jueves, 8 de enero de 2015

Crítica literaria: El lado salvaje de la literatura

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENRESS CULTURAL)

Salvador Moreno Valencia (Cádiz, 1961) escribe literatura como si fuese Lou Reed caminando por el lado salvaje del rock (o de la vida subterránea que busca luz). No en vano, en su nueva novela “En el lado salvaje”, emula el título de la producción del cantautor estadounidense para invitar al lector a recorrer una ruta cargada de sensaciones.



Decía Virginia Woolf que una buena novela era aquella cuyas palabras transmitían vida. Si nos guiamos por el criterio de la creadora de “Orlando”, Moreno Valencia ha logrado una obra que sacude la existencia. “En el lado salvaje” (Editorial Seleer, 2014) parece una novela autopista. El lector, como si fuese el piloto de un coche cargado de palabras, irremediablemente tiene que conducir a una velocidad diferente (nunca igual) a la que la realidad engañosa impone. Salvador Moreno Valencia, cortazariano confeso, deja pistas en el camino para que el lector arme su propio juego, su propia salida. El autor no juega a la misma velocidad uniforme que entrega la trama del afuera. Él apuesta por una velocidad que a su vez pretende construir una autopista acorde con su tempo. El tempo original de los personajes que se juegan la vida.

La bella Anita, el inquietante Rov o la imposible Silvina, son algunas de las creaturas a las que Moreno Valencia ubica en la ruta para articular la carrera. Liberación, Prisión y Huida operan como fórmulas (capítulos) que desprenden secuencias (o laberintos) de la historia para que el lector decida una salida. Asesino o inocente, esa será la diatriba a la que el lector tendrá que enfrentarse.



En el actual escenario de las corporaciones editoriales, la literatura ha sido escondida. Eso lo sabe Salvador Moreno Valencia. La superficialidad ha secuestrado la palabra pública para convertirla en ruido. La industria ha impuesto el libro como entretenimiento sin dejar espacio a los bordes por donde germina la literatura. Sin embargo, la literatura, como superviviente de todos los tiempos, aún se sostiene en los límites del abismo. Y se sostendrá mientras lo humano no se rinda a lo monstruoso.

La novela de Moreno Valencia me ha llevado a releer el ensayo “Un pistoletazo en medio de un concierto” de Belén Gopegui. La escritora, como una detective que investiga el uso de la ficción como fuerza demoledora, acude a la declaración de principios que Stendhal dejara en “La cartuja de Parma”: “La política en una obra literaria es un pistoletazo en medio de un concierto, una cosa grosera y a la que, sin embargo, no se puede negar cierta atención… Vamos a hablar de cosas fuertes y vulgares que, por más de una razón, quisiéramos callar; pero nos vemos obligados a abordar acontecimientos que entran en nuestro terreno, puesto que tienen por teatro el corazón de los personajes”.

En cada una de sus novelas, Salvador Moreno Valencia invita al lector a realizar un viaje a la profundidad de la existencia humana. Sólo ocurre que, en lugar de turismo, estamos hablando de un viaje en donde el caminante tendrá que enfrentarse al hermano más incómodo de la realidad: la ficción.

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