viernes, 30 de julio de 2010

Antonio Berni: 33 años después

Ernesto Martinchuk (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para Argenpress Cultural)

La pintura ha vivido siempre emparentada con la poesía y Antonio Berni, ha estampado en sus cuadros todas estas vivencias que los poetas, en la palabra escrita pretenden describir y registrar. Su experiencia personal vive en su obra y como pocos pintores argentinos ha cubierto con total libertad tantas etapas creativas. Las formas nuevas, el material y el color que utiliza nos han de obligar a buscar otros planteos y otras ubicaciones de su arte. Él hace de su arte una lucha revolucionaria, orientada a conseguir la transformación del mundo. Su interior vive una realidad histórica y la pinta en obras que partiendo de sus manos han recorrido el mundo. Antonio Berni ha reconocido en su arte la realidad social dando a su obra un genial impulso creativo y nos va descubriendo la vida preocupada de ese pintor argentino ubicado entre los mejores del mundo. En sus espacios han tomado premeditada sabiduría personajes como “Juanito Laguna” o “Ramona Montiel”, que nos rodean con imploraciones materiales y espirituales. El presente, es un trabajo realizado en base al reencuentro con una grabación perdida, de una charla que mantuvo el autor de esta nota con el Maestro Antonio Berni el 10 de julio de 1977, en su atelier de la calle Lezica 4199 en la ciudad de Buenos Aires.

Algunos datos sobre la vida del gran maestro

Delesio Antonio Berni nació en la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, el 14 de mayo de 1905.

Su padre, Napoleón Berni, italiano de origen y sastre de profesión, fue uno de los tantos inmigrantes europeos que se instalaron en esa populosa e importante ciudad.

Su madre se llamaba Margarita Picco, argentina de origen pero hija de italianos radicados en Roldán, un pueblo de la Provincia de Santa Fe que tendrá gran importancia en la vida de Berni, mientras nos comenta sus experiencias en 1912:

“Recuerdo que entonces vi por primera vez un avión que paso a muy poca altura. Eran a hélice. La velocidad comenzaba a desarrollarse, planeaba este aparato y era justamente 7 años después mi primer vuelo a Francia. Vi al Cometa Halley que impresionó a muchos porque creían en el fin de la tierra. Yo lo vivía como un niño y con la expectativa de un niño”.*

“Mi padre se había instalado con una sastrería en 1912 en la esquina de Catamarca y España pensando en el gran desarrollo cerca de la Estación Central. Pero en lugar de esa se desarrollaría la otra zona. El había alquilado un local a un italiano y este señor instalo una librería y una agencia de lotería. Los clientes eran muy pocos. Se la pasaba todo el día dibujando y yo curioso, después de jugar con mis compañeritos a las bolitas, las figuritas de cartón… tenía la curiosidad por ver, después que venía de la escuela particular, donde el maestro tenía un puntero y al que no sabía la lección le hacía juntar los dedos y se los golpeaba con el puntero… Nosotros ya le habíamos tomado el tiempo y sabíamos cuando debíamos bajar la mano para no recibir el golpe…”

“Yo veía dibujar a este hombre y comencé a imitarlo. El hacía sus cuadros y los colgaba en la pared. Hacía una exhibición para el mismo. Copiaba viejas láminas y yo comencé por espíritu de imitación por esa curiosidad de hacer dibujos. El Sr. Encontró que yo tenía condiciones y le dijo a mi padre que me mandará a estudiar. En ese momento yo tendría unos 12 años más o menos. Estaba al final de la primaria. Mi padre consideró el concejo de ese compatriota, que yo entendía que era un hombre culto, de hecho tenía una librería… A este hombre no le fue muy bien y clausuró el negocio y se volvió a Italia. Me acuerdo que recibimos una carta postal escrita con una caligrafía que no era común, como perfecta y le recordaba como andaban mis estudios. Yo ya no recuerdo su nombre En ese tiempo no había escuela de Bellas Artes, entonces me presentaron a un taller de vitrales. Ese taller de vitrales funcionaba no muy lejos de donde vivíamos. Acá empecé a pasar trabajos a mayor esquema. De hecho mi padrino también trabajaba en la parte de esmerilado… así que mi iniciación, mis estudios fueron dentro de un ambiente artesanal que siempre he considerado muy positivo. No era el aprendizaje teórico, conceptual, que pienso fue muy útil en el trabajo artístico”.

