jueves, 20 de junio de 2013

Maduro, advierte al Papa que el Estado no está dentro de la iglesia sino la iglesia dentro del Estado, en Venezuela

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A propósito del viaje del Presidente Nicolás Maduro a Roma para recibir un premio que la FAO -organismo adscrito a la ONU- otorga al gobierno bolivariano de Venezuela, por combatir el hambre, también hará visita de cortesía al Vaticano para saludar al Papa y leerle la cartilla.

La noticia fundamental es recibir el significativo premio pero ya la prensa pretende destacar lo colateral, que es la visita al Papa Francisco, y ocultar lo relevante.

Sin embargo, es necesario recordarle al Presidente que él puede hablar lo que quiera, lo pensado y lo no pensado pero que cuide pisar peines ya que en El Vaticano están los extremos del dogma.

Maduro debe refrescar la sentencia del Libertador Simón Bolívar cuando durante el terremoto de 1812 le dijo a la iglesia, que quiso manipular el hecho como castigo de Dios, que “Si la Naturaleza se opone a nosotros lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.

Maduro debe recordar que nosotros tenemos petróleo y que El Vaticano atraviesa por la misma crisis de Europa, así que pretenderán instalar sus negocios acá.

Valga también recordar otros acontecimientos históricos de la lucha por independizarnos de la corona española y en la que El Vaticano jugó duro contra nosotros:

Ya José Antonio Páez se bañaba en el fango de la oligarquía y mandaba con mano firme pero, cuando el arzobispo de Caracas, Ramón Ignacio Méndez, del que Páez, por cierto, era curruña, trató de imponerle al país la tesis de la superioridad de la iglesia sobre el Estado-era la década de 1830 a 1840-Páez no dudó en sentenciar que: “No está el Estado dentro de la Iglesia sino la Iglesia dentro del Estado”.

De paso, Páez desterró al arzobispo y lo mando al carajo. Lo que Chávez no hizo contra Urosa Sabino que pretendió hacer lo mismo que Méndez.

Puede convivirse con la Iglesia bajo reglas claras y en las que el Estado Venezolano marque la pauta, no al contrario.

Si la Iglesia Católica sigue tratando de acorralar al Estado, tal como hasta ahora, impunemente, entonces vamos a tener que pararle los mochos al Papa, que se supone sea su jefe.

Urosa Sabino conspira abiertamente contra el Estado Venezolano y hasta se da el lujo de ofender, públicamente, el gentilicio bolivariano que está expresamente indicado en la Constitución Nacional pero, eso no basta para que tal sujeto, sea señalado como enemigo de la patria y eso es muy lamentable.

Venezuela sabe que la Iglesia Vaticana sufre severa crisis de identidad con respecto al evangelio y que el “Dios” en cuyo nombre hablan, no está en las iglesias porque la verdad de los altares está muy contaminada. Esa iglesia cruje y cruje pero hay que estremecerla y obligarla a entrar por el aro, es decir, a la legalidad institucional.

La iglesia desafía nuestros mandatos constitucionales, que establecen claramente, la libertad de cultos, sin embargo, lo que proponen es el monopolio de culto, tal como ya ellos habían logrado hacer cuando la Constitución de 1811 que declaró a la religión católica como la fe del Estado Venezolano, es decir, la única que por ley debía profesarse en nuestro país y de ahí derivaron muchos males que todavía no han podido ser erradicados.

Bolívar, que era un ferviente defensor de la libertad de cultos, se opuso entonces a las pretensiones de esa iglesia pero, dadas las circunstancias históricas del momento, tuvo que conciliar, de alguna manera, con esas absurdas pretensiones.

Es por lo que la idea bolivariana les molesta a los curas sinvergüenzas del llamado alto clero venezolano (y de allende los mares también).

Mientras Roma tiene dos papas nosotros tenemos tres y, diarias, de ahí el premio de la FAO a nuestra revolución.

Ah, ojalá Maduro salude al Papa Francisco I y, de ser posible a Benedicto XVI también, de mi parte, pero que les recomiendo que amarren a sus locos de la CEEV (Conferencia Episcopal Escuálida Venezolana).

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