jueves, 20 de octubre de 2011

La hora del individuo mundo

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mientras el siglo XXI avanza, destacan dos situaciones que, a simple vista, podrían parecer una paradoja: el caos de la estructura global y la acción del individuo. El estado clásico colapsó, ningún gobierno ofrece respuestas lógicas y concretas. De la noche a la mañana no nos gobiernan los políticos sino el sistema financiero (que por invisible no asume responsabilidades). Todo (y todos), según la industria mediática de la información, cae directo al abismo. Las noticias sólo nos cuentan el desplome de un modelo, pero el concepto de esas noticias forma parte de ese desplome. Por más que el capitalismo pretenda ejecutar una mutación hacia una forma de dominio superior (desmontar el colapso para crear un nuevo mercado virtual), las cuentas de la injusticia cada vez cuadran menos en las iniciativas populares. A nivel global, mientras el sistema sociopolítico convencional (tanto de derecha como de izquierda) se derrumba en caída libre, surgen diversas e importantes respuestas individuales. Los movimientos sociales que hoy protestan nacen de las acciones directas de las personas, no de la maquinaria de los partidos políticos. Y, en paralelo al colapso del sistema, muchos otros individuos abren las puertas del caos para asumir las respuestas a su propio dilema. Un sujeto emprende una discreta campaña (boca a boca) para que los sobrantes de comida se conviertan en alimentos de otros; cuatro o siete vecinos se ponen de acuerdo para recuperar una biblioteca; dos lectores fundan una editorial; una doña (creyente de sí misma y de su entorno) dicta clases de corte y costura en la plaza del barrio. Cada vez son más los integrantes de la comunidad que dan el salto de la apatía al activismo social. Y si bien nada de esto es noticia, porque ya sabemos que para la lógica mediática no es importante que de diez vecinos cuatro articulen solidaridades (sino que seis ensucien las paredes), la voluntad civil (y anónima) sigue su curso.

En medio de la parálisis política y el asalto financiero, crece la reacción comunitaria. El ser, que en todos los tiempos se ha resistido a que le decreten el final de su esperanza, está actuando. Una nueva forma de respuesta, quizá inédita, irrumpe en la sociedad. Ya no se trata del individuo dirigido sino del ser en respuesta ante su cotidianidad. Tradicionalmente la individualidad ha sido un factor de negación o de chantaje para la política conservadora. Del individuo, la derecha ha trabajado su egoísmo, la izquierda su inexistencia. Usar al individuo para dividir es tan nocivo como apartarlo por considerarlo amenaza. Un pueblo sin individuos fortalecidos (en conciencia y educación) es tan abstracto como una serie de individuos sin pueblo. Rentabilizar al ser en beneficio del poder es la lógica política que sigue imperando. No obstante, todo parece indicar que el colapso de esa lógica está ocasionando el despertar del individuo. Aún es pronto para vaticinar escenarios, sin embargo, la actual indignación global y el crecimiento de las iniciativas hacen pensar que la capacidad de respuesta del individuo terminará sobrepasando a la del estado. ¿Anarquía? ¿El fin de los dogmas? ¿Nueva estructura social basada en el protagonismo de los individuos? ¿Evolución? Todo es posible siempre y cuando pasemos de la reacción a la conciencia, de la indignación a la construcción y del egoísmo a la participación. Es mucho el escombro que aún falta por esquivar, que nadie se llame a engaño. Lo que está cayendo es la lógica sociopolítica de un mundo construido para ser habitado por dominados y dominadores. Una historia de más de 2000 años de victimas y victimarios no se derriba tan fácilmente. Mas, si actuamos con la coherencia que requieren los acontecimientos, éste podría ser el siglo del desplome y de la construcción. Entre la utilización y el aniquilamiento, necesario será el gran salto del ser. (Hacia la suma de las conciencias activadas). Todo sea por el surgimiento del individuo mundo. (Uno en coherencia con el todo).

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