martes, 4 de noviembre de 2014

Diferentes explosiones

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Antonio a veces escuchaba bombas, explosiones. Parecía una guerra en que cada explosión era gente muerta. Pero entonces, ahí, no era una guerra. No era la muerte de nadie. Solamente cohetes para festejar algo. Bombas de vida. O por el fin de año, o por una fecha patria, o por un cumpleaños.

Pero bombas que también siempre le recordaban cuando era chico y vivía en Londres con sus padres, y había un permanente bombardeo de los alemanes, lo que era un escándalo en esa época, porque era un bombardeo a civiles de ciudades ya que hasta entonces las guerras se libraban entre ejércitos.

Bombardeos en que también se arrojaban muchas bombas que hacían un ruido parecido a los múltiples cohetes que Antonio escuchaba en los festejos de vida. Parecidos pero con un significado opuesto, contrario. Pero en cambio se sentía mal las pocas veces que escuchaba solamente una explosión. Porque eso le recordaba la única explosión atómica que hubo en Hiroshima y la única explosión atómica que hubo en Nagasaki. Única explosión que, supo después, en Hiroshima causó 40.000 civiles muertos y en Nagasaki 140.000.

Lo que le recordaba también lo que en esa época descubrió de los norteamericanos: que ellos aprendieron de los alemanes nazis cuando bombardeaban Londres matando civiles.

Aprendieron de ellos y los perfeccionaron, matando así mucha más gente que ellos: civiles, mujeres, nenitos y viejitos.

Solamente con dos bombas atómicas hicieron más que los alemanes nazis en Londres.

Por eso Antonio prefería escuchar más de una explosión.

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