo que pasar por muchos mayos del 68, revelándose contra el dolor o contra la autoridad arbitraria, alzándose por el derecho a la vida individual y colectiva, reclamando, siempre reclamando hasta la última gota el derecho a la desobediencia y a la vida en toda su plenitud, a la igual-libertad.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Breve autobiografía

Gustavo Etkin (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No sé cuando empecé a darme cuenta de las cosas. Las cosas. Los ruidos que venían de afuera. No sabía que eran. A veces rápidos. Como golpes. A veces continuos. Seguían. No me daba cuenta cuando paraban. Y el lugar donde estaba era oscuro y yo flotaba en algo. Siempre calentito. A veces me movían de un lado al otro. Pero siempre había un momento en que el lugar se quedaba quieto y yo flotaba tranquilo. Todo oscuro y calentito. A veces el lugar se movía rápido, de un lado al otro. Y paraba. Pero después eso pasó.

Y estaba siempre tranquilo, flotando, todo oscuro. Hasta que una vez todo me empezó a empujar, a apretar. Y me hizo salir de repente a otro lugar lleno de luz, de ruidos. Frío. Ya no flotaba más. Era otro lugar. Ahí todo empezaba y terminaba. Estaba y dejaba de estar. Una vez me mostraron algo que se movía como los otros. En la parte de arriba tenía agujeros que se abrían y cerraban. Me lo mostraban y me decían: -“¿Ves? Este sos vos”. Así me di cuenta que eso que veía era yo. Pero seguía tratando de darme cuenta de las cosas. Era todo muy raro. Y siempre recordaba aquel lugar tan tranquilo, donde estaba antes flotando calentito. Por eso siempre quise volver ahí. No al mismo lugar, claro, pero a un lugar parecido. Volver a entrar por donde me hicieron salir. Aunque sea a entradas parecidas. Durante mucho tiempo traté de entrar ahí con una parte de mi cuerpo que a veces se ponía dura. Y entraba y entraba con fuerza. Pero yo me quedaba afuera. No podía entrar todo y quedarme adentro como antes. Calentito y tranquilo. Y lo peor es que esa parte también siempre tenía que salir. Siempre por el mismo lugar. Cuestión que después de aquella vez que salí del todo y me dijeron que eso que veía era yo tuve que aprender el nombre de muchas cosas.

Y así, tratando de darme cuenta de qué era todo eso poco a poco fui viendo otros parecidos a eso que empecé a ver una vez en el espejo. Pero entonces me decían que eran mis hijos. Después lo mismo con mis nietos. Y ahora con mis bisnietos. Y fue pasando una cosa extraña: ese que vi una vez en el espejo y me dijeron que era yo fue cambiando. Poco a poco o rápidamente lo que me dijeron que era mi cara fue quedando distinta. Y otra vez, poco a poco, la misma pregunta del principio: ¿qué es eso? Y la misma respuesta: todos me dicen que esa cosa soy yo. Además, últimamente cuando me ven me miran con sorpresa. Con cara de ¡todavía está! Pero yo siempre quiero volver a ese otro lugar. Me dijeron que será dentro de poco, que va a ser parecido. Que la tierra es como una madre. Pero yo sé que va a ser diferente. Antes sentía cosas. Me daba cuenta de las cosas. Ahora no voy a sentir nada. Demasiado tranquilo para mi gusto. Y bueno. Algo es algo.

Gustavo Etkin es argentino residente en Brasil.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Algo de música: la Nueva Trova Cubana


ARGENPRESS

La llamada “Nueva Trova Cubana” nace en la revolucionaria isla de Cuba alrededor de 1970 como movimiento musical y nueva propuesta estética. Desde sus orígenes comportó un compromiso militante, una actitud de apoyo a las ideas de transformación social que soplaban por todo el mundo para aquel entonces, actitud que mantuvo a través de décadas y que sigue siendo, el día de hoy, su principal fuente inspiradora.

Esta es una de sus características distintivas. Otra nota particular es la de ser obra de cantautores. No hay aquí, como en otros géneros musicales, bandas o grandes orquestas. Toda la Nueva Trova es producto de talentos personales, siempre comprometidos con la causa revolucionaria. Pese a esta otra característica no hay, en modo alguno, elementos de individualismo, de vedettismo o figuración personal. En todo caso, a partir de cantautores individuales, puede encontrarse una enconada defensa de la revolución y un llamado a la revolución planetaria, acorde a los tiempos en que surge y se desenvuelve, época de sueños, época de utopías, de movimientos sociales y guerrilleros. Época –es preciso decirlo– que ha cambiado mucho con el hundimiento del bloque socialista europeo, pero que no ha cambiado los ideales originarios del movimiento cultural en cuestión.

El estilo musical llamado trova nació en la región oriental de la isla, en la ciudad de Santiago de Cuba, de la mano de músicos bohemios que recorrían la ciudad con su guitarra interpretando sus canciones en cualquier bar o plaza, donde en el último tercio del siglo XIX un compositor y guitarrista llamado José Sánchez –Pepe–, se convirtió en el padre de la canción trovadoresca cubana y en el primer maestro de los grandes trovadores, especialmente del conocido Sindo Garay.

Entre los nombres más destacados del movimiento de la Nueva Trova, muchos de ellos de fama internacional, pueden mencionarse: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú, Sara González, Augusto Blanca, Frank Delgado, Pedro Luis Ferrer; y ya de la última generación: Lucha Almada, Eduardo Calero Rolando Miguel.

