viernes, 8 de abril de 2011

La existencia o el ser

Ricardo San Esteban (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para Argenpress cultural)

Es sabido que muchas conexiones esenciales obedecen a códigos trasmitidos y decodificados a través de procesos químicos y biológicos. En algunos insectos se observa que una simple sustancia química de atracción hace aparecer estructuras sociales nuevas. El reloj químico creado por Belusov-Zhabotinski ha confirmado que las moléculas se comunican de manera inesperada. Nos hallamos ante nuevos niveles supramoleculares, tanto temporales como espaciales, producidos por su actividad química. Las reacciones metabólicas, las ondas cerebrales y muchos otros procesos biológicos pueden analizarse en términos de estructuras disipativas temporales. No es para nada extraño que los nexos sociales, las ideas políticas y los cambios en la sociedad humana tengan relación con procesos químicos.

Y por otro lado, se han modificado los límites entre lo social y lo biológico. Nos aprestamos a entrar en una nueva etapa, en la que diversas ciencias contribuyen decisivamente a una visión mucho más vasta, a la cual no puede renunciar ningún investigador, por especializado que sea. Cualquier disciplina es, en mayor o menor grado, metatemática. Hay aspectos de la biología, por ejemplo, que sin mezclar las cosas entroncan con la teoría del conocimiento, con la física cuántica, con la sociología y con muchas otras disciplinas.

En la química y la biología, aún resta mucho por saberse acerca del aporte de estos procesos a la unidad general del mundo, a sus particularidades espaciales. Y a su conexión e interacción con la física, con las leyes gravitatorias y termodinámicas.

Los conceptos de totalidad, sistema, estructura, elemento, formas de organización, niveles estructurales y retroalimentación han sido indudablemente desarrollados por la ciencia biológica y desde ella aplicados a otras disciplinas como la cibernética, la antropología y demás.

En realidad, no se tiene aún una idea acabada acerca de la estructura y conexiones del mundo. Existen incontables niveles de la realidad, del conocimiento, de la necesidad, del espacio, del tiempo, del historicismo de la verdad, y así.

Cada elemento transcuántico y cada macroelemento conectan entre sí y con la materia a todo nivel -incluido el sistémico y el medio en que éste existe- en infinitos nexos que no pueden reducirse a mediciones cuantitativas de orden métrico o geométrico, sino que cada elemento y cada conexión actúan en forma determinista y a la vez creativa -con diversos grados de libertad- y aquello que en un enfoque es nexo en otro puede ser elemento.

Esos elementos, nexos e interacciones no se circunscriben a existir o no existir, a ocupar un lugar o a no ocuparlo, a desplazarse o no desplazarse, a tener aristas constantes y variables.

En efecto, además de ello van más hondo, se ubican dentro de lo que es la estrategia de la naturaleza moviéndose a través de formas casuales de materia. Sin estas formas casuales, participar del espacio-tiempo puede ser un dato para conocer si un objeto existe o no existe a macronivel, pero no cuál es su cometido, cuál su sentido y significado. Un sentido y significado que pueden expresarse en el ámbito estadístico, necesario. Vale decir, aquello que significa la función de cada nivel de organización de la materia desde el punto de vista físico, químico, biológico, cibernético, social, en su especificidad y en sus conexiones a todo nivel.

El sistema materia no se compone solamente de elementos físicos sino que existe una funcionalidad y un mecanismo de enlace genéticos de las formas casuales de la materia y de su transformación recíproca.

Podemos obtener una pequeñísima pero muy elocuente idea de movimiento dentro del sistema, estudiando un tipo de interacción que se da entre las abejas y las flores. Esta interacción vegetal-animal resulta de ochenta millones de años de historia compartida, donde ciertos rasgos neurobiológicos de las abejas y ciertas características de las flores resultan del compromiso funcional entre ambas, entre la búsqueda –por parte de las abejas- de una recolección óptima de néctar y polen, y la necesidad de las flores en cuanto a la transferencia de polen para su necesaria fertilización.

Este tipo de interacción y de movimiento constituye sólo un botón de muestra de las relaciones existentes a todo nivel, y en general, podemos afirmar que todo movimiento se remite a una ley única que abarca tanto a la génesis como a la conservación y cambio del sistema, en una historia común a todo el desarrollo del gigasistema.

Movimiento y caos constituyen categorías si no idénticas –hay diferencias esenciales- al menos muy cercanas en su significado. La naturaleza actuando como medio en el que se desenvuelve el sistema materia posee un tiempo y va incluyendo en él aquellas diferentes armazones en un proceso de desequilibrio, no lineal.