No sería el único adolescente que se iniciase en un taller de vitrales como el que le abrió sus puertas bajo la batuta de los catalanes Fornels o el taller de letreros de Munné, pero en el caso de Berni ello marcaba ya un destino del que no habría de apartarse jamás.

Esmerilar vidrios, filetear vitrales, realizar moldes con betún de judea, hacer dibujos que una mano amiga colgaría en una agencia de lotería son en verdad los modestos comienzos que marcan el rumbo del incipiente artista.

Berni fue un niño prodigio que a los catorce años presentó su primera exposición. Dedicado a pintar paisajes y retratos, realiza tres exposiciones consecutivas y la crítica escribe con entusiasmo sobre sus trabajos. En 1923 expone por primera vez en Buenos Aires y en 1924 comienza sus envíos de obras al Salón Nacional de Bellas Artes que era entonces el concurso público más importante que había en el país para pintores y escultores. Para los artistas argentinos, desde fines del siglo XIX, era fundamental, después de estudiar en la Argentina, perfeccionar el oficio viviendo durante algún tiempo en París o Roma. Se trataba de completar lo aprendido en nuestro país y establecer contacto con lo que pasaba en otras partes del mundo.
En 1925, el Jockey Club de Rosario le otorgó al joven Berni una beca para estudiar en Europa. Se instaló en París y algunos viajes por España, Italia, Holanda y Bélgica le permitieron conocer museos, artistas y obras de la historia del arte que van influenciando sus trabajos. Por ejemplo, en Italia estudia a los maestros del Renacimiento del siglo XV y viaja por ciudades como Florencia visitando sus iglesias, palacios y museos.
“En Madrid estuve pintando también. Me acuerdo que hice un paisaje de Madrid, era la toma de un lugar a puerta cerrada que existe todavía. Ha cambiado totalmente de lo que era entonces. Había una cruz que separaba el Barrio de la Escudería, bario cristiano. Ahora se han hecho edificios nuevos por todos lados y justamente a esa ciudad nunca la habían pintado. Mandé esa obra al Salón de artistas Españoles que hacían una Bienal –que ya no existe- y esa obra llamó mucho la atención, tal es así que la revista “Ecerre”, publicación muy importante en España, especie de publicación tipo ilustración francesa, con buenas reproducciones en colores, publica la fotografía y además un elogio. Al llegar la noticia a Rosario se sintieron complacidos de haberme becado”.

Berni es inquieto va encontrando constantemente estímulos para sus propias obras. Durante los cinco años que vive en París frecuenta la bohemia intelectual de la ciudad y conoce escritores, poetas, cineastas, políticos, filósofos y artistas de diferentes países que coinciden en la capital francesa. Eran años de fuertes transformaciones culturales después de la Primera Guerra Mundial; de la Revolución Rusa, de la difusión del socialismo; había aparecido el psicoanálisis y en el campo de la ciencia se presentaban nuevas teorías. Los artistas desde la primera década del siglo, habían revolucionado el campo del arte con propuestas que se alejaban de la pintura tradicional preocupada por representar la realidad tal cual la vemos con nuestros ojos. Nuevos grupos y movimientos que reciben el nombre de vanguardias, proponen lenguajes diferentes. El mundo cambia y la función y los problemas del arte también. Berni asistía a todo aquello atento, junto con otros artistas argentinos que vivían entonces en Europa como Raquel Fomer, Alfredo Bigatti, Horacio Butler y Lino Enea Spilimbergo, uno de sus amigos más cercanos.

El principal descubrimiento para Berni en esos años fue la relación entre el arte y la política, el rol del artista como hombre de su tiempo y como actor social. Berni se acerca al comunismo y desde su interés por la política asume el compromiso de reflejar en sus cuadros la realidad del mundo que le toca vivir. Desde entonces, para él, la pintura será su manera de reflexionar sobre la realidad y de intentar transformar el mundo marginal de los trabajadores.