Aquí presentamos una pequeña selección de dos canciones representativas: Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.





Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Hay que saber perder

Marcos Winocur (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El viejo y los libros

A muchos sorprenderá el saberme entregado a la tarea de demoler mi biblioteca, ladrillo por ladrillo. A la madrugada, mientras todos duermen, me levanto y me dirijo a la cocina como un ladrón. ¿Otro de mis asaltos al refrigerador? Nada de eso. Llevo conmigo un libro que he tomado de mi biblioteca y abro la bolsa de la basura, allí, bien adentro, lo introduzco entre cáscaras de naranja y los utensilios manchados con la sangre oscura de la regla.

Así, día tras día, no sé cuantos libros van. No los quiero ni ver, vámonos, a la calle. Sí, una vez los amé como a nadie en este mundo. ¿Y de qué manera me pagaron? Les diré. Don Quijote se ha jubilado y, piyama en lugar de armadura, no se consigue sacarlo de la casa. Ulyses, por el contrario, no regresa a casa. Y Hamlet, el príncipe, amigo de pensar en voz alta, calla. Poblaban mi biblioteca y mis sueños, yo crucé los mares con Ulyses, los caminos anduve con Don Quijote, Hamlet me sentaba frente suyo a escucharle los monólogos. Fue hace mucho tiempo, antes que desertaran. Porque eso ocurrió, desertaron. Sí, ustedes. Ustedes que se presentaban como eternos, sobreviviendo al paso de las generaciones, ustedes acabaron fallándome y todo se fue a la chingada. Sí, todo. Ya sé que todo es efímero, que todo es fugaz, lo sé. Pero los libros se vanagloriaban de escapar al destino común ¡oh, arcanos del saber y de la fantasía, oh, los mejores amigos del hombre! Bah, bola de papel inútil, unos años, sólo unos años, fueron suficientes para que envejecieran y entraran en agonía, yo les doy el empujoncito final, se van al tiradero o, con suerte, al reciclaje. ¡Largo, fuera de aquí, no los quiero ni ver!

Y bien, cumplida la diaria tarea de un libro menos en mi biblioteca, no tengo más que hacer, me queda la jornada por delante, y es cuando comienzo a deambular por la casa, estoy solo, los demás han salido a trabajar. Oh, oigo el camión de la basura, frena, se ha detenido junto a la banqueta, carga las bolsas, arranca y sigue viaje, ya pasó el camión de la basura.

Me queda el día por delante, las preguntas regresan. ¿Quién luchará contra los molinos de viento, quién defenderá a Penélope, quién hablará del ser o no ser?

¿Quién, quién lo hará?

El niño y las canicas

Voy de un cuarto a otro, del estéreo a la tele, de la biblioteca a mirar por la ventana. Todo me aburre. Me siento, llama el teléfono, no atiendo. ¿Vestirme, salir a la calle? Por favor, si lo que quiero es acabar cuanto antes con el mundo exterior, y a mis anchas envolverme en los recuerdos. Acabar, acabar cuanto antes: nada de brindis con el cartero celebrando que ha dejado de llover, mientras se cumple la ceremonia de entrega de la correspondencia, que, dicho sea de paso, ya casi no recibo. Acabar, acabar cuanto antes con el pan y las salchichas que degluto de pie en la cocina, teniendo por delante todo el tiempo del mundo, no puedo evitarlo; tirados quedan en el fregadero, tirados cuchillo, tenedor, cuchara, plato, vaso. Porque no soporto seguir dialogando con ellos mientras les doy su regaderazo. Todo lo que viene del exterior me lastima, en mi sillón estoy al abrigo, aun cuando los recuerdos, también ellos, pueden hacer daño si se dejan ir por los caminos de lo que pudo haber sido y no fue. Pero sé conjurarlos, mi maestra escribe al frente de la clase, no alcanzo a leer, todo se ve borroso en el pizarrón, me levanto, atravieso el aula, pego los ojos a las letrotas, regreso a mi lugar, chin, ya olvidé lo que estaba escrito, otra vez al pizarrón... La maestra convoca a mi mamá: le compra lentes o lo saca de mi clase, yo contentísimo frente al espejo, parezco un doctor, salgo a lucirme, otros niños me ven, un coro me sigue:

Cuatrojo,
capitán de los piojo,
date vuelta que te cojo.

Oh, las cosas buenas se arruinan en la calle, no importa, haré la lucha, yo, el cuatrojo, seré aceptado por los compas. ¿Cómo? Ya sé, las canicas, aprenderé a jugar canicas, y muy bien, para que me respeten.

Y el niño solitario guardó los amados libros de cuentos y aventuras, y comenzó a entrenarse, era simple, ganaba quien tenía la mejor puntería. Sí, compré canicas y me pasaba horas disparando desde todos los ángulos. Al poco tiempo resulté un buen jugador.

Partió pues el capitán de los piojo a la lid de las canicas. Pero ¡ay! todo allí resultó distinto. No porque los otros niños lo molestaran, no hubo necesidad, él se adelantó: al momento de lanzar la canica algo sucedía, una levísima desviación en la mano y el tiro resultaba fallido. Era inútil, no podía controlarse. Solo, jugando contra sí mismo, resultaba imbatible, pero, contra otros adversarios, el cuatrojo fracasaba. Y claro, la miopía había sido corregida, distinguía las formas sin esfuerzo, medía las distancias con precisión. Y sin embargo... fallaba.