Sin embargo, conviene tener en cuenta que no existe movimiento sin fuerzas materiales, no existe un espíritu impulsor ni hay ondas fantasmales como quisieran algunos filósofos. Ni dicho movimiento puede ser un demiurgo que viene desde el más allá, ni resulta fruto de observaciones, mediciones y experimentos.

Contrariamente a lo que opinaron algunos de los padres de la teoría cuántica, todo vacío y todo movimiento son parte de una realidad, con o sin evidencia sustancial. Y que me perdonen algunos científicos con hábito de monjes hindúes, pero el movimiento no es una danza del dios Shiva y las fuerzas fundamentales en que se finca no son ideales ni a ellas les dan manija los ángeles.

De todos modos se debe precisar aún más qué entendemos por materia, qué contenido le otorgamos al concepto materia, ya que los avances científicos van descubriendo nuevas características del mismo y aún falta mucho por descubrir. Es un concepto que hoy como ayer divide aguas o quiebra lanzas con los fantasmas, pero que debe designar una realidad no generada desde el alma. Sin duda que los quarks no son bolitas giratorias ni los electrones y fotones son partículas ni campos, pues la cosa a esa profundidad no es imaginable o comparable con lo que acostumbramos a ver al nivel medio, pero sí podemos afirmar que es real y que tanto su movimiento como ella misma a todo nivel son reales, transformándose la una en el otro y viceversa.

Stephen Hawkins escribía que quizá la producción de quarks haya sido la causa primigenia de nuestra existencia como seres humanos, aunque hoy día no sabemos si dichos quarks existen o no, porque algunos lo ponen en duda, pero nosotros -de todas maneras- sí que existimos. Sabemos que el universo no es una entelequia, que existe realmente con todo lo edificado y plantado, aun cuando no esté edificado con los ladrillitos que habíamos imaginado ni nos encontremos con un dios dándole manija.

La marcha del calor al frío, la dirección en la que el desorden o la entropía aumentan, la dirección termodinámica (de la que depende la denominada flecha, que es la dirección en la que transcurre el tiempo) son formas del movimiento, son un algo, se fincan en un algo y van hacia un algo.

El dogma central de Francis Kreek, como se recordará, señalaba que la información recibida por una molécula de ácido nucleico puede pasar de dicho ácido a una albúmina, pero no a la inversa, y ello no sólo corrobora el orden de marcha de la materia, sino que la afirma en su existencia.

La biología, como dijimos, fue la primera ciencia que estableció el concepto de niveles estructurales. El ácido desoxirribonucleico (ADN) existe realmente y su comportamiento ha sido muy estudiado en los últimos tiempos. El modelo estructural de dicho ácido contiene mecanismos de duplicación, mecanismos de transcripción (la molécula de ácido ribonucleico) y mecanismos traductores de proteínas (ribosomas).

Schrödinger se preguntaba qué era lo que impedía que la vida se degradara y aquí tenemos una de las respuestas, pues todos los movimientos del ADN son gobernados por un código genético que además de las informaciones transmisibles por vecindad, posee comunicación a distancia, puede analizar el medio, direccionar el proceso y establecer una finalidad. Es un piloto de tormentas que sabe navegar en el caos, en un caos perteneciente a la realidad y moviéndose en una sola dirección, de lo simple a lo complejo, código genético al que le es imposible poner reversa.

¿Qué en una estructura de no-equilibrio se activan señales que andan por todo el sistema? Vaya si se activan. Y seguramente es allí donde los elementos de la materia se excitan, aceleran y complejizan hasta un nivel más alto, hasta que la materia se torna sensible y culmina con la aparición del armazón o montaje biológico y nuevas etapas de la realidad. Y con esta aparición de la vida se alcanza un nuevo momento en la estructura de la materia, con un tiempo interno propio, que avanza durante los subsiguientes miles de millones de años, con los que cuenta dicho armazón biológico. Este hecho fue sólo posible cuando el sistema materia alcanzó dimensiones y movimiento de una determinada y más fina complejidad, de una determinada calidad, trasmitiéndose luego de una generación a otra, de una especie a otra, con el movimiento en forma de rizo que se fue engrosando y complejizando.

Como ya vimos, la materia se enmarca en un sistema que existe a través y por el movimiento, movimiento expresado en formas y que posee niveles, momentos, intensidades y calidades extendidas en el tiempo. Cuando hablamos de su complejización y expansionismo, así como de sus hechos particulares, no sólo lo hacemos teniendo en cuenta su marco en pesos atómicos, densidades y traslaciones, sino principalmente en la marcha desde la negentropía a la entropía, y en esa marcha el sistema realizó un viraje sin precedentes, al aparecer ese montaje de que hablábamos antes referido a la aparición de la vida, al subsistema social. Sin aquel alto grado de complejidad hubiese sido imposible la existencia humana.

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