Al mismo tiempo, conoce una de las vanguardias artísticas más importantes de aquel momento: el surrealismo, y adhiere durante algunos años a sus postulados. Los surrealistas buscan liberar la imaginación y las fuerzas del inconsciente como en los sueños; tratan de expresar la vida interior del artista sin que intervenga la razón y sus imágenes, en lugar de ser similares a la realidad, son lo más inconexas posibles entre sí. Ellos reúnen imágenes imposibles de ver juntas en la realidad y alteran los tamaños de los objetos y los ponen en escenarios en los que nosotros, espectadores, no podemos encontrar explicaciones racionales. Por ejemplo, en el óleo de Berni "La puerta abierta", el muro, la puerta, la llave y el alfiler de ganchos gigantescos, los cubos de colores, la cerradura fuera de lugar, el timbre y la letra "T", todas son piezas de un rompecabezas misterioso para inventar historias.
“Encontré -nos decía el Maestro- que había cosas nuevas, situaciones de pensamiento y libertad que correspondía otra etapa de la evolución del arte. Es así que yo entonces pensaba haciendo mis experiencias con esos estudios por lo que hacía en el taller. Tal es así que en los años 26, 28 ya estaba totalmente identificado con todo esté fenómeno asimilado. Estaba en una práctica cotidiana pero siempre dentro de la influencia. El grupo de París que se formó viajó en el año 28 a Buenos Aires en coincidencia con los Amigos del Arte de la calle Florida, donde actualmente es “Barrial” se hizo toda la muestra en la sala que significó para Buenos Aires un shock, por lo menos para la gente que estaba acostumbrada al salón y a las exposiciones… Esa exposición generó, creo, un nuevo problema sobre todo en los artistas de Buenos Aires, y se puede decir que a partir de esa exposición comienza una renovación de la pintura argentina… Había una coincidencia, toda la experiencia europea se manifestó acá, pero siempre, repito como algo que se aprendió y todavía no tenía su perfil definido, como una expresión ni de expresión ni de corriente… tenían su calidad pero todavía faltaba, ese era otro elemento, eso lo creo yo, que lo identificara que era ese sello creativo que todavía no tenía”.
En 1930, Berni regresa a Rosario, junto con su mujer, la artista francesa Paule Cazenave y su hija Lilí. Sigue pintando, exponiendo y participando de los salones de bellas artes y trabaja como empleado en la municipalidad.
Son años muy difíciles en el mundo después de la caída del sistema financiero, conocido como la crack de 1929, y en la Argentina el golpe militar de 1930 había derrocado el gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen. Las huelgas, la creación de la Central Obrera, la desocupación, el fraude electoral, el avance del fascismo y las persecuciones políticas marcaron el contexto en el que la pintura de Berni se transforma. Su imagen surrealista cambia en cuadros de grandes dimensiones con multitudes de obreros y campesinos, extremadamente realistas en sus descripciones. Berni está utilizando la fotografía como documento para tomar las poses y los retratos de sus personajes. Berni escribe sobre el Nuevo Realismo, una pintura que debe reinterpretar la realidad social, política y económica de nuestro tiempo. En 1934 pinta sobre arpillera y con témpera "Desocupación" y "Manifestación".

Esta responsabilidad del artista como protagonista de su época es una posición que Berni comparte con otros artistas de Latinoamérica, especialmente con los famosos muralistas mexicanos. Precisamente, en 1933 llega de visita a la Argentina uno de ellos, David Alfaro Siqueiros, con quien Berni trabaja y discute sobre la función del arte en la revolución de las clases populares.