¿Qué fuerza superior hacía a último momento de un cuidadoso apuntar un tiro errado? ¿Canicas embrujadas? Más bien, el cuatrojo embrujado. No entré a la sociedad de los pares, regresé a las lecturas solitarias y desde entonces soy un ratón de bibliotecas, últimamente bastante venido a menos. Las canicas, el tiro fallido, el tiro por la culata, el culo por la tirata, ahora les explico.

Desde niño es así, me salen bien las cosas cuando no creo en ellas. En cuanto una chispa de entusiasmo se enciende, y ya no me da lo mismo que salgan bien o mal, obsesionado porque salgan bien... me encargo de cometer yerros suficientes para acabar en el fracaso. ¡Ja! me recuerda el cuento de la señorita que debía hacer su presentación en sociedad; y esa noche, en medio de un diálogo, queriendo decir me salió el tiro por la culata, escuchó de sus labios:

- Me salió el culo por la tirata.

Así, yo, siempre saliéndome el culo por la tirata. ¿Qué fuerza superior hacía a último momento de un cuidadoso apuntar un tiro errado? No sé, tal vez la mirada de quien iría a contar sus canicas de menos como mis canicas de más, tal vez el miedo a recibir esa mirada.

¿O trataba de evitarme el vacío que sucede al éxito, cuando se ha conseguido lo deseado y buscado?

Oh, mierda, no quiero contemplar al caído, su cara ardiente, jugándose la última canica, no quiero verlo marcharse las manos en los bolsillos vacíos y la derrota hundiendo sus hombros, nada de eso me da placer ni orgullo, al contrario, quiero correr tras él, no, está prohibido, alcanzarlo y devolverle las canicas y pedirle perdón, alto, es peor, no lo hagas, todo eso, más el miedo, más la sensación de vacío, más... ¿vale la pena? ¿Para eso, mierda, me he entrenado durante horas? ¿Y así pasa con los compas, con el mundo, eso me espera para cuando sea grande?

Cuando sea grande.

Mejor adelantarse, más vale ser el buen perdedor que el mal ganador.

Las canicas, los libros, llévense todo en el camión de la basura, fúchila.

Cuando sea grande.

Marcos Winocur es argentino residente en México.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Langer for export


La editorial Contracultura, de Perú, acaba de publicar el libro “Langer for export”, del humorista Sergio Langer. Aquí presentamos su prólogo. Y vaya con él nuestro reconocimiento a ese gran humorista, dibujante y buen amigo que es Sergio.
_________

Prólogo de Oscar Malca

En un mundo perfecto, Langer no existiría.

En un mundo perfecto, para hacernos reír, nadie tendría porqué recordarnos lo que es esa ruidosa cachivachería que hacen pasar por Política Nacional, Actualidad Internacional, Decencia Pública, Valores Universales, Soldados de la Patria y demás Santos Inmaculados.

En ese mundo perfecto, de mayúsculas solemnes y minúsculas, la única risa permitida sería la risa blandengue de la felicidad, o la satisfacción, sin contenido comprometedor. Reír con Langer, en cambio, es reír para luego preocuparse (hasta podría calificar como slogan publicitario: “Ría ahora, preocúpese después”), ya que su humor desbarata inmediatamente cualquier amago de risa fácil metiendo algún contrabando: ideas incómodas, denuncias sutiles, realidades solapadas.

El arte de Sergio Langer existe para recordarnos que en ese mundo perfecto nunca hemos vivido ni viviremos jamás.


Sus dibujos arrancan a los lectores de ese mundo soñado para arrojarlos a la realidad más vulgar y pestífera en el expeditivo decurso de una simple carcajada. Sus personajes, sus retratos, sus historias, reconstruyen la peripecia de emblemáticos especímenes humanos en realidades tan concretas, que por más lejanas que sean siempre resultan familiares, pues los maquillajes, los afeites, el shaping y el lifting, las liposucciones, nunca formaron parte de sus talentos como dibujante. Langer presenta al prójimo tal como lo percibe su mirada universal, devastadora y profundamente escéptica, y ahí, en ese territorio que devela su lápiz, todos nos cruzamos y encontramos y saludamos nerviosamente: una vez instalados en su mundo, la belleza, la pureza, lo sagrado, lo incuestionable y lo común y corriente, abandonan su feliz apariencia para integrarse en un animalario carnavalesco en el que miserias y deformidades se manifiestan como una normalidad jocosamente aceptada, aunque lenta, dificultosamente digerida.

Cuando no hay piedad en la mirada del artista, cuando la latitud, la onda expansiva de su humor no se detiene ante ningún ícono o símbolo de autoridad, su oficio se vuelve peligroso. Peligroso para él y peligroso para el Poder, para lo establecido. Langer, por ello, también ha sabido de acosos, presiones y censuras. Es el viejo estigma de quienes, aún comprometiéndose con un bando u otro en determinados conflictos, no renuncian expresar lo que ven o piensan. Así, muchas de sus caricaturas, en distintos períodos, terminaron irritando –después de hacerlos reír por separado– tanto a amigos como a enemigos: si hay algo que no encaja en este mundo de apariencias que se pretende perfecto es la sinceridad, la verdad, tal como la entiende cada uno, expresada sin agüitas tibias.

Y si esas verdades llegan a través de la risa y nos confrontan con mitos profundamente arraigados que de pronto aparecen en su perfil menos favorable, en su condición de construcciones ideológicas absurdas e insostenibles, estamos hablando entonces del mundo bizarro a donde nos transportan los dibujos de Langer, un mundo en el que la belleza ha sido extirpada como un cáncer que contaminaba cualquier acercamiento a la realidad y donde los seres humanos, poderosos y desposeídos, fuertes y débiles, representan sus papeles con una indolencia risible que poco a poco se va revelando como escandalosa.

