martes, 30 de septiembre de 2014

Canción de la Intifada

Rubén Sacchi (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Un niño canta
sin instrumentos;
a lo lejos
una orquesta desafina.
El niño aprendió a sincopar
con esa música de fondo.

No le importa que el mundo
caiga a su alrededor
el niño canta
mientras suena, ahora,
un adagio pesante.
El niño aprendió a escuchar
como si en ello
le fuera la vida.

La música acelerando.
Ahora es allegro, ma non troppo.
Nada lo hace callar,
al niño,
que ahora aprendió a soñar,
mientras canta.

Sueña y canta, el niño.
Un allegro vivace
desentona e invade el aire
que ahora se torna irrespirable.
El niño aprendió a mirar.

Los parches sacuden el pecho,
el corazón se desboca;
las cuerdas, filosas
cortan y estragan gargantas.
Una horda de teclas martilla rostros,
mutila falanges.
El niño aprendió a esperar.

Ahora se ven los músicos,
orquesta infernal,
destemplada, toca a finales
que el niño no acata
y eleva su voz,
mientras sueña
con un coro de niños ausentes
que aplaste esa música maligna.

El niño aprendió a odiar…
Y sigue cantando.

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