Desde 1936, el artista vive en Buenos Aires y, en los próximos años, obtiene algunos de los principales premios de su carrera, como el Premio Adquisición en el Salón Nacional de Bellas Artes de 1943. Al mismo tiempo está dando clases en la Escuela Preparatoria de Bellas Artes, realiza exposiciones, participa de muestras argentinas en el exterior, da conferencias y escribe artículos, recorre el país y viaja por América latina, pinta murales en el Teatro del Pueblo, la Sociedad Hebraica Argentina y la conocida cúpula de las Galerías Pacífico.
En esos años trabaja con temas populares como el "Mercado de Jujuy", el equipo de fútbol del barrio en el "Club Atlético Nueva Chicago" y la orquesta de tango en "Orquesta típica". Berni construye escenas características de las diferentes regiones y culturas de la Argentina. La vida en las ciudades y la vida en el campo, los barrios de Buenos Aires y la realidad de las provincias. Su compromiso político se manifiesta también en las pinturas realizadas en Santiago del Estero y el Chaco, sobre los obrajes, los peones industriales y los cosecheros golondrinas. En 1950, Berni se separa de Paule y se casa con Nélida Gerino y en 1952 nace su segundo hijo José Antonio.
Desde principios de los años sesenta, Antonio Berni trabaja en una serie nueva. Las obras dedicadas a Juanito Laguna y Ramona Montiel, dos personajes inventados por él para utilizarlos como símbolos de la niñez explotada en América latina, especial-mente en las grandes ciudades como Buenos Aires, Lima, Río de Janeiro y México.

Se trata de dos habitantes de las villas miserias, esos asentamientos suburbanos surgidos alrededor de los centros industriales en los países en desarrollo, con sus casas precarias y sus habitantes sumergidos en la pobreza y el desamparo.

Juanito Laguna es un niño que vive en una de esas villas miserias y Berni pinta su vida cotidiana, sus juegos, su familia: Juanito mirando la televisión, Juanito remontando su barrilete, Juanito en la laguna, Juanito en navidad, Juanito yendo a la ciudad, Juanito llevándole la comida a su padre obrero metalúrgico. Ramona Montiel es la chica de la villa miseria convertida en prostituta para poder sobrevivir; Ramona aparece rodeada de los hombres que la explotan, Ramona como costurera, Ramona trabajando en el cabaret, Ramona y la adivina, Ramona y su casamiento. Ramona esperando en la ruta Panamericana donde ejercería la “profesión más vieja del mundo”.

El collage

Para estas obras Berni utiliza una técnica inventada a principios de siglo: el collage, el agregado a la pintura de materiales reales que son pegados sobre el cuadro. El artista utiliza un abundante collage transformando sus imágenes en superficies cargadas de elementos como latas, plásticos, hierros, maderas, telas, zapatos, juguetes, papeles, señales de tránsito, etc. La idea es incorporar los desechos que el artista recolecta en los barrios marginales de Buenos Aires donde podrían vivir Juanito y Ramona.
El collage opera dentro de la problemática de la modernidad pictórica, dramatizando el soporte literal mientras preserva la representación, pero ésta es una solución descubierta en un mundo secretamente codificado, pero descriptible por medio de esas superficies literales. El collage hace pedazos las falsas armonías de la pintura al oleo, fue incorporado como una fuente de sensaciones y simplificaciones frescas a un modernismo oficial implacable, aunque siempre habrá una elite de individuos que darán la bienvenida a nuevos valores y técnicas de la sensibilidad.
Los cuadros y sus personajes están construidos con los mismos materiales reales que se encuentran en las villas. Para Berni la pintura al óleo no es suficiente para expresar su crítica frente a la sociedad de consumo, es necesario utilizar los objetos reales de la vida de Juanito y de Ramona, llevándolos al ámbito del arte y transformando lo culto y exclusivo del arte en algo cotidiano y popular.

“Yo tengo un ciclo de Juanito Laguna y Ramona Montiel, -decía Antonio Berni- dos personajes distintos. A Juanito Laguna lo trate con collage y también utilizando los materiales que se condicionaban a una expresión, la de este cirujita. Para Ramona yo utilizo otros materiales que corresponden a otra realidad. Entonces entran elementos que no aparecen en Juanito Laguna. Cuando yo presente a Juanito Laguna en el año 1961, en la galería Witcomb, en la calle Florida, sorprendió. Como es posible de que esos elementos, esos rezagos quisieran dar la expresión de una obra de arte. De allí que la muestra en un momento dado chocó con mucha gente que acostumbraba a ver sólo manifestación estética de una manera, es decir, un cuadro debía ser pintado. Lo que pasa es que si yo utilice los elementos, ese pegado en el cuadro es porque ese elemento tenía para mí volumen, la materia tenia brillo distinto al de la pintura. No porque negara la pintura, de ninguna manera, simplemente yo recurría a otros medios, sin negar los anteriores, es más, seguía pintando sin negar al dibujo. Y también he hecho, por ejemplo, estos sillones de cosas ambientadas, exposhow, la caverna de Ramona que son ambientes donde entra la tercera dimensión y hasta entran el sonido y las luces… ¿Por qué lo hice? Porque yo tenía la necesidad de explorar, más allá de lo que tenía en mano y disponible, convencional, para lograr una expresión que me interesaba a mí y que de esa manera podía hacerlo nada más. Constantemente investigando”.