No hay, pues, nada más lejano a un mundo perfecto que el mundo colonizado por los dibujos de mi viejo amigo Sergio Langer. Estoy convencido de que su visión de la especie humana, de su cultura, de su vida cotidiana, hará que las explosiones de risa que genera se conviertan en una extraña calamidad que tendremos que soportar estoicamente para poder reencontrarnos sin complejos ni hipocresías, entre risas, con el monstruo que todos llevamos dentro.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Hablar como el Papa sin permitir interferencias

Rómulo Pardo Silva (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Si observaras a los predicadores de cualquier dios
aprenderías que nunca se dejan interrumpir
durante sus relatos maravillosos

Si vas a empujar el cambio estructural de tu tiempo habla de lo tuyo
sin que te desvíen los contraargumentos de los conservadores;
frustra su ardid de convertir tu proyecto
en una mezcla de dos posiciones en duda

Por los lugares sé una voz única soplando imágenes coherentes

Las civilizaciones se empiedran sin dejarse confundir por los objetivos de las otras clases
y los que tengan otros modelos deben sembrarlos solos

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Respecto al Socialismo y la Integración Latinoamericana


Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Visión geopolítica de la Patria de Agua, su seguridad y defensa, vicisitud del Estado Venezolano y, la enmienda constitucional

Uno debe tener siempre idea clara de la estructura de la sociedad en que vive y, de su papel en ella.

En particular, la sociedad es para mí como una colmena enorme donde cada quien está en su celda, aislado, sin un verdadero contacto con los demás porque, apenas, lo hace a través de estereotipos falaces que son expresamente diseñados en los centros de poder internacionales del capitalismo, cultura dominante.

Cada quien está atrapado en su propia conformidad -excepto los rebeldes- y son aquellos -no éstos- para quienes los medios de “comunicación” del capitalismo elaboran y difunden un mundo falso, tal que, a nivel interior de la vida de esa gente, pareciera que nada se altera aunque todo se esté derrumbando afuera. Se les define como escuálidos, pitiyanquis, manitaspintadas y vendepatrias. Se trata de personas para quienes todo gira en torno al dinero.

Pero hay que mirar el mundo con los ojos bien abiertos, para defender lo que es nuestro. Una buena manera de lograrlo consiste en salir de la celda y relacionarnos, consolidar un sistema de seguridad y defensa del conjunto que es la patria.

Los rebeldes no son atrapables, los rebeldes pelean hasta el último aliento por la patria, pero no están exentos de -en ciertos momentos, bajo el “tiroteo” del enemigo- confundirse un tanto. He ahí entonces que alguna gente honesta pero, confundida, debe ser rescatada para la defensa de la patria.

El enemigo hizo añicos la identidad de los manitaspintadas, para maniatarlos. Para eso, se valió de obispos corrompidos pero disfrazados de inmaculadas monjitas, de la tele, del periódico y de otros medios de difusión de embustes, de una educación dañina -por sibilina- y cuyo síndrome es la quietud ante la turbulencia amenazadora del enemigo imperialista, contra la patria.

Pero la patria es demasiado amplia y, particularmente, pretendo referirme, en concreto, en estas líneas -“líneas de Guillermo” (que no otras)- a la Patria de Agua.

Tratemos de ver un poco.

El gringo pretende apropiarse de nuestra Patria de Agua, así lo digo -acá en mi brutalidad- no sólo porque así lo siento sino porque así lo he vivido en propia carne. Es por lo que recorro, mentalmente -mientras ahora escribo- los intrincados raudales del río, del delta del río, de la costa del mar, del mar adentro y del mar afuera -expresiones cuya semántica es distinta según la costa venezolana donde se pronuncie, en fin- me refiero a nuestro mar azul, inmenso y maravillosamente nuestro, para ponerlo al servicio de la paz mundial; de igual manera, veo la plataforma continental de ese mar que está ahí, frente a nosotros y que debemos defender.

El agua es parte esencial e indispensable de nuestra vida, constituye el primer apoyo de la humanidad y, hasta ha significado un símbolo espiritual. Por ejemplo, entrar a la religión cristiana implica pasar por el misterio del bautizo, no obstante que los estúpidos obispos del alto clero venezolano, escupen el agua con la que bautizan.

Pero la importancia material del agua se manifiesta con su poder de acción sobre las cosas terrestres -no sobre las cosas celestiales, tal como preconiza el obispo de marras, (cualquiera de ellos), para engatusar al ignorante- sobre las plantas, para que éstas produzcan vida.

El agua, domesticada y sometida, está y, ¡ojalá! pueda estar siempre, a nuestra disposición, no obstante que solemos abusar de ella.

El agua es, aparentemente, una sustancia muy abundante y barata que derrochamos sin preocupaciones pero, cuando nos falta, porque se rompió el tubo y, éste, debe ser reparado, o tal vez porque no ha llovido suficientemente para llenar el embalse, le echamos la culpa a Chávez, antes que a Supermán.

Si tomamos en cuenta el desmesurado derroche del recurso agua, entonces, tiene que venir a nuestra mente la noción de penuria y ello ha de obligarnos a hacer consideraciones políticas, económicas y sociales, de fondo.

