miércoles, 6 de marzo de 2013

A propósito del Día Internacional de la Mujer: Rosa y Clara, dos nombres para la libertad

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

El 8 de marzo de 1908, 40 mil costureras industriales de una fábrica estadounidense se declararon en huelga con el objetivo de reivindicar un sueldo digno, la reducción de la jornada de trabajo a diez horas y la prohibición de utilizar mano de obra infantil.

Tienen buena parte de la historia quemándolas, invisibilizándolas, relegándolas. En fin, silenciándolas. Perfeccionaron con ahínco y precisión cada una de las trampas para atraparlas y convencerlas de que están mejor en la cocina o como lindos adornos en una reunión o en la mesa. Pero muchas de estas brujas y hechiceras que se salvaron de la hoguera se convirtieron en esclavas primero de las ollas y los maltratos, y después de la moda y las dietas, la cirugía y los cuerpos perfectos.

Muchas se negaron. Una y mil veces dijeron que no, infinitas veces, a lo largo de toda la humana historia. Se opusieron a convertirse en eco sin voz. Por eso y más son ejemplo de lucha, de convicción, de esa sabiduría que nace de cada memoria propia y ajena.

Pero no se trata del feminismo a secas, sino de la posibilidad de encontrarse diversos, diversas, cálidas, turgentes, liberadas y liberadoras de la historia que nace de sus vientres. Estas mujeres a las que Silvio Rodríguez canta, esas que “la historia anotó entre laureles. Y otras desconocidas, gigantes, que no hay libro que las aguante”, viven, perduran en el imaginario de los tiempos vividos, de los días conquistados y del futuro que se hace imprescindible y único, germinado de esperanzas.

Por eso y más, cada marzo tiene rostro de mujer. Y es que el Día Internacional de la Mujer conmemora las batallas libradas por alcanzar reivindicaciones que tal vez hoy nos parecen poco. La reducción de la jornada laboral y el voto femenino fueron estandartes de otros tiempos.

Día de la Mujer

El 8 de marzo de 1908, 40 mil costureras industriales de una fábrica estadounidense se declararon en huelga con el objetivo de reivindicar un sueldo digno, la reducción de la jornada de trabajo a diez horas y la prohibición de utilizar mano de obra infantil.

Como si aún las hogueras de la inquisición siguieran encendidas, 129 de ellas murieron carbonizadas en el interior de la fábrica en un incendio que fue respuesta a la manifestación pacífica. Y en recuerdo a estas mujeres, años más tarde Clara Zetkin propuso en la conferencia de mujeres socialistas celebrada en Copenhage, que el día 8 de marzo fuese el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, resolución que quedó aprobada desde entonces, y desde aquellos años sigue siendo un tiempo de reflexión sobre el futuro que aún está por edificar.

Clara

Organizadora del movimiento feminista socialista alemán e internacional, Clara Zetkin (Alemania 1857- Unión Soviética 1933) fue uno de los estandartes de la lucha antirreformista e internacionalista durante la Primera Guerra Mundial. Además fue cofundadora y dirigente del Partido Comunista alemán, miembro destacado de la Internacional Comunista, diputada y propagandista. El discurso y la praxis revolucionaria de Clara siempre fueron cónsonos con la necesidad de alcanzar la igualdad y la complementariedad entre mujeres y hombres. Muchas veces hizo llamados al reconocimiento de la mujer como vanguardia imprescindible de la consolidación del socialismo.



A partir de 1914, año en que Alemania entró en la I Guerra Mundial, Zetkin colaboró con su amiga Rosa Luxemburgo en actividades para detener la guerra, se unió a los espartaquistas y fue encarcelada en reiteradas oportunidades. Se convirtió en miembro del primer Comité Central del Partido Comunista, en 1918, y lo representó desde 1920 hasta 1932. Durante su última intervención hizo un llamado a la unidad contra el auge de los nacionalsocialistas (el fascismo que tomaba fuerza en Europa). Finalmente, cuando Hitler alcanzó el poder en 1933, Clara Zetkin se exilió en la Unión Soviética, donde murió poco después.

Rosa

Contemporánea con Clara, Rosa Luxemburgo (Zamosc, Imperio ruso, 5 de marzo de 1871 – Alemania, 15 de enero de 1919) fue “la rosa roja” que luchó del lado de la orilla donde habitan los más que menos tienen.

Filósofa, política, revolucionaria y teórica del marxismo desde muy joven fue activista del movimiento socialista. Escribió desde joven con una entrega sin límites y pronto llegó a ser una de los principales colaboradores del periódico teórico marxista más importante de la época, el “Die Neue Zeit”.



Junto con Clara, cuando estalló la Primera Guerra Mundial (1914-1918), integró el grupo internacional que en 1916 se convirtió en “Liga Espartaquista”, un grupo marxista revolucionario que sería el origen del Partido Comunista Alemán. Junto con la revolución rusa de febrero de 1917 maduró sus ideas políticas, que se tradujeron en oposición revolucionaria a la guerra y lucha por el derrocamiento de los gobiernos imperialistas.

Encarcelada, la revolución alemana la liberó el 8 de noviembre de 1918. Y volvió a sumergirse con pasión en la lucha revolucionaria. El recién inaugurado 1919 la contempló sembrarse para siempre en la tierra y en la historia. Rosa Luxemburgo cayó asesinada por el ejército, liderado por el ala derecha de la socialdemocracia y generales del antiguo ejército del Káiser.

Estas mujeres, todas ellas, viven en el imaginario colectivo, en las reivindicaciones conquistadas a canto y lucha. Viven en la ternura con que toda madre mira el futuro en los ojos del hijo, en el viento que caricia los cabellos, en la aspereza de las manos que friegan platos y pisos ajenos, en los surcos que el tiempo pone en las mejillas. Viven, en la vida que no se termina sino que se prolonga en los vientres y en los gestos cotidianos. Clara y Rosa son dos nombres de la historia, son canto de lucha, de solidaridad y de libertad que se anuncia y se proclama en el sol que amanece cada mañana.

El futuro por Clara Zetkin

“Nada más que una sociedad socialista, con la desaparición del sistema actual dominado por la propiedad privada, desaparecerán las oposiciones sociales entre los poseedores y los que no tienen nada, entre hombres y mujeres, entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. La abolición de tal oposición, sea la que sean no puede llegar más que a partir de la lucha de clases misma. Si las mujeres proletarias quieren ser libres, es preciso que unan sus fuerzas a las del movimiento obrero”.

Reforma o revolución por Rosa Luxemburgo

“El fundamento científico del socialismo reside, como se sabe, en los tres resultados principales del desarrollo capitalista. Primero, la anarquía creciente de la economía capitalista, que conduce inevitablemente a su ruina. Segundo, la socialización progresiva del proceso de producción, que crea los gérmenes del futuro orden social. Y tercero, la creciente organización y conciencia de la clase proletaria, que constituye el factor activo en la revolución que se avecina”.


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