Las obras dedicadas a Juanito Laguna y Ramona Montiel, representan dos personajes inventados por él para utilizarlos como símbolos de la niñez explotada en América latina, especialmente en las grandes ciudades como Buenos Aires, Lima, Río de Janeiro y México.

Se trata de dos habitantes de las villas miserias, esos asentamientos suburbanos surgidos alrededor de los centros industriales en los países en desarrollo, con sus casas precarias y sus habitantes sumergidos en la pobreza y el desamparo.

Juanito Laguna es un niño que vive en una de esas villas miserias y Berni pinta su vida cotidiana, sus juegos, su familia: Juanito mirando la televisión, Juanito remontando su barrilete, Juanito en la laguna, Juanito en navidad, Juanito yendo a la ciudad, Juanito llevándole la comida a su padre obrero metalúrgico. Ramona Montiel es la chica de la villa miseria convertida en prostituta para poder sobrevivir; Ramona aparece rodeada de los hombres que la explotan, Ramona como costurera, Ramona trabajando en el cabaret, Ramona y la adivina, Ramona y su casamiento. Ramona esperando en la Panamericana.

Para estas obras Berni utiliza una técnica inventada a principios de siglo: el collage, el agregado a la pintura de materiales reales que son pegados sobre el cuadro. El artista utiliza un abundante collage transformando sus imágenes en superficies cargadas de elementos como latas, plásticos, hierros, maderas, telas, zapatos, juguetes, papeles, señales de tránsito, etc. La idea es incorporar los desechos que el artista recolecta en los barrios marginales de Buenos Aires donde podrían vivir Juanito y Ramona. Los cuadros y sus personajes están construidos con los mismos materiales reales que se encuentran en las villas. Para Berni la pintura al óleo no es suficiente para expresar su crítica frente a la sociedad de consumo, es necesario utilizar los objetos reales de la vida de Juanito y de Ramona, llevándolos al ámbito del arte y transformando lo culto y exclusivo del arte en algo cotidiano y popular.
El grabado

Los personajes de Berni adquieren la magnitud del símbolo no porque el artista haya pretendido darles esa particular dignidad sino porque la misma emana de la calidad autónoma de las obras. Símbolos del dolor humano inherente a la condición vital del hombre, símbolos de una lucha que forma parte indisoluble de nuestro destino renovados día a día como la luz y la sombra que se disputan en el devenir cotidiano, Berni tiene un instinto especial para vibrar al mismo ritmo de sus materiales. Cada criatura ha sido rescatada en su propia esencia y la intensidad con que el artista volcó sus sentimientos los ha colocado en un presente eterno.
Los Juanitos y las Ramonas se siguen comunicando en un documento permanente que revela las condiciones de vida de los marginados en la Argentina del siglo XX, documento que se hizo color y forma, dando vida a una materia que de otro modo hubiese permanecido inerte y muda.