El agua, debe adquirir -y, es indispensable que así sea- connotaciones muy precisas en la cabeza de todo planificador socialista. Es que la falta de agua, bloquea, obviamente, la planificación del desarrollo económico, político y social.

¿Acaso puede alguien planificar una planta siderúrgica en un sitio donde no haya agua? -por sólo asomar un dato medio loco, deben saber todos que para producir una tonelada de aluminio se requieren 1.350 toneladas de agua, aproximadamente.

Se requiere, entonces, planificar y concretar apropiados métodos con los cuales movilizar los recursos de agua para producir el aluminio que necesitamos.

En muchas zonas del mundo existen demandas locales de agua, que han sido resueltas exitosamente a pesar de grandes sacrificios de toda naturaleza, y ello ha arrojado importantes experiencias técnicas y científicas que son aprovechables.

Nosotros, en cambio, tenemos el aluminio y tenemos el agua ahí, a patae`mingo, una de otra, pero la vorágine imperialista y la cobardía de los pitiyankis ha impedido que podamos desarrollar nuestra propia industria a plenitud y, por lo contrario, han vendido la patria, en mucho y, eso debe acabar definitivamente, por lo que la enmienda constitucional en cierne, que daría continuidad a la revolución bolivariana y a la defensa de nuestra patria de agua, es de vida o muerte.

En general, las inmensas aglomeraciones humanas podrían colapsar si faltare el agua, así que es necesario e indispensable coordinar todos los esfuerzos técnicos y científicos, en ese sentido. Es que debemos enviar misiones técnicas y científicas a los cauces fluviales, a las cabeceras de los ríos y, a los grandes reservorios de agua dulce, antes que ya no sea posible parar la debacle del agua.

La existencia de agua en la Tierra está en el orden de 1,3x1018 m3. Lo que corresponde a una capa de 2600 m de profundidad que pudiera cubrir uniformemente a la superficie terrestre.

El agua de los océanos, que cubre aproximadamente un 72 % de la superficie terrestre, representa más o menos un 97,5 % de la masa total de agua y, la profundidad media de dichos océanos es de 3600 m; mientras que las aguas dulces y salobres son, apenas, un 2,5 % de las aguas continentales pero deben repartirse entre lagos, ríos, aguas subterráneas y hielos. Este último representa el 98,48 % del 2,5 % citado, por lo cual queda un 1,52 % de agua disponible.

Al ubicarnos ante tal panorama, luego, debemos percatarnos de la necesidad de atacar con gran fuerza, la errónea idea de la superabundancia del agua, la realidad está muy lejos de la creencia generalizada de que el agua no se agota.

Obviamente, la cantidad de agua dulce, además de ser pequeña, está desigualmente repartida, por lo que, planificar el recurso a corto, mediano y largo plazo es un deber de nuestra generación. Sólo desde el punto de vista ético y de la moral socialista, es posible planificar en función solidaria; desde el capitalismo voraz y chupasangre lo único que importa es el dinero, el camino a la riqueza material y al derroche. El capitalista no es menos que una fiera hambrienta, y pretende apoderarse del agua para venderla, para hacer dinero, para dominar el mundo, entonces, definitivamente, porque el agua es más importante que el petróleo. No en balde, la maquinaria imperialista norteamericana, ha venido penetrando a Suramérica e implantando a fuerza y chantaje, bases militares alrededor del gran acuífero Guaraní, que constituye la más grande reserva de agua dulce del planeta Tierra, y de toda fuente de agua en la Región, para apropiarse de ella y esclavizarnos.

60 años atrás, las necesidades anuales de agua por persona -per cápita- era de 1800 m3 de los cuales el 10 % era potable y el resto, para la agricultura pero, actualmente la demanda está muy por encima de 2600 m3 (cifras no actualizadas). El gran consumidor no es directamente el hombre sino la actividad económica como consecuencia de las exigencias de bienes de consumo.

Debemos pensar que las posibilidades de cultivo intensivo están vinculadas a la cantidad de agua disponible y eso debe hacernos reflexionar acerca de un futuro históricamente próximo.

Pero, veamos más, analicemos un poquito más. Hemos de saber que, producir una tonelada de azúcar demanda unas 1000 toneladas de agua; para obtener una tonelada de trigo, se requieren 1500 toneladas de agua; una tonelada de arroz exige gastar 4000 toneladas de agua y, obtener una tonelada de algodón, requiere la “menuda bicoca” de 10000 -(diez mil)- toneladas de agua que pueden provenir del cielo o, por irrigación.

En el plano industrial, se requieren 350 toneladas de agua para producir una tonelada de papel, para que “El Nazional” -y demás periódicos de la ultraderecha- hable necedades y conspire contra la patria venezolana.

En la actualidad, todo indica que estamos por encima de 6500 millones de persona en todo el planeta. Partamos-hipotéticamente-de un consumo per cápita de 2000 m3 por persona, entonces hemos llegado a un consumo global-por la medida pequeña- de 12x1012 m3 interanual.

El ciclo del agua pone en movimiento 60x1012 m3 del recurso, no obstante, entre filtraciones y la evaporación natural, la cantidad de agua que se aleja del alcance teórico, es muy considerable.

Por otro lado, los cursos de agua se convierten en los evacuadores de los desperdicios de la actividad humana- mire Usted, al Río Guaire, en la Caracas de Simón Bolívar y, “saque su cuenta”-porque en las sociedades dominadas por el capitalismo, las ciudades crecen sin un plan rector, sin una planificación apropiada, es que el capitalismo depredador destruye a La Naturaleza y arrasa con todo, por el sólo afán del lucro.

