martes, 3 de febrero de 2015

El baile

Ernesto Martinchuk (especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Estaba de traje negro y blanca camisa
El orgullo de bailar con su hija
Se notaba en su rostro
Mientras el compás de la danza
Se iba apoderando de su cuerpo todo.
Sus lustradas botas peinaban el asfalto
Y llegó el turno del escondido.
Y mientras la parca serpenteaba el lugar
Le dio la oportunidad de terminar la pieza.

A todos sus familiares y amigos presentes
Con una sonrisa agradeció.
A sus nietos, un beso con la diestra les envió
Mientras se retiraba con el orgullo de un gladiador
La multitud reunida no dejaba de aplaudirlo.

Sólo cuatro pasos y sus rodillas se quebraron
En el cielo azul del atardecer
Comenzaban a temblar algunas estrellas.
En el aire se extendía una tenue sombra
entre el sopor del sueño que lo vencía
En un segundo su mente recorrió lo que fue su vida.

El cuerpo tendido sobre el negro asfalto
Dejaba que los murmullos se acallasen
Mientras los médicos del SAME
Trabajaban contra reloj…
Los perros de la cuadra ladraban
La brisa comenzaba a soplar áspera y fría
Mientras los temblores de la reanimación
Recorrían su cuerpo.

De pronto, un murmullo de voces
Seguido de un silencio profundo
Fue cortado por el llanto desconsolado de su hija
¡¡¡ Perdonáme papá… perdóname…!!!
Una sombra sigilosa cubrió el cuerpo
Que quedó, desgarradoramente, solo…
Durante varias horas
A la espera de la morguera policial.

Uno crece según la ley que rige cuando empieza su vida
El destino ya está escrito
No puedes huir de ti mismo
No hay poder que quiebre la forma del curso de la vida
Ese será el día, la circunstancia y la hora de tu partida…

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.