Antonio Berni se consagra mundialmente en la Bienal de Venecia de 1962, donde le otorgan el Gran Premio de Grabado y Dibujo.
El grabado alude a la producción gráfica impresa a través de diversos recursos. Si bien la incisión no condicionaría la apreciación final de la obra, le otorga la cualidad de grabado, dando una denominación unificadora a las diversas posibilidades de reproducción.
Existen algunas características técnicas y simbólicas que se ha sostenido con fuerza desde el campo específico de la gráfica y que ejemplifican las ambigüedades que operan en el abordaje de esta producción, suerte de obra bisagra entre la creación única y prestigiada desde el circuito tradicional y el arte reducible por medios industriales y de consumo masivo. Obra impresa manualmente, numerada y firmada que difunde una imagen original, a pesar de ser reimpresa muchas veces pero acotada a una tirada limitada. Esta producción múltiple bajo la denominación de grabado original se remite a un término que realizada con matices originales es realizada por el grabador. Esta característica de grabado original surgió para diferenciarlo del grabado de reproducción.
Raymond Williams plantea que con la aparición de las tecnologías de reproducción gráfica, su diversidad, distribución ampliada y movilidad, “lo que se había logrado técnica y socialmente no sólo era la ampliación de la distribución, sino también la movilidad inherente de los objetos culturales, de importancia crucial para las relaciones regulares de mercados”.
A pesar de basarse en una misma técnica, la heterogeneidad de objetivos y alcances de esos proyectos, así como las diferencias entre sus propios discursos ideológicos, les confirieron su marca diferencial y Nestor García Canclini dice: “si bien no creemos que haya técnicas ideológicamente neutras, es cierto que su empleo puede adquirir significados muy diversos. Este es uno de los campos en que mejor puede verse la dialecticidad entre práctica artística y contexto”.
Los medios de comunicación masiva, radial y sobre todo semanarios y mensuarios (Primera Plana, Confirmado, Análisis), se convierten en intermediarios, difusores y formadores del gusto y opinión. En 1962 Marshall McLuhan publicó el famoso libro “La Galaxia Gutemnberg” donde desarrolla su hipótesis de que la evolución en la comunicación constituye la clave del progreso humano, y se convierte en poderosa influencia de la interpretación de los mass-media, especialmente en el campo artístico.
De 1964 en adelante Berni recorrerá importantes museos de América Latina, Estados Unidos y Europa y vuelca buena parte de su energía creadora al mundo del grabado. En la serie de Juanito introdujo el collage en algunos de los enormes tacos de madera, sobriamente policromados. Berni acepta y viola todas las reglas tradicionales y reflexionando acerca de su propia temática en un catálogo de una muestra realizada en Rosario en 1974 dice:
“En lo referente al estilo en las artes plásticas muchos son los que siguen entendiendo como el resultado exclusivo de la elaboración manual, privativa y particular de las formas y los colores con los cuales cada artista se distingue de los otros. Este concepto del estilo, que fuera definitorio de la personalidad en el pasado clásico y artesanal, está siendo sustituido por otro más amplio y de mayor alcance y libertad en el lenguaje de las formas.

El nuevo estilo se define antes que nada por el pensamiento que lo anima y por la nueva manera de expresar ideas y realidades: enlazando y combinando imágenes, objetos o signos, elaborados con las propias manos o hechos mecánicamente por otros, todo esto puesto en vigencia no como demostración de la propia habilidad artesanal, sino como manifestación de un mensaje, una propuesta o algo nuevo que importa decir.

El clásico artesano con su milenaria herramienta ya no puede elaborar las nuevas materias inventadas por la química, imitar el complejo mecanismo creado por la ciencia, ni competir con la riqueza de formas surgidas de la industria y la técnica contemporánea. La sensibilidad se renueva constantemente, la vida actúa sobre los sentidos y los hechos animan al espíritu, causa por la cual en arte aparecen expresiones logradas con materiales, formas y colores antes rechazados como negativos y antiestéticos. Este nuevo fenómeno no es de absoluta oposición a la vieja disciplina académica cuando se la encara en su seria tradición y buen linaje del dibujo y el color, principalmente en sus leyes fundamentales tan bien aplicadas por los grandes maestros del arte moderno.