La falta de atención al campo y la penuria del campesino venezolano, lo hizo emigrar a los centros poblados, en su inmensa mayoría. Los pescadores si nos quedamos en nuestros espacios naturales, como guardianes de la patria de agua y, seguimos acá, con la vista muy clara y, esperanzados de hacer una cofradía invencible, con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana para que el Tiburón, que anda con su boca abierta merodeando a la patria, reciba un arponazo demoledor en su cabeza.

Las aguas están-consecuencialmente-cada vez más contaminadas y su uso comporta problemas técnicos y económicos de tratamiento que, si nos ponemos a ver, superan los establecidos para la utilización de aguas salinas.

De seguir el nefasto ritmo de desarrollo demográfico y económico, dentro de muy pocos años las necesidades van a absorber la totalidad de los recursos técnicamente utilizables y, a causa de ello, hemos de preveer la escalada de un hambre generalizada y de catastróficas consecuencias pero, los cabeceñemrgas del Alto Clero Escuálido -ACE- conjuntamente con los de FEDECAMARAS y, desde luego, con los dueños de periódicos y de televisoras privadas, conspiran contra la patria al tratar de sabotear la enmienda constitucional que nos llevaría directamente a la defensa patria, lo de ellos es vender la patria al gringo depredador, al que se le arremillan sin una ñinga de pudor.

Todas las reflexiones que los pescadores artesanales podamos hacer respecto a la defensa de nuestra Patria de Agua, conjuntamente con las reflexiones del sector campesino y de los demás sectores trabajadores y, sistemáticamente organizadas y, llevadas a un gran proyecto nacional, podrían robustecer las bases del socialismo bolivariano.

De las “esclarecidas élites de las universidades nacionales” debemos esperar muy poco o casi nada, respecto a la defensa de la patria. No obstante, los obreros estamos en plena capacidad de luchar para no dejarnos arrebatar lo que nos pertenece.

Las penurias que nos acecharían en el corto tiempo, si adecos, copeyanos, (adecopeyanos), derivados, sucursales y afines tomasen de nuevo el poder, serían sentidas antes, en las zonas más depresivamente pobres. Entonces, en tal negado caso, los juicios acerca de-por ejemplo -desalinar el agua que ha de ir a las comunidades, no parecerán absurdos porque el gringo, se apoderaría del agua, para venderla. Obvio, es que la noción de superabundancia del agua está, lamentablemente, generalizada y ellos privatizarían el agua en manos del enemigo.

La presencia del agua es una condición sine qua non para la existencia humana, animal y vegetal, que ya es decir, sencillamente, humana.

En el socialismo, darle la majestad al recurso agua, es vital.

El agua es el principal soporte cultural de la humanidad y debe ser considerada como algo muy serio en la planificación del desarrollo económico, social y político no sólo de Venezuela sino, además, de cualquier país del mundo.

La carencia de agua en Venezuela-durante las mafias ADCOPEI y sus derivados-se había convertido en una real calamidad. Es ahora, desde el gobierno del Comandante Chávez, cuando se han vuelto los ojos hacia esa problemática, con gran énfasis y determinación para tratar de resolverla.

Retomemos el fondo del problema.

La distribución natural del agua dulce, sobre la faz de la Tierra, no es uniforme. Y, ni siquiera, dentro de un mismo país -salvo excepción- lo es.

En algunas zonas podría decirse que hay abundancia extrema con respecto a la que dicha zona necesita y puede utilizar; en cambio, hay lugares donde la carestía de agua es una fatalidad y, no solamente es observable tal irregularidad, con respecto al espacio geográfico sino que, además, al considerar la variable tiempo, podemos percatarnos de que unas veces se producen inundaciones terribles en una parte y otras veces, es la sequía la que asola a ese mismo sitio.

Para fortuna nuestra, gran parte de Venezuela es un emporio de agua y, magníficamente distribuida, (advierto, lo que está mal distribuida es la población, respecto al agua, acá), yo denomino a esa parte como, La Patria de Agua y es, precisamente, el objeto de este enfoque teórico y que destino, prioritariamente a la juventud venezolana porque valoro todos mis años vividos y los pocos por vivir, como insuficientes para defender esa Patria de Agua. Es que, entonces, nada mejor que remitirse a las generaciones emergentes y echarles el cuento para ayudarlos a gestar una nueva visión del mundo y a favor de la paz mundial.

El monopolio de la “información”, que está en manos de la ultraderecha , no hace más que obstaculizarle a nuestra juventud, el derecho al entendimiento de lo que le pertenece, para expoliarlo a favor del enemigo imperialista chupasangre. Es por lo que debemos hacer esfuerzos y tratar de esclarecerles el camino a esos muchachotes nuestros.

Pero, no obstante a tan favorables recursos de agua dulce, interconectar nuestras diferentes cuencas hidrográficas, permitiría garantizarle agua a todo el país, para el consumo, para el riego agrícola, para evitar inundaciones y para la navegación-importantísimo-aparte de otros quehaceres.

Hace falta un plan orgánico que, en profundidad permita conocer los vínculos que el Lago de Maracaibo pueda tener con la Cuenca de Falcón pero, también, los que pueda tener ésta, con El Tocuyo, con Yaracuy, con el norte de Apure, con el sur de Apure, con la Costa Central, con el lago de Valencia, El Tuy, Barlovento (tierra ardiente y del tambor y de las negras tan bonitas), con El Unare, con las aguas de los Llanos Orientales, la Costa Nororiental y, el gran Delta del Orinoco, soberbio y majestuoso como ningún otro río en toda la “bolita’elmundo”.

En el caso particular de la Zona de Oriente, ver como la incidencia del Turimiquire, de la región de la Cuenca del Unare, de la misma zona de influencia del Neverí, del río Zuata, ya más al sur, y también de El Pao pero, interconectándolo por la parte central de esa gran red fluvial con los ríos de la Mesa de Guanipa, en especial, con el río Guanipa y el río Tigre, nos permite una inmensa red vial acuática para el desarrollo.

Aunado a todo esto, todos los planes vinculados al desarrollo hidroeléctrico de Guayana y de Guri, puede decirse que nuestras vías fluviales pueden conectar desde el río Amazonas, en Brasil, hasta el Mar Caribe a través del Río Negro, el Brazo Casiquiare y después, por medio de canales entre los raudales de Maypure, en el Territorio Amazonas.

El Amazonas es una fuente de agua demasiado importante para el país y para toda la Región pero, la defensa de los recursos forestales de esa inmensa riqueza no se ha concretado debidamente, todavía. La complicidad de los gobiernos ADCOPEI con los explotadores de maderas, de oro, de diamantes y de todo tipo de minerales han ido acabando con nuestra inmensa riqueza acuífera, una riqueza que en el mundo geopolítico es de fundamental estrategia.

A partir de la enmienda constitucional, el gobierno bolivariano debe volcar los ojos, con especial visión, hacia la Patria de Agua, en toda su dilatada dimensión.

Limpiar el Lago de Valencia, sería suficiente para darle agua a todos los estados que están en su contorno. Igualmente, con respecto al Lago de Maracaibo.

Hay que re-planificar nuevas alternativas de suministro del recurso para nuestra Isla de Margarita, desde el embalse de Clavellino y de cualquier otro de los que se alimentan del Turimiquire, tal, ríos como el Guarapiche, el Caripe, el Manzanares (¡déjame pasar/ que mi patria linda/ me manda a llamar!), el Neverí, el Amana. Todos nacientes del gran Turimiquire (..de mis viejos recuerdos/tan lindo y tan florido/que al irme te dejé/ y, hoy que vuelvo de nuevo...), pero, en particular el Gran Río Carinicuao-el más cristalino de todos-y, que surte de manera directa a Margarita, debe ser cuidado con esmero y evitar que se talen sus orillas y de ser posible, mantenerlo virgen.

Todos estos ríos deben ser atendidos integralmente con el gran Maciso de la Serranía del Turimiquire. Pero, hay que enmendar.

Los planes de vialidad hidráulica son los que ubican a la Venezuela contemporánea; recordemos que el desarrollo del país se hizo por la vía acuática, entonces no había carreteras ni supercarreteras, el petróleo no era explotado todavía pero, la gente vivía, había desarrollo, ahora cuando se vislumbra el agotamiento del petróleo, pese a que Venezuela se erige como gran potencia mundial, las mayores amenazas se vuelcan contra la patria y debemos estar preparados para volver a la economía tradicional.

No olvidemos que la gran riqueza acuática que posee nuestra patria, sirvió en el pasado para que los gobernantes del Pacto de Punto Fijo regalasen a los japoneses, a precio de gallina flaca, los lingotes de aluminio y al gringo, todo lo que él quisiese llevarse de nuestros recursos naturales. Ahora, la riqueza debe estar al servicio del pueblo, en particular de la salud, de la vivienda y de una educación distinta, de calidad, sin la cual, será cuesta arriba avanzar.

Es indispensable que podamos enmendar la Constitución Nacional y permitir la postulación del Presidente Hugo Chávez, al menos, por un nuevo período, porque es la mejor garantía de avanzar en función del pueblo y no en función de la oligarquía depredadora.

El proceso de transformación política que está en plena forja, ahora, en Venezuela, se orienta en los términos de la defensa de nuestra soberanía. La consolidación de una nación y su desarrollo hacia un estado moderno depende en buena medida de la seguridad y defensa de todos los factores que convivan en su territorio. La Patria de Agua-en nuestro específico caso- es uno de esos factores, así que el moderno concepto de seguridad y defensa implica no sólo una estrategia de defensa de nuestras aguas sino la estrategia especifica destinada a la defensa de las extensas llanuras, de la serranía, del subsuelo y del espacio aéreo, entre otros factores.

Cada palmo de patria tiene su especificidad. Hay, en particular, en los aspectos culturales, el factor informativo que es vital. Es un absurdo que, sea el enemigo quien lleve noticias a tu gente, y lo haga, deliberadamente torcido, lo que es criminal, tal como sucede ahora acá en Venezuela, precisamente cuando se juega el destino de la patria.

Todo indica que el problema de la seguridad y defensa de la Patria toda, va a ir en aumento. Si no se estructuran las debidas estrategias y los apropiados instrumentos de combate, será pesadísimo sacar las patas del barro ante las arremetidas de potencias extranjeras y, en particular, de USA y de El Vaticano- pero, además, nos afecta la mano peluda de agentes satélites de uno y del otro-quienes respectivamente interponen interferencias “nada santas” contra nuestra patria y ponen en riesgo nuestra razón de existir, nuestra soberanía y nuestra integridad territorial, inclusive.