Con la disciplina se manifiesta al mismo tiempo un arte que trastorna los sentidos y el espíritu, a veces proclive a la pereza y la calma, pero de manera positiva abriéndole las compuertas, que los mantiene en balsa, para inundar toda la fertilidad adormecida por falta del gran riego fecundante de las tácitas creaciones”
El Juanito Laguna, chico habitante de esas barriadas miserables o la Ramona Montiel, la costurerita que dio el mal paso, proveen a Berni de elementos desatadores de escenas de la vida cotidiana donde descargará un temperamento sediento de hambre y sed de Justicia.
“El nivel de Argentina es muy bueno, -nos comentaba el genial Maestro- la pintura, la gente, lo que pasa es que en este momento nosotros estamos muy alejados de los centros de divulgación, como puede ser en estos momentos Nueva York, que después de la guerra tomo gran importancia a la par de París. París ya viene de gran importancia desde el siglo pasado. Nosotros estamos en ese sentido alejados todavía. Todo lo que acontece en el país no pasa de la frontera. Hay artistas que van a exponer, el caso mío, como tantos otros, pero en realidad esa valorización se hace al plano de los individuos. Hay pintores que son conocidos pero no los identifican como de la escuela de Argentina. Por ejemplo México y por hablar de algo que está en el plano latinoamericano. México tiene cantidad de monografías publicadas con todo lujo, volúmenes sobre la pintura mexicana. Nosotros no tenemos eso. Tenemos libros que se van publicando. Nuestros mismos diarios en general… salvo algunos, otros a la pintura argentina la tratan como a pintores aislados, en un momento escriben un artículo, un estudio pero nada más. No hay una promoción. Algo para dar una fuerza que viene de un concepto ya total de lo que en el país se está haciendo. Ese es nuestro costado débil. Hay que ver la importancia que se les da a los Centros Culturales en todo el mundo, Estados Unidos, Caracas, San Pablo… realmente se hace toda una promoción a través de museos, exposiciones, publicaciones… Por ejemplo, ahora tienen el Mundial del 78, magnífico para hacer todo pero la parte cultural ha sido descuidada, se harán exposiciones circunstanciales, pero sería importante que se destinara de los 500 millones de dólares que se van a gastar 50 millones para el Museo de la Plata, reacondicionarlo para el turista que va a venir y ofrecer otra faceta de la cultura argentina. En Francia cuidan mucho al turismo, porque el turismo deja muchas divisas. Entonces vamos a poner, a falta de muestras de arte, están otros tipos de manifestaciones que van al más diversificado público. Se pone un jardín de plantas, un zoológico, donde están las especies clasificadas… Esas cosas van en el plano científico, en el plano artístico y en el de los espectáculos, tratando de que la imagen sea total… Hay un error de concepto. Se considera a la cultura como un lujo o algo suntuoso que es gastar dinero, no se cree que una necesidad y la cultura puede redituarle al país muchísimo a la larga. México tiene por oportunismo, tanto europeo como norteamericano una entrada líquida de 2.000 millones de dólares anuales. No hablemos de España, de Francia y de Italia. En esos casos a la gente de afuera le atrae la naturaleza, pero también le atraen muchas cosas. Naturaleza bella hay en todas partes del mundo… Acá todo el mundo con el futbol, macanudo, el futbol es de gran interés pero detrás de eso hay una batería de cosas que también hay que contemplarlas, más en estas circunstancias que no se dan todos los años… En Europa se hacían con construcciones precarias exposiciones temporarias, pero ahora se piensa en la construcción, lugar nuevo y que esas construcciones van a quedar y van a servir para cualquier cosas, Centros Culturales o Escuelas o lo que sea pero van a funcionar. En París, en los alrededores han construido teatros y la gente de París va a esos teatros o va a los acontecimientos culturales que pueda haber, aún de carácter científico. Tienen los medios de comunicación, comodidades y otros medios para poder presentarlos al público. Aquí la capacidad del individuo es grande pero lo que falta es la organización para poner en valor a esos individuos que dan una vigencia de carácter no solo nacional, sino internacional… Yo creo que lo nacional es más bien un y tipo de propuesta. Ya no podemos ir hacia atrás y decir, bueno lo nacional es una imagen estereotipada que está ahí vigente constantemente como modelo, no… Nosotros tenemos que dar a nuestros modelos, los que vienen tienen que dar su modelo. Ese modelo es una propuesta que viene de la situación misma…”
El 13 de octubre de 1981, Antonio Berni dejaba este mundo. Unos días antes de su muerte, Berni en una entrevista decía: "El arte es una respuesta a la vida. Ser artista es emprender una manera riesgosa de vivir, es adoptar una de las mayores formas de libertad, es no hacer concesiones. En cuanto a la pintura es una forma de amor, de transmitir los años en arte..."

Ernesto Martinchuk es periodista, docente, investigador y documentalista.

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