El riesgo suele ser un lance frente al porvenir. Venezuela está en riesgo y nosotros estamos obligados a defendernos de las peligrosas acechanzas. Debemos diseñar nuestras propias estrategias de seguridad, es por lo que hemos decidido enmendar la Constitución Nacional para ampliar el panorama de escogencia de nuestros gobernantes, siempre que lo hagan bien y, nadie externo tiene el mínimo derecho a interferir nuestras soberanas decisiones, ni El Vaticano ni La Casa Blanca tienen que ver, no obstante, ambos están obstinados en intervenir, por lo que debemos pararles los mochos.

La seguridad de la patria es, en esencia, neutralizar la incertidumbre del riesgo; a modo de ejemplo, ya el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos bravuconó al decir que él vendría a navegar las aguas marrones de la patria, de hecho, hace tiempo que lo viene haciendo entre los límites de las aguas internacionales marinas, tanto hacia adentro como hacia afuera de las 200 millas. Es común que la armada norteamericana pare a cualquier embarcación pesquera y demande datos que no le corresponde averiguar, tal como interrogar acerca de quien sea el Capitán, quién el segundo, quien sea el pesca y cuál la tripulación, entre otras arbitrariedades, y eso pasa debajo de la mesa, comúnmente. Pero, no conforme con tales humillaciones, ahora pretenden navegar nuestros ríos, lo que nos plantea un desafío muy serio.

Hay que activar el Estado mediante sus instituciones, al unísono, y dejar oír una sola voz ante el concierto de naciones pero, eso no se ha hecho o al menos yo no me he enterado.

Venezuela debe gritarle a los oídos sordos de la comunidad de naciones, nuestras verdades. Ya en la década de 1830 a 1840, cuando el para entonces Obispo de Caracas, Ramón Ignacio Méndez pretendió hacer lo mismo que ahora hace el inefable Cardenal Urosa-conspirar contra la Patria y a favor de una potencia extranjera-José Antonio Páez tuvo que pararle los mochos al fulano sinvergüenza, pese a que ambos eran panas, y le espetó una histórica sentencia: “No está el Estado dentro de la Iglesia sino la Iglesia dentro del Estado”. Y, luego lo mandó a “freír mono”, es decir, lo mandó al carajo, lo desterró por conspirador.

Cuando uno-sin conocer de leyes- compara las constituciones anteriores con la actual, se percata de la notable ambigüedad con la que estaban expresadas, en las referidas constituciones (y en otras leyes anteriores), los derechos de la nación y de la colectividad. La expresa omisión de disposiciones pertinentes a la defensa y seguridad de la patria, fueron asideros para la manguanga y para el latrocinio que los “pajarobravos” adecopeyanos, se vacilaron, durante 40x365,2 días. Y, no obstante, un tiempito más. Es que todavía joden, solapadamente.

Las ambigüedades de una Ley Fundamental, son acicate para que el pícaro se apoye y consolide sus delictuosas actuaciones. Sonados casos de corrupción, prescribieron o, no fueron “debidamente sustanciados”, durante la IV República, porque hubo mucha “sustancia untuosa” de por medio, entonces.

Las pocas enmiendas que se hicieron a la vieja Carta Magna de 1961 respondieron a maniobras para beneficiar los intereses particulares de la élite adecopeyana y a sus amos del Norte, en desmedro de los interese de la patria venezolana.

Vale la pena, en contraste, destacar los postulados que al respecto establece la Constitución Bolivariana de Venezuela- de 1999-en su Título VII -De la Seguridad de la Nación- artículos del 322 al 332.

Algo que nos hace estar optimistas con respecto a la actual Constitución de Venezuela es el hecho de que su elaboración y justificación estuvo y ha de estar, abiertamente en manos del pueblo venezolano; nunca antes constitución alguna había sido sometida a referéndum ni mucho menos a su aprobación mediante el voto popular. Pero, han pasado diez años y la realidad venezolana se mueve a ritmo mayor que la letra, letra que por imprevisión se transformó en gazapo y debe ser enmendada.

Y, por otra parte, la desaparición de vetustas estructuras vergonzosas, por haber sido antros-tal el Congreso, las Asambleas Legislativas, La Corte Suprema de Justicia y otras de menor rango “antral”- para darle paso a nuevas estructuras, es síntoma de estar en el camino de refundación de una nueva república- lo que no basta pero, hay que andar-no obstante, viejos vicios gravitan todavía dentro del entramado de algunas instituciones.

Por caso, no olvidemos la nefasta decisión de la “¿Justicia?” cuando determinó que los “serafines” de abril (2002) no dieron un golpe de Estado sino que estuvieron preñados de no se qué. E, ignoro yo-ignorante, en consecuencia, pero distinto a los que se dejan atrapar-por cuál orificio fueron preñados esos tipos (Serafines) y, qué les metieron, si acaso medio o el chuzo completo (Lückert Dixi).

Habría que pensar seriamente cuanta sangre y cuanta vida pudo ahorrarse la patria, si tan peligrosa e inmoral decisión del Tribunal de Justicia, hubiese estado apegada a la justicia, realmente.

Habría que formular la hipótesis de si, de haberse actuado apegados a la ley, entonces, nosotros estuviésemos ahora amenazados por el terrorismo mediático.

Pero, hay que seguir y enmendar. Tenemos que armarnos de esperanzas respecto al porvenir porque hay mucho por hacer.

Enmendar la constitución y postular a Chávez para un nuevo período de gobierno, al menos, es la primera y gran garantía de avanzar hacia la Integración de América latina, tan necesaria e indispensable para la seguridad y defensa de la región, otra opción, distinta a Chávez, en estos momentos, particularmente no me parece.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.